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'Abd Allah b. Ya'qub al-Mansur al-'Adil

Biografía

‘Abd Allāh b. Ya‛qūb al-Manṣūr al-‛Ādil. ?, s. m. s. XII – Marrakech (Marruecos), 21 Šawwāl 624 H. / 4.X.1227. Séptimo califa almohade.

‘Abd Allāh al-‘Ādil era hijo del tercer califa almohade, Ya’qūb al-Manṣūr, hermano del cuarto, Muḥammad al-Nāṣir, tío del quinto, Yūsuf al-Mustanṣir, y sobrino del sexto, su inmediato antecesor, ‘Abd al-Wāḥid al-Majlū‛. El califato de al-‘Ādil se sitúa de pleno en el contexto de la crisis política que estalló pocos años antes, en 620/1224, a raíz de la muerte de Yūsuf II al-Mustanṣir, que supuso el inicio de un período de luchas internas en el seno del califato almohade que se va a prolongar por espacio de trece años, hasta 633/1236, durante los cuales se va a producir una situación de discordia en el poder, que, además, va a tener una dimensión territorial, ya que  supondrá una división entre los dominios territoriales andalusí y magrebí. Al morir Yūsuf II al-Mustanṣir, los jeques de Marrakech eligieron a su tío abuelo, Abū Muḥammad ‘Abd al‑Wāḥid, hasta entonces gobernador de Tremecén y que sería conocido como al-Majlū‛. Sin embargo, la crisis de legitimidad política en el seno del sistema almohade se hizo evidente cuando en Murcia fue proclamado como califa su gobernador, ‘Abd Allāh b. Ya’qūb b. al-Manṣūr, que había sido nombrado responsable de esa jurisdicción poco antes (año 619/1222-23) procedente de la de Granada: dicho episodio sucedió el 13 de ṣafar de 621/6 de marzo de 1224, adoptando el nuevo soberano el sobrenombre de al-‘Ādil.

Inicialmente, al-‘Ādil y al-Majlū‛ compartieron, pues, la dignidad califal, aunque fue por poco tiempo, ya que a los ocho meses de su proclamación los jeques almohades obligaron a ‘Abd al‑Wāḥid a abdicar, cosa que hizo voluntariamente, de donde su sobrenombre de al-Majlū‛, ‘el depuesto’. Este hecho sucedió el 21 de Ša‛bān de 621 (7 de septiembre de 1224), si bien no se conformaron con ello, siendo asesinado a los pocos días, en fecha que las fuentes no sitúan de forma unánime. Ello dejaba el camino libre para al-‘Ādil y, de hecho, tras la muerte de su tíose pronunció el sermón en su nombre en Marrakech. Sin embargo, su autoridad no fue reconocida unánimemente en todo el Imperio, ya que los gobernadores de Ifrīqiya no lo acataron, ni tampoco obtuvo el reconocimiento unánime de al-Andalus, ya que aunque lo reconocieron su hermano Abū-l-‛Ulà Idrīs (futuro califa al-Ma’mūn) y ‘Abd Allāh al-Bayāsī, gobernadores de Córdoba y Sevilla respectivamente, en cambio no hizo lo propio el sayyid ‛Abd al-Raḥmān b. al-Sayyid Idrīs b. Yūsuf b. ‛Abd al-Mu’min, señor de Valencia, Játiva y Denia.

La primera fase del califato de al-‘Ādil transcurrió en al-Andalus, en concreto hasta Ŷumādà I del año 622/mayo de 1225, cuando se vio obligado a abandonar Sevilla en dirección al Magreb. En la capital hispalense había noticias de la proximidad de un contingente cristiano de leoneses. La actitud del califa ante esta inminente amenaza fue, al parecer, de total inoperancia, denotando una clara indolencia, que ponía de relieve su nula disposición para acometer la defensa de la ciudad. Ante la ausencia de medidas por parte del califa, la población sevillana reaccionó con fuertes protestas que se hicieron manifiestas al final de la oración del viernes en la mezquita aljama. La presión popular hizo que finalmente se convocase a los voluntarios para salir a combatir, formándose un contingente popular integrado por la plebe sevillana, cuyos miembros carecían de preparación e iban mal armados, a los que se añadió un pequeño grupo de combatientes regulares almohades comandado por Ibn Yazīd. Dado que el contingente popular iba por libre, el oficial almohade los abandonó en el momento del encuentro, que tuvo lugar en el Campo de Tejada, a escasos kilómetros de la capital sevillana. Las víctimas debieron ser cuantiosas, ya que las fuentes las cifran entre veinte y diez mil, poniendo de manifiesto la inoperancia de los almohades frente a los cristianos. Como consecuencia de esta derrota, el califa al-‘Ādil abandonó la capital sevillana rumbo a Marrakech ese mismo año, no volviendo a regresar a territorio andalusí.

A partir de ese momento, su hermano Abū-l-‛Ulà IdrĪs, a quien había nombrado gobernador de Sevilla, quedó como máxima autoridad almohade en al-Andalus, debiendo de hacer frente a la rebelión del Baezano, quien inicialmente se había unido a su causa: el mismo año 621/1224, el califa escribió a ‘Abd Allāh al-Bayāsī para agradecerle que se rebelara contra al-Majlū’ y que apoyara su causa. Pero ya al año siguiente, tras la partida del califa hacia el Magreb, le retiró su apoyo y, además, acudió a los cristianos para pedirles ayuda, indicándoles los lugares indefensos del país y permitiéndoles entrar en Quesada, Beja, Loja y otros castillos. Se inicia, de esta forma, el expediente de recurrir a la ayuda de los cristianos para dirimir las discordias internas, lo que supondrá un claro elemento de desestabilización en el proceso, ya iniciado, de crisis política. El califa envió contra él a su hermano Idrīs con un poderoso ejército que lo asedió en Baeza, tras lo cual hicieron la paz y el Baezano reconoció la autoridad del califa. Pero cuando Idrīs partió, el Baezano volvió a rebelarse y Fernando III le envió un ejército de 10 mil jinetes: tras reunir sus fuerzas, el Baezano partió de Córdoba y puso sitio a Sevilla, saliéndole al encuentro el sayyid Idrīs, que pudo derrotarlo, el 25 de ṣafar de 623/25 de febrero de 1226. Esta derrota selló el destino del Baezano: el pueblo cordobés se rebeló contra él y fue muerto, siendo su cabeza enviada a Idrīs, el cual la remitió a su hermano el califa en Marrakech.

La desaparición del Baezano no significó el final de los problemas para el califa. Al llegar a Marrakech había nombrado visir a Abū Zayd b. Abī Muḥammad b. Abī Ḥafṣ, lo que supuso el apartamiento de Ibn Yuŷŷān, partidario de los Julð y los Haskūra, quienes se pronunciaron contra el califa. Esta coyuntura desfavorable fue aprovechada por su hermano Abū-l-‛Ulà Idrīs que se rebeló contra él, siendo proclamado califa el 2 de Šawwāl de 624/15 de septiembre de 1227 en Sevilla. Tras ser acatada su autoridad en todo al-Andalus, así como en Ceuta y Tánger, mandó por medio de su hermano una carta a los almohades de Marrakech informándoles de que la gente de al-Andalus y los almohades asentados allí lo habían aceptado, por lo cual les pedía que ellos también lo reconocieran. Los jeques de Hintāta y Tinmallal, Ibn al-Šahīd y Yūsuf b. ‛Alī, hasta entonces sus partidarios, pidieron a al’Ādil que abandonara el poder y, ante su negativa, fue asesinado el 21 de Šawwāl (4 de octubre), al parecer ahogado en una fuente.

 

Bibl.: A. Huici Miranda (trad. y ed.), Al-Bayān al-Mugrib fi Ijtisar Ajbar Muluk al-Andalus wa al-Magrib por Ibn ‘Iḏārī al-Marrakusī, Tetuán, Editorial Marroquí, 1953, 3 vols.; A. Huici Miranda, Historia política del Imperio almohade, Tetuán, Editorial Marroquí, 1956-1957, 2 vols.; A. Huici Miranda (trad.), Ibn ‘Iḏārī: al-Bayān al-Mugrib. Nuevos fragmentos almorávides y almohades, Valencia, Caja de Ahorros y Monte de P. de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1963; A. Huici Miranda (trad.), Ibn Abī Zar: Rawd al-qirtas, Valencia, 1964, 2 vols.; M.ª J. Viguera, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes, Madrid, MAPFRE, 1992; Mª J. Viguera (coord.), El retroceso territorial de al-Andalus. Almorávides y almohades, siglos XI al XIII, Madrid, 1997; F. García Fitz, Relaciones políticas y guerra. La experiencia castellano-leonesa frente al Islam. Siglos XI-XIII, Sevilla, 2002; A. García Sanjuán, “Evolución histórica y poblamiento de Tejada”, en Archivo Hispalense, 259-260 (2002), págs. 13-39.; P. Cressier, M. Fierro y L. Molina, Los Almohades: problemas y perspectivas. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2005, 2 vols.

                                           

Alejandro García Sanjuán