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Isabel de la Cruz

Biografía

Cruz, Isabel de la. Guadalajara, p. m. s. XVI – ?, m. s. XVI. Madre espiritual de los alumbrados de Castilla de 1525.

Nacida de padres de ascendencia judía, Isabel de la Cruz, la heresiarca con mayor influencia doctrinal durante las tres primeras décadas del siglo xvi, abrió una profunda grieta en la ciudadela de la no tan monolítica ortodoxia católica española. Ya niña comenzó a tener algunas experiencias especiales. Basándose en san Mateo y anhelando practicar una religión menos rutinaria y más personal, abandonó muy joven el hogar, contra la voluntad de su madre y sus hermanos, para dedicarse con más plenitud a la búsqueda de la perfección cristiana y a la predicación. En 1512 vivía en Guadalajara como beata sujeta a la regla franciscana y enseñaba un camino de perfección conocido como “dejamiento” (abandono absoluto a la voluntad y al amor de Dios). A la vez animaba a sus discípulos seglares a abandonar las formas exteriores de devoción y a los religiosos, especialmente franciscanos, que la seguían a librarse de los ayunos, disciplinas, vigilias y otras penitencias mandadas por la regla. Sus partidarios le concedían más autoridad que a san Pablo.

Su doctrina —heterodoxa— del dejamiento, la nueva y peligrosa aventura espiritual de gran vitalidad, convivió inicialmente con la del “recogimiento” —ortodoxo— que practicaban seglares, franciscanos y clarisas y cuya expresión más rica fue el Tercer abecedario de Osuna. El día 13 de mayo de 1519, Isabel de la Cruz fue denunciada al Tribunal de la Inquisición por la famosa criada Mari Núñez, que aparece en casi todos los procesos de alumbrados. La acusación se centraba en que Isabel —cabeza visible del inquietante iluminismo o alumbradismo— negaba la existencia del infierno, era enemiga de la devoción a la Pasión de Cristo, afirmaba que en la bienaventuranza había fe, ridiculizaba a los que hacían penitencia y renegaba de las buenas obras. Ella y Pedro Ruiz de Alcaraz, su compañero más fiel, condenaban asimismo las visiones, revelaciones y éxtasis en que se complacían algunos adeptos de la reforma franciscana, manifestaciones a las que el gran Cisneros no era desfavorable.

Los inquisidores no abrieron diligencias contra Isabel de la Cruz hasta 1523, cuando se produjo la ruptura entre recogidos y dejados. Los alumbrados se habían multiplicado y se repartían ya por varias localidades castellanas: Cifuentes, Pastrana, Escalona, Toledo, Salamanca o Alcalá. A finales de ese mismo año, el provincial de la Orden franciscana le prohibió que recibiese hombres en su casa por ser notorias las visitas que le hacían profesores y estudiantes de la Universidad de Alcalá, así como clérigos y personas de cierta posición social. Isabel se negó a acatar la orden del provincial y fue despojada de su estatus de hermana terciaria. Poco después era arrestada por la Inquisición, que detuvo también a su discípulo Ruiz de Alcaraz, bajo la acusación de herejía.

La Inquisición cortó de raíz la difusión del iluminismo con la promulgación de un edicto de gracia (diciembre de 1524), el primer edicto de fe que abría oficialmente las persecuciones (1525) y el auto de fe de 1529 donde fueron juzgados Isabel de la Cruz, Alcaraz y otros herejes de nuevo cuño. No se sabe cómo terminó exactamente el proceso de Isabel, pero en el de Alcaraz figura una nota de lo que se ejecutó contra ambos: “... que se dicen los alumbrados, por inventores e publicadores de novedades y errores escandalosos...

a él azotar públicamente e a ella llevar a la vergüenza...

vestida con un sambenito encima, e ambos con sus corozas en la cabeza e atadas las manos”.

La sentencia de prisión perpetua le fue conmutada el 24 de diciembre de 1538 por penitencias, romerías y oraciones y la prohibición de salir de Guadalajara y sus arrabales sin licencia. De 1540 data el contrato de compraventa de los bienes que le confiscó la Inquisición, ahora en manos de la Hacienda real. A partir de este momento, su rastro se pierde porque la represión inquisitorial forzaba al desarraigo social, al silencio y al anonimato de por vida. De otro lado, cabe destacar el papel transgresor de Isabel —que, como confesó, se había atrevido a “hablar e doctrinar syendo muger e sin letras”— respecto a la tradición misógina que reservaba la intermediación entre los hombres y Dios al ministerio eclesiástico masculino.

Aunque la Inquisición lo sofocó antes de llegar a la madurez, puede parecer que el iluminismo de Isabel de la Cruz y sus seguidores —entre los que se contaban numerosos cristianos nuevos de origen judío, “desarraigados del judaísmo” (M. Bataillon) pero no judaizantes— cabe circunscribirlo a las doctrinas del “dejamiento” y del quietismo, que excluyen toda manifestación visible de amor divino y presentan las siguientes características: se remiten enteramente a Dios, niegan la voluntad —el hombre, como no tiene voluntad propia, no puede pecar— y son anti-intelectuales —no es por la razón o por la ciencia como se llega a Dios, sino por el amor: el amor de Dios en el hombre es Dios.

 

Bibl.: M. Serrano y Sanz, “Pedro Ruiz de Alcaraz, iluminado alcarreño del siglo xvi”, en Revista de archivos, Bibliotecas y Museos, VIII (1903), págs. 1-16 y 126-139; A. Selke de Sánchez, “Algunos datos nuevos sobre los primeros alumbrados. El edicto de 1525 y su relación con el proceso de Alcaraz”, en Bulletin Hispanique, LIV (1952), págs. 125-152; H. Santiago Otero, “En torno a los alumbrados de Toledo”, en Salmanticensis, 2 (1955), págs. 614-654; J. Longhurst, “La beata Isabel de la Cruz ante la Inquisición”, en Cuadernos de Historia de España, 26-27 (1957), págs. 279-303; J. Meseguer, “Programa de gobierno del padre Francisco de Quiñones, ministro general O. F. M.”, en Archivo Iberoamericano, n.º 21 (1961), págs. 1-51; A. Márquez, Los alumbrados: orígenes y filosofía, Madrid, Taurus, 1972; M. Andrés Martín, Nueva visión de los “alumbrados”, de 1525, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1973; A. Huerga, Predicadores, alumbrados e Inquisición en el siglo xvi, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1973; A. Hamilton, Proceso de Rodrigo de Bibar (1599), Madrid, Fundación Universitaria Española, 1979; J. C. Nieto, Juan de Valdés y los orígenes de la reforma en España e Italia, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1979; M. Bataillon, Erasmo y España: estudios sobre la historia espiritual del siglo xvi, México-Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1983; L. Canabal Rodríguez, “Heterodoxia en el reinado del Emperador: Toledo, los alumbrados e Isabel de la Cruz”, en J. Martínez Millán (coord.), Carlos V y la quiebra del humanismo político en Europa (1530-1559), vol. IV, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2000, págs. 309-330.

 

Antonio Fernández Luzón

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