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Abu Hamid al-Garnati

Biografía

Abū Ḥāmid Al-Garnāṭī: Abū Muḥammad b. ‘Abd al-Raḥīm b. Sulaymān b. Rabī´ al-Mazīnī al-Qaysī al-Andalusī al-Garnātī. Granada, 1080 – Damasco (Siria), 1169-70. Viajero y polígrafo de múltiples saberes.

Nació en Granada bajo el reinado de ‘Abd Allāh (g. 1073-1090), el último de los reyes ziríes. Los antepasados de Abū Ḥāmid debieron de estar bastante relacionados con la actividad política de los reyes ziríes y hubieron quizá de sufrir las consecuencias de la historia azarosa de la Península Ibérica durante casi todo el siglo XI. Su nisba uqlīŠī parece indicar que Abū Ḥāmid debió de vivir varios años en Uclés, capital de la cora o distrito de Santaver. Su familia quizá fue una de las que huyeron de Granada, cuando en 1090 Yūsuf Ibn TaŠufīn se acercaba a esa ciudad con sus tropas y cuya expedición acabó con el destronamiento del rey ‘Abd Allāh, para buscar refugio en Uclés, plaza fuerte que en esos momentos pertenecía al rey castellanoleonés Alfonso VI, quien mantenía entonces buenas relaciones con el último zirí granadino. El momento en que Abū Ḥāmid debió de abandonar Uclés podría situarse poco antes de la derrota de las fuerzas alfonsíes en la batalla de Uclés (1108) por el ejército almorávide. Fue también entonces cuando probablemente decide abandonar la Península Ibérica, camino de Oriente. En ese viaje se detuvo con cierta demora en el Magreb donde visitó, entre otros lugares, Siÿilmāsa, en la orilla misma del desierto, y también Túnez y Cairuán en el Norte de África.

En 1114-5 es probable que se encontrara ya en Alejandría; tres años después asegura él mismo que estaba en esa ciudad de Egipto y, en otro lugar, dice que el año siguiente llegó a El Cairo. Entre 1115 y 1117-8 pudo realizar un viaje desde Alejandría a al-Andalus, pero por no irle bien las cosas, habría regresado enseguida a la ciudad del Delta del Nilo, haciendo antes escala en Cerdeña y Sicilia. Abū Ḥāmid llegó a tener un buen conocimiento de Egipto, adquirido en sus años de residencia y de estudios en aquella tierra.

En el año 1123 llegó a Bagdad, pero antes había enseñado Hadiz y estudiado en Damasco. Fue seguramente en el viaje de Damasco a Bagdad cuando visitó Baalbek y Palmira. En Bagdad se alojó en casa del ministro ´Awn al-Din, hábil político y buen general, famoso también por su gran erudición y que llegó a ser visir de los califas abbasíes al-Muktafi y al-Mustanyid y con quien Abū Ḥāmid trabó una duradera amistad.

En el año 1130 Abū Ḥāmid se encontraba en la ciudad de Abhār y solamente un año después llegaba a Sajsīn, localidad a orillas del Mar Caspio, en la desembocadura del Volga, nudo de comunicaciones muy importante por ser el cruce de largas rutas comerciales. En el viaje, que debió de hacer a lo largo de la costa occidental del Caspio tuvo ocasión de conocer la ciudad de Derbend, al pie del Cáucaso.

En 1135 estaba en Bulgār, aguas arriba del Volga, y fue en ese viaje cuando tal vez visitó la Bactria. Unos quince años después, en 1150-1151, Abū Ḥāmid estaba en el país de Bāšgird (país de los húngaros), donde permaneció seguramente ocho años, hasta que en 1158 decidió regresar a Sajsīn, donde tenía a parte de sus hijos y a su familia. Hizo un alto en el camino y pasó el invierno en el país de los Ṣaqāliba (eslavos), cuyo rey lo trató muy bien gracias a una carta de recomendación que le había dado el rey de los húngaros, Geza II. Después de una breve demora en Sajsīn, en el mismo año 1160 llegó a Juwarizm. Al año siguiente salió de allí para la Meca, por la ruta de Merv, Isfahan y Basora, para hacer la peregrinación. En ese mismo año estaba otra vez en Bagdad. Durante su estadía en la capital compuso al-Mu´rib para su gran amigo y mecenas el citado visir ´Awn al-Dīn, en cuya residencia se alojó Abū Ḥāmid. Parece ser que pensaba volverse junto a su familia, parte de la cual estaba en Bāšgird y probablemente, parte en Sajsīn, haciendo el camino de Occidente, a través de Asia Menor, por el sultanato selyuquí de Konya. Este viaje no lo realizó; en cambio, parece que sí hizo entonces un viaje desde Bagdad a Jurasán.

En el año 1162, Abū Ḥāmid llegó a Mosul y en esta ciudad compuso su obra la Tuhfa a instancias del Šayj Mu’in al-Dīn Ibn Ḥafṣ ‘Umar b. al-Jiḏr al-Ardabilī, obra que estaba terminada en 1165.

Abū Ḥāmid se dirigió después a Siria, visitó Alepo y fijó su residencia en Damasco, donde murió en 1169-70, a los noventa años de edad.

La labor literaria de Abū Ḥāmid está representada por sus dos obras citadas, que deben entenderse en gran medida como libros de viajes. Los aspectos más destacables de al-Mu´rib son el geográfico y cosmográfico, el científico, el religioso y el poético. Sus observaciones están adornadas con datos y noticias legendarias que aparecen combinadas con apuntes geográficos objetivos y reales. El estudio de la Tierra en su conjunto está hecho en relación con la estructuración del mundo en su totalidad. En la concepción de éste y en su descripción se entrelazan diversas visiones cosmogónicas antiguas.

Respecto del contenido geográfico de al-Mu’rib, éste es en gran medida coincidente con el de la Tuḥfa, pero mientras en ésta la información es casi exclusivamente geográfica, queda debidamente estructurada en las cuatro secciones en las que está dividida la obra y los pasajes suelen ser más detallados y extensos, en al-Mu’rib el material geográfico queda más bien esparcido a lo largo del tratado. En la Tuhfa el interés básico y primordial del contenido está en la intención del autor de dar a conocer algunos itinerarios comerciales hasta entonces no recogidos en otras obras. Otros dos elementos importantes del libro son las descripciones del Sáhara Occidental y las de Egipto, especialmente de sus edificios.

La producción geográfica en la obra de Abū Ḥāmid, considerada como ciencia de la tierra y del hombre, engloba diversos aspectos donde se entremezclan varios campos de estudio: Climatología, Hidrografía, Orografía, Mineralogía, Etnología, Antropología, Zoología y, en menor grado, Botánica y Agricultura, y también Arquitectura, Urbanismo y Comercio.

Los temas de carácter científico o pseudocientífico aparecen diseminados en varios pasajes y capítulos. En el plano de las Ciencias naturales el autor trata de resaltar la utilidad que pueden reportar al hombre animales, vegetales y minerales, así como alimentos, medicinas y productos comerciales. La Astronomía, que ocupa un amplio espacio en al-Mu’rib, es entendida como instrumento útil al hombre en cuanto que sus conocimientos encuentran aplicación en la vida cotidiana.

Desde una perspectiva literaria merece destacar la intercalación de versos que realiza Abū Ḥāmid a lo largo del texto de al-Mu’rib. Estos versos resultan de un interés especial por el particular contexto en que aparecen, y permiten conocer mejor la tradición árabe, desde la época preislámica hasta la época abbasí, sobre la concepción del universo, la configuración del mundo, el conocimiento de los astros y su influencia sobre los fenómenos atmosféricos, las épocas de lluvia y sequía y el anuncio de las tormentas y del calor o del frío, sobre el régimen de vientos, sobre la agricultura e incluso sobre la influencia de los fenómenos naturales en la suerte de los seres humanos.

La Tuhfa, libro de sencilla y amena lectura, carece de casi todo recurso literario ornamental: apenas aparecen versos, ni sentencias, ni hadices. Esta es una diferencia esencial con al-Mu’rib. Otra importante diferencia es la ausencia en la Tuḥfa de capítulos de contenido astronómico, cronológico y metrológico.

Quizá una de las razones de los viajes de Abū Ḥāmid fue su espíritu religioso islámico, el cual le indujo a proclamar la fe musulmana y sus preceptos por los diversos lugares en los que estuvo, especialmente en BāŠgird. Por los datos que ofrece en sus obras, podemos saber que estuvo en contacto con creyentes romanos, bizantinos u orientales y con musulmanes que habían olvidado la oración pública del viernes. Fue con estos últimos con los que ejerció su actividad misionera y, según él mismo nos dice, con éxito. La cultura en materia religiosa se ve reflejada en al-Mu´rib; el autor introduce numerosos versículos coránicos y hadices para dar autoridad y ejemplificar observaciones que considera de carácter científico e histórico.

Citan a Abū Ḥāmid como fuente de importancia varios geógrafos árabes posteriores, que incluyen en sus obras numerosos pasajes del material geográfico pertenenciente a las obras de al-Garnātī. Su éxito fue rotundo entre los cosmógrafos y naturalistas posteriores que, como al-Qazwīnī (s. XIII) o al-Damīrī (s. XIV), aprovechan varios materiales como fuente principal de sus cosmografías y de su tratados de ciencias naturales.

 

Obras de ~: Al-Mu´rib ´an ba´d ´aÿā`ib al-Magrib (Elogio de algunas de las maravillas del Magrib), Bagdad, c. 1160; Tuḥfat al-albāb (El Tesoro de los corazones), Mosul, 1162.

 

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Ingrid Bejarano Escanilla