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Juan Álvarez Guerra

Biografía

Álvarez Guerra, Juan. Zafra (Badajoz), 29.V.1770 – Madrid, 13.IV.1845. Estadista, magistrado y agrónomo.

Hijo primogénito del matrimonio formado por Francisco Javier Álvarez y Ana Guerra Caballero, que enlazaba a la familia hidalga originaria de Burgos de los Guerra, totalmente empobrecida, con la plebeya de los Álvarez, en plena época de esplendor como hacendados y curtidores de Zafra (Badajoz).

Esta ubicación en la oligarquía local fue la que posibilitó que Juan Álvarez Guerra, tras abandonar la carrera eclesiástica, cursara la de Leyes en la Universidad de Salamanca, alcanzando en junio de 1791 el grado de bachiller. Después, ya en Madrid, una vez realizados cuatro años de prácticas como pasante en el bufete de Nicolás García Caballero y superado el pertinente examen, en junio de 1795 obtuvo el título de abogado de los Reales Consejos. Estos mismos pasos los siguieron, cuando menos, sus hermanos Andrés y José.

Frente a la ocupación francesa iniciada en 1808, los tres hermanos reaccionaron como patriotas liberales. José y Andrés lo hicieron con las armas en la mano y Juan, debido a su grave cojera, lo hizo con la pluma. Primero, desde las páginas del órgano semioficial de la Junta Suprema de Extremadura, el Diario de Badajoz, del que fue redactor responsable. Después, desde las columnas de la Gaceta, como colaborador, del Redactor General, como articulista, y del Semanario Patriótico, de nuevo como redactor. La participación en esta última publicación, en la que se vinculaba estrechamente la guerra y la revolución, le adscribe ideológicamente en el sector liberal. Algo que además corrobora el hecho de su asistencia en Cádiz a las tertulias del café Apolo. En definitiva, era conocido y empezaba a ser apreciado en los círculos políticos. De ahí que cuando en septiembre de 1812 Diego Clemencín renunció al puesto de secretario de la Junta Suprema de Censura de Prensa, fuera nombrado para suplirle.

La labor desarrollada en esta institución, las relaciones trabadas y “la instrucción y conocimientos”, de los que hizo gala en el folleto que sobre la deuda pública escribió entonces, conformaron el sustrato para que, con el establecimiento en marzo de 1813 de la cuarta y última Regencia formada bajo la vigencia de la Constitución de Cádiz, se le integrara en el Ejecutivo.

En efecto, el 30 de este mes Pedro Gómez-Labrador dejó de compatibilizar la presidencia del Gabinete con la cartera de la Gobernación, traspasando esta responsabilidad interinamente a Juan Álvarez Guerra. Satisfecha la Regencia por el buen desempeño del encargo, el 30 de mayo le nombró en propiedad secretario del Despacho de la Gobernación de la Península e Islas adyacentes.

A partir de entonces, no sólo no defraudó en el desempeño de esta Secretaría —ya que permaneció al frente de la misma superando los cambios ministeriales que se produjeron hasta el restablecimiento del absolutismo (gobiernos de Pedro Gómez-Labrador, Antonio Cano Manuel, Juan O’Donojú y José Luyando) y, también, asumió interinamente desde principios de noviembre la cartera de Gobernación de Ultramar, por indisposición de su titular, José Limonta—, sino que cada vez adquirió un mayor crédito dentro del Ejecutivo liberal. Y es que no podía ser de otra manera, porque la Secretaría de la Gobernación de la Península, de nueva creación bajo la Constitución gaditana, si bien teniendo como antecedente cercano el Ministerio del Interior josefino, se encargaba de “todo lo perteneciente al gobierno político y económico del Reino”.

Es decir, bajo la dirección de Juan Álvarez Guerra se desplegó, a medida que se fueron liberando los territorios del dominio galo, el nuevo modelo de administración local y provincial uniforme y centralizado (ordenado por la instrucción de 23 de junio de 1813), básico para el coetáneo y trascendental cometido de implantación del régimen liberal.

Con todo, esa influencia alcanzada en esta primera experiencia constitucional de momento no le pudo resultar más contraproducente, ya que, el regreso de Fernando VII y el subsiguiente retorno al modo antiguo de gobierno de 1808, significó para Juan Álvarez Guerra el presidio. En la noche del 10 al 11 de mayo de 1814 fue arrestado, junto a los regentes Pedro Agar y Gabriel Císcar, su compañero de Gabinete Manuel García Herreros (secretario de Gracia y Justicia) y destacados diputados liberales. A igual que todos ellos, sin juicio alguno, fue castigado gubernativamente, en su caso, a la pena de reclusión por ocho años en el penal del cuartel del Regimiento Fijo de Ceuta y al embargo cautelar de sus propiedades.

En Ceuta, durante una primera etapa, tuvo como compañero de presidio a Agustín Argüelles, con quien labró una íntima amistad, fortalecida por sus coincidencias ideológicas. Así, recobrada la libertad con el triunfo definitivo del pronunciamiento de Rafael Riego, que trajo consigo en marzo de 1820 el restablecimiento de la Constitución gaditana, ambos retornaron a la escena política, pero ahora enmarcados en la tendencia moderada de los liberales. En efecto, la necesidad de templar el proceso revolucionario fue la premisa que defendieron Agustín Argüelles en un primer momento desde el Ejecutivo como ministro de la Gobernación y Juan Álvarez Guerra en las primeras Cortes del trienio como diputado por Extremadura y, después, como miembro de la comisión gubernativa que estuvo detrás del proyecto de reforma centralizador de la instrucción de 1813 sobre el gobierno económico-político de las provincias, que el titular de ese departamento ministerial presentó a las Cortes en mayo de 1822. Además, Juan Álvarez Guerra también se enfrentó a los planteamientos de los exaltados desde las filas de Sociedad de los Amigos de la Constitución, de la que, conocida como del Anillo, fue uno de sus fundadores, usando el nombre masónico de Cortés.

En 1822 contrajo matrimonio por poderes con Francisca Paula Núñez Pascual, hija del teniente general de la Armada, Manuel Núñez Gaona. Con este cambio de estado civil, un año después Juan Álvarez Guerra recibió a la implacable represión que acompañó a la segunda restauración del absolutismo. Parece que pudo librarse de la misma, pero los diez años de su dominio le significaron el alejamiento de la vida política. Fue un tiempo de estancia en Zafra dedicado, con escaso éxito, a la actividad mercantil.

El retorno a la escena pública se produjo con la definitiva conclusión de la etapa del despotismo ilustrado, que marcó el inicio de la Regencia de María Cristina. Así, vacante la plaza de decano de la sección de Fomento del Consejo Real de España e Indias, por la asunción el 17 de abril de 1834 por José María Moscoso y Altamira, que la ocupaba, de la Secretaría del Despacho de Fomento, “en atención a los extensos conocimientos en la ciencia de la administración y demás cualidades” que concurrían en Juan Álvarez Guerra, en esa misma fecha, se le nombró para desempeñarla.

Este título de consejero real le valió, de acuerdo con lo recogido en el Estatuto Real, la elevación el 17 junio a la dignidad de prócer del reino. Y no debe olvidarse que desde el 13 de este mes era miembro de la comisión del Código de Comercio y de adecuación al nuevo Código Civil, que entonces se estaba elaborando, y que a partir del 4 de septiembre formó parte de la comisión establecida para la formación de un reglamento general de las sociedades económicas.

Esta recuperación de posiciones la logró Juan Álvarez Guerra durante el Gobierno moderado de Francisco Martínez de la Rosa. La sustitución de éste el 7 de junio de 1835 por el Gabinete del mismo tinte político presidido por José María Queipo de Llano, conde de Toreno, significó su retorno a la gestión política.

Una semana después, el 13 de junio, asumía la dirección de la cartera que había ejercido veinte años antes, si bien ahora con la denominación de Secretaría del Despacho del Interior.

Siendo la seña de identidad de este Ejecutivo, al igual que del anterior, la del mantenimiento intangible del régimen del Estatuto Real, la labor que le tocó desarrollar a Juan Álvarez Guerra desde ese Ministerio no pudo ser menos gratificante, ya que tenía que neutralizar la creciente extensión de una opinión pública en favor de un cambio político liberal. Para ello implantó una serie de disposiciones restrictivas en la prensa, en la milicia urbana y, sobre todo, en los ayuntamientos, estableciendo el nombramiento gubernativo de los alcaldes. Pero, por un lado, la ineficacia de las mismas, cuya expresión fue el desarrollo de revueltas populares por toda la geografía española, y, por otro, su disentimiento con la adopción de medidas más rigurosas a las por él implementadas para el mantenimiento del orden público, supusieron que, el 28 de agosto quince días antes de la caída del Gabinete, se le admitiera la dimisión, y fuera sustituido en la responsabilidad ministerial por Manuel Riva Herrera.

Esa postura templada y la prematura salida del Ejecutivo parece que le facilitaron su mantenimiento dentro de la órbita del Ministerio del Interior o de la Gobernación con el acceso al poder en septiembre del liberalismo avanzado liderado por Juan Álvarez Mendizábal, ya que el 26 de octubre fue nombrado director general de Correos. Aquí se mantuvo durante cinco años, pero en casi nada más. Así, tras la salida en agosto de 1836 del Estamento de próceres y del Consejo Real con el restablecimiento de la Constitución gaditana, que puso fin al Estatuto Real y a esta institución consultiva, sólo ocupó desde finales de agosto de 1837 la presidencia de la comisión establecida por ese mismo Ministerio para la elaboración de un reglamento para el ramo de seguridad pública. Finalmente, tras el triunfo de la revolución progresista del verano de 1840, el 8 de octubre dejó de dirigir la Casa de Correos, concediéndosele año y medio después la jubilación con una pensión de 30.000 reales.

Al parecer esta cantidad resultaba claramente insuficiente para cubrir las necesidades de la familia de Juan Álvarez Guerra, ya que a su muerte, acaecida en Madrid el 13 de abril de 1845, su viuda y sus cinco hijos se vieron obligados a liquidar las propiedades de Zafra para hacer frente a las deudas contraídas.

Además de magistrado y político, particularmente versado en el ámbito gubernativo, Juan Álvarez Guerra fue un hacendado preocupado por el progreso agronómico y por el fomento de las nuevas técnicas agrícolas. Éste fue el objeto de su primer trabajo literario, encargado por la Sociedad Económica Matritense y contando con el patrocinio real, la traducción al castellano y anotación del acreditado Curso Completo o Diccionario Universal de Agricultura del abate Rozier. Esta labor desarrollada en los años interseculares le mereció la elevación a la categoría de individuo de mérito de la clase agrícola de la mencionada institución y la apertura de los círculos ilustrados de la Corte. En concreto, el establecido en torno a Manuel José Quintana, al que se sumó Juan Álvarez Guerra, formando parte del grupo fundador de la obra periódica Variedades de Ciencias, Literatura y Artes (1803-1805). Encargado de la redacción de los artículos de ciencias naturales y agricultura, aquí trasladó y completó algunas de las anotaciones y comentarios incorporados en el Diccionario de Rozier, así como publicó recensiones críticas de importantes estudios y técnicas agronómicas.

A la ilustración se le sumó el liberalismo, al incorporarse, primero, a la tertulia literaria en la que nació, también bajo el liderazgo de Manuel José Quintana, el Semanario Patriótico, del que durante su etapa madrileña (1808) fue uno de sus redactores. Y, después, ya en Cádiz, a la nómina de colaboradores del periódico El Redactor General. En sus páginas, a finales de 1812, apareció un artículo de Juan Álvarez Guerra sobre la forma de solventar la deuda nacional, que tuvo tal repercusión que le determinó a ampliarlo y publicarlo al siguiente año en forma de libro, Modo de extinguir la deuda pública... En él, al tiempo que señalaba como medio básico para solucionar el endeudamiento el recurso a la desamortización eclesiástica y civil, abogaba por la generalización de la propiedad privada libre.

El establecimiento de las relaciones sociales y económicas del liberalismo mediante el cambio de propiedad vinculada a libre constituye un principio motriz para Juan Álvarez Guerra, asentando en él el progreso agrícola a la par que la estabilidad social. Una defensa a ultranza del individualismo agrario que estará muy presente en su labor parlamentaria y en todas sus reflexiones agronómicas, y, de forma muy particular, en el que todo lo indica (se suele confundir la autoría de sus obras con las de su sobrino, Juan Álvarez Guerra de la Peña) fue su trabajo postrero, Proyecto de una Ley Agraria o Código Rural.

Este libro lo escribió en calidad de vocal ponente de una comisión de la Sociedad Económica Matritense. Institución a la que estuvo vinculado desde 1794 y de la que fue director entre 1834 y 1836 y presidente en 1842. Idéntico puesto ocupó en la diputación permanente en Madrid de la Sociedad Económica de Cáceres (1841-1843). Asimismo, en 1814 fue nombrado académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en 1823 fue proclamado miembro de la Academia Nacional, en la sección de Ciencias Físico-Matemáticas.

 

Obras de ~: Curso completo o Diccionario Universal de Agricultura teórico práctica, económica y de medicina rural y veterinaria, escrito por una sociedad francesa de agrónomos y ordenado por el abate Rozier, traducido al castellano por ~, individuo de mérito en la clase de agricultura de la Real Sociedad Económica de Madrid, Madrid, Imprenta Real, 1797- 1803, 16 ts. (4 vols.) (reed. Nuevo diccionario de Agricultura, teórico-práctica y económica, y de medicina doméstica y veterinaria del abate Rozier, Madrid, Imprenta de Ignacio de Boix, 1844); Taquigrafía o método de escribir con ligereza que se habla o se lee, inventado por el inglés Samuel Taylor, adaptado a la lengua francesa por T. P. Bertin y acomodado al castellano por ~, Madrid, Imprenta Real, 1800; La Secretaría de la Gobernación de la Península, Cádiz, 1813; Planta general de la Secretaría de Gobernación de la Península, Cádiz, 1813; Modo de extinguir la deuda pública, eximiendo a la nación de toda clase de contribuciones por espacio de diez años, y ocurriendo al mismo tiempo a los gastos de la guerra, y demás urgencias del Estado, Cádiz, Imprenta de D. Diego García Campoy, 1813; Descripción y diseño del trillo, presentado a la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Madrid, anunciado de orden de S. M. en la Gaceta de 21 de julio de 1815, Madrid, Imprenta Real, 1815; Cultivo del arroz anegado y de secano o de monte y de sus usos en la Economía doméstica, en la Medicina y en las Artes, Madrid, M. Miguel de Burgos, 1840; Proyecto de una Ley Agraria o Código Rural publicada con acuerdo de la Sociedad Económica Matritense, Madrid, M. Miguel de Burgos, 1841.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Senado, Expedientes personales, HIS-0024-06.

G. González Azaola, Condiciones y semblanzas de los Diputados a Cortes para la legislatura de 1820 a 1821, Madrid, Imprenta de D. Juan Ramos y Compañía, 1821 reed. en B. E. Buldain Jaca [ed. e intr.], Las elecciones de 1820. La época y su publicística, Madrid, Ministerio del Interior, 1993, págs. 371-463; B. Antón Ramírez, Diccionario de bibliografía agronómica y toda clase de escritos relacionados con la agricultura, seguido de un índice de autores y traductores con algunos apuntes biográficos, Madrid, Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, 1865 (reed. Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1998); Anónimo, Los Ministros en España desde 1800 a 1869. Historia contemporánea por Uno que siendo español no cobra del presupuesto, vol. III, Madrid, J. Castro y Compañía, 1869-1870, págs. 426-427; N. Díaz Pérez, Diccionario histórico, biográfico y bibliográfico de autores, artistas y extremeños ilustres, t. I, Madrid, Pérez y Boix Editores, 1884, págs. 34-35; P. Gómez Aparicio, Historia del periodismo español, Madrid, Editora Nacional, 1974, vol. I; J. M.ª García Madaria, Estructura de la Administración Central (1808-1931), Madrid, Instituto Nacional de Administración Pública, 1982; A. Gil Novales, Diccionario biográfico del Trienio Liberal, Madrid, Ediciones El Museo Universal, 1991, págs. 29-30; R. Robledo Hernández, Economistas y reformadores españoles: la cuestión agraria (1760-1935), Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1993; F. Pérez González, Juan Álvarez Guerra, ciencia y conciencia agronómica, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1995; J. Pérez Núñez, “Juan Álvarez Guerra, ministro de la Gobernación bajo la Constitución de 1812 y el Estatuto Real”, en Revista de Documentación, 24 (2000), págs. 9-22.

 

Javier Pérez Núñez