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Álvaro José Navia-Osorio y Vigil de Quiñones

Biografía

Navia-Osorio y Vigil de Quiñones, Álvaro José. Marqués de Santa Cruz de Marcenado (III). Puerto de Vega (Asturias), 19.XII.1684 ‒ Orán (Argelia), 21.XI.1732. Militar, diplomático y erudito tratadista.

Álvaro Navia-Osorio, hijo de Juan Antonio Navia Osorio y Argüelles de Celles y de Jacinta Antonia Vigil de Quiñones y la Rua Valdés Rubio, fue III marqués de Santa Cruz de Marcenado; también usaba el título de vizconde de Puerto. El primer título fue concedido por el rey español Carlos II a Sebastián Vigil de Quiñones y de la Rua, caballero de la Orden de Calatrava, abuelo materno de Álvaro José Navia-Osorio.

Estudió Lógica en el Convento de Santo Domingo, en Oviedo, patronato de la familia Navia Osorio, y pasó después a la Universidad de esa ciudad en donde estudió Gramática Latina y Retórica.

Inició muy pronto su carrera militar. Tempranamente participó en la Guerra de Sucesión, que acabó con el reconocimiento de Felipe V como rey de España y de las provincias de ultramar, tal como se reconoció en la firma de la Paz de Utrecht. Por eso no fue muy intenso su cultivo de las letras. Su formación procedió más bien de sus prolongadas estancias en academias militares de Italia y Francia y de sus contactos con los más notables ilustrados de su tiempo, especialmente en Turín y también en Francia.

Casó en primeras nupcias, en el año 1701, con Francisca de Navia y Montenegro, hija de Juan Alonso de Navia, I marqués de Ferrera y vizconde de la Herrería, y de su primera mujer, María Magdalena Montenegro. En este primer matrimonio tuvo una hija y un hijo, este último, Juan Alonso (IV marqués de Santa Cruz de Marcenado). En otros dos matrimonios posteriores casó con María Teresa Roig de Magriña, con quien tuvo dos hijos, y con María Antonia Bellet de Miporquer que le dio tres hijos y una hija. Los hijos siguieron la carrera de las armas.

Los señores de la casa de Navia se habían relacionado tradicionalmente con el mar, de ahí que la vocación marinera de Álvaro José le llevara a la realización de grandes gestas y a la propia muerte en defensa y reconquista de la plaza norteafricana de Orán.

Fue un gran tratadista militar. Sus Reflexiones Militares constituyeron una obra fundamental en materia de estrategia bélica, y no sólo eso, ya que se preocupó de las graves cuestiones de Estado afrontadas por la nueva dinastía borbónica iniciada en España con el reinado de Felipe V, a saber la encrucijada de la conservación del Imperio y la encrucijada de la consolidación interna tras el cambio de la Casa de Austria a la de los Borbones. Como militar, como político y como diplomático tuvo un importante protagonismo en la historia de su época, tanto en los asuntos relacionados con la política española como con la europea.

Con tan sólo dieciocho años de edad, estuvo al frente del Tercio de Asturias, creado por Felipe V para defender a la nueva Monarquía de los invasores europeos contrarios a los derechos del duque de Anjou como sucesor de la Corona española, tras el fallecimiento, sin descendencia, de Carlos II.

En este cometido, participó en diversas campañas en la frontera septentrional de Portugal, en Ciudad Rodrigo, Aragón, Navarra y Cataluña. En ellas adquirió las primeras experiencias que posteriormente relató en su principal obra, las Reflexiones Militares, editada en Turín entre los años 1724 y 1727.

En el año 1710, y con el Regimiento de Asturias, defendió, frente a las tropas austríacas, las posesiones españolas en Italia llegando hasta la isla de Sicilia. Con la firma de la Paz de Utrecht, España abandonó los territorios de la península itálica a favor de la Casa de Saboya y del archiduque Carlos de Austria.

Años más tarde, fue objetivo del abate Alberoni, impulsado por la política de la reina consorte Isabel de Farnesio, tras su matrimonio con Felipe V, el devolver a España su papel como potencia europea con la recuperación de los territorios perdidos en Italia por el tratado de Utrecht. Isabel de Farnesio tenía, además, otra razón importante como era el nacimiento, el 20 de enero de 1716, de su hijo el infante Carlos (futuro rey de Nápoles y Sicilia y rey de España como Carlos III), para el que defendió los derechos dinásticos, con apoyo del cardenal. Con ese fin, el 9 de junio de 1718 partió de Barcelona una expedición, al mando de José de Patiño, dirigida a la conquista de Sicilia.

Álvaro Navia-Osorio se había incorporado con su regimiento a tal expedición, pero quedó en Cerdeña como gobernador de la plaza de Caller (Cagliari), si bien prestó una importante ayuda a las tropas que luchaban en Sicilia. Por el Tratado de Londres, de 1718, la isla de Cerdeña fue entregada a Víctor Amadeo II, duque de Saboya, y Álvaro Navia-Osorio fijaría su residencia en Turín. En opinión de uno de sus principales biógrafos del siglo XIX, Ángel de Altolaguirre y Duvale, “alejado de la vida activa de la milicia, pudo consagrarse con todo ardor al estudio, y aprovechando sus privilegiadas aptitudes y los grandes elementos científicos con que la capital de Saboya le brindaba, adquirir aquella pasmosa erudición que tanto sobresale en sus obras, al mismo tiempo que con su caballerosidad, y afable trato se captaba la simpatía, no sólo de Víctor Amadeo, que frecuentemente le visitaba, sino de cuantos hombres notables encerraba Turín en las armas, las letras ó las ciencias”.

El marqués de Santa Cruz de Marcenado vivió durante cinco años, de 1722 a 1727, en la Corte de Turín. Sin desempeñar formalmente un cargo diplomático, desarrolló importantes tareas de información y comunicación con el Gobierno de España, sobre asuntos que afectaban a los intereses españoles en Turín, al tiempo que mantenía una excelente relación, propia de un hábil diplomático, con Víctor Amadeo II, duque de Saboya y rey de Cerdeña. A éste dedicó el tomo IX (libro XVII) de las Reflexiones Militares.

En este libro trata sobre la “Guerra defensiva, con distinción de quando y como se han de emplear en ella las Armadas Navales ó las Terrestres, la Fuerza abierta ó el Dinero, Inteligencias y Diversiones. Incluye avisos para Prevención y Socorro de todo género de Plazas, para el establecimiento y conservación de los Quarteles de invierno y para la conducta de las Guardias avanzadas”.

Merece señalarse que al final de este tomo daba los detalles para la formación de un diccionario universal, un importante proyecto de obra que dejó inconclusa y que muestra a Álvaro Navia-Osorio como un ilustrado del siglo XVIII con una visión anticipada de lo que sería años después la Enciclopedia, o Diccionario razonado de las ciencias, artes y oficios (año 1751) de Denis Diderot y Jean d’Alambert.

Las Reflexiones Militares constituyen, en opinión de Jesús Evaristo Casariego, un admirable tratado en el que se establece el perfecto modelo de ejército dotado de una completa deontología castrense y un elevado sentido del honor. El rey Federico de Prusia se inspiró en ellas para llevar a cabo las reformas de sus fuerzas armadas. De igual forma, el tratado militar de Navia, Osorio fue altamente apreciado por Napoleón.

Entre los años 1728 y 1729 tomó parte, en representación de España, en las negociaciones del Congreso de Soissons, en el que se perseguía evitar una nueva guerra europea, consecuencia de la guerra anglo-española motivada por la política austrófila de Isabel de Farnesio. Hasta 1731 permaneció en París, donde fue consultado sobre el proyecto de paz para Europa que había redactado el cardenal Fleury, y gracias a su loable misión diplomática se evitaron graves males para España, pues el proyecto redactado por el cardenal perjudicaba los intereses españoles.

En el año 1731 fue nombrado, por el rey Felipe V, comandante general de la plaza de Ceuta, que estaba amenazada por los moros. El destino dado por el Monarca exigía, pues, una gran confianza de éste en la persona nombrada para el cargo.

En la primavera de 1732, el rey español organizó una expedición, a cuyo mando se encontraba José Carrillo de Albornoz y Montiel, conde de Montemar, para recuperar la ciudad de Orán, perdida durante la Guerra de Sucesión. Montemar entró en Orán en julio de ese año, atemorizando al bey Hacén, que se retiró tierra adentro. Después de organizar la administración española, puso al frente de la plaza, como gobernador, al marqués de Santa Cruz de Marcenado, que en uno de los constantes ataques de los moros (el bey Hacén recobró fuerzas y volvió sobre la ciudad), al hacerle frente con gran valentía, resultó herido y muerto.

El marqués de Santa Cruz de Marcenado fue, además de todo lo dicho, un tratadista de economía como se puede conocer con la lectura de su Rapsodia económico política monárquica. Las cuestiones de Estado que se planteó buscaban consolidar el Imperio en ultramar y el nuevo régimen en el interior de España, lo cual tenía implicaciones militares —a ello dedicó buena parte de su vida— e implicaciones económicas.

Defendió los flujos comerciales que la Península mantenía en régimen de monopolio con sus posesiones americanas, puesto que el comercio internacional o tráfico constituye, en sus palabras, “verdadera piedra filosofal para enriquecer el Reino y hacer al Rey nuestro Señor, el más poderoso Príncipe del Mundo”. No fue, sin embargo, un mercantilista puro, pues creyó que había que hacer a los extranjeros partícipes del comercio con Indias. Sus proposiciones mercantilistas se explican más por la lógica político-militar que por la económica.

También estudió, en su tratado, problemas de tipo monetario y financiero y cuestiones como la lucha contra el contrabando, mediante una rebaja de aranceles, o la racionalización en la cobranza de Rentas Reales, entre otros asuntos.

En el parque de San Francisco de Oviedo se erige un busto en su memoria, realizado en 1984 por el escultor Vicente Santarúa.

 

Obras de ~: Reflexiones Militares, Turín, 1724; Rapsodia económico política monárquica. Comercio suelto, y en compañías general, y particular, en México, Perú, Philipinas y Mofcovia: Población, Fábricas, Pefquería, Plantíos, Colonias en África: Empleo de Pobres, y de Vagabundos: Y otras ventajas, que fon fáciles a la Efpaña con los medios aquí propueftos, extractados, ò commentados, Madrid, Oficina de Antonio Marín, 1732 (ed. facs., Oviedo, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1984).

 

Bibl.: J. F. Mairesse et al., Reflexiones militares del mariscal de campo don Alvaro Navia Osorio, vizconde de Puerto [...], Tomo primero [-X], Turín, 1724-1727; A. Vimercato, Reflexiones militares del Vizconde de Puerto. Parte segunda, t. IV, Turín, 1725; J. Senén de Contreras, Compendio de los veinte libros de Reflexiones militares, que en diez tomos en quarto escribió él Teniente General Don Alvaro de Santa Cruz de Marcenado, Madrid, Imprenta Real, 1787; J. Almirante, Bibliografía militar de España, Madrid, Imprenta y Fundición de Manuel Tello, 1876; M. Pedregal y Cañedo, “Rapsodia económica político- monárquica del Marqués de Santa Cruz de Marcenado”, en La Ilustración Nacional, año V, n.º extraordinario, (1884); J. de Salas, Reflexiones militares del Vizconde de Puerto [biografía de D. Álvaro de Navia Osorio], Barcelona,1885; A. de Altolaguirre y Duvale, Biografía del Marqués de Santa Cruz de Marzenado, Madrid, Imprenta del Cuerpo Administrativo del Ejército, 1885; J. de Madariaga y Suárez, conde de Torre-Vélez, Vida y Escritos del Marqués de Santa Cruz de Marcenado: Obra que obtuvo el Primer Premio por unanimidad en el Certamen convocado por la Junta Directiva del Segundo Centenario de dicho Marqués de Marcenado en 1885, Madrid, Est. Tipográfico de Enrique Rubiños, 1886; M. Fuertes Acevedo, Vida y escritos del Marqués de Santa Cruz de Marcenado [Don Álvaro Navia-Osorio], Madrid, Est. Tipográfico de Enrique Rubiños, 1886; M. Carrasco Labiada, El Marqués de Santa Cruz de Marcenado: noticias históricas de su vida, sus escritos [...], Madrid, Imprenta del Depósito de la Guerra, 1889; M. Sánchez del Arco, El Marqués de Santa Cruz de Marcenado, Madrid, Editora Nacional, 1945; VV. AA., El Marqués de Santa Cruz de Marcenado 300 años después, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1985 (espec. G. Anes, “Solar, familia y obra del Marqués de Santa Cruz de Marcenado”, págs. 111-144; M. J. González, “El ideario económico del Marqués de Santa Cruz de Marcenado”, págs. 60-71); D. Mateos Dorado, Obras selectas (de Grandes autores asturianos), Oviedo, Hércules-Astur de Ediciones, 1992; A. Galmés de Fuentes, Las ideas económicas del tercer marqués de Santa Cruz de Marcenado, Madrid, Real Academia de la Historia, 2001; J. I. Gracia Noriega, “El marqués de Santa Cruz de Marcenado: un soldado ilustre”, en La Nueva España, 18 de agosto de 2005.

 

Manuel Jesús González González