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Raimundo Fernández Villaverde y García del Rivero

Biografía

Fernández Villaverde y García del Rivero, Raimundo. Marqués de Pozo Rubio (I). Madrid, 20.I.1848 – 15.VII.1905. Político conservador, gran hacendista, jurista y literato.

Raimundo Fernández Villaverde realizó sus estudios brillantemente, tanto en el bachillerato como en la Universidad Central, donde a los veintiún años se licenció como abogado, especializándose en Derecho mercantil y Hacienda pública. Alcanzado el grado de doctor, fue nombrado profesor supernumerario de la citada Universidad. Aún le quedaba tiempo para frecuentar el Ateneo, del que fue socio, y para trabajar en el prestigioso bufete de Juan Gómez Acebo. Su afán por participar en la política le llevó a adscribirse al Partido Conservador, con el que consiguió el acta de diputado por el distrito de Caldas (Pontevedra), en las elecciones del 15 de septiembre de 1872. Todavía no había cumplido veinticinco años y ya estaba instalado en el Congreso de los Diputados; esa condición de diputado no la perdió hasta su muerte.

Fernández Villaverde destacó, asimismo, por ser consecuente con sus ideas. Tras leerse, en el Palacio del Congreso, la abdicación del rey Amadeo y el discurso de su aceptación —redactado por Castelar— se votó la constitución de la República, que fue proclamada por doscientos cincuenta y ocho votos a favor y sólo treinta y dos en contra, uno de ellos el de Fernández Villaverde. Sus profundas convicciones monárquicas le retrajeron de la política activa durante la Primera República, y se limitó a ser un espectador privilegiado de los acontecimientos. Sólo retornó a la acción después de que, en diciembre de 1874, se produjera la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII.

Durante la Restauración fue elegido concejal del primer Ayuntamiento monárquico de Madrid, empleo que compatibilizó con su cargo en la Cámara.

También como concejal mostró sus cualidades de buen gestor, contribuyendo a sanear las finanzas municipales; esta actividad le familiarizó con los presupuestos públicos y le confirió prestigio como experto en cuestiones hacendísticas y locales, lo que marcó su carrera política, que se desarrolló, fundamentalmente, en los ministerios de Hacienda y de la Gobernación.

En efecto, en agosto de 1877, fue nombrado director general de Administración Local y, un año después, pasó a dirigir la Intervención General de la Administración del Estado. En su carrera dentro del Ministerio de Hacienda, el 22 de marzo de 1880, tomó posesión de la Subsecretaría de ese departamento, cargo del que salió el 10 de febrero de 1881, tras la caída del gobierno de Cánovas del Castillo. Con su partido en la oposición, Villaverde se concentró en su despacho de abogado, interviniendo en contadas ocasiones en el Congreso, siempre a petición de su jefe político.

Sin edad todavía para ser ministro, tenía entonces 36 años, Cánovas, a su vuelta al poder, le nombró gobernador civil de Madrid, cargo del que tomó posesión el 31 de marzo de 1884. En su nuevo cargo, Villaverde demostró sus cualidades resolviendo negociadamente (tras el “asedio del Ateneo”) la revuelta universitaria en defensa de la libertad de cátedra, varios conflictos laborales, y con mayor ejercicio de la autoridad las secuelas de la epidemia del cólera morbo en junio de 1885. Cánovas le nombró ministro de la Gobernación el 11 de julio de 1885. Este cargo le duró poco tiempo, pues, a la muerte de Alfonso XII, el 25 de noviembre de 1885, Cánovas cedió el poder a Sagasta, tras haber firmado el Pacto del Pardo.

Siguiendo las pautas del turno político, el 5 de julio de 1890 Cánovas volvió a formar Gobierno, y a Villaverde le correspondió esta vez la cartera de Gracia y Justicia, en la que permaneció hasta noviembre del año siguiente. Sólo tuvo tiempo para preparar varios proyectos de reforma (de las Leyes de enjuiciamiento criminal y civil, del Código penal y de los Tribunales de Justicia), que fueron aprobados por otros ministros que le sucedieron. El 23 de noviembre de 1891, la reincorporación, a instancias de Cánovas, de Romero al Partido Conservador (del que se había alejado en 1885, cuando Cánovas cedió el poder a los liberales) provocó la dimisión de Silvela, al que siguió Villaverde. Al tiempo, los silvelistas provocaron una campaña contra el alcalde de Madrid (el romerista Alberto Bosch), lo que provocó la dimisión de Elduayen del Ministerio de la Gobernación, en el que fue sustituido por Villaverde, que contó con la autorización de su jefe Silvela, quien intentaba contemporizar, de esa manera, con Cánovas. El 11 de diciembre de ese año, Cánovas dimitió, tras un altercado con Silvela en el Congreso, y los liberales sucedieron a los conservadores en el poder. Poco después, Silvela abandonó el Partido Conservador. Tras el asesinato de Cánovas en agosto de 1897, los conservadores —salvo los romeristas y alguna otra pequeña facción— decidieron unificarse con Silvela y nombrarle jefe del partido, que pasó a llamarse Unión Conservadora.

Después de firmar la paz con los Estados Unidos, de restablecer las garantías constitucionales y de reabrir las Cortes, el 4 de marzo de 1899 los conservadores volvían al Gobierno, presidido ahora por Silvela, en el que a Villaverde le correspondió el Ministerio de Hacienda. Tras casi dos meses y medio de preparación, el 17 de junio de ese año, Villaverde presentó su proyecto de ley de presupuestos para el ejercicio presupuestario de 1899-1900, que fue la obra cumbre de su carrera política. El plan de estabilización de Fernández Villaverde era global, en el sentido de que afectaba a todas las vertientes de la política fiscal y monetaria: equilibrio, gasto, impuestos, deuda y sistema monetario. Sus reformas fiscales acompañaban a su proyecto de Presupuestos del Estado para 1899- 1900, y se incorporaban en las leyes complementarias sobre los siguientes asuntos: 1) vencimientos del 1 de julio; 2) vencimiento y aplicación de las Obligaciones de Filipinas y Aduanas; 3) liquidación, reorganización y conversión de las deudas; 4) conversión de deudas amortizables; 5) prórroga del convenio sobre el servicio de Tesorería; 6) impuesto sobre el azúcar; 7) franquicia de los puertos francos de Canarias; 8) registro y catastro oficial; 9) creación del impuesto de utilidades; 10) reforma del impuesto de derechos reales y transmisión de bienes; 11) reforma del Timbre del Estado; 12) reforma de los impuestos sobre la riqueza minera, y 13) recargos de los precios de las labores de tabacos. Como se aprecia, un amplio programa reformador, que dejaba pocos impuestos intactos; su tramitación parlamentaria exigió intensos y largos debates, publicados —a iniciativa de un amplio grupo de parlamentarios— en un libro titulado Una campaña parlamentaria, que recoge el ideario fiscal de Villaverde. La mayor parte de las propuestas fiscales de éste fue aprobada, aunque con algunos cambios.

Su reforma tributaria más importante fue la instauración de la contribución sobre las utilidades de la riqueza mobiliaria; también destaca la reforma de la deuda pública. Lo más notorio de su paso por Hacienda fue que Villaverde consiguió establecer el equilibrio presupuestario, que duró de 1899 a 1908, y la estabilidad monetaria, así como la estabilización de la divisa. Sin embargo, su proyecto de implantación del patrón oro en España fracasó estrepitosamente; eso sí, lo defendió tenazmente hasta el final.

La discusión de los proyectos presupuestarios de Villaverde duró hasta el 31 de marzo del año siguiente.

El 4 de abril de 1900 se suspendieron las sesiones de las Cortes, y el día 18 se planteó la crisis, que se aprovechó para dividir el Ministerio de Fomento en dos, y para sustituir a algunos ministros. En septiembre, Villaverde fue votado como presidente del Congreso.

En diciembre de 1902, Silvela volvió al Gobierno y Villaverde retornó a Hacienda. Pero las divergencias dentro de los conservadores ya eran más que evidentes y, el 25 de marzo de 1903, Villaverde dimitió so pretexto de que el proyecto de reconstrucción de la Escuadra (apoyado por Maura y Sánchez de Toca) comprometía la nivelación del Presupuesto. Tras las elecciones de mayo, Villaverde volvió a la presidencia del Congreso, y en el discurso de gracias insistió tanto en la necesidad de proseguir la nivelación de los presupuestos que todo el mundo entendió que estaba haciendo oposición a la ley de la Escuadra. Ante ello, Silvela salió en defensa de dicho proyecto para la reconstrucción “naval y militar de España”. La cuestión fue grave, pues a la discusión del proyecto de presupuesto, presentado por Rodríguez de San Pedro, le siguió la dimisión del gobierno silvela, el día 18 de julio. Las causas de la dimisión de Silvela fueron, por un lado, que el partido se había fragmentado en mauristas y villaverdistas, y, por otro, que en las elecciones organizadas por los conservadores en abril de 1903, los republicanos obtuvieron muchas actas, y esto disgustó en Palacio. Entonces, Fernández Villaverde fue encargado por el Rey de formar gobierno.

El día 19 juró el primer gobierno Villaverde, en el que abundaban los villaverdistas, como González Besada, Cobián, García Alix y Bugallal, que ocuparon posteriormente la cartera de Hacienda. Este Gobierno se enfrentó a una fuerte oposición, no sólo de las fuerzas republicanas, sino de los liberales y, encubiertamente, de los conservadores amigos de Silvela y Maura. El 11 de noviembre, tras las elecciones municipales (acusadas de pucherazo por los republicanos), un desaire de Maura al Gobierno conservador en el Congreso le llevó al pasillo, donde fue proclamado por sus fieles jefe del Partido Conservador. La situación de Villaverde se hizo insostenible y, al no conseguir que le aprobaran el Presupuesto, dimitió el 5 de diciembre, siendo sustituido por Maura. El 27 de enero de 1905, Villaverde volvió a presidir el Gobierno, que sólo pudo subsistir con las Cortes cerradas, porque la mayoría conservadora era hostil al mismo. Tras una cierta resistencia, Raimundo Fernández Villaverde tuvo que abrir las Cortes y fue, siendo derrotado en el Senado, el 17 de junio, y en el Congreso tres días después.

El 21 de junio presentó la dimisión. Su derrota política no tardó en acarrearle la muerte, que aconteció el 15 de julio de 1905.

La brillantez, la tenacidad y la eficacia de Fernández Villaverde resaltan, sobre todo, cuando se analiza su obra en el Ministerio de Hacienda. En efecto, si un ministro de Hacienda ha destacado en la España contemporánea por conseguir plasmar sus ideas fiscales en la práctica, ése ha sido Raimundo Fernández Villaverde y García del Rivero, marqués de Pozo Rubio.

Consiguió, como ministro de Hacienda y como primer ministro, que el superávit se instalara en los Presupuestos del Estado entre 1899 y 1908; su obra de nivelación la respetaron incluso los gobiernos liberales de esos años. Pocos ministros de Hacienda han gozado de mayor crédito en España, fuese cual fuera su credo político. Y, sin embargo, fracasó en su intento de convertirse en jefe del Partido Conservador; como consecuencia, también fracasó como presidente de Gobierno.

Sus biógrafos destacan que sus principales cualidades humanas eran la austeridad, la rectitud, la honradez, la moralidad y la ética. También resaltan otras facetas intelectuales de su obra, que le llevaron a ser miembro de tres Academias: la Real Española, la de Ciencias Morales y Políticas y la de Jurisprudencia.

La amplitud de su saber se pone de manifiesto en la diversidad de los temas tratados: en el discurso de ingreso en la primera Academia disertó sobre la poesía española del siglo xv; en la segunda leyó un documentado trabajo sobre la historia del sufragio universal (al que se mostraba opuesto); en la de Jurisprudencia disertó sobre la fórmula jurídica de la libertad de religión. Sus abrumadoras tareas políticas y la intensa actividad que desarrolló en las academias —además del trabajo desarrollado en su bufete— impidieron, empero, que Villaverde se distinguiera por el volumen de “su trabajo académico”. No obstante, éste, si breve, fue muy brillante.

 

Obras de ~: “La justicia del impuesto”, en Revista Contemporánea, n.º 17, 15 de abril de 1883, págs. 257-273; Consideraciones histórico-críticas acerca del sufragio universal como órgano de la representación política en las sociedades modernas (Discursos leídos ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la recepción de ~. Contestación del conde de Toreno), Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1889; La cuestión monetaria. Discurso leído en sesión pública de 26 de enero de 1890 por el ~, Madrid, 1890; Una campaña parlamentaria, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1900; Proyecto de Ley sobre conversión de deudas del Estado, Madrid, M. Minuesa de los Ríos, 1900; La cuestión social y derecho civil (Discurso leído en la sesión inaugural del curso 1900-1901; celebrada el 17 de noviembre de 1900), Madrid, Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, 1900; El problema del cambio en España, Madrid, Miguel Romero, 1901; Las coligaciones industriales y las huelgas de obreros ante el Derecho (Discurso leído en la sesión inaugural del curso 1901-1902), Madrid, Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, 1901; La Escuela didáctica y poesía política en Castilla durante el siglo xv (Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública de ~. Contestación de Francisco Silvela), Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1902; Proyecto de Ley para regularizar y mejorar el cambio exterior, Madrid, Congreso de los Diputados 1903.

 

Bibl.: R. Mazo, Raimundo Fernández Villaverde, Madrid, Purcalla, 1947; G. Solé Villalonga, La reforma fiscal de Villaverde, 1899-1900, Madrid, Editorial de Derecho Financiero, 1967; F. Comín y M. Martorell, “Villaverde en Hacienda, cien años después”, y M. Martorell Linares, “Villaverde ante el Parlamento”, en Hacienda Pública Española (HPE), n.º monogr. (1999), págs. 7-20 y págs. 73-92, respect.; F. Comín, “La obra de Raimundo Fernández Villaverde en Hacienda”, en F. Comín, M. Martorell y P. Martín Aceña (eds.), La Hacienda a través de sus ministros, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2000; “Raimundo Fernández Villaverde: la personificación de la ortodoxia financiera clásica en España”, en E. Fuentes Quintana (dir.), Economía y Economistas Españoles, vol. V, Barcelona, Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, 2001, págs. 273-285; M. Sabaté y J. M. Serrano Sanz, “Raimundo Fernández Villaverde y la cuestión monetaria”, en E. Fuentes Quintana (dir.), Economía y Economistas Españoles, vol. 5, op. cit., págs. 285-296; F. Comín, “Raimundo Fernández Villaverde: Un ministro de Hacienda ejemplar”, en Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, vol. 79 (2002), págs. 637-675.

 

Francisco Comín Comín