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Francisco de la Puebla González

Biografía

Puebla González, Francisco de la. Prádena (Segovia), 9.VI.1643 – Santiago de Chile (Chile), 21.I.1704. Clérigo secular y obispo de Santiago de Chile.

Estudió Latinidad, Literatura, Filosofía y Teología en el Convento de Santo Domingo de Segovia. Inclinado al sacerdocio se dirigió a Ávila donde se doctoró en Teología. Se ordenó se sacerdote en Prádena en 1667 y fue cura en varias parroquias. El rey Carlos II lo nombró maestro de pajes y más tarde lo presentó al papa Inocencio XII, quien le encomendó la diócesis de Santiago de Chile en 1694. Presentó su renuncia que no fue acogida. Consagrado en Madrid en 1695, se embarcó, llegando a su diócesis en 1699.

Fue un prelado santo y humilde y de eso se aprovecharon algunas potestades civiles para desairarle en no pocas ocasiones. Su caridad se manifestaba en la esmerada y continua preocupación por los necesitados.

Sus rentas las dedicaba para reparar los templos y dotar a las parroquias de ornamentos. Su preocupación por elevar el nivel moral de los fieles le inclinaba al confesionario y la dirección espiritual, amén del buen ejemplo que irradiaba su virtud.

Inició su actividad pastoral antes de su llegada a Santiago, pues atendió la zona Cuyo y se dedicó a administrar el sacramento de la confirmación a los fieles de San Luis, San Juan y Mendoza. Al llegar a Santiago pudo medir la enorme extensión de su diócesis y las dificultades que ofrecían la cordillera y la dispersión de los indios y mestizos para lograr una mejor atención espiritual.

Mantuvo frecuente contacto con el Rey, por lo menos se conocen cinco cartas y la relación diocesana que le hizo llegar antes de ser enviada al Papa. En esta relación da un informe completo de las ciudades, número de conventos y parroquias. Señala las medidas que debió tomar en los conventos de las religiosas agustinas y clarisas. Al mismo tiempo consulta acerca de las mismas para evitar escándalos por lo intereses que se enfrentaban en las elecciones de las superioras de los monasterios. Para elevar la preparación del clero secular dispuso que tres veces a la semana, martes, jueves y sábado acudieran a la Catedral a seguir las lecciones de moral. Como el Seminario solamente contaba con siete niños que servían de acólitos y seguían estudios, la Congregación del Concilio le exhortó a que tratara de aumentar el número de seminaristas.

Como la generalidad de los obispos del siglo xvii, se quejó del maltrato que recibían los indios y la poca colaboración que recibía de los encomenderos para atenderlos mejor. Asimismo lamentaba el mal ejemplo que daban los oidores y otras autoridades al llegar con tardanza a los oficios religiosos.

El Monarca, que conocía su virtud y su desprendimiento personal, aceptó muchas de sus sugerencias pastorales, especialmente su insistente planteamiento de proceder a la creación de pueblos, asientos o villas, como se desprende de la política poblacional emprendida por los Borbones desde comienzos del siglo xviii.

En 1704 fue encontrado en tierra perdido el sentido con una disciplina en la mano y sus espaldas desnudas cubiertas de cilicio. Días después, tras recibir los sacramentos fue sepultado en la Catedral.

 

Bibl.: F. Aliaga Rojas, “Relaciones a la Santa Sede enviadas por los obispos de Chile colonial”, en Anales de la Facultad de Teología, Santiago de Chile, Universidad Católica de Chile, 1875; E. Soto Kloss, “Francisco de la Puebla González”, en Episcopologio chileno, 1561-1815, t. II, Santiago de Chile, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1992.

 

Marciano Barrios Valdés

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