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Paulo Orosio

Biografía

Orosio, Paulo. Braga (Portugal), 375-380 – p. m. s. v. Presbítero e historiador hispano.

La primera noticia que se conserva sobre Osorio es su llegada en el año 414, siendo un joven presbítero, a Hipona, donde entró en contacto con Agustín, obispo de la ciudad. Es probable que marchara a África, no huyendo de la invasión de suevos, vándalos y alanos en España (409-412), sino buscando consejo de Agustín sobre los priscilianistas que se habían extendido mucho en Hispania, principalmente en Galicia.

En el año 415, Agustín le envió a Belém con una carta para Jerónimo, para que tratase problemas de exégesis bíblica. Orosio estaba perfectamente informado sobre Pelagio. Por esta razón fue enviado al Sínodo de Jerusalén, en el que participaron otros llegados del Occidente, Heros de Arlés y Lázaro de Aix. Durante las discusiones acaloradas sobre Pelagio, Orosio entró en contacto con Juan, obispo de Jerusalén, comprendiendo las grandes diferencias que existían entre la Iglesia Oriental y la Occidental. Este mismo año, Orosio volvió a África con una carta de Jerónimo a Agustín, que contenía una relación del rechazo del pelagianismo en Oriente. Trajo consigo, también, reliquias del cuerpo de san Esteban y una carta de Avito de Bracara, que en ese momento se encontraba en Palestina.

Primero llegó a Menorca y de aquí pasó a África. En África, por encargo de Agustín, escribió las Historias contra los paganos en siete libros. Trabajó tan intensamente que las terminó en año y medio. La obra se publicó en los años 417-418, en un momento oportuno, después del saqueo de Roma por las tropas de Alarico, en el año 410, saqueo que produjo un profundo impacto en todo el Imperio Romano.

La situación había mejorado. En España, los invasores luchaban entre sí. En la Galia se había restablecido el gobierno legítimo, y en Italia el general Costanzo había restablecido el orden. En el año 418, el ambiente general era esperanzador. Orosio dio un juicio optimista sobre la situación general del momento. Esta situación se confirma por los documentos oficiales, por las imágenes de los contorniatos y por las inscripciones. Su visión era totalmente contraria a la de Agustín. Orosio, a lo largo de su obra, defiende una coexistencia con los bárbaros, pues junto a bárbaros paganos había bárbaros cristianos, cuyo número aumentaba. Orosio esperaba que los bárbaros luchasen entre sí y que muchos murieran. Él era favorable al Imperio Romano, que era el poder más grande del momento. El ideal sería que el Imperio se hiciera cristiano. El romano debía ser fiel al Estado y a las leyes por las que se regía este Estado. Los emperadores cristianos eran los garantes del derecho y de la religión. Orosio admitía que la historia de Roma presentaba muchas sombras. Acusó a Roma de entregarse al lujo y al ocio. Los romanos no sólo habían caído en la antigua religión pagana, sino que habían decaído en la moral. Dios los había castigado, no sólo a través del pagano Radagaiso, sino de Alarico, que era cristiano. Orosio alababa las virtudes de los romanos de los primeros siglos. La decadencia comenzó con la destrucción de Cartago en el año 146 a. C. Criticó el dolor causado por Roma. Orosio consideraba que se debía a la voluntad de Dios el que el mundo se hiciera romano. Dios quiso que se pasase de la ciudad de Roma al mundo romano. Este paso se dio en época de Augusto. Pensaba Orosio que la forma política adaptada al Imperio era la Monarquía. Los emperadores perseguidores de los cristianos atrajeron la cólera de Dios, pero no los condenó a todos. Algunos emperadores, como Augusto, tuvieron excelentes cualidades. El ideal de emperadores era Teodosio I.

Orosio, en el prólogo de sus Historias indica las fuentes que ha consultado para redactar su obra: todos los anales y las fuentes disponibles. Un examen detallado prueba que no ha leído todos los autores que cita. No debió de consultar los historiadores que escribían en griego. Es muy probable que no conociera esta lengua. Debió de manejar compendios de historia. Algunas fuentes las debió de citar de memoria, como a Cicerón y a Ovidio. Orosio escribió sus Historias en muy poco tiempo. Esto hizo que consultase pocas fuentes. La fuente principal para el Oriente Antiguo como para la historia de Grecia y de Macedonia fue el Epítome de Marco Juniano Justino, que es un resumen de las Historiae Philíppicae de Pompeyo Trogo, historiador galo contemporáneo de Agustín. En el libro I se han rastreado huellas de la Biblia, lo que no tiene nada de extraño en un escritor cristiano, y, probablemente, de Tácito. Algunas noticias las debió de sacar de la Cronaca de Eusebio de Cesarea. Esta Cronaca es fuente para el libro VII, pero no para los libros II-VI. Se ha supuesto que para el período hasta el nacimiento de Cristo, quizá hasta Vespasiano, manejase una edición no de Jerónimo, sino de los monjes egipcios. Podían ser los autores Panodoro, que narró los sucesos entre el año 395 y 408, y Arriano, que alargó la Cronaca hasta el año 412. Todo esto es hipotético. Para el libro I pudo manejar, además de Jerónimo, una Crónica desconocida. A esta última Crónica pueden remontar algunas noticias del libro II. Para la historia de Roma, las fuentes consultadas fueron la historia de Tito Livio y el Epítome de Justino. Se ha dudado que Orosio leyera toda la obra. Para los libros II-VI, se ha propuesto que utilizara un compendio de Tito Livio. Los compendios estaban muy de moda desde hacía varios siglos. También debió de sacar noticias de otras historias gráficas pequeñas, como la de Floro, Eutropio o las llamadas Periodiae. En Orosio se leen noticias que no se encuentran en las Periodiae, en Floro y en Eutropio. En estos autores se hallan, a su vez, datos que no se hallan en Orosio. Debió de existir un compendio de Tito Livio, que fue la fuente de otros compendios más breves. Se supone que Orosio y Eutropio han tenido, como modelo, a las Periodiae y a Floro. La historia de Roma hasta el año 9 a. C., sean cuales sean las fuentes manejadas, sigue la tradición de Tito Livio. Las Historias de Orosio sirven para reconstruir los hechos perdidos de Tito Livio. En la descripción de la guerra de la Galia, Orosio debió de seguir no el Bellum Gallicum de César, sino a Tito Livio o a un estracto de este historiador. Para el período comprendido entre el año 9 a. C. al 387, las fuentes principales son Eutropio y Jerónimo. Para el capítulo VII hasta el final de la obra, Orosio tiene como fuente a Rufino, que hacia el año 400 tradujo al latín la Historia Eclesiastica de Eusebio de Cesarea, alargándola hasta el año 395. Para parte de los libros VI y VII, Orosio, además de Rufino, Eutropio y Jerónimo, podría haber consultado a Tácito y a Suetonio. Se ha propuesto que no se debe excluir una fuente común a Orosio, a Justino y a Eutropio. Orosio, a diferencia de Jerónimo y Eutropio, data los acontecimientos desde la fundación de Roma. Igualmente, pudo Orosio para contar sucesos posteriores al 379, obtener informaciones orales o de panegíricos, como el de Teodosio. Cometió Orosio algunas equivocaciones graves, como cuando cree que Suetonio había escrito la Guerra de la Gallia, o que Salustio había narrado la época de Domiciano.

Orosio redactó una Historia Universal desde los orígenes hasta el mundo contemporáneo, según indica en el prólogo. Para comprender a Orosio es fundamental partir de la idea de que él escribe una historia apologética. Su visión de la historia es que, antes de la llegada de Cristo, reinaron en el mundo la muerte y la sangre. Con el nacimiento de Cristo la muerte se detuvo, y cuando el Imperio se hizo cristiano, la muerte quedó encadenada. Con el triunfo total del cristianismo, la muerte no reinará jamás. Esta última etapa sería posterior a la aparición del Anticristo y el Juicio Universal, al que seguirá la separación de santos y de impíos. Orosio recuerda a lo largo de su historia con frecuencia al cristiano, que el mundo no es la patria verdadera, y menciona al Anticristo. Orosio considera al Imperio Romano como el último de los Imperios, que se conserva en buena forma, y que no existen indicios de la próxima llegada del Anticristo. Orosio subraya que la divina providencia guía todo el acontecer histórico. El hombre debe entregarse a la providencia divina. El mal se debe, o al castigo divino, o a la culpa del hombre. Orosio comienza sus Historias, en el libro I, con una descripción del orbe de la tierra. En el II, habla de los cuatro imperios universales que gobiernan el mundo. Para Orosio, Roma es la columna vertebral del mundo. En la concepción de Orosio de la historia, Roma desempeña un papel importante. Los otros tres imperios que la preceden, son una especie de introducción. A partir de la guerra de Pirro en Italia, la historia de Roma ocupa el primer lugar. Para Orosio el pasado es siempre más catastrófico que el momento presente. Orosio tiene una concepción universalista de la historia.

Las Historias de Orosio son el primer intento de una historia universal por parte de los cristianos. Retazos de historias universales se encuentran en Herodoto y en Polibio, pero ambos historiadores no intentan proporcionar una imagen coherente desde los orígenes del mundo hasta el momento actual. Eforo tuvo, ya en torno al 340 a. C., una concepción universalista de la historia. Dos escritores contemporáneos de Augusto, Diodoro Sículo y Trogo Pompeyo, tuvieron una concepción universalista de la historia. El primero intentó dar una visión desde los orígenes hasta el mundo contemporáneo suyo. Trogo Pompeyo describió el destino de los imperios que se han sucedido en el mundo.

En la historiografía griega y romana, existía una concepción cíclica de la historia, que se oponía al concepto de historia universal, y en la cristiana, una concepción lineal con un principio y un fin. El fin que se proponía Orosio al escribir su historia era hacer apología, no sólo teología, de la historia. Orosio redacta su obra pensando en los paganos, que todavía eran muchos e importantes. También se dirige a los cristianos, que se encontraban perplejos con los últimos acontecimientos, como el saqueo de Roma del año 410. Orosio intentaba integrar los argumentos fundamentalmente teológicos de Agustín en la historia profana. Sin embargo Orosio expone en sus Historias pocos argumentos teológicos, probablemente, por dirigirse a un público pagano. Las citas bíblicas son escasas. En las disputas con los paganos sigue el pensamiento de Agustín. Parte de la idea de que nadie puede negar la existencia de Dios, ni los paganos, que llegan a la existencia de Dios a través de los filósofos. Los otros dioses son siervos de Dios. Explica las grandes calamidades por el hecho de que los hombres, creados para vivir en paz, han abusado del plan del Creador. Las grandes calamidades coincidieron con el culto a los dioses, y el fin de las catástrofes con la llegada de Cristo. La descripción de los sucesos históricos hasta Augusto, es una sucesión de catástrofes. Según los paganos, las calamidades que azotaban el Imperio se debían a que los cristianos habían abandonado el culto a los dioses. Recalca que ni las persecuciones han impedido el triunfo del cristianismo. Anima a los paganos a negar la existencia de los dioses. El castigo de Dios cae sobre los que siguen creyendo en los dioses después de la venida de Cristo. Para Orosio, el antiguo paganismo estaba vacío. Ataca a algunos dioses e instituciones culturales, como a Apolo, dios de los prodigios, y a las vestales. También arremete contra los espectáculos, aunque para los espectadores ya el origen y el contenido religioso se había perdido, siguiendo una antigua polémica cristiana, que considera los espectáculos idolatría, por ser en origen rituales a la Triada Capitolina, como indican las leyes de Urso (Osuna, Sevilla), promulgadas por César antes de morir en el 44 a. C., mediante una ley de Marco Antonio, siguiendo a Tertuliano en su tratado Sobre los espectáculos, a Noviciano en su tratado Sobre los espectáculos, a Juan Crisóstomo en su homilía Contra los juegos circenses y el teatro, y a Agustín. Amenaza a los contemporáneos con el destino de Gomorra y de Sodoma, de Babilonia y de Troya.

El carácter apologético de las Historias condiciona el uso de las fuentes paganas. Orosio desmitifica a personajes de primera fila de la historia griega, como Alejandro Magno, que para Orosio es un tirano ambicioso, cruel y sanguinario. Orosio también falsifica o modifica ciertos acontecimientos. Es muy dado a establecer paralelos y a la simbología de los números. Establece paralelismos entre los cuatro imperios mundiales para subrayar el paralelo Cristo-Augusto. Osorio eliminó toda demostración escatológica de la historia. Las diez plagas de Egipto son equivalentes a las diez persecuciones. Osorio demuestra todo lo contrario de lo que expone Agustín en la Ciudad de Dios. Otras obras de Orosio trataron las herejías del momento, que eran problemas candentes, como el Commonitorium de errore Priscillianitarum et Origenistarum. Ambas doctrinas se habían difundido en España. El Liber apologeticus contra Pelagium es la única fuente sobre la conferencia de Jerusalén, celebrada en 415. Su latín fue mal traducido al griego. El obispo Juan acusó a Orosio de defender que el hombre no estaba libre de pecado, ni siquiera con la ayuda de Dios. Orosio negó esta acusación y atacó a los pelagianos. Las Historias de Orosio no fueron citadas nunca por Agustín, tenían una concepción de la historia contraria a la suya, y al autor, una sola vez.

Desde el primer momento y durante toda la Edad Media, Orosio fue muy estimado, como se desprende del gran número de códices de las Historias que se conserva. En la Edad Media las Historias de Orosio y la Crónica de Jerónimo son las principales fuentes de conocimiento de la Antigüedad. El primero que lo conoce es, probablemente, Próspero de Aquitania, nacido en torno al 400, seguido de Idacio en su Chronicon, y de Símmaco, en su Historia Romana, redactada en torno al 500. Pudo muy bien ser el modelo a imitar de Casiodoro y de Iordanes en Getica y en de regnorum successione. Huellas de las Historias de Orosio se rastrean en la Chrónica Gallica del 511. Gelasio alabó las Historias en el Concilio de Roma, al igual que Genadio de Marsella, Venancio Fortunato, Cassiodoro en sus Instituciones divinarum literarum, y en De origine actibusque Getarum, datado entre los años 518-521. Alaba Gregorio de Tours a Orosio en torno al 513. En el siglo vii fue muy consultado por Isidoro de Sevilla, en sus obras, Chronica, Historia Gothorum, Etymologiae, y en De natura rerum, aunque no cita expresamente su nombre. En este mismo siglo vii, Adelmo ensalza a Orosio, y le menciona dos veces el anónimo Geógrafo Ravennate.

Los autores de crónicas medievales, a partir de los siglos xi y xii, utilizan frecuentemente la obra histórica de Orosio, como Hermannus Contractus, Marianus, Scotus y Sigobertus Gemblacensis. La lista cabe ampliarla recordando a Oderico Vitale en su Historia Eclesiastica; Juan de Salisbury, muerto en 1180; Otón de Frisinga, en su Chronica, datada entre los años 1156-1157; Ricardo de San Vittore, en su Im apocalypsii libri septem; Goffredo de Viterbo, a finales del siglo xii, y Onorio de Actum en su Summa totius de omnimoda historia, de 1138.

En los monasterios medievales se leyeron mucho las Historias de Orosio, hasta en los de monjas, al tenerlo por el mejor intérprete del pensamiento de Agustín. Desde finales del siglo viii la glosa del papa Ormista (514-523) se leía frecuentemente en el comedor de Cluny.

Para la difusión del pensamiento de Orosio fueron de gran importancia las traducciones de sus Historias. En el siglo ix Alfredo el Grande las tradujo a la lengua anglosajona, siendo un documento importante en esta lengua. Se trata de una reelaboración, con importantes añadidos a las Historias. Esta traducción vinculó el área cultural anglosajona a la cultura romana. En el califato de Córdoba, Abd-ar-Rahman III, a comienzos del siglo x, mandó traducir las Historias, de las que había recibido un ejemplar de Ormista, de Romano II, emperador de Bizancio. Es la única traducción de autor latino vertida al árabe. Esta traducción influyó poderosamente en el tunecino de origen español Ibn Khaldum, y en el egipcio al-Maqrizi, que recoge citas de Orosio. El primero es el único autor árabe que, a través de Orosio, conoce la constitución de la Roma Republicana.

Esta traducción influyó en la llamada Chronica o Historia Ps. Isidoriana, que plantea el problema de la dependencia del Orosio árabe, de un compendio de Historia Romana, redactado en lengua hebrea por Abraham ben David, ha-Levi de Córdoba, muerto en 1170 o 1180, con título de Crónica de Roma, sacada de fuentes árabes, que utilizan la obra de Orosio. La traducción árabe circuló mucho entre los árabes y los hebreos. Dentro de la pobreza historiográfica en la España cristiana altomedieval, Orosio es el único historiador que influyó.

En la Divina Comedia de Dante se leen varias citas a las Historias. También influyó en Petrarca. En el Renacimiento Orosio fue estimado, por ejemplo, por Biondo. Su estima y su frecuente lectura se deduce de las numerosas ediciones que se hicieron de sus Historias. Algunas son incunables. Sólo dentro del 1500 aparecieron siete ediciones. Después se publicaron muchas otras, como la castellana de Alonso Gómez de Zamora.

Entre los siglos xvii y xx el interés por Orosio decayó mucho. En el siglo xix los filólogos estudiaron la obra de Orosio, principalmente la lengua y el estilo, como Beck en 1832; von Mörner en 1844; Sauvage en 1874, estudios que continuaron en el siglo xx, como los de Svennung en 1922, y Bartalucci en 1976. Hagendhal en 1941, Seel en 1943, y en 1935 Mommsen y Lippold han examinado las fuentes utilizadas por Orosio.

Los juicios sobre la obra de Orosio han oscilado mucho. J. Trithernius en 1494, J. Sleidan y J. Bodin emitieron juicios laudatorios sobre la obra de Orosio.

Otros lo denigraron, como Lipsius en 1585, Baronio en 1741, Casaubon en 1615, Scaligero y Sigonio en 1627, que es el más duro con Orosio.

Muy contrarios a Orosio son Gibbon (1967), cuyo influjo ha sido grande, St. Croix (1804) y Mèjean (1861), que califica su obra como propia de un misántropo. Tillemont alaba a Orosio, al igual que en el siglo xviii, Cellier, en 1729, y Galland, muerto en 1779. E. Flórez en su España Sagrada destaca su figura. La crítica positiva fue adversa a Orosio, tanto los medievalistas, como los patrólogos y los estudiosos de literatura latina, como Ebert en 1889, por copiar a Trogo Pompeyo y a Eutropio; Lavertujon en 1896, al compararle con Sulpicio Severo; Schanz, por no citar las fuentes; Bossier, en 1913, juzga la obra una mala compilación, y falta de crítica. Parecido es el juicio de H. Leclerq. Labriolle, en 1947, no es favorable a Orosio.

Aman y Altaner son reticentes al igual que Barnes, en 1937, Shotivell, en 1939, y Thompson, en 1942.

Moricca en 1932 juzga sus Historias superficiales y ligeras. Mulder, en 1926, acusa a la obra de Orosio de fanatismo, de ausencia de crítica y de incoherencia.

Los juicios más duros contra Orosio, como historiador, los han emitido los patrólogos y los estudiosos de literatura latina. A. F. Ozanam, en 1855, considera las Historias positivas, y las compara con la obra de Agustín, de la que se distancia. B. Croce, en 1966, pone las Historias de Orosio como ejemplo de historiografía cristiana. Separa la historia clásica de la moderna. Posee una visión universalista, y el concepto de humanidad. Peterson, en 1935, señala las reflexiones políticoteológicas expresadas en las Historias. Straub destaca la importancia de algunas afirmaciones de las Historias para la historia de su tiempo. Klowiths, en 1965, es el autor que mejor bucea en el concepto histórico de Orosio. Valoró positivamente el presente. Frente a Agustín, Orosio es un optimista. S. Mazzarino da un juicio positivo, en 1959, de la obra de Orosio. Orosio es un buen exponente de las ideas de su tiempo. Es el creador de la historia universal cristiana.

En el momento actual el interés por Orosio es grande, como lo demuestran los estudios de Schöndorf, Fink, Suerbaum, Lacroix, Paschoud y Corsini, Lippold y Fabbrini. Los juicios de Barnes, de 1948, y Paschoud, en 1967, son demoledores. Bayet, en 1953, considera que las Historias se inspiran en los modelos clásicos. Lamonte, en 1949, las cree sólo apología, y Laistner, 1957, piensa que Orosio es un lector de epítomes. En España es favorable a Orosio C. Torres. En 1982 E. Sánchez Salor ha publicado en España una traducción de las Historias, con amplio comentario. Este autor defiende que las Historias no son historias, sino apología del cristianismo. Se mueven más en un tono oratorio que historiográfico. Lacroix, en 1965, señala los defectos y méritos de Orosio. Termina devaluando el valor de Orosio. Corsini, en 1968, ha remachado la condena de Orosio como historiador y como teólogo de la historia. De Orosio y no de Agustín, partiría la teología del agustinismo político, de tanto éxito en la Edad Media. El fin de las Historias es teológico.

El interés por Orosio se conserva en la actualidad, como lo prueban las recientes ediciones de las Historias, como las de R. J. Deferrari, y de L. Craveiro da Silva, y los comentarios, como los de A. Polichetti, de Marchetta, de Koch-Peters, de San Martín y de Fuentes de la Rosa. P. Martínez recientemente, en 2002, ha estudiado el pensamiento histórico y antropológico de Osorio. No considera las Historias una narración detallada de los acontecimientos históricos; es, ante todo, una obra ideológica, una teología de la historia, y en función de su contenido, una obra de teología política.

 

Bibl.: A. Lippold, Orosio. Le Storie contro i pagani, I-II, Verona, A. Mondadori, 1976; F. Fabrini, Paolo Orosio. Uno Storico, Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 1979; P. Martínez, Orosio y su tiempo, Murcia, Antigüedad y Cristianismo XIX, 1979; E. Sánchez Salor, Orosio. Historias. Libros I-IV, Madrid, Gredos, 1982; Orosio. Historias. Libros V-VII, Madrid, Gredos, 1982.

 

José María Blázquez