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Pedro José de Olavarriaga Urquieta

Biografía

Olavarriaga y Urquieta, Pedro José. Arrazua (Vizcaya), 14.IX.1684 – Caracas (Venezuela), 20.V.1735. Primer director de la Compañía de Caracas, juez de Comisión de Caracas, viajero, escritor.

Pedro José de Olavarriaga nació en Arrazua (Vizcaya) el 14 de septiembre de 1684. Sus padres fueron Francisco de Urrialdua y Olavarriaga y Ana de Urquieta, vecinos de Marquina. Llegó a Caracas en 1720 y durante su estancia escribió la Instrucción General y Particular del estado presente de Venezuela en los años de 1720-21, obra en la que se revela el profundo conocimiento que llegó a tener de la tierra venezolana, y que fue la base informativa sobre la que se puso en marcha —entre otros factores— la iniciativa de crear la empresa comercial de la Compañía Guipuzcoana de Caracas.

El 4 de septiembre de 1730 llegó Olavarriaga a Puerto Cabello al frente de los tres primeros navíos de la Compañía y, tras dirigirla cerca de cinco años, falleció en mayo de 1735 y fue enterrado en la capilla mayor del Convento de la Merced de Caracas. Por su testamento se sabe que antes de residir en Bogotá, desde donde llegó a Caracas, recorrió también regiones del virreinato del Perú, pero los datos biográficos sobre el personaje se centran fundamentalmente en los años posteriores a 1720. Su llegada a Caracas en torno a 1720 está vinculada a los intentos del Gobierno español por reducir el contrabando que en esta época estaba muy arraigado en la costa venezolana. Así, el 21 de junio de 1720, Pedro José de Olavarriaga y otro compañero, Martín de Beato, fueron nombrados jueces de Comisión por el virrey de Nueva Granada para “conocer las causas de la provincia de Venezuela”.

Por otro lado, la situación política que vivía la provincia en este momento era bastante controvertida; en 1718 Venezuela había pasado a depender del Nuevo Reino de Granada y una de las principales tareas del nuevo gobernador, Betancourt y Castro, era acabar con el activo contrabando de la zona. Con la intención de cumplir esta misión nombró juez de Comisos y cabo de Guerra a Diego de Matos Montañés.

Pedro José de Olavarriaga llegó a Venezuela en un ambiente turbulento marcado por el antagonismo entre el gobernador y el Cabildo, en plena crisis de autoridad y bajo el signo del contrabando. Durante el gobierno de Betancourt, Olavarriaga y Beato se enfrentaron a los alcaldes de Guanare, ya que en el primer ejercicio de su cargo ordenaron la prisión y el embargo de los bienes de los alcaldes, muy relacionados con el tráfico ilícito, remitiéndolos luego a la cárcel real de la ciudad.

Por su parte, los alcaldes adujeron una sentencia de la Audiencia de Santo Domingo en la que se declaraba que “los Alcaldes de Guanare habían cumplido con la obligación de su ofizio en la dicha competencia e inhibían de conocer en la causa , de allí en adelante, tanto al Señor Gobernador y Capitán General, como a cualesquiera que otros que lo pretendieran”.

Olavarriaga y Beato dieron comisión al teniente de Araure para que ejecutase los actos, pero éste se excusó y finalmente los alcaldes no fueron castigados. Como se ha interpretado posteriormente, la acción del recién llegado Olavarriaga, tuvo serias implicaciones en el Gobierno de la provincia. Así, el gobernador Betancourt retiró de su cargo a Matos Montañés (juez de Comisos y cabo a Guerra). Sin embargo, éste logró fugarse y, una vez en Bogotá, convenció al virrey de su inocencia y de la culpabilidad de Betancourt. Ante esta crisis en el poder, el virrey ordenó prender a Betancourt y apartarle del gobierno poniendo en su lugar a Antonio Álvarez de Abreu. El Cabildo apresó a Betancourt pero no colocó en el gobierno a De Abreu sino a los alcaldes de Caracas.

El 11 de noviembre de 1721 fue nombrado un nuevo gobernador: Diego Portales y Meneses, que se mantuvo en el cargo hasta 1723. Durante su gobierno, Olavarriaga y Beato permanecieron un tiempo en prisión. No se sabe exactamente cuánto duró la prisión de Olavarriaga, pero, según afirma Beato en un documento, ésta debió extenderse durante todo el año 1722 y hasta meses de 1723, coincidiendo con la caída de Portales y Meneses. De hecho, siguiendo al cronista Blas José Terrero, parece que Olavarriaga y Beato, ya en libertad ambos, contribuyeron decisivamente a la caída y prisión de Portales en 1723. Aun así, se sabe que el 12 de julio de 1723 todavía continuaban sujetos al proceso, puesto que“otorgaban poder para que los representaran en su causa en la Villa y Corte de Madrid”, renovando el que ya habían enviado el 7 de octubre de 1722.

En el plano político en el que se desarrollan los acontecimientos, se conoce que aumentaron los desacuerdos entre el gobernador y el Cabildo, llegándose a la formación de dos sectores: el primero encabezado por el gobernador y el obispo Escalona y el segundo compuesto por la mayor parte de los regidores y casi toda la nobleza de Caracas.

Uno de los primeros actos del gobernador Diego Portales en el que ya mostró su confrontación con Olavarriaga, fue poner en libertad a Betancourt, considerando que el proceso que se le seguía al exgobernador por el virrey de Nueva Granada, era inducido por Olavarriaga y Beato. Por esta razón, el gobernador Diego Portales ordenó la encarcelación de ambos. Fue en este contexto inestable de clima de discordia política existente entre el representante del poder real y el Cabildo, cuando en las dos orillas del Atlántico se puso en marcha el proyecto de lo que iba a ser en el futuro la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Durante su estancia en Caracas entre 1718 y 1721 Olavarriaga llevó a cabo un detenido estudio de las posibilidades económicas de la provincia, que quedó reflejado en la Instrucción General y Particular del Estado Presente de Venezuela en los años 1720 y 1721.

Según Briceño Perozo, es uno de los más valiosos documentos que en materia económica y financiera se realizaron en Venezuela a lo largo del siglo xviii. Se trata de una descripción exhaustiva de la provincia: lugares, gentes, riqueza del suelo, costas, panoramas, agricultura, cría, valles, haciendas, número de árboles, minas, comercio, industrias, fortificación de costas, puertos. Toda esta información está afianzada en cifras y anotaciones de rigor, con la peculiaridad de que al denunciar los fallos de la Administración y los problemas confrontados con las autoridades, indica correctivos y da las soluciones precisas.

La obra está dividida en doce capítulos y en cada uno de ellos se refiere a un aspecto concreto de la provincia de Venezuela. Para su elaboración, Olavarriaga contó con colaboradores de la talla de Juan Amador Courten (ingeniero militar), que es el autor de los planos y proyectos que ilustran la obra y firma el prólogo datado en Santafé a 16 de marzo de 1722.

Las múltiples conclusiones expuestas por Olavarriaga fueron el punto de partida para la elaboración de la prospectiva del proyecto comercial de lo que más tarde llegaría a constituirse como la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Entre otrasmuchas cuestiones, resalta su opinión sobre la apatía productiva de algunos criollos frente a la prodigiosa riqueza y feracidad de la tierra venezolana.

Olavarriaga no transmite una buena opinión sobre la laboriosidad de los naturales de la provincia, considerando que las tierras de Venezuela serían las más fértiles de todas las de las Indias Occidentales, si fueran cultivadas con interés, puesto que, debido a “la flojedad de sus vecinos”, apenas se encuentra lo necesario para la vida cotidiana.

Por otro lado, y vinculado a la capacidad de producción de las tierras, observa con desagrado que a las familias emigrantes llegadas de las Canarias en los navíos de registro, les donaban pésimas tierras forzándoles a buscar su vida y su futuro a través de otros modos de vida que no son precisamente los agrícolas.

En cuanto a las cuestiones de gobierno, criticó la conducta incorrecta de muchos gobernadores (aunque sin nombrar ninguno) y sobre el gobierno militar estimaba también que “aún está en peor estado que el político”.

Entre otros males a sanear, denunciaba Olavarriaga la práctica del contrabando que se desarrollaba activamente y con beneplácito de autoridades y plantadores y sin ningún tipo de correctivo. De este modo, Olavarriaga concluyó con veracidad, que la nación que frecuentaba la costa marítima de Venezuela con regularidad y realizando un fructífero contrabando era Holanda, y que, sin duda, los holandeses, traficaban en perjuicio del comercio español desde Curaçao y la incipiente colonia de Y aracuy. En lo referente al tráfico portuario, calificó Puerto Cabello como el “mejor [puerto] de toda la costa y quizá de las Indias”.

Durante el gobierno de Portales, Olavarriaga y Beato fueron madurando la idea de crear en Caracas una compañía mercantil orientada a la defensa del patrimonio económico de la provincia, a la mejora de la producción y a la intensificación del comercio con España.

Para entonces ya se había publicado La Instrucción General y Particular del Estado Presente de Venezuela.

Las características del proyecto iban a satisfacer tanto a los inversionistas de España (deseosos de aumentar su participación en el tráfico americano y sus caudales) como a los medianos agricultores venezolanos y otros mercaderes. La campaña de información fue creciendo en expectativas y los informes fueron llegando a la Metrópoli a través de un importante círculo de amigos entre los que se encontraba el conde de Peñaflorida, el padre del futuro fundador de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País en 1765.

Cabe destacar en este sentido la relevancia de Olavarriaga en los círculos de la Ilustración y la economía de la España del “primer dieciocho”. De hecho, José Patiño se convirtió en uno de los enlaces de Olavarriaga desde la Secretaría de Marina e Indias en 1726.

Pocos años antes de la fundación de la Compañía, se constata por fuentes documentales la presencia de Olavarriaga en Caracas (noviembre de 1726). Para este tiempo Olavarriaga estaba casi en vísperas de su marcha a Guipúzcoa, donde sus valiosos informes debieron llegar al círculo de los más grandes personajes en la provincia y en la Corte española.

La Compañía Guipuzcoana se fundó oficialmente el 25 de septiembre de 1728 y dos años después, el 15 de julio de 1730, zarparon del puerto de Pasajes (Guipúzcoa) los tres primeros registros enviados a Venezuela por la Compañía: el San Joaquín, la Galera Guipuzcoana o Santa Bárbara y el San Ignacio de Loyola, en el que viajaba Pedro José de Olavarriaga.

El 4 de septiembre de 1730 los tres buques arribaron a Puerto Cabello, y Olavarriaga, como director de la Compañía, buscó el contacto inmediato con los Ayuntamientos de las más importantes poblaciones: “[...] pidiéndoles algunos informes, para más asegurar el acierto en su importante comisión”. Seguidamente, como se había proyectado, mandó establecer factorías en Caracas, La Guaira, Puerto Cabello, valles de Barquisimeto y Coro..., siendo elegido Puerto Cabello como centro de sus principales almacenes y puerto esencial de comercio privilegiado de cacao, tabaco, algodón y otros coloniales apreciados además de recibirse diversos productos y manufacturas de España.

Las relaciones entre el gobernador García de la Torre y Olavarriaga no tardaron en enturbiarse al agregarse el primero el título de “Conservador de la Real Compañía Guipuzcoana de Navegación a Caracas”, inmiscuyéndose de alguna forma en los asuntos de la Compañía. Precisamente durante el gobierno de García de la Torre (1730-1732) tuvieron lugar importantes acontecimientos en los que Olavarriaga contó con una destacada participación: la imposición del monopolio de la Compañía Guipuzcoana entre los cultivadores de cacao, la sublevación del zambo Andresote y los conflictos derivados del contrabando y su represión por los nuevos agentes de la Guipuzcoana.

En 1732 tuvo lugar la sublevación del zambo Andresote en la región del Y aracuy contra los precios y abusos de la Compañía y, Olavarriaga, como director general de la misma, tuvo que iniciar el proceso contra los levantados. Para ello actuó en dos frentes: ante las autoridades españolas y frente a los holandeses de Curaçao. La movilización quedó reprimida por la intervención de las tropas, pero la Compañía quedó dañada en su imagen.

Para solucionar el activo contrabando, Olavarriaga envió a la isla de Curaçao a Juan José de Ureta, quien presentó una demanda conteniendo diferentes quejas sobre las hostilidades “comitidas por capitanes que navegan de esta isla contra dicha Compañía Guipuzcoana y otros vasallos de Su Majestad Católica de España”, acusándolos de la intervención que habían tenido en los sucesos de Y aracuy y en el fomento del trato ilícito”. Sin embargo, ladinamente, los capitanes holandeses inculparon a Olavarriaga de haber introducido en la isla “porción de cargas de tabaco y cacao”.

Con posterioridad, el gobernador García de la Torre llevó a cabo autos contra Olavarriaga, Beato y otros factores de la Compañía Guipuzcoana “en razón del comercio ilícito que tenían en Curazao”.

Enterados en España de todas estas acusaciones y motines, el Rey y su gobierno, enviaron a Venezuela al licenciado Martín de Lardiazábal como juez pesquisidor y comandante general con “autoridad superior al Gobernador y Capitán General y demás Ministros de ella”.

De esta forma, el 15 de agosto de 1732, García de la Torre (declarado enemigo de los guipuzcoanos) sería destituido, siendo nombrado nuevo gobernador Martín de Lardizábal. La reacción de la Compañía ante todos estos acontecimientos fue separar de su cargo de director a Pedro José de Olavarriaga (1733) sustituyéndole por Nicolás de Francia. Sin embargo, éste no abandonó la empresa, sino que continuó formando parte de la Guipuzcoana en calidad de factor hasta su muerte acaecida en 1735. Precisamente el 19 de mayo de 1735, muy enfermo, había otorgado poder para testar a Nicolás de Francia, falleciendo al día siguiente.

Con referencia a la vida familiar de Pedro José de Olavarriaga, se conoce que casó por poder con Teresa Ignacia de Noblecía Echave el 31 de agosto de 1730 en Pasajes. Teresa llegó a Venezuela en 1731 ratificando su casamiento el 26 de julio de 1731. Tuvieron dos hijas: Rosalía María y María Josefa, nacidas en Caracas en 1732 y 1734. La segunda fue ahijada de Nicolás de Francia.

 

Obras de ~: Instrucción General y Particular del Estado Presente de Venezuela en los años de 1720 y 1721, Caracas, 1722.

 

Bibl.: M. Briceño Perozo, Magisterio y ejemplo de un vasco en el siglo xviii, Caracas, 1965; V. de Amezaga Aresti, Hombres de la Compañía Guipuzcoana, vol. II, Bilbao, Editorial La Gran Enciclopedia Vasca, 1979; El elemento vasco en el siglo xviii venezolano, vol. III, Bilbao, Editorial La Gran Enciclopedia Vasca, 1979; J. Garmendia Arruebarrena, Cádiz, los vascos y la carrera de Indias, San Sebastián, Eusko Ikaskuntza, 1990; M. Gárate Ojanguren, La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, San Sebastián, Publicaciones del Grupo Doctor Camino de Historia Donostiarra, Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1990; I. Arana Pérez (coord.), Los vascos y América. Ideas, hechos y hombres, Madrid, Espasa Calpe, 1990; M. T. Zubiri Marín, “Vascos en Venezuela.

Apuntes sobre la Compañía Guipuzcoana de Caracas”, en Comerciantes, mineros y nautas. Los vascos en la economía americana, Vitoria-Gasteiz, Universidad del País Vasco, 1996, págs. 247-255.

 

Begoña Cava Mesa

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