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Francisco García Cabero

Biografía

García Cabero, Francisco. Cobeña (Madrid), 22.X.1685 – Madrid, IX.1754. Veterinario.

Posiblemente el albéitar de más prestigio en la España del siglo XVIII. Durante las primeras décadas de 1700, ejerció su profesión de albéitar-herrador en varios pueblos de los alrededores de Madrid, hasta que en 1725 ocupó el mismo puesto en las caballerizas del marqués de Casasolana en San Sebastián de los Reyes. En 1732 se trasladó a Madrid y su prestigio y fama, adquiridos por la importancia de su clientela, le condujeron a ser nombrado, en septiembre de 1735 alcalde examinador del Tribunal del Protoalbeiterato, máximo galardón que se podía alcanzar en la profesión; el cargo lo ejerció durante diecinueve años.

Todos los historiadores de la veterinaria española, consideran a García Cabero como la figura cumbre de la albeitería española y el máximo representante, que comenzó con Francisco de la Reina y terminó en el siglo xviii. Cesáreo Sanz Egaña afirma de él que fue el “autor más popular de todos los tratadistas de albeitería y cuya fama le sobrevivió muchos años”. En su producción científica puede distinguirse un aspecto de polemista y otro más estrictamente profesional. El primero fue puramente coyuntural, mientras que el segundo tuvo una pervivencia de más de un siglo: todavía en 1882 se editaron sus Instituciones.

La obra de polemista de García Cabero fue muy diversa y se inició en 1727 con un folleto en el que atacaba a Francisco Suárez de Ribera por su despreció a la profesión veterinaria en su Templador médico (1726). El escrito lleva por título Templador veterinario de la furia vulgar, en defensa de la Facultad veterinaria, o Medicina de bestias. Y de los albéitares peritos y doctos, y fue publicado en Madrid, en la Imprenta de Antonio Marín. La lectura, de lo que Francisco García Cabero consideraba diatribas de Suárez contra su profesión, le produjo tal estado “[...] que me pareció discurría por mis venas... un, no sé cómo me explique; parecíame que había tomado algún veneno, pues hallaba difícil respirar, con grandes congoxas, como que me quería sincopar, ya me ardía, ya me enfriaba, y en fin, conocía que me dolía la cabeza”. Una vez pasada la congestión y el arrebato, García Cabero defendió su tesis de que “los albeytares curan con métodos racionales como buenos médicos”, que “saben de medicinas sustantivas y también las dosis que han de dar, y en que aspectos, y el modo de recetar según la chímica y otras muy necesarias a la medicina”. Es más, “el conocimiento de muchas enfermedades que padecen los animales es más dificultoso de conocer que en el hombre”. Finalmente, al dirigirse a sus compañeros les exhorta a “que en adelante sigais la lectura [...] procuremos no perder el tiempo, emplearle en el estudio, para cumplir con vuestras conciencias y los señores médicos [...] y el vulgo dejará de afearos con el borrón que nos ponen de la ignorancia”.

Del resto de polémicas cabe destacar las que sostuvo con Antonio Monravá y Roca por sus juicios contra la cirugía veterinaria (Curación racional de irracionales y conclusiones veterinarias, deducidas de diferentes principios filosóficos, Madrid, Imprenta de Don Pedro Joseph Alonso de Padilla, 1728, y Veterinaria apologética. Curación racional de irracionales.

Órgano donde se tocan las inconsecuencia de sus altos y baxos, destemplados más que armoniosos, del doctor Antonio Monravá y Roca, Madrid, 1729), y con Martín Martínez por su aprobación del libro de Fernando Sande y Lago (Apéndice dogmático al Templador Veterinario y conclusiones veterinarias contra la scéptica aprobación del Doctor Don Martín Martínez al libro de Sande, Madrid, 1731). Más interesante fue la polémica que el historiador Juan Morcillo Olalla considera como el inicio de la discusión científica en la albeitería española: la desencadenada en torno a la publicación en 1731 de un folleto sobre la curación de las “lupias tumorosas”. La contundencia de García Cabero en su respuesta es el lugar donde de manera más explícita, apuesta por la modernidad: Adición racional y metódica a la curación de la lupia tumorosa, y destierro de ignorancias hijas de los “errados” conceptos de Joseph Andrés Moraleda, Maestro herrador y albéitar de la ciudad de Sevilla [...] y respuesta al papel intitulado “Coloquios de Albéitares”, que salió a luz en nombre de los que no hay, Madrid, 1732. El caso tuvo tal resonancia entre los profesionales, que hubo de celebrarse junta de albéitares que, al final, fallaron a favor de la técnica de García Cabero.

La obra propiamente científica se inició con su Curación racional, en la que defiende que la medicina, la cirugía y la albeitería forman parte de una misma ciencia. En realidad, se trata de una verdadera monografía en la que estudia, en el mejor estilo de las observaciones clínicas, el tétanos, la angina o esquinencia, el carbunco y las heridas de los tendones.

Pero su gran prestigio fue debido a la publicación en 1740 de las Instituciones de Albeytería. La obra alcanzó una gran difusión, como lo demuestra la existencia de numerosas reediciones documentadas: 1748, 1755, 1764, 1773, 1786, 1789, 1792 y 1804; todas ellas reproducciones exactas de la primera.

La obra refleja el estado cultural de la albeitería y los métodos de enseñanza y examen para conseguir la titulación. Se ha dicho de ella que era el manual perfecto para preparar los exámenes de albeitería.

Después de un capítulo teórico donde se define la albeitería y otros aspectos generales, los demás son los comunes en un tratado sobre la materia.

El libro sexto, el más pobre y confuso, está destinado a la anatomía, y a pesar de proclamar la necesidad del conocimiento morfológico para un buen profesional, los suyos eran puramente teóricos, ya que no hizo jamás una disección. Sigue las descripciones de Pedro García Conde, ausentes de la más elemental verificación práctica.

En los últimos años de su vida escribió Adiciones al libro de Instituciones, que fue publicado con posterioridad a su muerte por la imprenta de Joseph de la Orga. En él se recogen observaciones sobre la epilepsia en el caballo y el perro, pero lo más notorio es su explícita actitud testamentaria: “El orden que tendrá para éste será el que observe en las Instituciones, y, si acaso no se halla en todos los aspectos, será por considerar el que no es necesario alguna nota; bien quisiera que el albéitar aprendiera mucho, aunque leyera poco, porque no es decente leer si no se medita y reflexiona con atención lo que se lee en ellas”. De estas Adiciones se hizo otra edición en 1792 en la oficina de Blas Ramón.

Lo cierto es que las Instituciones de García Cabero, corregidas y mejoradas por Agustín Pascual, continuaron apareciendo en Madrid, durante la primera mitad del siglo xix: 1816, 1822 y 1830, por la Imprenta de la Compañía. Su obra contribuyó durante un siglo a la formación de los albéitares, hasta tal punto que arrinconó todos los demás textos. Pese a ello, no aportó grandes novedades y tampoco introdujo ningún cambio, ya que representaba la tradición que intenta renovarse, pero manteniendo los elementos fundamentales de la albeitería clásica.

 

Obras de ~: Tratado en que se manifiesta la curación de las lupias tumorosas de que adolecen muchos brutos, Madrid, 1731; Instituciones de Albeyteria, y examen de practicantes de ella: divididas en seis tratados, en los que se explica las materias mas essenciales para sus profesores, Madrid, 1740; Adiciones al libro de Instituciones de Albeyteria, Madrid, Imprenta Joseph de la Orga, 1756.

 

Bibl.: R. Llorente Lázaro, Compendio de la bibliografía de la veterinaria, Madrid, Ángel Calleja, 1856; C. Sanz Egaña, “El albéitar madrileño Francisco García Cabedo”, en Anales de la Escuela Superior de Veterinaria, 2 (1937), págs. 123-150; A. Palau Claveras, Bibliografía hispánica de Veterinaria y Equitación, Bilbao, Facultad de Veterinaria, 1973, págs. 35-38; M. Cordero del Campillo, C. Ruiz Martínez y B. Madariaga de la Campa, Semblanzas Veterinarias, vol. II, Madrid, Laboratorios Syva, 1978, págs. 11-34.

 

Emilio Balaguer Perigüell