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Sancho III

Biografía

Sancho III. El Deseado. ?, 1133 – Toledo, 31.VII.1158. Rey de Castilla.

De los hijos que el emperador Alfonso VII (1126- 1157) tuvo con Berenguela, Sancho, al que se puede considerar primogénito, estaba destinado a ser el futuro Rey de Castilla. Quizá por eso, se encargó de su crianza y tutelaje a Gutierre Fernández, dux Castellae y cabeza de la famosa familia de los Castro.

Desde muy pronto Sancho se convirtió en una pieza importante en la política imperial de su padre, destinada a mantener una cierta hegemonía a nivel peninsular, a través de sumisiones y alianzas. En 1140, buscando precisamente el reforzamiento de vínculos con Navarra, se concertó su matrimonio, el del futuro Sancho III, con Blanca, hija de García Ramírez el Restaurador.

Aunque las bodas no se celebraron, por razones de edad de los contrayentes, hasta algunos años después, gracias a este acuerdo matrimonial, el Rey de Navarra fue, a partir de entonces, un fiel aliado de Alfonso VII y la mayor parte de sus conflictos los tuvo el navarro con el Rey de Aragón. De hecho, el mismo Alfonso y su hijo Sancho tuvieron que hacer bastantes veces de mediadores entre ambos: durante la primavera del año 1145 el infante Sancho, el prometido de una infanta navarra, fue enviado por su padre a Zaragoza para entrevistarse con Ramón Berenguer IV. Se iniciaron así las gestiones para pacificar a este último con García Ramírez, que fructificarían en los acuerdos de San Esteban de Gormaz en noviembre de 1146. Pero fue a partir de 1148 cuando Alfonso VII asoció más estrechamente a los infantes a la tarea de gobierno.

Para reforzar su posición, tras la muerte de su madre Berenguela, acaecida en 1149, Sancho recibió el Reino de Nájera, constituido precisamente para él, incluida entre sus posesiones Logroño. En 1150 se casó, por fin, con la infanta navarra, y comenzó su participación en las campañas de su padre contra los almohades, el nuevo poder africano que estaba sometiendo a los taifas andalusíes. Durante el verano de 1151 Sancho participó activamente en la expedición dirigida contra Jaén, lugar en permanente disputa y dominio alternativo, entre los propios musulmanes partidarios del Rey de León y los que cada vez tenían más claramente puestas sus preferencias en el movimiento almohade.

También asistió el infante Sancho, Rey de Nájera, a las famosas vistas que tuvieron lugar en Tudején, el 27 de enero de 1151, entre Ramón Berenguer IV y Alfonso VII. Además del reparto de las futuras zonas de Reconquista, en estas vistas se planteó una posible agresión conjunta castellano-aragonesa contra Navarra. Ramón Berenguer IV llegó a exigir la separación y el repudio de la infanta navarra por parte de Sancho, como condición imprescindible para llevar a cabo lo pactado en Tudején. Pero lejos de esto, el matrimonio de Sancho y la alianza navarro-castellana se mantuvieron.

En 1151, ya era habitual que tanto Sancho como su hermano Fernando actuasen junto a su padre con título de rex. Incluso llegó un momento en que su confirmación en documentos reales, estuvo acompañada de una clara división de personalidades en las columnas de confirmantes que los acompañaban; lo que correspondería a su vez a la división de las futuras Cortes y fidelidades, tras la separación de los Reinos de Castilla y León.

Además, todavía en 1152, durante los primeros días de marzo, el infante-rey Sancho fue armado caballero por su padre en Valladolid, como parte de su promoción personal y política. Sin duda se esperaba bastante de él, entre otras cosas, que contribuyese al mantenimiento de los vínculos de unión que la política imperial había ido trazando durante los años anteriores; sobre todo con respecto a Navarra.

En 1153 Sancho había comenzado, también con el consentimiento de su padre, a pagar los servicios de algunos de sus servidores y recibía títulos, recogidos en la documentación de Sahagún, como los de Rey de Castilla o de Soria. Pero fue en un concilio celebrado en Valladolid el año 1155, donde triunfaron definitivamente los criterios de división de la herencia de Alfonso VII.

Según lo dispuesto entonces, Sancho recibiría Castilla, que incluía Ávila y Segovia, junto a las demás villas de la Extremadura castellana, el Reino de Toledo y la Transierra, además de la Tierra de Campos hasta Sahagún y Asturias de Santillana. A su hermano, el futuro Fernando II, le correspondía León, Galicia, Toro y Zamora con las villas cercanas.

Semejante división, en la que Castilla salió históricamente muy beneficiada, no dejó de traer problemas posteriores, y muy graves, entre sus beneficiarios. Sin embargo, cuando Sancho III se hizo cargo de su herencia, tras la muerte de su padre, el 21 de agosto de 1157, el reparto y las disposiciones testamentarias se llevaron a cabo sin mayor contradicción.

Por otra parte, el reinado de Sancho III resultó ser brevísimo, pues murió apenas un año después de haber subido al Trono. Durante ese corto espacio de tiempo, se entrevistó con los Monarcas de Navarra y Aragón, para reconocer los dominios respectivos de aquéllos sobre Artajona y Zaragoza, e iniciar su reinado en paz con sus vecinos del Este. También tuvo que preocuparse de la defensa de Calatrava frente a los almohades, que habría de dar lugar a la Orden Militar que llevaría el nombre de esa misma ciudad, gracias a la Cruzada que se organizó para atender a dicha defensa.

Durante la primavera de 1158, se embarcó en un ataque contra León, al ponerse de parte de un noble, Poncio de Cabrera, que se había rebelado contra su hermano Fernando II. Sin embargo, el mismo Sancho inició en seguida negociaciones de paz y devolvió al monarca leonés lo que le había arrebatado. El 23 de mayo de aquel mismo año, ambos firmaron un tratado en Sahagún, que además de prever un reparto del recién constituido Reino de Portugal, también dividía las futuras zonas de expansión e influencia en al-Andalus.

Pero la muerte prematura de Sancho III, el último día de julio de 1158, con apenas veinticinco años de edad, puso fin a su reinado y a estos proyectos, que habrían de pasar por la minoría de su hijo y heredero, Alfonso VIII. Sancho fue sepultado en la Catedral de Toledo, junto a su padre Alfonso VII.

 

Fuentes y bibl.: Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Crónica latina de los Reyes de Castilla, ms. G-1, 9/450 (introd., texto crítico, trad., notas e índices de L. Charlo Brea, Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1984).

R. Jiménez de Rada, “De rebus Hispaniae”, en Opera, Madrid, Francisco Lorenzana, 1793 (reimp. facs., Valencia, Imprenta Anubar, 1968 [col. Textos Medievales, vol. 22]); J. González González, El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1956 (col. Escuela de Estudios Medievales, vols. 25-27); “Reyes cristianos e imperio almohade”, en Historia General de España y América IV: La España de los Cinco Reinos (1085-1369), Madrid, Rialp, 1984, págs. 479-562; G. Martínez Díez, Alfonso VIII (1158-1214): Rey de Castilla y Toledo, Burgos, La Olmeda, 1995; J. M. Recuero Astray, Alfonso VII (1126-1157): Rey de León y Castilla, Burgos, La Olmeda, 2003.

 

José Manuel Recuero Astray

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