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Severino Aznar y Embid

Biografía

Aznar y Embid, Severino. Tierga (Zaragoza), 10.II.1870 – Madrid, 19.XI.1959. Catedrático de Sociología, promotor y publicista.

De su infancia y ambiente familiar en Tierga, pequeño pueblo agrícola, interesa conocer su extracción modesta y la adhesión de la familia a la causa carlista. Su instrucción primaria la tuvo en Calcena y Trasobares, localidades próximas a Tierga. Desde 1883 hasta 1893 cursó Humanidades, Filosofía y Teología en el Seminario de Zaragoza, tratando de realizar su designio de ser sacerdote. A su carrera en el seminario atribuyó durante toda su vida los mejores frutos de su formación humana.

En 1894 comenzó la carrera de Filosofía y Letras, también en Zaragoza. Su formación universitaria culminó el 21 de octubre de 1911, en la Central de Madrid, con la lectura de su tesis doctoral La Conciliación y el arbitraje en la que revisaba la relación entre el capital y el trabajo. Para entonces su vida se había enriquecido con experiencias no buscadas, como un destierro de varios años en Burdeos por la publicación de un cuento y con iniciativas combativas en la prensa como colaborador o promotor de órganos periodísticos. Así, en 1903, bajo el seudónimo de Doctor X llegó a publicar tres artículos diarios en defensa del arzobispo de Manila, Bernardino Nozaleda, cuando Maura le propuso para arzobispo de Valencia. Al año siguiente, veraneando con su familia en Tarazona, entró en contacto con el obispo de aquella diócesis, Salvador y Barrera, quien organizó una visita a aquella ciudad del jesuita padre Vicent. Éste glosó en una reunión su famosa obra Catecismo Social, cuyos criterios serían norte y guía de la vida de Aznar, pese a posteriores disensiones de no menor entidad que no empañaron el afecto y la devoción de éste al primero. El obispo le abrió su biblioteca privada y allí conoció la revista La Démocratie Chrétienne que publicaba el abate Paul Six con frecuentes glosas de la Rerum Novarum y del concepto de democracia cristiana, idea fundamental de León XIII que Aznar asimiló como eje de su vida. La veraniega estancia en Tarazona supuso el acrisolamiento de la personalidad de Aznar tal y como se proyectaría sobre la historia del catolicismo social español.

Como temprano promotor periodístico destaca la fundación, en 1907 y en Zaragoza, de la revista La Paz Social, para el fomento del sindicalismo católico, tarea en la que contó con otros activadores sociales como Salvador Minguijón, Inocencio Jiménez, y José Latre. Además de la revista se creó el fondo editorial Biblioteca Ciencia y Acción.

La Paz Social actuó de caja de resonancia de las semanas sociales que se celebraron desde 1906 hasta 1912. Las primeras semanas surgieron como iniciativa del Centro de Defensa Social de Madrid, cuyo nombre sugiere ya una percepción de los problemas sociales más próxima al orden público. La fundación de La Paz Social en 1907 supuso una reorientación de las semanas sociales hacia la actividad sindical concretada en la defensa de la Ley de Sindicatos Agrícolas de 1906, promovida por Canalejas y por Rafael Gasset y derogada al año siguiente por el ministro conservador Osma. El católico Aznar se puso de parte de los ministros liberales y consiguió que se suspendiera el decreto de Osma derogatorio del sindicalismo agrario. Algo parecido sucedió en 1911 cuando luchó por el derecho de huelga de los ferroviarios frente al católico Maura. La revista La Paz Social dio resonancia a las Semanas Sociales y tuvo importante proyección en España, pero sus endémicos problemas económicos la pusieron en manos del Consejo Nacional de las Corporaciones Católico-Obreras y cambió su signo.

En 1914, fue nombrado asesor social del Instituto Nacional de Previsión. En 1916 obtuvo por oposición la cátedra de Sociología de la Universidad Central. También ingresó como miembro en la Junta Central de Acción Social Agraria. En 1921 ingresó en la Academia de Ciencias Morales y Políticas con un discurso de contenido socialmente avanzado y de efectos no precisamente laudatorios por parte del catolicismo conservador. Se titulaba La abolición del salariado y, aunque él mismo advertía que era todavía utópico exigirlo, consideraba que se debían dar pasos conducentes al mismo, como la participación de beneficios, el accionariado obrero y la cogestión hasta llegar a la cooperativa de producción. “Frente al pensamiento socialista —decía— que quería hacer a todos obreros, el catolicismo social quería hacer a todos propietarios.” También del año 1921, y debido a sus instancias, es la creación del primer seguro social El Retiro Obrero o Seguro de Vejez Obrera.

Antes de ese año, Aznar había llevado a cabo una iniciativa que supuso su tipificación como personaje histórico: la creación del Grupo de la Democracia Cristiana. El 19 de enero de 1919, Sturzo constituyó el Partito Popolare Italiano, del que más adelante salió la Democrazia Cristiana. Aznar publicó su Manifiesto del Grupo de la Democracia Cristiana en el mes de agosto de 1919, pero Domingo Benavides remonta a diciembre de 1918 las primeras conversaciones en torno a Aznar para constituir un grupo de intelectuales al servicio del catolicismo social español. Comenzaron por plantear la formulación de un programa de Sindicalismo Obrero Católico, pero en los meses de 1919, cuando se estaba dando a conocer el partido de Sturzo, el incoado Grupo de la Democracia Cristiana de Aznar fue levantando el punto de mira de sus estudios y trabajos hasta acometer los más acuciantes problemas de la sociedad total. Temas como el trabajo, el salario, la lucha de clases, el sindicato, la religión, la familia o la propiedad fueron dando paso a las más profundas cuestiones sociales, económicas, fiscales y culturales.

El tema de la Abolición del salariado, afrontado por Aznar en su ingreso en la Academia en 1921, lo había planteado Sturzo en una reunión de su grupo parlamentario en 1920. Había una participación de ideales en su común dependencia del pensamiento de Toniolo y más remotamente de León XIII. La creación del Partito Popolare produjo gran impacto en el grupo español de la Democracia Cristiana. En 1922, León Leal Ramos preguntaba a Aznar si el Grupo de la Democracia Cristiana debería convertirse en partido, pero éste respondió que era prematuro hacerlo. La Democracia Cristiana, tal y como la había expresado León XIII, se refería a la acción social y a la cristianización de la sociedad, pero podía pasarse a la acción política para cristianizar también al Estado.

El Grupo publicó y difundió más de quinientos libros y opúsculos que tuvieron importante influencia en la mentalidad española y en la legislación social, pero no pudo remontar la oposición y las intrigas del partido integrista y del conservadurismo católico. El marqués de Comillas, el nuncio Ragonesi, el arzobispo de Valencia y hasta los propios jesuitas de la revista Razón y Fe no soportaban ni siquiera la denominación de Democracia que consideraban implícitamente sentenciada en la condena del liberalismo.

El 15 de noviembre de 1922 fue la reunión constituyente del Partido Social Popular español que agrupaba políticamente a los católicos bajo el signo común de su religión, pero con vivas divergencias partidistas que, al advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera, comportaron la aparición de dos corrientes contrapuestas: la de Víctor Pradera y la de Ángel Osorio y Gallardo, este último interesado también en la obra de Sturzo. Aznar se dedicó a buscar la avenencia entre las dos corrientes. En 1924 fundó en Madrid la revista Renovación Social que en 1925 trasladó a Oviedo como órgano del Partido Social Popular. Aznar colaboró con el dictador, a quien no pocos veían como “el cirujano de hierro” que necesitaba la situación política. Tusell atribuye esta actitud a su ascendencia carlista y, por tanto, a una escasa valoración de la democracia, pero en realidad su pensamiento era accidentalista respecto a las formas de gobierno, considerando que lo importante para un católico era la difusión teórica y la incorporación práctica de los principios sociales del catolicismo a las costumbres, a las leyes y a las instituciones, procurando la justicia social para todos y de un modo especial la elevación social, económica y moral de las clases menospreciadas y necesitadas. Ernesto Galli della Logia atribuye el liberalismo de Sturzo no a la Ilustración francesa laica e inmanentista, sino a Locke y a la Constitución americana.

De manera semejante, Viñas Mey detectaba en Aznar un liberalismo que provenía de la teología española de los Siglos de Oro, muy especialmente de los tratadistas de Iustitia et iure.

Fue muy importante la proyección internacional de Aznar. Cuando Pío XI encargó a Gemelli, el rector de la Católica de Milán, coordinar la publicación de un libro conmemorativo de los cuarenta años de la Rerum Novarum y en el que cada capítulo fuera escrito por la mayor notabilidad de catolicismo social de cada país, Aznar fue el elegido para redactar la aportación española: Del salario familiar al seguro familiar.

El primer capítulo fue obra del propio Pío XI: era la encíclica Quadragesimo Anno. Íntimo del cardenal Mercier, fundó con él la Unión de Malinas o Unión Internacional de Estudios Sociales, de la que Aznar fue nombrado vicepresidente. En 1924, Mercier le pidió su mediación para conseguir la avenencia entre los católicos belgas y alemanes, cuyas relaciones se resentían del trauma de la Primera Guerra Mundial. Aznar fue nombrado miembro de la Asociación Internacional de Sociología de París. Intervino con gran autoridad en las Conferencias Internacionales de Ginebra, de los años 1925 y 1927. En 1950 fue designado presidente honorario del decimocuarto congreso celebrado en Roma en el Instituto Internacional de Sociología.

La Guerra Civil le cogió en Navarra. Dos hijos suyos fueron fusilados en el Madrid republicano y un tercero murió en el frente de Santander combatiendo en las filas de Franco. En 1937, Franco nombró una Junta para la organización sindical compuesta por el jurista sociólogo Gallart, el barón de Benasque y Aznar como presidente. Constituido el Gobierno de Burgos, fue nombrado consejero de la Sección de Trabajo para que planeara un régimen de salario familiar, pero, en realidad, para que formulara una política que llevara a la práctica toda la doctrina social de la Iglesia a cuya difusión había consagrado su vida. Fue pieza fundamental en la inspiración social del régimen y su adhesión al mismo; pese a su remoto carlismo familiar, entroncaba más bien con la “revolución pendiente” del falangismo, tan acorde con sus radicales ideales de justicia social.

En 1942 fundó la Revista Internacional de Sociología en el Instituto de Sociología Jaime Balmes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, centro del que fue fundador y director. En el verano de 1959 murió Sturzo y Aznar publicó en el diario Ya un artículo necrológico lleno de admiración y afecto por el siciliano cuya significación se agranda si se piensa que en España era conocida la aversión de Sturzo a Franco. Sin embargo, no escribió nada en su Revista Internacional de Sociología, que era obligado si se piensa que los escritores del Jaime Balmes profesaban una sociología finalística, es decir, humanística, respecto a la cual Sturzo y Guido Menegazzi constituían un inevitable punto de referencia. Pero la revista del Jaime Balmes era del Estado. Unos meses después, en noviembre de 1959, Aznar fallecía en Madrid.

 

Obras de ~: El catolicismo social en España. Nuestro primer curso social, Madrid, Mariano Escar, Tipógrafo, 1906; La acción social agraria en Navarra: algunas reflexiones sobre su presente y su porvenir, Pamplona, 1916; La abolición del salariado, Madrid, Sobrino de la Suc. de M. Minuesa de los Ríos, 1921; Despoblación y colonización, Barcelona, Labor, 1930; El seguro de enfermedad y los médicos, Madrid, Sobrino de la Suc. de M. Minuesa de los Ríos, 1934; Del salario familiar al seguro familiar, Santander, Aldus, S.A., de Artes Graf, 1939; Estudios económico-sociales, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1946; Estudios religioso-sociales, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1949; La revolución española y las vocaciones eclesiásticas, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1949; Impresiones de un demócrata cristiano, Madrid, Editorial Bibliográfica Española, 1950; pról. en VV. AA., Estudios demográficos. La institución de la familia, Madrid, Instituto Balmes de Sociología, 1945-1962.

 

Bibl.: M. de Hervás, La vida de un luchador, Madrid, Gráficas Altamira, 1952; C. Viñas Mey, “La vida y la obra de Severino Aznar”, en Revista Internacional de Sociología, XVII-68 (octubre-diciembre de 1959), págs. 526-543; D. Benavides, El fracaso del catolicismo social español, Barcelona, Nova Terra, 1973; J. Tusell, Historia de la Democracia Cristiana en España, Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1974; M. M. López Coira, El pensamiento social de Severino Aznar (tesis doctoral), Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 1983; J. Martín Tejedor, “La presenza di don Sturzo nel cattolicesimo politico sociale spagnolo: Severino de Aznar”, en E. Guccione, Luigi Sturzo e la democracia nella prospettiva del Terzo Millenio (Atti del Seminario Internazionale de Erice 7-11 de ottobre 2000), t. I, Firenze, Leo S. Olschki Editore, 2004, págs. 385-398.

 

Jesús Martín Tejedor