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Juan de Pablo Bonet

Biografía

Pablo Bonet, Juan de. El Castellar (Zaragoza), 1573 – Madrid, 2.II.1633. Secretario real, pedagogo, pionero de la fonética, la logopedia y la ortofonía para enseñar a hablar a los mudos.

Hijo legítimo de Juan de Pablo Cierreta y de María Bonet Guerguet, una de las últimas familias en abandonar definitivamente El Castellar (1574). Asentados en el nuevo emplazamiento de las Torres de Berrellén, tuvieron un segundo hijo, Juan Martín, muerto en 1583. De la infancia de Juan de Pablo Bonet poco se conoce a ciencia cierta. Tras la muerte de su madre, en 1579, parece que partió a Madrid, “siendo muy niño”, aunque quizá, en torno a 1589, estuviera matriculado en el zaragozano Colegio Mayor de Estudios. De lo que no cabe duda es de su aplicación en el estudio de los idiomas, puesto que aprendió francés e italiano, y dominaba el griego, el hebreo y el latín.

En 1598, Felipe III subió al Trono con una problemática herencia: malas cosechas, fiscalidad creciente, costo excesivo de la Monarquía, pestes y guerras en Europa y África. Por esos años puede situarse a Juan de Pablo junto a los tercios en Berbería, Orán, Francia e Italia, donde participaron en las batallas por el dominio de Saboya y el Milanesado, consiguiendo méritos suficientes para ser nombrado, en 1599, entretenido del capitán general de Artillería, Juan de Acuña Vela, quien en 1601 lo ascendió a ayudante de campo. En la portada de la primera edición de su tratado Reduction de las letras y Arte para enseñar a ablar los mudos figura: “[...] entretenido cerca de la persona del Capitán Gral. de la artillería de España [...]”. Y en la dedicatoria, él mismo reconoce haber servido al Rey “en Francia, Saboya, Italia y Berbería”, como secretario. En diciembre de 1604, Juan Ramírez de Guzmán y Toledo, marqués de Ardales y capitán general de Orán, lo nombró su secretario personal, con una mensualidad de 40 escudos que nunca llegó a cobrar, aunque disponía de dinero al gozar de total libertad para el control de los negocios de tan importante cargo. Esto lo demuestra el hecho de que salvara la vida gracias a los 500 ducados que llevaba encima cuando fue abordado por piratas turcos el barco en el que regresaba de España a Orán, en uno de sus viajes de negocio. Redondeaba sus ingresos con el lucro de la compra-venta de prisioneros y esclavos, comercio legal en la época, cuando social, política y moralmente la esclavitud era aceptada como condición natural, y buena parte de las recaudaciones se obtenían, sin escrúpulos, de una economía esclavista, siendo su mercado una regalía de la Corona, controlada mediante la concesión de licencias. Se conoce un documento, fechado en 1607, por el que vende como esclava a la niña Ana María de la Cruz al doctor Luis del Valle, médico de cámara del Rey.

Tras la muerte de Juan Ramírez de Guzmán, volvió a Madrid y el 19 de noviembre de 1607 se casó con Mencía de Ruicerezo, dama de compañía de Juana de Córdoba y Aragón, duquesa de Frías y segunda esposa de Juan Fernández de Velasco, XI condestable de Castilla, quien lo había nombrado su secretario.

Al morir el condestable en 1613, heredó el título su hijo Bernardino, un niño de cuatro años. La poderosa casa de los Velasco fue regida entonces por Juana, madre que vio cómo, pese a su poder y valimientos, el segundo de sus tres hijos, Luis, a la edad de dos años contrajo una enfermedad, de resultas de la cual quedó sordo y, consiguientemente, mudo. En pleno siglo xvii, la sordomudez no sólo era un impedimento legal, sino que los afectados “no parece sirvan de mas que de piadosos monstruos de la naturaleza”. Tal era la consideración del mudo, en palabras del propio Juan de Pablo Bonet. Por este motivo, no es de extrañar que Juana, “su madre, ha procurado intentar los posibles remedios, para suplir este defecto, buscando personas y haciendo liberales gastos, porque no quedase un tan gran señor sin remedio”.

Conocida la fama del pedagogo Manuel Ramírez de Carrión, logró la dama, con la intervención real, que se ocupase de su hijo Luis durante un año. Al marcharse sin concluir la tarea, Juan de Pablo Bonet aprovechó la circunstancia para ofrecerse a su señora la duquesa con el propósito de continuar con la “desmutización”. Las razones que pudieron llevarle a tomar esta decisión, según él mismo cuenta, fueron: “a esto me movieron el amor y las obligaciones de la casa del Condestable mi señor”.

Lo cierto es que un año después de iniciadas las clases, Juan de Pablo Bonet dio a la imprenta de Francisco Abarca de Angulo su tratado Reduction de las letras y arte para enseñar a ablar los mudos, primer tratado impreso sobre esta materia, en el que quizá tuviera en cuenta las enseñanzas prácticas del franciscano fray Melchor Sánchez de Yebra, del benedictino fray Pedro Ponce de León y de Ramírez de Carrión. Fundó su innovadora teoría en estos supuestos básicos: el mudo “recibe por los ojos los nombres de las letras, como nosotros por los oídos”, en la simplicidad de los nombres de las letras del abecedario latino, a las que reduce “al sonido de la respiración por quien sirven”, y en “la manera que se le han de enseñar las letras en voz”, estudiando la adecuada postura de boca, lengua, dientes y labios para emitir el sonido simple de cada una. Así deja reducido el abecedario: A B C D E F G H I L M N O P Q R S T U X Y Z.

Reproduce un alfabeto de uso común en el que a cada letra le corresponde una postura de la mano derecha. Es lo que se llama “abecedario demostrativo”. “Sabido que tenga el mudo el abecedario de la mano muy bien”, se le enseñará a juntar las letras para formar sílabas, y a juntar éstas para formar palabras, que hará identificar con el objeto que tenga delante, “para que entienda que aquello que dijo es el nombre de aquella cosa”. Sigue luego desmenuzando las partes de la oración, hasta llegar a la comprensión de lo dicho, hasta “que entienda por discurso lo que hablare”. Maestro de un solo alumno y autor ya de un único y luego famoso libro, Juan de Pablo Bonet retomó la política por una Real Orden que le destinaba a acompañar al conde de Monterrey en sus misiones diplomáticas. El mismo año de su nombramiento (1621) subió al trono Felipe IV, quien de inmediato puso el Estado en manos del conde-duque de Olivares, unido familiarmente con el de Monterrey. Juan de Pablo Bonet se vio así formando parte del mayor círculo de influencia del Reino.

Con fecha anterior a 1619, quizá mientras estaba al servicio de la casa de los Velasco, había conseguido el nombramiento de valet servant (valido real), pero parece que fue la influyente casa de Monterrey la que le proporcionó mayor prestigio y su definitivo asentamiento en la esfera de poder. A la vuelta de un viaje al Vaticano, se le nombró consejero de Su Majestad ante el Consejo Supremo de Aragón. Precisamente en 1626 se reunieron las Cortes de Aragón en Calatayud y Barbastro, que fueron presididas por el conde de Monterrey, con el objeto de solicitar hombres y dinero. La participación de Pablo Bonet en estas Cortes le valió la enemiga de sus paisanos aunque se ganó el favor real. Éste se plasmó en la concesión del hábito de la Orden de Santiago, en reconocimiento de su “verdadera fama pública” y como “persona de calidad y de buen linaje”, honor que pareció tranquilizarle ante sus preocupaciones por la intervención del Tribunal de Sangre sobre su genealogía materna, en cuyo árbol florecían algunos retoños de la vara de David. Ese mismo año y con anticipadas garantías, se había sometido a las pruebas de caballero, en las que se dictaminó (1627) que a Juan de Pablo Bonet y a sus padres y abuelos, “no les toca mezcla de judío, ni moro, ni converso en ningún grado”.

En un segundo viaje a Roma (1628), a su paso por Guadalajara, él y Mencía hicieron testamento “porque la muerte es cierta y su ora y parte dudosa”. Estos últimos años de vida los pasó Pablo Bonet simultaneando su activa participación política con el fomento de obras piadosas. En enero de 1633 ratificó el testamento en favor de su hijo Diego Pablo Bonet y Ruicerezo, y el 2 de febrero falleció en Madrid. No se sabe a ciencia cierta dónde reposan sus restos mortales, ni si es verídico el retrato que sirvió de modelo al escultor Félix Burriel para fundir el busto de bronce con el que se conmemoró el III centenario de su muerte en Torres de Berrellén.

 

Obras de ~: Reduction de las letras y Arte para enseñar a ablar los mudos, Madrid, Imprenta de Francisco Abarca de Angulo, 1620 (ed. de J. Orella Garrido y L. Gascón Portero, introd. crít. de T. Navarro Tomás, Madrid, Ciencias de la Educación Preescolar y Especial, 1992).

 

Bibl.: M. de Yebra, Refugium infirmorum, Madrid, Luis Sánchez, 1593; T. Navarro Tomás, “Doctrina fonética de Juan Pablo Bonet”, en Revista de Filología Española (Madrid), t. VII (1920); “Juan Pablo Bonet, datos biográficos”, en La Paraula. Butlletí de l’Escola de Sords-Muts de Barcelona, n.º 3 (1920- 1921), págs. 150-177; M. Granell y Forcadell, Homenaje a Juan Pablo Bonet. Ofrendado en su pueblo natal, Torres de Berrellén, el día 30 de noviembre de 1927, para perpetuar la memoria del primer tratadista del mundo civilizado sobre el arte de enseñar a hablar a los mudos, Madrid, Imprenta Sordomudos, 1929; A. Eguiluz Angoitia, Fray Pedro Ponce de León. La nueva personalidad del sordomudo, Madrid, Obra Social Caja de Madrid, 1986; R. Ferrerons y A. Gascón, Juan Pablo Bonet. Su tierra, su gente (1573-1607), Zaragoza, Departamento de Publicaciones de la Diputación, 1995; A. Duce González et al., Gran Enciclopedia Aragonesa, Zaragoza, Prensa Diaria Aragonesa, 2000; J. de Uña Zugasti, Juan Pablo Bonet. Las palabras del silencio, Zaragoza, Delsan, 2003; A. Gascón y J. G. Storch, Historia de la educación de los sordos en España y su influencia en América, Madrid, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, 2004 (col. “Por más señas”), págs. 123-158; M. López Torrijo, La educación de las personas con sordera. La Escuela oralista española, Valencia, Universidad, 2005, págs. 37-77; A. Gascón y J. G. Storch, Fray Pedro Ponce de León, el mito mediático: los mitos antiguos sobre la educación de los sordos, Madrid, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, 2006 (col. “Por más señas”); “Dos documentos inéditos sobre Juan Pablo Bonet (aparecidos en el Archivo de la Corona de Aragón de Barcelona)”, en http://www.ucm.es/info/civil/herpan/docs/Bonet_2.pdf.

 

José de Uña Zugasti