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Pedro López de Padilla

Biografía

López de Padilla, Pedro. Señor de Padilla de Yuso, Frómista y Requena. ?, s. m. s. XIII – ?, c. 1325. Adelantado mayor de León, merino mayor de Castilla, adelantado mayor de Galicia, justicia mayor de la Casa del Rey y alcalde de las Alzadas del reino de Castilla.

Se desconoce la precisa filiación de este personaje. No obstante, el parentesco con su contemporáneo García López de Padilla, maestre de la Orden de Calatrava (1297-1329), debió de ser muy próximo tal y como sugieren la coincidencia del patronímico y el cognomen. En este contexto es interesante mencionar la donación de bienes en Arjona, realizada en 1304 por Pedro López de Padilla a favor de la Orden de Calatrava y de su maestre García López de Padilla. La donación se hizo a cambio del usufructo vitalicio de Valjunquera, cerca de Castrojeriz, por parte del donante y de su hijo Juan Fernández de Padilla.

Pedro López de Padilla contrajo matrimonio con Teresa Díaz, hija de Juan Díaz, señor de Frómista y Requena, lugar, este último, del que fue poblador. Por esta unión conyugal, Pedro pudo ostentar el señorío sobre estas villas. En 1299 Fernando IV le confirmó el antiguo privilegio de Alfonso VIII sobre la permuta del castillo de Frías por Frómista, Celada, Herreruela, Robredo y San Felices de Pernía. Cuatro años más tarde el propio Fernando IV concedió a Pedro López de Padilla la justicia y el resto de los derechos reales sobre los cinco lugares citados.

En 1302 Pedro había llegado a un acuerdo con Fernán Ibáñez de Frómista, hijo de Ginés Díaz de Frómista, por el que se quedaba con ciertos vasallos en Frómista y Requena a cambio de pagar 8.000 maravedís, que se sumaban a los 12.000 que había entregado con anterioridad. Finalmente, en diciembre de 1304, tuvo que compensar económicamente a su cuñada Urraca Díaz por la donación que había hecho a su mujer, Teresa Díaz, de todas sus propiedades en Frómista y en otros lugares. El acuerdo se celebró en los palacios que el matrimonio Padilla tenía en Frómista, cerca de la iglesia de San Martín, y estuvieron presentes caballeros y hombres buenos de la villa, todos vasallos del señor de Frómista. Además, por parte de la familia de su mujer, todavía le correspondían más derechos a Pedro López de Padilla, ya que en 1305 Diego Gómez de Castañeda renunciaba a los bienes situados en Liébana y otros lugares, que debía heredar el citado matrimonio, y sus cuñados, de Alvar Fernández y de doña Mencía, madre de Teresa Díaz, para el monasterio lebaniego de Santa María de Frama.

Entre 1304 y 1309, Fernando IV concedió a Pedro López jurisdicción, pechos y otros derechos sobre la villa de Padilla de Yuso, salvo la moneda forera. Se trataba del solar primitivo de la familia, la actual localidad burgalesa de Padilla de Abajo, que probablemente dio nombre al linaje. A mediados del siglo XIV, sus nietos figuraban entre los señores naturales de la villa.

Pedro López de Padilla ocupó importantes oficios durante los años finales del reinado de Fernando IV y los iniciales de la minoría de Alfonso XI. De tal suerte que aparece documentado como adelantado mayor de León y Asturias (1307-1308) y de Galicia (1307), justicia mayor de la Casa del Rey (1310-1312), alcalde de las Alzadas del Reino de Castilla (1312) y merino mayor de Castilla (1314). Pedro era un ricohombre castellano que aparece confirmando privilegios de Fernando IV. En 1304 Pedro López de Padilla había sido uno de los testigos del acuerdo entre Fernando IV y Alfonso de la Cerda, mediante el cual este último renunciaba a sus derechos sobre la Corona castellanoleonesa, que le correspondían como descendiente directo de Alfonso X, a cambio de la entrega de un importante señorío.

El número y la variedad de los oficios ejercidos en la Administración castellanoleonesa no serían igualados por ningún otro miembro del linaje Padilla. Materialización evidente de la relevancia adquirida por este pariente mayor del linaje entre la nobleza de su tiempo y en la política del reino. Probablemente, tan destacada posición no volvió a ser ocupada por ningún miembro del linaje en el contexto de la sociedad de su tiempo.

No se sabe cuándo murió Pedro López de Padilla. En 1325 el monasterio de San Zoilo de Carrión arrendó a su hijo, y sucesor al frente del linaje, Juan Fernández de Padilla, el barrio de San Martín de Frómista por un período de 10 años a cambio de 30.000 maravedís. En junio de 1326, Alfonso XI confirmó al propio Juan Fernández de Padilla la merced de la justicia y otros derechos reales en Frómista, que Fernando IV había concedido a su padre. Este documento hace pensar que Pedro López de Padilla había muerto para entonces. Sin embargo, Diego Catalán opina que podría estar vivo en 1330, ya que su nombre figura en los manuscritos de las Ordenanzas de la Orden de la Banda. No obstante, lo más probable es que se trate de otro miembro de su linaje, tal vez su nieto, Pedro López de Padilla II.

            Por otra parte, una hija del matrimonio formado por don Pedro y doña Teresa, Mencía de Padilla, se casó con el ricohombre Juan Rodríguez de Cisneros, señor de Castrillo y Guardo, adelantado mayor de León y Asturias y guarda mayor del Cuerpo del Rey. Se trataba de la más brillante figura del linaje Cisneros, personaje ciertamente relevante durante el reinado de Alfonso XI.

Pedro López de Padilla dejó huella entre los de su linaje y otros tres primogénitos del tronco principal de su familia llevaron idéntico antropónimo, patronímico y cognomen durante los siglos XIV y XV, siguiendo una práctica habitual entre la nobleza de su tiempo, mediante la cual se ponía al primer hijo varón el mismo nombre que había llevado su abuelo paterno.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional, Órdenes Militares, sign. 1345 c, Registro de Escrituras de la Orden de Calatrava, V, fol. 32; Real Academia de la Historia, Colección Salazar, sign. D-10, fol. 237, sign. I-41, fols. 47-48, sign. M-5, fol. 280v., sign. M-17, fols. 9v.-10, sign. M-36, fols. 276v.-278, sign. O-20, fol. 136 y 145.

L. de Salazar y Castro, Historia genealógica de la Casa Lara, Madrid, Imprenta Real, por Mateo de Llanos y Guzmán, 1696-1699, vol. I, pág. 431, vol. III, pág. 494; G. Argote de Molina, Nobleza del Andalucía. Libros I y II, Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 1957, pág. 185; D. Catalán, Siete siglos de romancero (historia y poesía), Madrid, Gredos, 1969, págs. 41-44; S. de Moxó, “De la nobleza vieja a la nobleza nueva. La transformación nobiliaria castellana en la baja Edad Media”, en Cuadernos de Historia.

Anexos de la Revista Hispania, 3 (1969), 1-210, pág. 164; R. Pérez-Bustamante, El gobierno y la administración territorial de Castilla (1230-1474), Madrid, Antiqva et Mediaevalia, 1976, vol. I, págs. 205-206, 238-239 y 342-343; y vol. II, págs. 61 y 72; G. Martínez Díez, Libro Becerro de las Behetrías. Estudio y texto crítico, vol. II, León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 1981, págs. 257-259; C. Jular Pérez-Alfaro, Los Adelantados y Merinos Mayores de León (siglos XIII-XV), León, Universidad, 1990, págs. 222-223; J. de Salazar y Acha, La Casa del Rey de Castilla y León en la Edad Media, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000, págs. 454 y 547; C. Estepa Díez, Las behetrías castellanas, vol. I, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2003, págs. 402-404; E. Rodríguez-Picavea Matilla, “Linaje y poder en la Castilla Trastámara. El ejemplo de la Orden de Calatrava”, en Anuario de Estudios Medievales, 35/1 (2005), págs. 91-130.

 

Enrique Rodríguez-Picavea Matilla