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Evangelista Marañón de Porras

Biografía

Marañón de Porras, Evangelista. Espinosa de los Monteros (Burgos), s. t. s. XVI – Cañete (Chile), p. s. XVII. Corregidor de Atunlucana y de Cañete.

Evangelista Marañón de Porras fue hijo de Tristán de Porras, guardadamas de Su Majestad y montero de Cámara, y de Francisca de Sepúlveda. En España desempeñó, como su padre, el oficio de montero de Cámara del Rey, ocupándose de organizar las cacerías reales, siendo uno de los escogidos para encargarse de la reclusión y el servicio del príncipe Carlos, quien falleció prematuramente. Por esta razón, en 1584, al quedarse sin oficio, solicitó licencia para pasar al reino del Perú, con su mujer, dos hijos de tierna edad, dos criados, dos criadas, y cuatro esclavos para su servicio, junto con dos mil ducados de ropa libres de almojarifazgo.

Fue corregidor del pueblo de Atunlucana y después en la villa de Cañete. Combinó su labor administrativa con el comercio con la Península, como lo demuestran algunas cláusulas de su testamento, hecho en Cañete el 24 de junio de 1606 y su codicilo de 4 de julio de ese mismo año. Evangelista Marañón declaró en su testamento que la Caja de Cuentas del Corregimiento de la villa del Cañete le debía más de 1.000 pesos ensayados. Cuando redactó sus voluntades decía contar con un cargazón de mercaderías de Castilla por un valor de 5.088 pesos ensayados en la Ciudad de los Reyes, para ser vendidas. También envió a Justo de Porras a emplear a la Nueva España 2.000 pesos, más otra cantidad de plata, para comprar paños, pasamanos de seda, seda de mistela, tocas, gamuzas.

Igualmente actuó como prestamista, ya que, según manifestó en su testamento, Alonso de Velasco le debía 6.000 pesos corrientes; Jerónimo Mexía le debía 30 pesos de a 8 reales que le prestó sobre una cruz de esmeraldas, mandando que se cobrase la deuda y se le devolviera en joyas a su dueño. Blas de Alcántara Romero, escribano, le debía 29 patacones que le prestó sobre un candelabro grande de plata y una taza de plata dorada con un pie de águila, mandando que se cobrase la deuda y devolviesen las prendas a su dueño.

El burgalés tenía, por entonces, once piezas de esclavos llamados Manuel Bran, Francisco Bran y Catalina Bran, María Balofa, María Angola, María Biafra, Sebatián, Pedro, Jacinto, Pablo e Isabel.

Nombró por albaceas testamentarios a Ana Requena, su mujer, a Antonio Troncoso y a Pedro Vilarte.

Proclamó como su universal heredero a su hijo, Félix Marañón. Se le enterró en la capilla mayor de la iglesia del monasterio de San Francisco de la ciudad del Cañete, con el hábito de esa Orden. El mismo día de su fallecimiento se dijo una misa de vigilia de réquiem cantada.

Se le dieron veinte misas en la iglesia mayor de la villa, veinte al convento del Señor San Francisco, veinte al convento de San Agustín, celebrándose la mitad de ellas en el altar de las Ánimas del Purgatorio y el resto en los demás altares. Igualmente, encargó, en la iglesia mayor de esta villa, diez misas por las ánimas de sus padres difuntos y otras diez por las ánimas del purgatorio.

Evangelista Marañón, también, hizo merced de 250 pesos ensayados de a 12,5 reales al hospital del pueblo de Atunlucana, de donde fue corregidor, para ayuda de los enfermos. Ana Requena, su mujer, debía hacerse cargo de Cecilia, una mestiza que les había servido desde 1596, y a quien debía dar 200 pesos corrientes en dote cuando se casara.

El corregidor ordenó enviar a su hijo y heredero, que estaba en España, 2.598 pesos de a 8 reales, 3.000 pesos de a 8 reales que había metido ya en la Caja para enviar a la Península. Fue su deseo que 800 pesos de a 9 reales de sus bienes se enviasen a España, dos años después de su muerte, a la villa de Madrid, donde estaban enterrados sus padres, posiblemente destinados a la celebración de misas por sus almas. En la dicha villa, también, debían de “echarse a censo” sobre las mejores posesiones que hallaren sus albaceas, 14.000 pesos el millar y lo que rentare se destinara a una capellanía en la dicha parroquia de San Martín, en Madrid, bajo la advocación de los patrones Santiago y Santa Ana. El capellán debería ser el familiar más cercano que hubiere y fuere clérigo, y si hubiere dos, el de mayor edad, y si no de la familia de su mujer; se debían decir cien misas rezadas cada año. Nombró por patrón a su hijo Félix Marañón de Porras, sucediéndose perpetuamente en el patronazgo, pero, si no tuviere descendencia, se habría de hacer cargo el pariente más cercano.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Indias (Sevilla), Indiferente General, leg. 2094, n. 119; Contratación, leg. 280A, n. 2 r. 10; Archivo Diocesano de Madrid, Parroquia de San Martín, l. 1, fol. 335 y caja 1371-2.

A. Pereda López, La Emigración Burgalesa a América durante el siglo XVI, tesis doctoral, Burgos, Universidad, 1997 (inéd.); La Emigración Burgalesa a América durante el siglo XVI, Burgos, Caja de Burgos, 2000, pág. 220; “Legados y Fundaciones realizados con dinero americano en la provincia de Burgos durante la época de Felipe II”, en Ciencia Economía y Política en Hispanoamérica Colonial, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 2001, págs. 125-138.

 

Ángela Pereda López

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