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Victoriano López Gonzalo

Biografía

López Gonzalo, Victoriano. Terzaga (Guadalajara), 1739 – Almansa (Albacete), 21.XII.1805. Obispo de Puebla de los Ángeles (México), Tortosa y Cartagena, mecenas.

Alumno del seminario diocesano de Sigüenza, completó su formación en la Universidad de Alcalá, pasando a desempeñar diferentes funciones pastorales y curiales en el Obispado de Sigüenza y en la archidiócesis de Toledo. Habiendo marchado al virreinato de la Nueva España, ocupó durante doce años la importante sede de Puebla de los Ángeles (1774-1786), donde el joven obispo desarrolló fructífera labor en el doble plano administrativo y pastoral. De regreso a España por haber sido designado para la sede de Tortosa (4 de julio de 1786), permaneció en la misma poco más de dos años, dado que el 15 de enero de 1789 fue promovido para la de Cartagena.

Su pontificado cartaginense coincidió casi exactamente con buena parte del reinado de Carlos IV, siendo, como éste, para la diócesis, siquiera en su andadura inicial, un tiempo de desarrollo demográfico, progreso social y económico, y avance de las letras, las artes y las ciencias, en que se recogieron los frutos del gran esfuerzo desplegado en la etapa precedente, y que en el ámbito diocesano tuvo fiel reflejo en la creación de nuevas parroquias, la mejora de la atención pastoral y el florecimiento de las Órdenes religiosas. De esa época data la construcción del cuerpo superior de la torre de la catedral (21 de noviembre de 1792), la conclusión de su fachada principal (1795) y el equipamiento de ese templo (fundición de las grandes campanas actuales —1792—, sillería en caoba y nogal —22 de octubre de 1793—, dotación de fastuoso mobiliario y ornamentos de culto, y colocación de dos grandes órganos —1796 y 1797—).

Cumpliendo una disposición de Godoy, los enterramientos dejaron de hacerse en las iglesias por razones de salubridad, para serlo en cementerios extramuros (los de Murcia, inaugurados en 1 de noviembre de 1796), en tanto eran edificados nuevos templos parroquiales y remozados los antiguos, aparte de edificarse un palacio (residencia episcopal de verano en Santa Catalina del Monte). En otro orden de cosas, el seminario de San Fulgencio, que expedía títulos superiores, consolidó su prestigio como centro de estudios de primer orden, no obstante su reputación (o acaso por ello) de foco jansenista, que en vano el mitrado intentó reconducir con unos Estatutos —actualización de los dados por los obispos Sancho Dávila (1592) y Luis Belluga (1714)— muy protestados por los estudiantes (alborotos de 1793 y 1794), siendo preferido ese centro a las vetustas Universidades del entorno (Orihuela y Granada) y convirtiéndose en semillero de obispos para España y América. A su vez las imprentas de Murcia, protegidas por el prelado y su clero, se mostraron tan activas que hicieron de Murcia uno de los primeros núcleos editores del país, especialmente en obras de temática religiosa. El 1 de enero y 1 de septiembre de 1792 aparecerían El Diario de Murcia y el Correo Literario de Murcia, siendo principal editor y redactor del primero el presbítero L. Santiago Bado, exponente de un clero numeroso e ilustrado, encuadrado en la Sociedad Económica de Amigos del País, en cuyas filas figuraban hombres tan insignes como el canónigo Juan Lozano y los franciscanos padre Ortega y padre Salmerón. Finalmente, las artes conocieron uno de sus mejores momentos, en particular la escultura, con el francés Nicolás de Bussy y con R. López, este último el principal discípulo del genial imaginero Francisco Salzillo.

En contrapartida, ese desarrollo y progreso se vería frenado por catástrofes naturales tales como las hambrunas de 1790, 1796, 1799, 1801, 1802 y 1803, caldo de cultivo de la epidemia de fiebre amarilla de 1804, o la ruptura del pantano de Puentes (noche de 30 de abril de 1802), que sembró de muerte y desolación a Lorca y el valle del Guadalentín. El benemérito comportamiento del mitrado a favor de los damnificados, así como su protección continuada de los centros benéficos (el 17 de enero de 1790 fueron concluidas las obras del Hospital de San Juan de Dios) y la caridad del día a día le valdría ser conocido como “Ángel de los Pobres”. Falleció en la villa de Almansa, en 1805, cuando realizaba una visita pastoral.

Se conservan cuatro cartas pastorales de su pontificado en Cartagena, fechadas en Murcia (8 de mayo de 1793, 2 de agosto de 1798, 4 de abril de 1799 y 19 de febrero de 1801). La más interesante de ellas es la primera, por ofrecer una extensa y detallada descripción de las necesidades de la diócesis observadas al término de una detenida visita pastoral, así como posibles remedios a las mismas.

 

Obras de ~: Estatutos para el Seminario Conciliar de San Fulgencio de Murcia, dispuestos por el Ilmo. Sr. D. ~, Obispo de Cartagena, del Consejo de S. M., Madrid, 1803; Cartas Pastorales de sus pontificados en Puebla de los Ángeles (1774-1786), Tortosa (1786-1789) y Cartagena (1789-1805).

 

Bibl.: P. Díaz Cassou, Serie de los Obispos de Cartagena, Madrid, Tipografía Fortanet, 1895 (2.ª ed. facs., Murcia, Instituto Municipal de Cultura, 1977); M. Fernández Echeverría, Historia [...] de la ciudad de Puebla de los Ángeles en la Nueva España, Puebla, Municipalidad, 1931; J. López Casares, “La Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia, 1771-1800”, separata de Anales de Economía (Murcia) (1975); J. B. Vilar y J. Iniesta Magán, “Censo de Aranda en el Obispado de Cartagena (1769). Aproximación a la demografía española moderna”, en Anales de Historia Contemporánea, 3 (1984), págs. 231-235; J. Melgarejo Galera, El Censo de Floridablanca en Murcia y su reino, Murcia, Universidad, 1987; C. Mas Galván, “De la Ilustración al liberalismo: el Seminario de San Fulgencio de Murcia (1774-1823)”, en Trienio. Ilustración y Liberalismo, 12 (1988), págs. 102-135; M. Velázquez, La Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia: la institución, los hombres, el dinero (1777-1820), Murcia, Consejería de Educación, 1989; A. Cánovas Botía, Auge y decadencia de una institución eclesial: el Cabildo Catedral de Murcia en el siglo xviii, Murcia, Universidad, 1994; J. J. García Hourcade, Beneficencia y sanidad en el siglo xviii. El Hospital de San Juan de Dios de Murcia, Murcia, Universidad, 1996; M.ª J. Vilar, Episcopologio de la diócesis de Cartagena-Murcia, s. xix y xx (en prensa).

 

María José Vilar

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