Ayuda

José María Arévalo Reguero

Biografía

Arévalo Reguero, José María. Capileira (Granada), 20.XI.1791 – París (Francia), II.1869. Militar y caballero laureado de San Fernando.

En octubre de 1808 obtuvo la gracia de cadete en el Colegio de Caballeros Cadetes de Granada, en el que en enero del año siguiente fue promovido a subteniente, pasando destinado al Regimiento de la Alpujarra.

Luchó en la Guerra de la Independencia, enfrentándose a los franceses en 1809 en Aranjuez, Almonacid y Ocaña, hallándose en 1811 en el reconocimiento de la Silla del Moro (Granada) e interviniendo en 1812 en la acción de Vélez-Rubio (Almería), en la de las alturas de San Martín de Baza (Granada) y en la defensa del castillo de Caravaca (Murcia), haciéndolo en 1813 en el sitio de Murviedro (Valencia) y en el de Tarragona. En 1812 había sido ascendido a teniente.

Destinado en 1815 al Regimiento de Ultonia, tres años después fue trasladado al de Voluntarios de Castilla, pasando poco después a la situación de retirado en Murviedro.

Al producirse la revolución liberal de 1820 no se unió a ella, por lo que fue sometido a procedimiento sumarial, huyendo en 1823 y uniéndose, al mando de veinte hombres, a las fuerzas realistas del general Samper, quien le concedió el empleo de capitán y con el que intervino en la toma de Vinaroz y en los dos sitios de Valencia.

El 27 de abril de 1823, durante el primer sitio de la plaza de Valencia, los constitucionales se apoderaron del convento de Corpus Christi. Hallándose el comandante Arévalo de jefe de la línea avanzada del Quarte, logró penetrar el primero en dicho convento, desalojando de él a los enemigos que lo ocupaban, después de un reñido combate que duró más de diez horas y con sólo cuarenta hombres contra más de doscientos que tenazmente lo defendían, causándole la pérdida de catorce hombres e hiriendo a veinte más. Se destacó con igual valor y bizarría en la salida que hicieron los enemigos, en número de quinientos hombres, el día 29 de abril con el fin de destruir las obras del citado cantón, a los que rechazó al mando de sólo ciento cincuenta hombres y consiguió encerrar en la plaza, sin que lograsen su intento.

También persiguió, al mando de una columna, a la partida del llamado “sastre Francisco”, a quien derrotó cerca de Turís (Valencia), participando seguidamente en el levantamiento del sitio de Murviedro y en el sitio y rendición de la plaza de Alicante.

Los años siguientes sirvió en el 1.er Regimiento de Tiradores y en el de Córdoba, solicitando en junio de 1825 la licencia ilimitada, que le fue concedida. Estando en esta situación recibió en el mes de septiembre de 1826 la Cruz de San Fernando de 2.ª clase, Laureada, en recompensa de las acciones realizadas durante el primer sitio de Valencia.

Los últimos datos que aparecen en su expediente son que en 1827 se reincorporó al servicio en el Regimiento de la Reina, del que en 1828 pasó al de Soria.

Tomó parte en la Primera Guerra Carlista, integrado en un principio en las filas isabelinas. Era ya comandante de Infantería cuando, en 1835, solicitó y obtuvo su licencia absoluta en el Ejército. Deseoso de cambiar de bando, a principios del siguiente mes de junio se presentó al general carlista Ramón Cabrera.

Debido a su fama de buen militar y estratega, Cabrera le nombró su secretario y le confirió la dirección de las Academias del Ejército carlista del Centro creadas para formar a los oficiales bajo su mando.

Combatió en numerosas batallas en Aragón, Valencia y Murcia, y cuando Cabrera recibió el nombramiento de comandante general carlista del Bajo Aragón, designó a Arévalo jefe de Estado Mayor de su División. Se distinguió en las acciones de Chert, Prat de Compte, Azuara, Zurita, La Yesa, Muniesa, Alcanar, Terrer, Cantavieja, Puente de Alcance, Torrecilla, Cherta, Siete Aguas, Pla del Pau, Maella, Carboneras, Morella y especialmente en Chulilla, la última victoria de los carlistas del Centro, en la que Arévalo logró coger a unos setecientos prisioneros al general Ortiz.

El grado de confianza que le inspiraba a Cabrera era tal, que, cuando este salió del Centro con la expedición del general Gómez Damas, transmitió todas sus facultades a Arévalo, quien quedó de comandante general interino del Bajo Aragón.

Durante la campaña ascendió a mariscal de campo y fue condecorado con la Gran Cruz de la Real y Americana Orden de Isabel la Católica y la Cruz de 1.ª clase de la Real y Militar Orden de San Fernando.

Terminada la guerra civil, marchó al exilio y permaneció emigrado en Francia hasta 1847. Ese año pasó a Gibraltar, desde donde se trasladó a su región natal, las Alpujarras, con el cargo de jefe de Estado-Mayor del teniente general carlista Gómez Damas, a quien Carlos Luis de Borbón y Braganza (Carlos VI) había encargado promover un levantamiento en Andalucía mientras en Cataluña se libraba la llamada Guerra dels Matiners. Pero aquel proyecto fracasó y los generales carlistas Gómez Damas y Arévalo se vieron obligados a trasladarse a Inglaterra para volver más tarde a Francia. ​

Tras la revolución de septiembre de 1868, la cual dio nuevo impulso al carlismo, Carlos de Borbón y Austria-Este (Carlos VII) promovió a Arévalo a teniente general y le destinó a su Consejo de París. ​

En la capital de Francia residía en el desván de una casa extremadamente modesta en la que​ falleció en febrero de 1869. Poco antes de morir, recibió una inesperada visita de doña Margarita, esposa de don Carlos, que le causó una gran emoción. La víspera de su muerte, el general Arévalo contó a su joven soberano toda la campaña de 1833 a 1840. Don Carlos elogió y dio un abrazo al moribundo veterano, que este consideró su mejor recompensa. Sobre esta emotiva escena se pintó poco tiempo después un cuadro que fue expuesto en la Puerta del Sol de Madrid.

Carlos VII presidió en la parisina iglesia de Saint Merry su funeral, que fue muy concurrido y al que asistieron muchos de sus antiguos compañeros de armas. Fue enterrado en el cementerio del Père Lachaise.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar de Segovia (AGMS), secc. 1.ª, leg. A-2169.

“Sin título”, en La Esperanza, 9 de febrero de 1869, pág. 2; B. de Artagan (seud.), Bocetos tradicionalistas, Barcelona, 1912, págs. 109-111; M. Ferrer, Historia del Tradicionalismo Español, t. XXII, Sevilla, Editorial Católica Española, 1960, pág. 161; J. L. Isabel Sánchez, Caballeros de la Real y Militar Orden de San Fernando. Infantería, t. II, Madrid, Ministerio de Defensa, 2001; A. Caridad Salvador, Cabrera y compañía. Los jefes del carlismo en el frente del Maestrazgo (1833-1840), Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, 2014.

 

José Luis Isabel Sánchez y Rodrigo Bueno Contreras