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Diego de Alvear y Ponce de León

Biografía

Alvear y Ponce de León, Diego de. Montilla (Córdoba), 13.XI.1749 – Madrid, 15.I.1830. Marino, geógrafo e ilustrado. Comisario de la Comisión de Límites Hispano-Portuguesa y gobernador de la isla de León.

Fue el tercer hijo de Santiago Alvear y de Escolástica Ponce de León, hija del corregidor de Montilla Luis Ponce de León. Estudió primeras letras en el colegio jesuita de Montilla y a continuación siguió estudios de Filosofía, Teología y Humanidades en el Colegio jesuita de Santiago de Granada. La expulsión de la Orden religiosa en 1767 motivó que su aprendizaje prosiguiera en Montilla al lado de su familia. Eligió por vocación la carrera militar y logró una plaza para formarse como marino en la Academia de Guardias Marinas en Cádiz el 14 de marzo de 1770. Fueron sus maestros Vicente Tofiño, por entonces director de la Academia y sucesor de Jorge Juan, y José Varela y Ulloa.

Tras obtener el grado de subbrigadier a fines de 1771, participó en la expedición a las islas Filipinas que emprendió la fragata Venus comandada por Juan de Lángara y en la que también participaron marinos ilustrados como José de Mazarredo y Sebastián de Apodaca. El objetivo de esta empresa fue la medición de la longitud marítima a partir de las distancias lunares.

De vuelta en Cádiz en mayo de 1773, Alvear fue ascendido a alférez de fragata. Al año siguiente participó en una nueva expedición por el océano Atlántico esta vez en la fragata Rosalía que comandó Lángara, y en la que participaron Varela y Ulloa y Mazarredo.

La misión que se encomendó a estos marinos fue la medición de longitudes en la isla Trinidad. Cumplida esta tarea entre enero y julio, en agosto de 1774 Alvear fue nombrado segundo comandante de la fragata Rosalía.

Ese mismo año esta nave partió a América con ocasión del estallido de las hostilidades entre España y Portugal. La Rosalía acompañada de la barca Asunción tuvo por destino el puerto de Montevideo, lugar al que arribó en agosto y de inmediato se encargó de la vigilancia de las costas de las colonias de Sacramento y San Pedro de Río Grande. Poco después la Rosalía se incorporó a la escuadra naval que procedente de Cádiz comandaba el marqués de Casa Tilly y que transportaba un convoy de diez mil soldados al mando del flamante virrey del Río de la Plata, Pedro de Ceballos.

La expedición militar de Ceballos se dirigió hacia la isla de Santa Catalina en enero de 1777 y la tomó sin lucha alguna al abandonarla los portugueses unas semanas antes de producirse la ofensiva española. Ceballos se disponía a proseguir su campaña militar sobre la ciudad de San Pedro de Río Grande cuando le fue comunicado desde Madrid que España y Portugal habían celebrado un armisticio. Las negociaciones de paz entre ambas monarquías concluyeron el 1 de octubre de 1777 con la firma del Tratado de Límites de San Ildefonso. Este acuerdo permitió a Portugal recuperar la isla Santa Catalina y San Pedro de Río Grande a cambio de reconocer a España su soberanía sobre la colonia de Sacramento. Como resultado de este tratado, España y Portugal acordaron nombrar a sus representantes encargados de demarcar y fijar definitivamente sus fronteras en la América Meridional.

El 30 de marzo de 1778 el cuerpo general de la Armada nombró a los capitanes de fragata Pedro Cárdenas, Rafael Adorno y a los tenientes de navío Francisco Jovellanos, Juan Romanet y Diego de Alvear comisarios de las divisiones encargadas de demarcar la frontera hispano-portuguesa. Sin embargo, estos nombramientos fueron cuestionados por el virrey del Río de la Plata, Juan José Vértiz, en consideración a la excesiva presencia de marinos. El inicio de la demarcación quedó en suspenso hasta que el monarca español confirmase a los comisarios o nombrase a sus sustitutos.

En 1779, Francia y España suscribieron la convención de Aranjuez que condujo a su mutua intervención en la guerra de la independencia de las colonias inglesas en Norteamérica. Ante esta nueva coyuntura bélica con Reino Unido, la tarea de Alvear a bordo de la fragata Rosalía consistió en vigilar las costas atlánticas del virreinato rioplatense con el propósito de repeler cualquier posible ataque de los navíos ingleses.

Alvear retornó a Buenos Aires en 1781.

En 1782 contrajo matrimonio con la dama rioplatense María Josefa Balbastro, con la que tuvo nueve hijos, cinco varones y cuatro mujeres. En 1783, una vez firmada la paz entre Reino Unido, Francia, Estados Unidos y España por el Tratado de Versalles, Carlos III confirmó definitivamente la Comisión de Límites que junto con su similar portuguesa debía demarcar los hitos en la frontera rioplatense y brasileña de acuerdo con el tratado preliminar de 1777. El Monarca designó como comisarios a los capitanes de navío José Varela y Félix Azara y a los tenientes de navío Rosendo Rico, Juan Francisco Aguirre y Diego de Alvear.

Este último asumió la función de comisario de Límites de la segunda división. El 23 de diciembre de 1783 la segunda partida de Alvear, que estuvo integrada por geógrafos, astrónomos y dibujantes, partió de Buenos Aires con dirección a la colonia de Sacramento en donde se encontró con la segunda división portuguesa cuyo comisario era Juan Francisco Roscio.

Los comisarios español y portugués iniciaron la tarea de demarcación en las playas de Castillos Grandes y Arroyo del Chuy con dirección al río Igatimí sobre el salto grande del río Paraná. En febrero de 1784 con ocasión de la primera conferencia mantenida entre los comisarios de la primera división (José Varela y Sebastián Javier de Veiga) y de la segunda división (Diego de Alvear y Juan Francisco Roscio), se produjeron las primeras discrepancias sobre el modo de interpretar las instrucciones de los gobiernos de España y Portugal en cuanto al trazado de la línea divisoria.

Los cuatro comisarios decidieron que las dudas se consultasen a sus respectivos gobiernos sin que ello implicase suspender su trabajo. A fines de 1784 Alvear y Roscio prosiguieron el reconocimiento de la laguna Merín. Entre 1785 y 1786 el trabajo de ambos se concentró en demarcar los límites del Tacuarí, del Yaguarón y otras corrientes secundarias del río Paraná.

A continuación, el virrey del Río de la Plata, marqués de Loreto, autorizó a la segunda división de Alvear a que se separase de la primera división de Varela y marchase con sus hombres hacia la zona de las misiones del Uruguay para reconocer y delimitar la región del Iguazú. En 1787 y 1788 la segunda división hispano-portuguesa reconoció el Paraná en el conflictivo paraje del río Misiones. En 1789 Alvear y Roscio prosiguieron la demarcación de las vertientes del río Pepirí y sus afluentes en la región del Paraná.

Pero esta tarea de fijar los límites quedó paralizada en 1791 al producirse una agria discusión entre uno y otro comisario en torno a la demarcación del río Pepirí Guazú. Pero ni España ni Portugal se pusieron de acuerdo en la solución del conflicto y la suspensión de la delimitación de la frontera se tornó indefinida.

Esta prolongada pausa permitió a Alvear recorrer por su cuenta la región del Paraná con la intención de redactar unas memorias históricas así como describir científicamente su flora y fauna. Su iniciativa permitió a Alvear alcanzar el dominio de dos dialectos, el guaraní y el tupi, que se sumaron a su conocimiento del latín, francés, italiano y portugués.

En 1801 España entró en guerra con Portugal y el virrey del Río de la Plata, Joaquín del Pino, ordenó disolver las partidas con lo que la empresa demarcadora iniciada en 1783 quedó inconclusa. La segunda partida que por ausencia de Alvear estuvo dirigida por José María Cabrer retornó en octubre de 1801 a Buenos Aires. Poco después, Alvear regresó con su familia también a la capital rioplatense. Los años que Alvear dedicó a demarcar la frontera de los ríos Paraná y Uruguay fueron condensados por éste en un Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en la América Meridional. Este trabajo estuvo dividido en tres partes: la primera abarcó el diario propiamente dicho de la demarcación, la segunda consistió en una relación de la provincia de Misiones y la tercera se trató de una descripción de la fauna y flora de la región del Paraná con arreglo al sistema científico de Carl von Linneo. Esta última parte se encuentra en la actualidad extraviada.

La guerra entre España y Reino Unido estalló en 1804. Pese al bloqueo naval inglés, la familia Alvear Balbastro partió del puerto de Buenos Aires con dirección a Cádiz el 6 de agosto de 1804. María Josefa Balbastro y nueve de sus hijos se embarcaron en el navío Mercedes, mientras que Diego, junto con su hijo Carlos, se trasladó en el último momento al Medea al tener que asumir la función de comandante y mayor general debido a la repentina enfermedad del oficial titular. Al amanecer del 5 de octubre de 1804 a la altura del cabo de Santa María los navíos españoles avistaron cuatro fragatas de guerra inglesas que les conminaron a rendirse y seguirles al Reino Unido en calidad de prisioneros de guerra. Los oficiales españoles optaron por dar batalla a los ingleses. En el transcurso de la refriega la Mercedes fue volada y la esposa y los nueve hijos de Alvear perecieron junto con otros miembros de la tripulación. El combate concluyó con la rendición y el apresamiento de los navíos españoles Medea, Clara y Fama. En Inglaterra, Alvear fue indemnizado económicamente por la pérdida de su familia y sus bienes. Ese mismo año contrajo en Londres segundas nupcias con la súbdita inglesa Luisa Ward, con la que tuvo diez hijos.

De regreso a Madrid, Alvear dio cuenta a Manuel Godoy de su participación en la Comisión de Límites hispano-portuguesa y le entregó un ejemplar de su Diario así como otros documentos políticos relacionados con su prolongada misión en el Río de la Plata. Se estableció con su esposa en Montilla y pese a su alta graduación permaneció ajeno al conflicto bélico con Inglaterra. El 16 de agosto de 1807 fue nombrado comisario provincial de artillería y asumió la comandancia del cuerpo de brigadas de Cádiz. La abdicación de Carlos IV y Fernando VII en mayo de 1808 y la invasión francesa de la Península Ibérica le sorprendió mientras se desempeñaba en ese puesto.

Sus decisiones políticas fueron coordinadas con la Junta Suprema Central. Desde febrero de 1810 con la anuencia del ayuntamiento fue incorporado como vocal de la Junta de Gobierno y Defensa de la isla de León. El 6 de marzo de ese mismo año la Regencia le confió el cargo de gobernador político y militar de la isla de León. Tal distinción le supuso organizar y presidir la inauguración de las Cortes de Cádiz el 24 de septiembre de 1810. También dirigió la obra de refacción de los canales de San Jorge y Campo de Soto para garantizar el abastecimiento de la población por el río Sancti Petri. El 5 de mayo de 1811 participó en la batalla de la Barrosa en la que pereció un tercio de los veinte mil españoles e ingleses que lucharon contra las tropas francesas del mariscal Victor.

El 23 de marzo de 1811 Alvear fue destituido de su cargo de gobernador por sus discrepancias con el secretario de Marina y vocal de la Regencia Gabriel Císcar. A pesar de este imponderable, Alvear con su familia continuó residiendo en la isla de León y entre 1812 y 1814 se dedicó al comercio. En marzo de 1812 fue ascendido al grado de brigadier.

Al terminar la guerra con Francia y producirse la Restauración de Fernando VII, Diego obtuvo licencia por un año de la armada para emprender un viaje al Reino Unido con el propósito de visitar a su familia política. Su partida se produjo el 15 de julio de 1814. El trayecto de retorno le condujo sucesivamente a realizar breves estancias en París, Toulouse, Montpellier, Perpiñán, Barcelona, Valencia y Granada.

Arribó a Cádiz el 19 de mayo de 1817 y de inmediato se reincorporó a la armada. Ese mismo año fue condecorado con la Gran Cruz de San Hermenegildo.

Al restablecerse la Constitución de Cádiz en 1820 fue nombrado comandante de la Milicia Nacional en Montilla y se enfrentó a los enemigos del gobierno liberal. Fue cesado en este cargo en 1823 y se inició una persecución política en su contra por parte del partido absolutista. La Junta Suprema de Purificaciones declaró a Alvear “impurificado en primera instancia” el 4 de noviembre de 1825. Alvear apeló en contra de esta medida, pero la misma condena le fue confirmada en segunda instancia. Dicha circunstancia adversa condujo a que el 25 de enero de 1827 fuese relevado de la armada y que se le recogiesen los despachos, diplomas y cédulas que obtuvo durante su trayectoria militar. Por Real Orden de 16 de junio de 1829, y ante los nuevos informes emitidos por altos jerarcas de la Marina, fue restablecido en su empleo y se le restituyeron los honores y distinciones. El 11 de octubre de 1829 la armada le concedió cuatro meses de licencia para emprender un viaje con su familia a Madrid. Allí presenció la boda de Fernando VII con María Cristina. Como resultado de una repentina indisposición, falleció en esta ciudad a los ochenta y un años de edad.

 

Obras de ~: “Informe sobre la población del gran desierto del Nucoraguazú”, “Informe sobre los indios tupis”, “Informe sobre la población del Chaco”, “Informe sobre la libertad de los indios guaraníes”, “Navegación del Río de la Plata por lanchas y navíos. Descripción científica del río y sus escollos”, “Descripción del virreinato de Buenos Aires, con todas sus nuevas intendencias, y provincias, puertos, vecindario, edificios, tribunales, agricultura, industria y comercio, con relación a las demás colonias y puertos nacionales y extranjeros”, “Estado que manifiesta las latitudes y longitudes de todas las guardias, fortines, parroquias y pueblos de indios del obispado de Buenos Aires”, “Pueblos guaraníes fundados por los primeros gobernadores y catequizados por clérigos y frailes”, en S. de Alvear y Ward, Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León, Madrid, Imprenta de Luis Aguado, 1891, págs. 447- 586 respect.; “Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en la América Meridional”, en Anales de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, Buenos Aires, vol. 3, 1902; vol. 5, 1904; vol. 6, 1905; vol. 9, 1908 y vol. 10, 1910.

 

Bibl.: S. de Alvear y Ward, Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León, Madrid, Imprenta de Luis Aguado, 1891; C. Fernández Duro, “Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, t. XX, Madrid, 1892, págs. 255-260; Informes y juicios críticos sobre la Historia de D. Diego de Alvear y Ponce de León, Madrid, Imprenta de Luis Aguado, 1893; P. Groussac, Estudios de Historia Argentina. El Padre José Guevara, Don Diego de Alvear, el Doctor Don Diego Alcorta, las Bases de Alberdi y el Desarrollo Constitucional, Buenos Aires, Jesús Menéndez Librero Editor, 1918; G. Bleiberg, Diccionario de Historia de España, t. I, Madrid, Alianza Editorial, 1981, págs. 201 y 202; J. M. López Piñero et al., Diccionario histórico de la ciencia moderna española, Barcelona, Península, 1983.

 

Víctor Peralta Ruiz