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Patricio de la Escosura Morrogh

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Biografía

Escosura Morrogh, Patricio de la. Madrid, 5.IX.1807 – 22.I.1878. Militar, político y literato.

Patricio Pedro Celestino Jerónimo de la Escosura nació en Madrid, el día 5 de septiembre de 1807, en la calle de Francos, en el seno de una familia privilegiada en el orden intelectual y ejemplar en los demás aspectos. Él mismo en sus Recuerdos literarios, unas memorias escritas en la edad madura y publicadas en la Ilustración Española y Americana, 1876-1877, alude al ambiente propicio que le rodeó desde el primer sollozo de su cuna. Por ello se mostró siempre agradecido a sus progenitores, que supieron inculcarle ya desde niño una buena educación y los altos valores del honor y la piedad.

Muy pequeño aún, en 1814, se trasladó a Valladolid, donde había sido destinado su padre como tesorero de ejército de Castilla la Vieja. En esta ciudad pasó la infancia, entre sus estudios de lengua latina con un religioso dominico del colegio de San Gregorio primeramente, y más tarde de Filosofía en la universidad durante dos años. Tan interesantes como las lecciones que recibía en los dos lugares señalados, fueron las de un canónigo, Tomás González, que se encargaba del arreglo del archivo de Simancas. Con él iba a menudo, recorría los amplios salones del castillo y saciaba las curiosidades que sentía acerca de la historia de la guerra de las comunidades y sus bravos caudillos. Fruto de estas lecciones y recuerdos es uno de sus poemas que se cita siempre como ejemplo del más exacerbado romanticismo: el conocido cuento romántico en verso que lleva por título “El bulto vestido de negro capuz”, sobre el ajusticiamiento de un comunero castellano.

Para su traslado en 1820 de Valladolid a Madrid, donde había de asentarse con su familia, es preciso seguir, lo mismo que para tantas otras noticias, la fuente fidedigna de sus Recuerdos literarios. Por ellos se sabe que en este momento asiste al colegio de los padres Agustinos, llamado Doña María de Aragón, para proseguir los estudios de letras que, iniciados en la ciudad del Pisuerga, no pudo terminar a causa del repentino traslado de su padre. En este colegio en el que tuvo por condiscípulos y amigos a Miguel Ortiz —quien había de estar unido también a Escosura en la Sociedad de los Numantinos—, a Flórez Calderón y al más tarde ilustre orador Salustiano Olózaga, empezó a despertarse el espíritu rebelde que anidaba en el ánimo de Escosura. Ya entonces participaba en algaradas en el colegio y hasta en las calles madrileñas cantando el Trágala. También por estas fechas conoció a Espronceda, su más caro amigo y que lo fue hasta el momento de la temprana muerte del gran lírico romántico. A continuación vinieron para él otras amistades, una de ellas la de Ventura de la Vega.

Desde el colegio de Doña María de Aragón pasó Escosura, por mandato de su padre, a la Universidad Central a estudiar leyes —estudios que no llegó a terminar— y a asistir para su completa formación a las clases que Alberto Lista impartía en su propia casa de la calle de Valverde. En esta vivienda de lóbrego aspecto recibió, junto con Pezuela, Ochoa, Ventura de la Vega, Espronceda y otros más que forman la joven generación romántica de escritores y políticos, sabias lecciones de literatura, historia y matemáticas, a la par que las ideas políticas del ilustre pedagogo.

La influencia de Lista está presente en todos ellos, pues todos compartieron con su maestro el gusto por la política y la literatura. Es, sin embargo, Escosura quien siguió más de cerca al sabio humanista. En lo literario, en la preferencia por el Siglo de Oro, como lo dejó patente en varios artículos que escribió más tarde, y en los que se muestra defensor acérrimo del teatro español de la época áurea. En lo político, en esa actitud exaltada de la adolescencia que le llevó a participar en la sociedad secreta de Los Numantinos, o más tarde a afiliarse a la Unión Liberal y a dirigir El Progreso, por citar los casos más significativos.

En 1824, al ser descubierta la pequeña logia masónica de Los Numantinos que habían formado Escosura y sus íntimos amigos para vengar la muerte de Riego, y al ser sentenciados a reclusión en diversos conventos todos sus miembros, Jerónimo de la Escosura, como medida de precaución ante un hecho tan grave, envió a su hijo a Francia. De la estancia en París da cuenta Ferrer del Río en su Galería de la literatura española presentando una imagen de Escosura idéntica a la del estudiante calavera y bohemio de todas las épocas. Dos años después, tras una breve estancia en Londres, donde tuvo la oportunidad de tratar con muchos emigrados españoles, y cuando ya todo lo relativo a Los Numantinos se había calmado, regresó a Madrid.

De nuevo vuelve con sus antiguos condiscípulos y con Lista, si bien por poco tiempo ya, dado que Escosura que desde niño se había sentido atraído por la vida militar, por emular a su padre y por vocación propia, entra en el palacio de Buenavista gracias a la protección de O’Donnell, director entonces del arma de Artillería. De esta manera se inicia en la vida militar.

En 1828 está como cadete en el Real Campamento de Artillería, al siguiente año obtiene el grado de subteniente, en 1831 el de alférez, y en 1835 en recompensa a sus acciones al lado del general Córdoba en los puestos de mayor peligro en las guerras carlistas, el grado de capitán de Infantería, según consta en su expediente del Archivo General Militar de Segovia.

Estando en el Ejército del Norte, Escosura quiso contraer matrimonio y verificó su enlace, previa real licencia, con una señorita pamplonica, María Pilar Salvador y Udi. Ferrer del Río relata una anécdota sobre el día de su boda: no teniendo Escosura en su haber —dice— más que tres duros, entregó dos a una sirvienta, para que pagara los gastos del casamiento y él se quedó con el sobrante, montando a caballo al amanecer del día siguiente para librar una batalla. Anécdota acorde con su carácter apasionado en todas las cosas, impaciente, activo e infatigable.

Escosura, que desde muy pequeño se había movido en el mundo de las letras, primero por las amistades de sus padres, más tarde por las suyas propias que le llevaron a participar en las tertulias madrileñas, da la primera obra impresa en 1832. Es la novela histórica El conde de Candespina con la que inaugura su faceta de escritor, y poco después, en 1835, otra del mismo género aunque de mayor calidad, Ni Rey ni Roque. A partir de este momento, surgirá toda su producción literaria inclinada pocas veces al exagerado romanticismo y las más a un romanticismo atemperado. También por estas fechas abandonó la vida militar al ser llamado a Madrid el general Córdoba de quien él era ayudante. Es entonces cuando Escosura deja la milicia y entra en la carrera política en la que consiguió diferentes puestos, más o menos relevantes, hasta llegar a ministro.

A la vez que participa en la vida política, dedica Escosura parte de su tiempo a la literatura, la segunda pasión de su vida. Por entonces se reencuentra de nuevo con sus antiguos compañeros en los salones, teatros y tertulias, como el Liceo y el Ateneo. Cuando estas instituciones se fueron eclipsando porque sus miembros comenzaron a disgregarse, todavía por los años 1845 a 1850, quedó el rescoldo de ellas en el recinto particular de algunos políticos o literatos. Una de las más famosas se constituyó precisamente en la propia casa de Patricio de la Escosura.

Los años de comienzo y esplendor del Liceo coinciden con su primer período fecundo como literato. De 1837 a 1839 son unas cuantas creaciones suyas entre las que predominan las obras dramáticas: Bárbara Blomberg y La Corte del Buen Retiro, para cuya mise en scene de esta última hicieron cuantiosos gastos los empresarios por el lujo de trajes y decoración con que fue presentada la obra. Luego siguieron tres dramas históricos, La aurora de Colón, Don Jaime el Conquistador e Higuamota, además de poemas sueltos y numerosos artículos publicados en 1839 en El Entreacto, la mayoría dedicados a hablar del teatro en general —situación de los teatros de Madrid, su organización, problemas y soluciones—. Temas que él conocía muy bien por haber formado parte de la Junta que se estableció para la lectura, examen y admisión de piezas dramáticas de los teatros de El Príncipe y de La Cruz. No obstante este primer período de fecundidad literaria, toda su vida iba a ser una continua creación, pues fue escritor infatigable hasta el fin de sus días, si bien hay momentos marcados por una mayor creatividad, como éste en su juventud, otro en su mediana edad y el último en los años próximos a su muerte.

En estas circunstancias se produjo un hecho relevante que iba a auparle en su carrera política. Tal fue la caída de la reina regente María Cristina provocada por Espartero. Aunque Escosura intentó por todos los medios evitar el pronunciamiento, no lo consiguió y tuvo que huir, para ponerse a salvo, a Valencia y desde allí a Francia donde permaneció hasta 1843. Los tres años que duró el destierro no fueron para él muy felices, según los detalles amargos que relata en diversos pasajes de su novela El Patriarca del Valle.

Pero tampoco lo fueron de inactividad, ni política ni literaria. Así pues, participó en una conspiración a favor de la Reina con los emigrados existentes en diversas ciudades francesas. Para ello, entre Narváez, Córdoba y O’Donnell constituyeron la llamada Sociedad Militar, en la que le tocó el cargo de secretario. El pronunciamiento que había comenzado en Andalucía fue seguido en Cataluña y en Madrid, y Espartero hubo de huir a Inglaterra. En esta situación favorable y ayudado por el gobierno de los moderados, Escosura comienza a ascender en la carrera política: desde la Subsecretaría del Ministerio de Gobernación en 1843, pasa a obtener el cargo de ministro de esta misma cartera en 1847. A ello contribuyó el celo de Escosura por descubrir al autor de un atentado contra la Reina y los sobrados méritos conseguidos a pulso años atrás. En este tiempo se produce también un cambio notable en su pensamiento, el paso del bando moderado al progresista para irse radicalizando cada vez más hasta que, amenazado, hubo de cruzar por tercera vez la frontera.

A su regreso a Madrid después de un año, continuó afiliado a los progresistas hasta convertirse en uno de sus líderes y llegando a formar parte de una comisión para acometer una nueva desamortización de bienes eclesiásticos. Entretanto, continúa su ascenso; primero como enviado extraordinario en Lisboa, y a continuación como ministro de Gobernación por segunda vez, si bien unos incidentes ocurridos en Valladolid, los incendios en varias fábricas de harina, que él no supo o no pudo controlar, le obligaron a presentar su dimisión.

En este estado de gran actividad política, no abandonó Escosura tampoco su faceta literaria. Es éste su segundo período fecundo por la cantidad y variedad de sus escritos: novela, poesía, teatro y otros. Sobresale del conjunto su novelística —El Patriarca del Valle, La Conjuración de Méjico y Estudios históricos sobre las costumbres españolas— y su teatro —Segunda parte de La Corte del Buen Retiro, Las mocedades de Hernán Cortés, El Amante Universal y Las Apariencias, comedias todas—. El motivo de esta vasta producción, justamente cuando tenía mayores ocupaciones, está en que se sentía tan literato como político y en que tenía una gran erudición y capacidad de trabajo.

Entre los años 1858 y 1878 continúa Escosura trabajando sin tregua. Varias veces fue diputado a Cortes por distintas provincias, si bien desde que empieza su tarea en ellas se inicia la etapa más comprometida de su carrera política, dado el radicalismo de sus ideas. Siguiendo la trayectoria de su pensamiento se percibe que fue muy variable a lo largo de los años. Unas veces aparece como moderado, otras como progresista, y al final como radical. Sin embrago, hay una constante siempre en él: su adhesión a la Monarquía, salvo al final que se colocó al lado de la República. El desengaño y la pérdida de sus ideales le volcaron hacia el progresismo, que defendió calurosamente desde su escaño de diputado. Escosura, como tantos otros, quería el progreso del país, pero ¿cómo conseguirlo? Desde la tribuna, sirviéndose de toda su elocuencia, exponía ideas inalcanzables en la práctica. A causa de ello y de los cambios habidos en su pensamiento, hubo de sufrir continuas acusaciones de sus adversarios que parecían unidos para menospreciarlo y acusarle de pasar de un bando a otro para medrar. Sin embargo, en una semblanza biográfica sobre los diputados a Cortes de 1849 a 1850 se lee: “Al que como militar y político ha trabajado constantemente a favor de su patria, no se le puede hacer cargo ninguno porque se haya separado del partido dominante creyendo funesta su política”. Esta frase y otras parecidas le sirvieron para seguir adelante. Así, en 1862, O’Donnell crea para él el cargo de comisario regio de Filipinas, en el que se volcó con entrega absoluta y apasionamiento. A su regreso a Madrid, en 1865, se afilia a la Unión Liberal. Escosura, desde las columnas de El Progreso que entonces él dirigía, alabó la llegada de un ministerio que traía el orden, la libertad y el respeto a la Monarquía. En 1870 al ocupar el trono Amadeo de Saboya y asumir los progresistas el poder, Escosura, cada vez más extremista, se coloca al lado de los radicales.

En estas circunstancias consigue un puesto importante, el último ya, en pago a sus ideas, el de ministro Plenipotenciario por segunda vez; ahora en Berlín, Sajonia, Mecklemburgo-Schwerin, Mecklemburgo- Strelitz y Sajonia-Weimar desde junio de 1872 hasta febrero de 1874 en que es destituido porque en el Gobierno figuraban, casi por mitad, antiguos enemigos suyos. Escosura, fiel siempre a la Monarquía, al renunciar don Amadeo a la corona, no dudó en seguir prestando sus servicios a la República, porque veía que ésta era la mejor solución —dice en una carta enviada tras conocer su destitución—, a menos de caer el país en la anarquía. De esta forma acababa Escosura su tarea en Berlín, con la satisfacción del deber cumplido y la amargura de no serle reconocidos debidamente unos servicios prestados a la patria con lealtad. De esta misma manera también terminaba su vida política activa, que a su regreso a Madrid se redujo a sus actuaciones en el Senado, las propias de un hombre ya acabado. Ahora bien, esta inactividad contrasta con el trabajo literario de estos últimos años: había llegado a su tercer período fecundo en las letras. Lo constituyen varias obras de teatro: ¿Cuál es mayor perfección?, La Comedianta de antaño y Don Pedro Calderón; su novela cuasi autobiográfica Memorias de un Coronel retirado y numerosos artículos periodísticos en las columnas de la Revista de España, amén de en El Progreso, la Revista Contemporánea y en la Ilustración Española y Americana.

No menos estimable es su laboriosidad desplegada en la Real Academia Española, de la que también fue miembro y en la que se refugió para sobrellevar sus últimos días. Hasta que la noche del 22 de enero de 1878, en la calle de la Magdalena, fallecía Patricio de la Escosura. En su entierro, que se verificó al día siguiente, estuvieron presentes varios miembros de la Real Academia, y en el acta de la sesión del 30 de enero figuran en una breve nota estas palabras: “Fue de carácter noble y resuelto, de entendimiento clarísimo, de ingenio pronto y perspicaz y de facundia extraordinaria. Conservó el aspecto físico y el vigor intelectual de la edad viril hasta el fin de su vida”.

La prensa periódica reseñó su muerte en algunos diarios, y sólo El Imparcial del día 23 daba la noticia con mayor amplitud. Después de los datos más destacados del finado, concluía así: “La Academia Española y el Senado han perdido uno de sus miembros más distinguidos; España uno de sus hijos más ilustres. El sentimiento por semejante pérdida será grande, que los hombres como Escosura son raros, y España no está sobrada de tales varones para no lamentar amargamente su pérdida”.

 

Obras de ~: El Conde de Candespina, Madrid, Imprenta calle Amor de Dios, 1832; “El bulto vestido de negro capuz” en El Artista, Madrid, 1835; Ni Rey ni Roque, Madrid, Imprenta de Repullés, 1835; La Corte del Buen Retiro, Madrid, Imprenta Hijos de Catalina Piñuela, 1837; “Recuerdos de Cristóbal Colon”, en Liceo Artístico y Literario, I, Madrid, 1838; La aurora de Colón, Madrid, Imprenta de Yenes, 1838; Don Jaime el Conquistador, Madrid, Imprenta Hijos de Catalina Peñuela, 1838; “Los ojos negros”, en El Panorama, I, Madrid, 1838, págs. 13- 150; Higuamota, Madrid, Repullés, 1839; artículos en El Entreacto, 1839 (vide M. L. Cano Malagón, Patricio de la Escosura: vida y obra literaria, Valladolid, Publicaciones Universidad, 1988, págs. 234 y 235); “Escenas de la Guerra Civil” en El Iris, I, Madrid, 1841, págs. 302-304 y 317-320; artículos en Revista Andaluza, Madrid, 1841, I, págs. 453-461, II, págs. 95 y 96; “Sobre el antiguo drama nacional”, en El Reflejo (Madrid) (1843), págs. 78 y 79; “Estudios históricos, Apuntes sobre la supresión de la Orden del Temple en la Corona de Aragón”, en El Laberinto (Madrid) (1844), págs. 24-41 y 59; Segunda parte de la Corte del Buen Retiro, Madrid, Imprenta Nacional, 1844; Las Mocedades de Hernán Cortés, Madrid, Imprenta de Repullés, 1845; “Introducción al poema titulado Hernán Cortés en Cholula”, en Álbum Literario Español (Madrid) (1846), págs. 126-131; El Patriarca del Valle, Madrid, Est. Tipográfico de P. Mellado, 1846-1847; El Amante Universal, Madrid, Imprenta de Vda. de Jordán, 1847; Las apariencias, Madrid, Imprenta de D. A. Cubas, 1850; La Conjuración de Méjico, México, Tipografía de G. Torres, 1850; Estudios históricos sobre las costumbres españolas, Madrid, 1851; Diccionario Universal del Derecho Español Constituido, Madrid, 1852; España, Napoleón, Roma, Madrid, 1860; Cuestión de Italia, Madrid, 1860; ¿Cuál es mayor perfección?, Madrid, Imprenta de José Rojas, 1862; Memorias sobre Filipinas y Joló, Madrid, 1863; artículos en El Progreso, Madrid, 1865, págs. 20-196; Don Pedro Calderón, Madrid, 1867; La Comediante de antaño, Madrid, 1867; Memorias de un Coronel retirado, Madrid, 1868; artículos en Revista de España, 1869-1877 (vide M. L. Cano Malagón, Patricio de la Escosura, op. cit., págs. 236 y 237); Discurso del Excmo. Sr. D. Patricio de la Escosura, individuo de número de la Real Academia Española, leído ante esta corporación en la sesión pública inaugural de 1870, Madrid, 1870; artículos en Ilustración Española y Americana, 1875-1877, entre los que destacan “Recuerdos literarios”, “Cómo y de qué manera conocí a Espronceda” y “Moratín en su vida íntima” (vide M. L. Cano Malagón, Patricio de la Escosura, op. cit., págs. 237 y 238); “Roger de Flor o los españoles en Oriente”, en Revista de España (Madrid), LIV (1877), págs. 92-109, 190-209 y 464- 484; “En la muerte de Quintana, Canto primero de un poema así titulado, Canto en la Tierra”, en Ilustración Española y Americana (Madrid) (1877), págs. 426, 427 y 430.

 

Bibl.: A. Ferrer del Río, Galería de la Literatura Española, Madrid, Mellado, 1846, págs. 188-201; I. de Lustonó, “Los que fueron. Patricio de la Escosura”, en Ilustración Española y Americana, II (1899); R. Brown, “Patricio de la Escosura as Dramatist”, en Liverpool Studies in Spanish Literature, Institute of Spanish Studies, 1940; A. Iniesta, Don Patricio de la Escosura, Madrid, Publicaciones de la Fundación Universitaria Española, 1958; A. Camarero Gea, “Las noches lúgubres: Historia de un éxito editorial”, en Cuadernos Hispanoamericanos, CXXX (1982); M. L. Cano Malagón, Patricio de la Escosura: vida y obra literaria, Valladolid, Publicaciones Universidad, 1988; “Los recuerdos literarios: otras memorias del siglo xix”, en Castilla (Valladolid), n.º 13 (1988); G. Paglia, Retorica e passione nella poesia romantica di Patricio de la Escosura, Parma, Università degli Studi di Parma-Istituto di Lingue e Letterature Romanze, 1994; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda García, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Editorial Actas, 1998; A. Zamora Vicente, Historia de la Real Academia Española, Madrid, Espasa Calpe, 1999.

 

María Luz Cano Malagón