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Antonio Solís y Rivadeneyra

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Biografía

Solís y Rivadeneyra, Antonio. Alcalá de Henares (Madrid), 18.VII.1610 – Madrid, 19.IV.1686. Cronista mayor de Indias, historiador, dramaturgo, prosista, poeta.

Hijo de Juan Jerónimo de Solís y de Mariana de Rivadeneyra, nació en Alcalá de Henares, aunque Adolfo de Castro considera que puede haberlo hecho en la ciudad de Madrid, a pesar de ser un autor sobre el que existe mucha unanimidad biográfica, a partir, de un estudio completo realizado por Juan de Goyeneche (1692), en el que se basan los trabajos posteriores, y que de forma “equivocada” se indica en la Biblioteca Autores Españoles que Michaud en su Biografía universal señala que Solís es natural de Plasencia de Extremadura. Estudió en Alcalá de Henares y posteriormente continuó en la Universidad de Salamanca, el conocimiento de Latín, Retórica, Filosofía, Cánones y Ciencias Morales y Políticas, graduándose en la Universidad de Salmanca en Derecho Civil y Canónico.

Algunos biógrafos, escriben que a los veintiséis años centra los estudios en Ciencias Éticas y Políticas.

En Salamanca, en 1626, con diecisiete años escribe la comedia Amor y obligación.

En 1637 fue secretario de Duarte Álvarez de Toledo Pimentel y Portugal, séptimo conde de Oropesa, virrey de Navarra y Valencia, y después de Portugal. Durante el tiempo que cumple este servicio, escribe la comedia Orfeo y Euridice, para las fiestas habidas en la ciudad de Pamplona por la celebración del nacimiento de un hijo del virrey. Unos años más tarde, en 1654, es nombrado por el rey Felipe IV oficial de la primera Secretaría de Estado, y de la propia Secretaria Real, pero poco tiempo después renuncia a favor de un allegado suyo, con “la venia del rey”. En 1667, la reina regente Mariana de Austria, según Goyeneche, “le repitió la merced antigua, y le hizo la de Cronista Mayor de las Indias” (vacante por la muerte del célebre escritor Antonio de León Pinelo), aunque de nuevo renuncia; por esta época es autor de una Historia de la conquista de México, población y progresos de la América septentrional, conocida por el nombre de Nueva España. En un documento de 1683, aparece con los títulos de secretario de su majestad, oficial segundo de la Secretaría de Estado de la Negociación de España y cronista mayor del Consejo de Indias. Su nombramiento de cronista de Indias se produce de la siguiente forma: habiendo quedado vacante el cargo a la muerte de León Pinelo (22 de julio de 1660), el Consejo propuso una terna de nombres, por este orden: Solís, J. Pellicer de Tovar y J. Durán de Torres. El Rey designó a Solís, a pesar de las influencias con que cuenta Pellicer y que ya había sido presentado en la anterior propuesta del Consejo (3 de junio de 1658), en la que fue elegido León Pinelo.

Solís indica que, conforme a los deseos y las ordenanzas del Consejo de Indias, piensa continuar las “Décadas” de Herrera, que en su Historia General de las Indias, llega al año 1554, pero pronto abandona esta idea a la vista de las dificultades que ofrecía materia tan amplia, y se decide por otro tema más restringido como es Nueva España, para cuyo cambio de decisión le asiste razones particulares, como expone en el capítulo II, a pesar de que tarda unos veinte años en la elaboración de esta obra.

Era un filósofo “en toda la extensión de la palabra”, de carácter grave e introvertido y despegado de las ostentaciones y gastos cotidianos, por lo que dirá en una de sus cartas que “las angustias del tiempo me han obligado á deshacerme del coche y comerme las muas á fuer de sitiado” y en otra añade “yo, amigo, no estoy en estado de salir en coche á la calle, porque tengo muchos acreedores, que harán reparo en mí si me ven con zapatos nuevos; si Dios trae con bien la flota, podré pensar en la restitucion del coche; ahora solo en comer” (cfr. Biblioteca, VI).

En 1667, después de haber renunciado a varios cargos oficiales en la Corte, opta por ordenarse sacerdote de la congregación de Nuestra Señora del Destierro, en Madrid, y a partir de ese momento abandona toda tarea literaria. Celebra su primera misa en la iglesia del noviciado de la Compañía (iglesia del Noviciado de Jesuitas en Madrid), que era además su estación ordinaria, al menos en los últimos años de vida, mientras que vive en la calle de San Bernardo. Tuvo por confesor hasta su muerte al jesuita Diego Jacinto de Tebar, que lo era de otros literatos, y que el 24 de mayo de 1683, en comisión de vicario de Madrid, da una elogiosa aprobación a su obra de la Conquista de la Nueva España (Historia de la conquista de México), que con anterioridad, en junio de 1681, la tiene casi terminada, y como indica su autor “mi Historia se concluye; sale a la venta, en enero de 1685, y a continuación le escribe a Carnero indicándole que “el libro hasta ahora se vende despacio, y no he sido soberbio en el precio, pues sólo se piden por él dos reales de a ocho, encuadernado”. En 1686, Solís muere en Madrid, siendo enterrado en la capilla que la congregación de Nuestra Señora del Destierro tiene en el Convento de Santa Ana.

El nombre de Antonio Solís y Rivadeneyra figura en el Catálogo de autoridades de la lengua española, y ha quedado recogido en la literatura española como poeta lírico, dramaturgo e historiador, y “si en el primero y segundo [lo hace] con bastante aprecio y estimacion, en el tercero á mayor altura” (Biblioteca VII). Pero sobre todo, Solís y Rivadeneyra es reconocido por ser autor de la Historia de la conquista de México, basada en las cartas escritas por Hernán Cortés y las obras de López de Gómara y Bernal Díaz del Castillo. Esta obra se centra en los hechos de Hernán Cortés y los personajes y oficiales coetáneos, exaltando igualmente a los jefes aztecas y a la cultura indígena. Lleva una aprobación de N. Antonio que destaca las cualidades del historiador y su estilo, y sobre las que el hispanista Ticknor dirá que “el artista [Solís] logró darle el colorido de un poema épico-histórico en grado eminente, haciendo que la suma de las partes y episodios formase un armonioso conjunto (...) pocos prosadores españoles hay de lenguaje tan puro y castizo; su fraseología, aunque algún tanto afectada, es, con todo, rica y armoniosa, acomodada al suceso novelesco cuya historia se propuso trazar y brillante de espíritu poético; no es tan atrevido y robusto como Mendoza, ni tan majestuoso y grave como Mariana; pero su numen y elocuencia le colocan al lado de estos escritores, y la inalterable y constante popularidad que desde su aparición ha disfrutado su libro le hacen tan importante como cualquiera de los de su clase”, pues “es innegable que el estilo castizo que en ella resplandece, el tono grave y armoniosos, y la sensatez y cordura de los juicios, la constituyen uno de los trabajos históricos más bellos y acabados de nuestra lengua” (Biblioteca VII), cuyo criterio coincide con los expuestos por Cayetano Rosell, para terminar señalando que es “uno de los trabajos históricos más bellos y acabados de nuestra lengua” española. De esta obra de Solís hasta 1900 se han publicado más de sesenta ediciones, en distintos idiomas (francés, italiano, inglés y alemán), y de las que dieciséis ediciones se han impreso en Madrid, cinco en Barcelona, una en Sevilla, cinco en París, dos en Bruselas, dos en Londres y una en Lyon. Su edición príncipe se publica en Madrid en 1684, en “un tomo en folio”, y posteriormente es traducida al francés por Citri de la Guette, un académico de la Crusca al italiano (Florencia, 1699) y Tomás Townsend al inglés (Londres, 1723 y 1753) Como dramaturgo, Solís y Rivadeneyra es considerado discípulo de Calderón de la Barca. No es un autor “emotivo, pero hace uso de la imitación, versifica bien, y no se muestra dentro del conceptismo ni del culteranismo, sino que es castizo” (Ticknor), por lo que se dirá de él que el realismo es la pura verdad y la ficción la pura mentira. El teatro de Solís es todo el que realiza antes de la fecha de su ordenación sacerdotal, ya que, después, no quiso seguir escribiendo literatura alguna, dejando inconclusa su comedia titulada Amor es el arte de amar, y además como apunta Goyeneche se niega a “componer los Autos Sacramentales, muerto D. Pedro Calderón de la Barca, por ruegos algunos ni aun preceptos”, incluso el propio Solís alude al tema en una carta que escribe el 11 de junio de 1681, donde se lamenta de que Calderón dejase sin acabar el auto que escribiera ese mismo año, con el título de La divina Filotea, en el que él había trabajado incluso estando enfermo, “pero últimamente le dejó poco más que mediado y después le acabó, o acabó con él, D. Melchor de León”, no aludiendo a que hubiese sido él el invitado a terminarla, aunque cabe la posibilidad, de que la invitación se la hubiesen hecho al año siguiente de escribir esta carta. Es autor de Comedias (Madrid, 1681), que comprende nueve obras de comedia editadas varias veces, juntas o por separado: El amor al uso, Un bobo hace ciento, El doctor Carlino, La gitanilla de Madrid... Entre sus comedias destacan: Euridice y Orfeo (comedia mitológica, escrita en 1642, para festejar el nacimiento de Manuel Joaquín, heredero de Duarte), El doctor Carlino, Un bobo hace ciento, El pastor Fido (en colaboración con Calderón de la Barca y Coello), Amor y obligación (escrita con dieciséis años, cuyo manuscrito se conserva en la Biblioteca Nacional, Madrid, y se mantiene inédita hasta 1930), La gitanilla de Madrid, Triunfos de amor y de fortuna (1658), comedia legendaria. Asimismo, colabora con Calderón en la refundición de Il pastor fido de Guarini, y también es autor de Las amazonas (drama heroico). Sus comedias más famosas son, según Valdés, las “de capa y espada”, que emplea siempre el mismo esquema en las relaciones entre personajes (Julián Martínez): El amor al uso es una parodia de los tópicos literarios sobre el amor y la honra; El doctor Carlino (con el mismo título que la de Góngora); La gitanilla de Madrid (adaptación de la novela cervantina con el título La gitanilla). En cambio, su poesía lírica se imprime en Madrid en 1692, seis años después de su muerte, en edición a cargo de Juan de Goyeneche (su mejor biógrafo según el criterio de varios autores), que entre su obra poética publica algunas loas y sainetes, que le facilita Alonso Carnero, además de algunas traducciones de Horacio, Jubenal y Ovidio, diversos epigramas, sonetos (por lo general satíricos), precedidas de su biografía, con el título de Varias poesías, sagradas y profanas, y “que las dio á [la] luz, y se distinguen por su facilidad y buen tono, cosa notable en la época quizá más lastimosa para los estudios literarios en España” (Biblioteca VII), y se reimprimieron en 1716 y 1732.

Mientras que su correspondencia fue publicada por Gregorio Mayáns en Cartas familiares (Madrid, 1773), “unidas á otras de don Nicolás Antonio” (Biblioteca VIII), y “lucen en ellas el buen lenguaje, la facilidad y la soltura, siendo de sentir sean tan pocas, mas el Colector no pudo disponer de mas, con harto sentimiento suyo” (Biblioteca VIII), y en la que el editor dirá “yo quisiera publicar todas las otras cartas de don Antonio que en Madrid oculta la avaricia enemiga del mayor aumento y esplendor de la lengua española; lograria esta un singular adorno; tambien tendrian muchos la justa gloria de leer en ellas los nombres de sus padres ó abuelos, sobre lo cual debo advertir que si aquí se omiten algunas, se debe dar la culpa á la omision del copiante, que tuvo por ocioso el escribirlas; yerro que no se ha podido enmendar por la dificultad insuperable en conseguir original de Madrid” (cfr. Biblioteca VIII). Dentro de estas cartas, se dirá que hay que reseñar una “peregrina” (según Hornedo), que se le atribuye su autoría a Solís, como analiza J. A. Llorente en Observaciones críticas sobre el romance de Gil Blas de Santillana..., al tratar de probar que la obra Gil Blas de Lesage es copia de la novela El Bachiller de Salamanca, inédita en aquellos años, e indica que es su autor Solís. En el capítulo XX especialmente expone las razones en la que se fundamenta para esta atribución, que confiesa que no pasa de “congetura bien fundada”, por lo que ha sido abandonada y es hoy apenas conocida. Aunque, posteriormente, el director de la edición realizada en Barcelona en 1882, que emplea las iniciales J. A. R., acepta las razones expuestas por Llorente, y publica la obra Gil Blas con la autoría de Solís y Rivadeyra. Asimismo, a través de la correspondencia mantenida con su amigo y testamentario, Alonso Carnero, secretario de Estado y Guerra (1580-1585), se conocen algunos detalles íntimos de Solís, así como otro temas, como la devaluación de la moneda, y “las calamidades y angustias del tiempo me han obligado a deshacerme del coche [de caballos] y a comerme las mulas a fuer de sitiado; que no es poco asedio el de las malas cobranzas”.

Las principales obras de Antonio Solís son: Poesías sagradas y profanas (Madrid, Ediciones Goyeneche, 1692), Comedias (Madrid, 1681), Comedias y poesías (Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, XIV, XXIII y XXVIII), e Historia de la conquista de México...

(Madrid, a partir de 1684, y destaca la edición realizada en dos volúmenes, en 1783-1784). Precisamente es por esta última obra por la que es reconocido como cronista. Aunque, Nicolás Antonio resalta el ingenio, la vis cómica del teatro de Solís, y lo mismo hace Mesonero Romanos. Mientras que Menéndez Pelayo precisa que su vivo y agudo ingenio se acomodaba más bien “al cortesano discreteo de la comedia de costumbres, y en este género mostró cierta originalidad sutil y alambicada, como en El amor al uso y Un bobo hace ciento; pero, en cambio, no había nacido para las comedias heroicas y mitológicas, vgr.

Las Amazonas, Eurídices y Orfeo, en las cuales imitaba constantemente a Calderón en sus obras de grandes espectáculos”.

 

Obras de ~: Comedias de Don Antonio de Solis [...], Madrid, por Melchor Álvarez, a costa de Iusto Antonio de Logroño, 1681 (ed. crít. por M. Sánchez Regueira, Madrid, Instituto Miguel de Cervantes de Filología Hispánica, 1984, 2 vols.); Historia de la conquista de Mexico, poblacion y progressos de la America septentrional conocida por el nombre de Nueva España escriviala Don Antonio de Solis, Madrid, en la imprenta de Bernardo de Villa-Diego, 1684 (ed. en Madrid, en la Imprenta de D. Antonio de Sancha, 1783-1784); Varias poesias sagradas y profanas que dexo escritas (aunque no juntas ni retocadas) Don Antonio de Solis y Ribadeneyra [...]; recogidas y dadas a luz por don Juan de Goyeneche [...], Madrid, en la imprenta de Antonio Román, 1692 (ed. en Madrid, por Manuel Fernández, 1732; ed. crítica por M. Sánchez Regueira, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas [CSIC], 1968); Obra dramática menor, ed. de M. Sánchez Regueira, Madrid, CSIC, 1984, 2 vols.

 

Bibl.: J. Goyeneche, “Vida de don Antonio de Solís y Rivadeneyra”, en A. Solis, Varias poesías, sagradas y profanas [...] op. cit., 1692; G. Mayans y Siscar (ed.), Cartas de Don Nicolás Antonio i de Don Antonio de Solís, Lyon, Deville-Chalmette, 1733; G. Ticknor, Historia de la literatura española, Madrid, Imp. de la Publicidad (a cargo de M. Rivadeneyra), 1851 (History of Spanish Literature, Bostón, Ticknor and Fields, 1984, 4 vols.); R. Mesoneros Romanos, “Teatro de Solís”, en Semanario Pintoresco Español, 10 (6 de marzo de 1853), págs. 75-78; D. E. Martell, The dramas of don Antonio de Solís y Rivadeneyra, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 1902; J. Rogerio Sánchez, Autores españoles e hispanoamericanos, Madrid, Sucesores de Hernando, 1911; E. Juliá, “Estudio” en A. Solis, Amor y obligación, Madrid, Hernando, 1930; E. Schäfer, El Consejo Real y Supremo de las Indias, II, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1947, págs. 418-419; Biblioteca Autores Españoles desde la ormación del lenguaje hasta nuestros días. Historiadores de sucesos particulares, t. 2, Madrid, Ediciones Atlas, 1948 (Biblioteca Autores Españoles); C. Rosell (ed.), Historiadores de sucesos particulares II, Madrid, Ediciones Atlas, 1948, 2 vols. (Biblioteca de Autores Españoles, XVIII); M. Menéndez Pelayo, Estudios sobre el teatro de Lope de Vega, II, Santander, Aldus, 1949, págs. 193 y 241; L. Arocena, Antonio de Solís, cronista indiano. Estudio sobre las formas historiográficas del barroco, Buenos Aires, Editorial Universitaria, 1963; F. C. Sainz de Robles (ed.), Ensayo de un diccionario de la literatura. Escritores españoles e hispanoamericanos, t. 2, Madrid, Aguilar, 1964; J. Cejador y Frauca, Historia de la lengua y literatura castellana, t. 5, Madrid, Gredos, 1972; R. M. de Hornedo, “Antonio Solís y Rivadeneyra”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Instituto Enrique Flórez, 1972, págs. 2.501-2.502; F. Serralta, El testamento de Antonio de Solís y otros documentos biográficos, Toulouse, France-Ibérie Recherche, Université de Toulouse-le Mirail, 1979; “Nueva biografía de Antonio de Solís y Rivadeneyra”, en Criticón, n.º 34 (1986), págs. 51-157; Antonio de Solís et la ‘Comedia’ d’intrigue, Toulouse, Université, 1987; R. Gullón (dir.), Diccionario de literatura española e hispanoamericana, Madrid, Alianza, 1993; M. Chevalier, “Antonio de Solís lector de novelas”, en Bulletin hispanique, vol. 100, n.º 1 (1998), págs. 125-130; A. Carreira, “Antonio de Solís o la poesía como divertimento”, en VV. AA., Actas del IV Congreso Internacional de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISO) (Alcalá de Henares, 22-27 de julio de 1996), vol. 1, Alcalá de Henares, Universidad, 1998, págs. 371-390; J. A. Cid Martínez, “Pleitos de historiadores y confrontaciones literarias: Antonio de Solís contra Jerónimo Mascareñas (1662-1663)”, en VV. AA., Homenaje a Elena Catena, Madrid, Castalia, 2001, págs. 137-162; D. Crivellari, “Solís y Rivadeneyra, Antonio de”, en D. Gavela García (coord.), P. Jauralde García (dir.) y P. C. Rojo Alique (aut.), Diccionario filológico de literatura española.

Siglo xvii, vol. I, Madrid, Castalia, 2010, págs. 433-464.

 

Miguel Héctor Fernández-Carrión