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Juan de Arigón

Biografía

Arigón, Juan de. Bélgica, p. s. xvi – ?, f. s. xvi-p. s. xvii. Boticario de Felipe II de 1535 a 1594.

De origen flamenco, acompañó como boticario al emperador Carlos V en sus numerosos desplazamientos. Durante esta época aparece denominado en los documentos como Jean Jacques d’Arigon.

En 1535 el Emperador establece la Casa del Príncipe para su hijo Felipe segregándolo de la Casa de la Emperatriz en la que seguirán incluidas las infantas Juana y María. En el momento de la creación de la Casa del Príncipe, la atención sanitaria será asumida por un médico, un barbero y un boticario, elegidos personalmente por el Emperador de entre los facultativos de su confianza y que considerase más instruidos.

Como boticario será designado Jean Jacques d’Arigon.

En 1543, Carlos I nombra a su hijo Felipe como Regente de España y de las Indias por el tiempo que durase su ausencia, por esta circunstancia Juan de Arigón pasa a denominarse boticario del Regente y su hermano Rafael de Arigón recibe el encargo de abastecer, desde su botica, los medicamentos para los criados de la Casa del Regente.

En 1548 con motivo de la grave enfermedad sufrida por el Emperador en la ciudad de Augsburgo manda llamar a su hijo; el servicio sanitario que le atenderá en el viaje está compuesto por un Primer médico (para atender personalmente al heredero), un médico de familia (para la atención de séquito y servidumbre), un cirujano; y, para la preparación de medicamentos irá Juan de Arigón como primer boticario, un ayuda (Diego de Burgos, boticario examinado, que casará con una hermana de Arigón ), y un mozo de oficio.

El itinerario discurrió por Italia, Alemania y Flandes, regresando a España en 1551.

Nuevamente requerido por su padre el heredero volvió a Flandes en 1554, en ese momento Juan de Arigón solicita ser sustituido, en el desplazamiento, por su hermano José, que será quien acompañe al príncipe en este viaje trascendental para su futuro, pues el 25 de octubre de 1555, el Emperador, en Bruselas, abdica a favor de su hijo los estados de Flandes y Brabante, y el 16 de enero de 1556 entrega la Carta de renuncia al trono de los reinos de España y sus dominios y, poco después, renuncia al trono de Sicilia; realizándose la proclamación de don Felipe en Valladolid a día 8 de marzo de 1556.

A su regreso a España cesa la comisión de José de Arigón y su hermano Juan será de ahí en adelante boticario del Rey.

Cuando en 1559 se firma el compromiso de Felipe II con su tercera esposa, Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia y Catalina de Médicis, Isabel llega a España acompañada por un séquito, superior a trescientas personas, entre las que figuraba un médico, un boticario (Jacques Bobusse) y un barbero o sangrador. Por expreso deseo de Catalina de Médicis, con su hija deberían quedarse en España, al menos, el médico y el boticario; por ello, cuando Felipe II dispuso las Ordenanzas para la Casa de la Reina (integrada en su mayoría por su séquito, del que quedaron en España setenta y cinco individuos) figura su médico y su boticario.

De la Casa de la Reina se atendería en medicinas a la Reina, su Casa y Criados con mujeres e hijos.

El médico sólo serviría a la Reina, y éste de acuerdo con el boticario tenían la obligación de preparar la “botica del camino” para los desplazamientos de la augusta dama.

La revisión y abono de los gastos se hacía independiente de los de la Botica del Rey. Cuando Isabel de Valois fallece (1568), Jacques Bobusse regresa a Francia.

Tras instalarse, definitivamente, la Corte en Madrid el año 1561, la asistencia farmacéutica se estructura en dos ámbitos: la Botica del Rey, y la Botica del Común.

La Botica del Rey, instalada en el Alcázar, destinada a preparar y servir las medicinas para el Rey y su familia, quedaba bajo la dirección de Juan de Arigón, asistido por su Ayuda, el boticario Diego de Burgos.

La Botica del Común se adjudicaba a un boticario con oficina establecida en la villa de Madrid al que se contrataba para asumir la preparación y dispensación de medicinas a los criados de la Real Casa. En ese momento el nombramiento recayó en la botica de Rafael de Arigón.

La cuarta esposa de Felipe II, Ana de Austria, también contó con servicio de botica propio, su esposo, para ella y las infantas (hijas de Isabel de Valois) creó la Casa de la Reina y de Sus Altezas, nombrándose, en 1570, boticario a José de Arigón.

En 1581, a instancias del protomédico doctor Valles se tramitó una modificación de las pesas y medidas de uso en boticas que fue sancionada por el Rey en 1591. La Pragmática real que cambiaba el sistema ponderal enfrentó al doctor Valles con los boticarios madrileños entre los que se encontraban los boticarios del Real Servicio que tenían oficina abierta al público. Éstos se consideraban perjudicados en sus intereses económicos y comenzaron a no atender con la debida diligencia a los pacientes, entre ellos, los criados de las Reales Casas. Las denuncias formuladas por los afectados provocaron se iniciara un proceso judicial contra los boticarios del Real Servicio.

Ante esta situación se procede a una serie de consultas a los protomédicos para diseñar de una forma diferente la atención farmacéutica para el Rey, su familia y servidumbre. Tras cuatro años de deliberaciones y obras para la adecuación de los locales, se instituye la Real Botica de Su Majestad.

Como consecuencia de la nueva organización se decide prescindir de todos los boticarios que sirvieron con anterioridad, pues se habían sumado a la reacción de sus compañeros. Fallecido Arenzano (1592) y José de Arigón (1593), el 20 de diciembre de 1594 se cesa en todos sus servicios a los hermanos Rafael y Juan de Arigón, tras cincuenta y nueve años de profesionalidad y fidelidad, de este último, al servicio de Felipe II.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Simancas, Casas Reales. Junta de Obras y Bosques, legs. 61, 64, 383; Archivo General de Palacio, leg. 650, Sección Administrativa, leg. 429, Exps. Personales, Caja 1341/7.

M. E. Alegre Pérez, “Los orígenes de la Real Botica y sus actuaciones al servicio de los Austria”, en Arbor, n.º 665 (mayo 2001), págs. 241-245.

 

María Esther Alegre Pérez

 

 

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