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Luis Belluga y Moncada

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Biografía

Belluga y Moncada, Luis. Motril (Granada), 30.XI.1662 – Roma (Italia), 22.II.1743. Obispo de Cartagena, cardenal en la Curia romana, tratadista y filántropo.

Nacido en el seno de familia hidalga de ascendencia aragonesa, no había cumplido los cuatro años cuando fallecieron sus padres. Habiendo quedado a cargo de un tío paterno, clérigo en Motril, y de su abuela materna, uno y otro le encauzaron hacia la carrera eclesiástica.

Cursó sus primeros estudios con los Franciscanos Mínimos de su ciudad natal. Marchó luego a Granada, en cuyo colegio de Santiago (refundido después con el de San Bartolomé) cursó humanidades, filosofía, teología, cánones y leyes entre 1678 y 1685, al tiempo que recibía órdenes menores y mayores, exceptuado el presbiterado. Su brillante currículo le permitió acceder a una beca para completar estudios en el reputado colegio de Santa María de Jesús (vulgo de Maese Rodrigo), adscrito a la Universidad de Sevilla, donde revalidó sus licenciaturas en humanidades, filosofía y ambos derechos, y obtuvo el grado de doctor en teología. Todo ello en 1686.

En enero del siguiente año, con apenas veinticuatro años de edad, ganó por oposición la canonjía magistral de Zamora, diócesis en la que permaneció tres años, tiempo en el cual fue activo y eficiente colaborador del mitrado fray Gaspar de Vergara.

Presentóse a nuevas oposiciones y se le asignó por voto unánime la canonjía lectoral de Córdoba (5 de noviembre de 1689). Durante los dieciséis años en que permaneció en el desempeño de la misma, fue uno de los más estrechos colaboradores del titular de la diócesis, el mercedario fray Pedro de Salazar, ex obispo de Salamanca, ex general de su Orden y cardenal desde 1686. El mitrado confió al joven canónigo la reforma y vivificación del clero diocesano, comenzando por sus compañeros del Cabildo, para quienes Belluga compuso su tratado (hoy perdido) Psalle et sile, que se hizo memorable. En cuanto al resto del clero, tomó a su cargo la renovación del seminario conciliar, en donde era profesor de Sagrada Escritura, así como la asistencia y orientación de los sacerdotes, encargo que cumplió a plena satisfacción mediante intensa labor, con su propio testimonio personal y con la ayuda de la Congregación del Oratorio, a la que pertenecía desde su época de seminarista, y que introdujo en la sede del obispado. Todo ello con la consiguiente mejora de la atención pastoral de los fieles.

En septiembre de 1704, en plena guerra de Sucesión, falleció el anciano obispo de Cartagena Francisco Fernández de Angulo. Se hizo necesario designar sucesor de incuestionable lealtad a la nueva dinastía borbónica, pero también con capacidad para mantener el reino murciano dentro de la obediencia a Felipe V, socavado como estaba por la conspiración austracista y muy amenazado desde el exterior.

El limítrofe reino de Valencia se había inclinado por el pretendiente austríaco y la fundamental plaza de Cartagena no tardaría en seguir su ejemplo. La corte, siguiendo al parecer sugerencias del cardenal Salazar, que hizo suyas el influyente confesor real, el jesuita Daubenton, halló candidato adecuado en el canónigo lectoral de Córdoba. De un lado, porque acababa de probar su ardiente adhesión con un bien trabado alegato jurídico, en que era proclamada como incuestionable la legitimidad del primer Borbón como rey de España, texto que se conoce por su reimpresión en Murcia de 1705 (Defensa de los derechos del Señor Don Phelipe V). De otro lado, su juventud (cuarenta años), inteligencia, firmeza de carácter, tenacidad y capacidad como gestor le recomendaban como el mejor candidato. La propuesta fue aceptada por la Santa Sede en febrero de 1705, el granadino fue consagrado obispo de Cartagena por Salazar en la catedral cordobesa el 19 de abril del mismo año, e hizo su entrada en Murcia en 5 de mayo. Su nombramiento para la mitra cartaginense obedecía, por tanto, a una decisión política.

El nuevo prelado encontró un país leal, pero presa del desánimo. El pretendiente contaba en el mismo con apoyos en amplios sectores del clero (sobre todo el conventual), unas simpatías fundamentadas en el afecto profundo y sincero que la dinastía Habsburgo gozaba por doquier entre los eclesiásticos, al identificarla con los valores tradicionales de siempre, y en otros nobiliarios más restringidos pero influyentes, entre ellos seis de los regidores de la ciudad de Murcia.

El descontento popular por las levas, la presión fiscal y la carestía de subsistencias iba en aumento, y la guerrilla austracista, la propia y la infiltrada desde Valencia, comenzaba a dejar sentir su presencia en las zonas rurales. La amenaza de revuelta llegó a ser tan cierta e inminente, que se hizo necesario anticiparse mediante un golpe de mano de vasto empeño que limpiase Murcia y su región de desafectos, operación que tuvo lugar entre octubre y diciembre de 1705, al tiempo que era constituida una Junta de Guerra, cuya presidencia fue entrega a Belluga (enero de 1706), confirmado por la Corona como capitán general del reino.

En el ejercicio del mando el obispo probó una nada común capacidad para organizar el extenso y estratégico territorio que le estaba confiado, situado entre Valencia, la Mancha y Andalucía, regiones estas últimas, también de retaguardia, a las que marcó el camino a seguir con su ejemplo, en tanto extraía hombres, recursos y vituallas allí donde antes no existían, recurriendo a tal fin para levantar el ánimo de las abatidas poblaciones y minar la moral del enemigo a estrategias tales como considerar la contienda como guerra de independencia frente a la agresión externa e incluso como guerra de religión frente al extranjero hereje y opresor, utilizando al efecto tácticas tan innovadoras como la publicística e incluso la prensa (publicación de la Gazeta de Murcia, verano de 1706). Por ello pudo afrontar con éxito contratiempos tan graves como la pérdida de Cartagena, así como de Orihuela y toda su gobernación, no cejando hasta recuperar la primera (con la ayuda de Berwick) y ocupar la segunda con todo el sur valenciano (Alicante incluida), al término de una brillante campaña personal, que no cesó hasta poner su cuartel general en Villena. Designado virrey de Valencia y presidente de su Audiencia (con sede en Orihuela), aunque no estuvo en la decisiva jornada de Almansa (25 de abril de 1707), su labor de retaguardia allegando tropas y recursos sin perjuicio de atender las necesidades básicas de las esquilmadas y sufrientes poblaciones resultó fundamental, de forma que pudo ser aclamado con toda justicia como el organizador de la victoria.

Almansa dio a Felipe V el control definitivo de los reinos de Valencia y Aragón, con lo cual la contienda cambió de signo. También fue señal para una generalizada represión en el marco del decreto de Nueva Planta (27 de junio de 1707), en virtud del cual el orden constitucional castellano (valga la expresión), previamente ajustado al modelo centralizador francés, fue implantado en la totalidad de los estados de la Monarquía. De momento los fueros y privilegios privativos valencianos y aragoneses fueron abolidos, y reducidos, por tanto, a la normativa común de Castilla. La brutalidad que caracterizó la aplicación de la reforma (destrucción de Játiva y deportación de sus sobrevivientes moradores..., etc.), so pretexto de castigo a la infidencia y rebelión, aunque Macanaz y los otros agentes gubernativos la presentaran como actos de equidad y de justicia solidaria, determinó reiteradas protestas de Belluga, y la renuncia a sus cargos militares y políticos (incluido el virreinato de que fuera último titular), que finalmente le fue aceptada. Primero los que ocupaba en el reino valenciano (segundo semestre de 1707), abolidos o bien transferidos a otros dignatarios de acuerdo con la Nueva Planta, y finalmente el de capitán general y presidente de la Junta murciana (transformada en Consejo de Guerra y Defensa del reino de Murcia), cargo suprimido un tiempo después, próximo ya el final de la crisis bélica en 1714.

Desde su llegada a la diócesis, y sin perjuicio de atender las funciones políticas y castrenses que le deparó la guerra de Sucesión, tan prioritarias como relevantes, Belluga se mostró como obispo reformador por definición, siendo sus realizaciones de tal envergadura y trascendencia, que su pontificado pasa hoy por ser el que ha dejado más profunda huella en los anales de la diócesis de Cartagena. De ellas, y de la situación general del obispado, se da fiel y extensa noticia en las cinco Relationes ad limina fechadas en 1705, 1712, 1713, 1717 y 1721, presentadas a Roma para información del papa y de la curia pontificia.

En su nómina de realizaciones cabe destacar las siguientes: organización de la diócesis de Cartagena, una de las más extensas y pingües de España (casi todo el sureste peninsular incluyendo la actual región de Murcia, gran parte de la provincia de Albacete, y diferentes comarcas de las de Alicante, Jaén y Almería), en un oficialato (Murcia), seis vicarías (Cartagena, Lorca, Mula, Hellín, Almansa y Villena) y cuatro arciprestazgos (Yecla, Chinchilla, Albacete y Jorquera); erección en parroquias de numerosos anejos parroquiales (sobre todo los dependientes de las 11 parroquias de la ciudad de Murcia, así como de Lorca y Cartagena, las tres ciudades con dilatados términos concejiles; ejecución de un plan de construcción de templos (los parroquiales sobre todo), pero también de restauración de los existentes (comenzando por la catedral de Murcia); reforma de los cabildos catedral de Murcia y colegial de Lorca con la consiguiente revisión de sus estatutos o Constituciones (1709 y 1720); reducción a la jurisdicción del ordinario de los territorios de Órdenes militares, lográndolo plenamente en unos casos (Aledo-Totana, Ceutí-Lorquí), parcialmente en otros (Abanilla, Calasparra-Archena, Cieza) y pleiteando con variable éxito con el Consejo de Órdenes para obtener la reducción de las demás vicarías santiaguistas (Caravaca, Yeste, Segura y Beas), un empeño que fue imitado por otros obispos en sus diócesis; reforma del seminario conciliar de San Fulgencio, dotándolo de nuevas cátedras y renovando su plan de estudios hasta hacer de él un referente obligado en la época, así como el colegio de teólogos San Isidoro, por él establecido, uno y otro semillero de sacerdotes bien formados que tendrían amplia proyección en el país; e introducción de numerosas fundaciones filantrópicas (las célebres Pías Fundaciones de Belluga, que de una forma u otra en su mayoría han sobrevivido hasta hoy). Entre otras las Casas de Maternidad y Misericordia (ésta para niños y niñas huérfanos), Albergue de Ancianos, Casa de Mujeres Recogidas, etc., así como la mejora de otras ya existentes (Hospital de San Juan de Dios en Murcia, de la Caridad en Cartagena, etc.), e introducción en Murcia de la Congregación del Oratorio, para la vivificación del clero secular, tarea que, así como en la catequética del pueblo, utilizó también a diferentes institutos regulares (jesuitas, carmelitas, capuchinos, franciscanos...), a los que protegió como también al clero regular femenino, cuya renovación potenció.

Estas y otras realizaciones (pósitos frumentarios contra la usura, etc.) fueron dotadas de financiación estable con los réditos devengados de las tierras puestas en cultivo colonizadas y repobladas en la Vega baja del Segura a partir de 1715, cedidas por la ciudad de Orihuela y la villa de Guardamar, en total 5.446 hectáreas, donde asentó 2.481 colonos (agrupados en las nuevas villas de Ntra. Sra. de los Dolores, San Fulgencio y San Felipe Neri fundadas por Belluga y todavía existentes), y a quienes dio esas tierras en arrendamiento enfitéutico. Un precedente notable de la política colonizadora abordada por los Borbones en el siglo XVIII en España y América.

Belluga fue también un notorio tratadista político, de signo marcadamente felipista durante la guerra de Sucesión (véanse obras infra), así como escritor moralista (contra los excesos en las modas y costumbres francesas importadas, contra los abusos en la práctica religiosa, etc. —id.—) e interesado por los problemas generales de la Monarquía y su solución (Carta al Rey de España [...] [sobre] los inconvenientes de algunas expediciones de Guerra, fundición de Plata y otras cosas —1721—, etc.). Pero también y sobre todo uno de los más significados ideólogos antirregalistas españoles del siglo XVIII. No obstante su ardiente felipismo, siempre antepuso los intereses generales de la Iglesia a los del Estado, como se pone de manifiesto en sus numerosos escritos y en su visión personal de la reforma eclesiástica en España, a la que tanto contribuyó (obras, infra).

Su resuelta actitud antirregalista fue sin duda bastante determinante en su elevación al cardenalato por Clemente XI (29 de noviembre de 1719), en sus largas estancias en Roma como colaborador de ese pontífice y sucesores inmediatos (coautor de la fundamental bula Apostolici Ministerii de 1723 sobre reforma eclesiástica, etc.), su renuncia a la diócesis de Cartagena (9 de diciembre de 1723) y su instalación final en Roma hasta su muerte diez años más tarde.

En la Ciudad Eterna fue estrecho colaborador de Benedicto XIII (1724-1730), Clemente XII (1730- 1740) y Benedicto XIV (1740y ss.), activo miembro de las Congregaciones romanas a que fue adscrito (ritos, concilio, inmunidades eclesiásticas, obispos, regulares...), y en particular de la de Propaganda Fide, de que fue prefecto, cargo desde el cual potenció la unión con los cristianos de Oriente, así como las misiones en América, Asia y África, escribiendo obras tan reseñables como Ortodoxae Fidei Confessio (1735) y su conocido manual para misioneros Dichiarazione di tutto ciò che contiene la Religione Christiana (c. 1740 —2.ª ed. italiana 1742—), muchas veces reeditados y traducidos a los principales idiomas modernos, incluido el árabe.

Como cardenal en Roma (sucesivamente titular de Santa Prisca, Santa María in Trastevere y San Práxedes), Belluga desempeñó varias misiones diplomáticas dentro y fuera de los Estados Pontificios, ocupó interinamente la Secretaría de Estado y desde 1726 desempeñó el cargo de cardenal protector de España, pasando, por tanto, por sus manos todos los asuntos referidos al Imperio español, sobre todo los eclesiásticos pero no exclusivamente, por ejemplo, los relacionados con la política italiana de Isabel Farnesio, aspecto este hasta el momento no estudiado.

Al sobrevenirle la muerte en 22 de febrero de 1743 era vicedecano del Sacro Colegio, llevaba la vida austera de siempre y era muy respetado por su independencia de criterio y por su laboriosidad. Dejó sus bienes a sus Pías Fundaciones instituidas en España, y fue inhumado en la iglesia de Santa María in Vallicella, aneja a la casa central de la Congregación del Oratorio, institución a la que continuaba perteneciendo y a la que legó su importante biblioteca. El jesuita N. Galeotti, prefecto del Colegio Romano, en su oración fúnebre se referiría al fallecido como “[...] luz de la Española Nación, honra del Apostólico Senado, apoyo de la República Cristiana, vindicador de la Libertad de la Iglesia y defensor de la Ortodoxia Católica.” Por su parte, el papa Benedicto XIV (Próspero Lambertini), sincero admirador de Belluga, no obstante las discrepancias mantenidas con éste en cuestiones puntuales, al término de las exequias oficiales, declararía haber fallecido “[...] su íntimo amigo, decoro y soporte del Sacro Colegio”. Una idea reiterada por el mismo en carta autógrafa (28 de abril de 1743) al obispo de Cartagena, Juan Mateo López, amigo y protegido del fallecido, a quien quiso expresar personalmente sus condolencias.

 

Obras de ~: Carta / Pastoral [...] [sobre costumbres y deberes del clero], Murcia, 1705; Defensa de los derechos / del Señor Don Phelipe V, Murcia, 1705; Carta Pastoral, / [...] a Nuestro [...] Cabildo / ... y Clero, Murcia, 1705; Id. A... los Fieles de esta / nuestra Diocesi[s], Murcia (1706); Sermón... / En acción de gracias, / por el nacimiento / nuestro Sereníssimo Príncipe el Señor / D. Luis Fernando, / Príncipe de Asturias, Murcia, 1707; Concordia / ... entre el ... / Obispo de Cartagena ... / y ... Deán y Cabildo de su Sta. Iglesia / sobre... / rentas decimales, / y otras materias..., Murcia, 1709 [otra ed.: Murcia, 1709]; Constituciones /... para ... / todas las Dezmerías de la Diócesis ..., Murcia (1709) [otras eds.: Murcia, 1709 y Murcia, 1786]; Memorial / ... al Rey Phelipo Quinto. / Sobre las materias pendientes con la / Corte de Roma, y expulsión del Nun / cio de Su Santidad de los / Reynos de España, Murcia, 1709 [hay trad. italiana: Roma, 1710]; Memorial /... a su Magestad /... sobre lo executado en la Villa de / Yecla ..., Murcia, 1710; Carta Pastoral, / ... para ... / que se destierre la profanidad / de los trages, y varios e intolerables / abusos ..., Murcia, 1711; Compendio / ... sobre la moderación de los trages, y ador / nos y otros abusos..., Murcia, 1711; Carta, / ... a los Fieles de su Obispado, ... / previniéndolos ... [contra] una falsa doctrina..., Murcia, /1711; A los Padres / Confessores, ... [sobre delación de delitos al Santo Oficio de la Inquisición], Murcia, 1712; Memorial, / que da a su Magestad ... / Sobre los Acrecimientos / e Impuestos en la Sal..., Murcia, 1713; Concordia ... / [con el] Deán y Cabildo / de su Santa Iglesia, / sobre la nominación de ciertos ministros / ... y sobre otras materias, Murcia (1713); [Edicto sin encabezamiento, confirmando la vigencia de pastorales y edictos suyos precedentes], Murcia (1715) [hay trad. latina: Murcia (1715)]; Mandatos Generales ..., Murcia, 1715; [Edicto sobre refugio de los reos en las iglesias] (Murcia) (1717); Memorial, / que ofrece / a su Magestad... / [sobre] la Omnímoda jurisdicción / espiritual y eclesiástica, y demás de / rechos que le pertenecen en las Vicarías de Caravaca, Yeste, / Segura, [y] Veas de Segura, del Orden / de Santiago ..., Murcia, 1717 [otra ed.: Murcia, 1717]; Propositiones ..., continente, ex Operibus P. Martini de Torre / cilla... (Roma), 1717 (otra ed.: íd., íd.); Epistola ..., quod Constitutio / nem “Unigenitus” non admiserint ..., Roma, 1718; Extracto ... / de los Autos, Memoriales, / Instrumentos y demás / ... / Con / la Orden de Santiago ... / Sobre / la Jurisdicción Ordinaria Eclesiástica... (Murcia, 1718); Edicto ... dispensando por la suspensión de la bula de la Santa Cruzada, Murcia, 1719 (otra ed.: Madrid, 1867); Edicto / y Breve Carta / Pastoral ... / desde la Corte / de Madrid ..., Madrid, 1720; Constituciones / de la Insigne Iglesia Colegial / de la Ciudad de Lorca, ..., Murcia, 1720 [otra ed.: Madrid, 1759]; Cartas al Papa Clemente XI ..., Sevilla, 1720; [Sobre establecimiento de una capellanía], Murcia, 1720; Libellus / ... Super aliquibus ad Disciplinam ... sin Hispaniarum Regnis ..., Roma, 1721; Votum et sensus / ... ponentis / in causa / Hispalensis Ecclesiae / Extensionis Officiorum / SS Isidori, / et Leandri, Roma, 1721 [otra ed.: Roma, 1722]; Carta al Rey de España representando a S.M. los inconvenientes de algunas expediciones de Guerra, fundición de Plata y otras cosas, Murcia, 1721 (ms., hay ed.: Murcia, 1963); Contra los Trages, / y Adornos Profanos ... /, Murcia, 1722; ... Concesionis, et approbationis Officii proprii / S. Fulgentii / Episcopi Carthaginem ..., Roma, 1722; Copia / de ... Carta ... / a su Provisor Vicario General del / Obispado de Cartagena ... Murcia, 1724; Carta / Pastoral / ... desde ... Roma, / con / motivo de estar próxima a admitirse por / su Santidad, la Renuncia que tiene / hecha de su Obispado ..., Murcia, 1724 (hay trad. italiana: Roma, 1724); Approbatio et Judicium (78 págs.) a la obra del cardenal A. Cienfuegos, S.J., Vita abscondita, Roma, 1728; Ortodoxae Fidei Confessio..., Roma, 1735 (hay varias reimpresiones latinas entre 1735 y 1743, y trad. árabe: Roma 1735 ss); Dichiarazione / di tutto ciò, che contiene / la Religione Cristiana..., Roma, 1740; hay varias eds. posteriores y trads. árabe (Roma, 1740) y castellana (Zaragoza, 1742); (Escritura definitiva de las Pías Fundaciones), Roma, 1741; Breve Confirmatorio / de ... Benedicto XIV, / de las Pías Fundaciones ... / para beneficio de la Diocessi[s] / de Cartagena..., [con observaciones de Belluga] Roma, c. 1741 (reeds.: Murcia, 1743 y 1777); Vitae duorum... (s. l., s. d.); Pastorales y documentos, ed. Antonio Pérez Gómez, Murcia, 1962; Epistolario, eds. Juan Torres Fontes y Rodolfo Bosque Carceller, Murcia, 1962. Sobre la obra ms. e inédita de Belluga existente en diferentes archivos y bibliotecas de España, Italia y el Vaticano, véase J. B. Vilar, El Cardenal Luis Belluga, Granada, 2001, págs. 331ss.

 

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Juan Bautista Vilar Ramírez