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Francisco Zumel

Biografía

Zumel, Francisco. Palencia, 1540 – Salamanca, 9.IV.1607. Mercedario (OdeM), teólogo, filósofo, catedrático y general de la Orden.

Nació Francisco Zumel en la ciudad de Palencia, a fines del año 1540, sin que conste la fecha exacta. Erróneamente, en las matrículas de Artes en la Universidad de Salamanca, el 27 de noviembre de 1560 y en 1561 se dice que es “natural de Valladolid”, lo que se reitera el 6 de diciembre de 1563, acaso porque tenía ciertos familiares allí. Se corrige pronto, en la matrícula de los años 1563-1564. El 13 de diciembre de 1564 ya el amanuense se expresa correctamente: “Fray Francisco Zumel, natural de la ciudad de Palencia, presbítero, teólogo” (AUS, sign. 281, fol. 14).

La familia tenía escudo de armas. Es probable que Zumel haya sido enviado a Salamanca, ya de joven, y que su ingreso se haya hecho en la Vera Cruz salmantina de la Merced. De hecho profesa en el convento de la Merced de Salamanca el 1 de diciembre de 1556. Debió, pues, ingresar con la vestición del hábito en 1555. He aquí la fórmula de su profesión —llegada gracias al mercedario P. Marcos de Ostos, luego arzobispo de Salerno— cuyo manuscrito se halla en la Biblioteca Nacional, y cuya versión castellana es: “Yo, fray Francisco Zumel, hago profesión y prometo obediencia, pobreza y castidad a Dios y a la Bienaventurada Virgen María, y a ti Rdo. Padre fray Gaspar de Torres, comendador de este monasterio de la Vera Cruz Salmanticense, de la misma Orden, en lugar del Rvdmo. Maestro general y del provincial y sucesores, según la regla de San Agustín y las Costumbres e Instituciones de la predicha Orden; y seré obediente hasta la muerte. En testimonio de lo cual estas presentas letras escribí de propia manu, en el predicho monasterio, en las calendas de diciembre del año del Señor 1556, presentes muchos hermanos; fray Hiérónimo de Villalobos, Vicario; fray Raymundo de Sparza y fray Antonio de Santa María, y otros -fray Gaspar de Torres, Comendador -fray Francisco Zumel -fr. Joan Chuzón -fr. Hernando de Canales”.

Después de profeso tardó un par de años en matricularse en la Universidad. Aparece Zumel por vez primera en la matrícula del curso 1558-1559; y la del año 1563-1564 dice “que era presbítero, teólogo”. Debió de ordenarse, pues, entre el 29 de noviembre de 1562 y el 6 de diciembre de 1563, fechas de ambas matrículas.

Finalizados sus estudios a los veintisiete años, es enviado a Alcalá de Henares, para ser “juez conservador de la Universidad”, privilegio que ostentaba la Merced, y más tarde se lo arrebatarán los obispos, no sin pleitos previos. Pero se ve que no eran esas sus ambiciones, dado que regresa a Salamanca, donde se documenta ya en diciembre de 1569, haciendo su primera oposición en un curso de Artes, que obtiene con mayoría destacable, siendo proveído en dicha cátedra el 2 de diciembre de 1570, a los treinta años, sin más títulos que el de bachiller y presentado.

Entonces era rector de la Vera Cruz el maestro fray Gaspar de Torres, “de quien recibió Zumel la primera formación religiosa y científica que le puso en camino de ser lo que fue, y a quien veneró siempre como a su maestro predilecto y le consagró los mayores elogios” (G. Vázquez). Gaspar de Torres fue profesor en Salamanca desde 1542 hasta 1584, en que fue nombrado obispo de Sevilla. El P. Torres fue cancelario de la universidad salmantina y uno de los de mayor fama de dicha universidad. Más tarde —como Provincial, con plenos poderes, de Castilla, Portugal, sus colonias, y lo que se descubriese— tuvo que organizar las primera provincias del Nuevo Mundo, así como nombrar vicarios y visitadores. Junto a él, Zumel recibió la tradición cultural de la Vera Cruz de otros mercedarios: estaba viva la memoria reciente del P. fray Domingo de San Juan del Pie del Puerto —venido a Salamanca desde la Sorbona—, el humanista fray Pedro de Salazar, opositor a la cátedra de trilingüe y creador de un ambiente “filorrenacentista en la Merced”. Otro compañero de Zumel fue fray Gregorio de Arcisio, que mandan trasladarse de París a Salamanca, para mantener la fama sobre Alcalá. Éste fue profesor de Lógica y gran humanista: hablaba a perfección la lengua griega. En Salamanca fueron también conocidos, y de modo especial por Zumel, los escritos de fray Jerónimo Pérez, primer profesor de los jesuitas de Gandía, amigo íntimo de san Francisco de Borja, y que había fallecido en 1549. Encontró, por consiguiente, Zumel un ambiente selecto en el colegio Mercedario de la Vera Cruz de Salamanca. Por lo demás, graduados y maestros gozaban entonces de grandes privilegios, según las Constituciones.

En posesión de la Cátedra de Artes, pensó en graduarse, para tener asiento en claustros. Decidió comenzar por el grado de Teología, más difícil que el de Artes. Se prepara durante los primeros meses de 1571, y aprobó el examen “unanimiter et prorsus nemine discrepante”: era el mes de mayo de dicho año, ante el tribunal formado por Antonio de Solís, fray Luis de León, Cantalapiedra, Mancio, Guevara y varios más. Asistirá pronto a claustros: el 5 de marzo de 1572, por vez primera, y es nombrado diputado. No debió de consagrar mucho tiempo a lo administrativo. Apenas tenía tiempo para atender a su cátedra. Recibió multas y medias multas. Era, a la vez, rector o comendador del colegio mercedario de la Vera Cruz. La provincia le hizo “Maestro de Número”.

Muy pronto decide opositar a la ansiada cátedra en propiedad. En aquella época los alumnos de las diversas órdenes y congregaciones religiosas, residentes en Salamanca, tenían voto en dichas oposiciones. Pero estaba reglamentada la relación con los opositores, para evitar influencias, que, de todos modos, existieron. El benedictino García del Castillo superó a Zumel, en 1573, por 185 votos contra los 110 del mercedario. En cualquier oposición no ganada, queda en el segundo lugar, eliminando a los demás siempre. Zumel va a pasar buena parte de su docencia salmantina, alternándola con oposiciones a diversas cátedras, siempre muy “reñidas”.

En el claustro pleno del 10 de marzo de 1576, Francisco Sumuel “pedía mudar la lectura de física por la de metafísica”. Hubo apasionamientos y profesorales: se oponen los dominicos con gran tenacidad; van a favor de Zumel los agustinos. Al final, triunfa la propuesta de Zumel por mayoría considerable. Él sigue explicándola con aprobación del rector, sin que cesase la controversia, que vuelve a renacer en 1600. En 1570, el 23 de diciembre leía Física de Aristóteles, con gran concurrencia de alumnos. Luego, explicará, alternativamente, Física y Lógica. Es a partir de 1576 cuando lee definitivamente Metafísica, y está satisfecho del éxito obtenido.

Un año significativo es el de 1578, por la personalidad de su “opositor”, fray Luis de León —que acababa de salir del calabozo en que le tuvo varios años la Inquisición, entre otras razones, por haber traducido, directamente del hebreo, El Cantar de los Cantares—, y ambos opositaron a la cátedra de Durando. Hubo cartas acusatorias por ambos lados —hoy publicadas en la revista de los Agustinos—, y obtuvo la cátedra fray Luis, por 301 votos contra 122. Descartados los recursos agustinianos puestos en juego —como señala G. Vázquez— “fue una gloria para Zumel el poder competir con su antiguo maestro, a pesar de la diferencia de edad y de méritos, y del apoyo, personal y pecuniario, que los separaba”. Fray Luis tenía entonces cincuenta y un años, y había servido veinte a la universidad.

Queda libre la Cátedra de Súmulas el 11 de agosto de 1579 —año del nacimiento de Tirso de Molina—, y oposita Zumel y varios más. La ganó el maestro Miguel Francés, por 1.140 cursos contra los 1.055 de Zumel, meses después, cumple cuatro años de su cátedra de Física, habida sin oposición. Le interesa ahora la cátedra de Filosofía Moral, la de fray Luis de León, abandonada por la de Biblia, más en conformidad con sus capacidades y deseos. Zumel tenía a Curiel como contrincante —al que apoyaron agustinos y benedictinos—, y la alcanzó Zumel, a pesar de todo, por 320 votos personales contra 260 de Curiel. Es proveído de dicha cátedra el 18 de enero de 1580.

Por fin, era “profesor inamovible”, en una de las cátedras más codiciadas. Le bastaron diez años de enseñanza para alcanzarla, a sus cuarenta años de edad. Zumel ya no hizo más oposiciones. Como no era siquiera maestro en artes, tuvo que graduarse en breve, para alcanzar el sueldo debido; sino tan sólo percibiría la tercera parte. Sufrió el examen el 18 de mayo de 1580, aprobándolo “nemine discrepante”; recibe el grado más tarde: el 10 de julio de dicho año.

Su prestigio fue en aumento. Cuando surge la famosa controversia entre jesuitas y dominicos sobre “el libre albedrío”, llamada también “De auxiliis”, en la que se mezcla fray Luis de León, defendiendo ardorosamente a los dominicos, lleno de ímpetu, y llamando “luteranos a los contrarios”, e interviene la Inquisición procesando nuevamente a fray Luis, Zumel declara un par de veces, para calmar los ánimos llenos de pasión de multitud de testigos. Con todo, estuvo “algo duro contra Fray Luis”, asevera G. Vázquez, buen conocedor del caso. Los verdaderos enemigos los tenía, sin embargo, en los mismos agustinos.

Preparaba Zumel para la imprenta sus Comentarios a la Suma de Santo Tomás, en latín. Se retarda, y el primer tomo sale a luz en 1585. Trata en él, con detenimiento, profundidad, y lucidez, las relaciones entre libre albedrío y predestinación. A los pocos meses, se agota. Según se dejó indicado, después del maestro fray Gaspar de Torres, en la Vera Cruz de Salamanca, el más prestigioso era el maestro Zumel. Desempeñó el cargo de comendador o rector la mayor parte del tiempo. El año 1574 asiste al capítulo general como definidor, en Guadalajara. Lo hacen los “Visitadores Apostólicos”, un par de dominicos nombrados por Roma, con el visto bueno de Felipe II, para “reformar” la Orden de la Merced, como había mandado el Concilio tridentino. Es reelegido como comendador- rector de la Vera Cruz de Salamanca para el trienio 1582-1585, y concurre al Capítulo Provincial de Castilla, en Toledo al final de su trienio. Se nombra a Zumel provincial “de Castilla y Portugal y de las Islas del mar Océano”: será quien tenga el honor de ser el último provincial con poderes tan amplios, ya que en el siguiente capítulo la Provincia se divide en dos: del Guadiana hacia el sur, será la nueva Provincia de Andalucía; al norte, la de Castilla.

A Zumel se debe todo cuanto de interés la Merced ofrece, tanto hacia dentro como en la Universidad de Salamanca. Durante su provincialato fue significativa su colaboración al elegir general de la Orden, cargo vacante desde hacía cinco años. Logró, en diciembre de 1585, una provisión real para que los Mercedarios tuvieran uno de los Actos mayores de Teología —sólo eran ocho—, que cada año se celebraban en la Universidad salmantina. Muchas comisiones recayeron sobre él, para honor de la Orden y de la Universidad.

Asiste al capítulo general de Zaragoza en 1587: en él es elegido el P. fray Francisco de Salazar. Apoyó Zumel al nuevo general, y su apoyo fue decisivo. Con esta oportunidad se envió a Roma al P. fray Francisco de Torres, fraile habilísimo que, apoyado por Felipe II, obtuvo la confirmación de todo lo aprobados en los anteriores Capítulos. Le debe a Zumel la Merced —en opinión de Guillermo Vázquez— “su organización moderna”. Gracias a él se “renunció a los privilegios de la Provincia de Castilla” —casi independiente—, y se devolvió así a la Orden la “unidad de gobierno”. Se consolida y se lleva a plenitud el año 1588, al dar origen Castilla a la Provincia de Andalucía. Urgían unas nuevas Constituciones, y es Zumel quien las promulga, basándose, sin duda, para su redacción, en las de Gaspar de Torres, que nunca tuvieron vigencia en su tiempo. Además redactó unos eruditos comentarios a la Regla y a las nuevas Constituciones, e hizo unas biografías de los generales.

Finalizado el provincialato, es elegido definidor provincial en el capítulo de Toledo (1588), y continúa siéndolo en el de Guadalajara (1591), en que se le nombra Comendador de Salamanca, acaso porque ya, por esas fechas había iniciado la obra de restauración del Colegio de la Vera Cruz. Actualmente subsiste parte del edificio, restaurado para facultad universitaria. La iglesia fue bombardeada por Wellington cuando tomó la ciudad al comienzo de la batalla de Arapiles.

Acabado el sexenio del general Salazar —primavera de 1593— “el rey Felipe II mandó carta a los vocales, en la que manifestaba su deseo de que fuese elegido el Maestro Zumel, y que con ello tendría singular complacencia. Esto inclinó la balanza a su favor, y el 5 de junio fue, por unanimidad, proclamado General de la Orden” (G. Vázquez). Los decretos capitulares, más tarde, son confirmados con bula especial e incorporados a las Constituciones. Pocos y prácticos, lograron la paz en la Orden. No hubo que acudir nunca a Roma, ni él solicitó privilegios, de los que era enemigo. Durante su sexenio presidió varios capítulos provinciales, con autorización del claustro universitario. Lo logra, “con salario y residuo”, aunque “sin jubilación”. He aquí los Capítulos que preside, sucesivamente: el de Castilla (Segovia, 23 de abril de 1593): es elegido el P. fray Juan Negrón, catedrático de Valladolid y predicador; Cataluña, Aragón y Navarra (10 de mayo, en Calatayud): es elegido el P. maestro fray Miguel Perlas, el primero que logra que se celebre con solemnidad la fiesta de María de la Merced en la dominica infraoctava de San Lorenzo, fecha de la fundación de la Orden —luego pasaría al 24 de septiembre, hasta hoy día—; Andalucía (en Écija): sale elegido provincial fray Juan Bernal, santo y sabio religioso, dibujado en sus Retratos por Pacheco, el suegro de Velázquez.

En 1596, se celebró capítulo general “intermedio” en Valladolid. Zumel se mostrará rígido con la solicitud de grados y distinciones, como estímulo de los frailes españoles, únicos que asisten. Promovió, eso sí, las redenciones de cautivos, que en el último año de su provincialato había organizado: en tres redenciones en Fez, Marruecos y Tetuán, redimieron 130, 208 y 279 cautivos. Muchos eran clérigos, mujeres y niños, que costaron una gran suma de dinero. Al cumplirse sus seis años de general, se convocó capítulo general en Valladolid (29 de mayo de 1599): sólo acudieron los Provinciales de Europa y sus acompañantes, “pues los americanos habían acordado darse de baja en tales reuniones a causa de las distancias y del tiempo que habían de perder en ir y volver”. Fue elegido general, por unanimidad, el provincial de Aragón, el maestro P. Pedro Balaguer. Zumel se retira, definitivamente, a su Salamanca, y allí se dedicará de lleno a sus estudios en la cátedra, y a los libros. Todos reconocían su autoridad.

Muerto, en 1600, el maestro Guevara, decano de la Facultad de Teología, Zumel le sucede: Significaba presidir juntas y cuidar de la capilla universitaria, y otros aspectos de administración. Se dejó sentir su mano y su capacidad en todo. A los veinte años, pues, de haber ganado la cátedra, pide al claustro, en 1601, la jubilación. Le es otorgada, y sale a oposición su cátedra. Nunca, sin embargo, abandonó Zumel la universidad.

Trabajó todavía con intenso celo, interviniendo en asuntos personales difíciles, siempre con mano certera y éxito. Ciertas teorías de jesuitas negaban ser de fe divina que Clemente VIII fuese verdadero sucesor de Pedro. Zumel envía su defensa al Papa. Recibe, en compensación un breve lleno de emoción y encomios. Traducido libremente del latín, viene a decir: “dilecto hijo francisco zumel, de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, Maestro en Sagrada Teología, clemente papa viii. dilecto hijo, Salud, y Apostólica bendición. Hace tiempo era conocida por Nos tu virtud, y tu insigne doctrina, y lo que es capital, el ardor de tu Fe Católica, y la devoción hacia Nos, y hacia esta Santa Apostólica Sede, en la cual Nos, humilde e indigno (siendo autor de ello, con todo, el Espíritu Santo) presidimos; lo cual también el venerable Hermano Domingo, Arzobispo Sypontino, nuestro Nuncio Apostólico en España, en varias ocasiones testimonió tu mucha devoción y alabanza, etc. Pero todo esto de modo más manifiesto hemos conocido, y tuvimos de ello pruebas, por tu propio Comentario, que con tu celo y a través del mismo Nuncio escribiste, para que aquellas personas, consideradas por muchos amantes de novedades (no digamos cosa más grave de ellas) vieran refutadas sus opiniones, aseverando y poniendo de relieve la verdad en cosa grave.

Alabamos tu piedad de hijo, y te encomendamos a Dios por el mérito con el cual tu ciencia, que recibiste del Padre de las luces, y diriges y encaminas enteramente a la edificación del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Y en ello mismo manifiestas no sólo poseer la ciencia, que con frecuencia enorgullece, sino también la caridad, que siempre edifica. Conocido, pues, este tu trabajo, y la erudita elucubración que sería muy grata para Nos; y para ti aquello, esto también; en las cartas me complació significarlo; para que sepas cuán amado eres por Nos; y para que todo, entre los más estudiosos y ardientes, redunde en favor de tus vigorosos trabajos en la viña del Señor de las Alturas, y los talentos que te otorgó el gran Padre de las familias, fiel y fructuosamente negociares. Por lo cual, impartimos para ti nuestra Apostólica bendición. Dado en Roma junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día 10 de marzo de 1603. De nuestro Pontificado, Año XII. El Cardenal Silvio Antoniano”.

Reproduce esta Carta papal a Zumel el mismo Tirso, en su Historia, y el P. Fr. G. Vázquez, en su memoria de doctorado: El P. Francisco Zumel, general de la Merced y catedrático da Salamanca (1540–1607). Memoria del Doctorado en Filosofía y Letras (Madrid, Tip. de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1920). Esta es la carta de Clemente VIII al maestro mercedario Zumel. Se deduce que Zumel escribe antes carta al Papa, no sólo para sacar partido de la controversia contra Luis de Molina —él estuvo de parte de Báñez, dominico, con matices personales—, sino porque el Nuncio personalmente le había pedido que defendiese la verdad católica. El Papa, al parecer, por mediación del Nuncio “invita al mercedario a que se traslade a Roma para colmarle de favores. De esto consta por una carta de Zumel escrita al procurador de la Merced en la Curia Romana” (V. Muñoz). Sin duda que Zumel se sintió halagado por la carta y la invitación del Pontífice, sobre todo si sabemos que había sido acusado por el jesuita Luis de Molina ante la Inquisición y ante la Santa Sede considerándolo como hereje. Todos creían poseer la verdad en cuestiones disputadas; pero también todos sabían defenderse personalmente ante las respectivas autoridades y tribunales.

Asiste a los claustros por última vez el 24 de marzo de 1607. Y el lunes santo, 9 de abril de dicho año 1607 fallece, lleno de méritos, a sus sesenta y seis años de edad y cincuenta y uno de profesión religiosa. Predicó sus honras fúnebres en la iglesia de la Merced de Salamanca el dominico padre maestro Luis de la Oliva, destacando sus admirables servicios a la Iglesia, a la sociedad, a la Orden de la Merced, a la Universidad y a la escuela tomista (excepto en lo de la Inmaculada Concepción —que el dominico no dijo en su sermón de exequias—, pero que el mismo Zumel dejó dicho en su último Capítulo General: “Sígase en todo la doctrina de Santo Tomás de Aquino, excepto en lo que atañe a la Inmaculada Concepción de María”). La doctrina de Zumel hizo escuela después de su muerte, en la generación siguiente: más que a Báñez y a Molina, contrincantes apasionados, sobre todo en el problema de las relaciones entre la inhabilidad divina y la libertad humana, se sigue la doctrina ecuánime del mercedario.

Obras de ~: De initio ac Fundatione sacri ordinids B. Mariae de Mercede redemptionis captivorum, Salmanticae, 1558; De Deo, eiusque operibus [...] Tomus Primus [...], Salmanticae, Excudebat Petrus Lassus, Anno MDLXXXV [1585]; De deo, eiusque operibus [...] Tomus Secundus [...], Salmanticae, Excudebat Petrus Lassus, Anno MDLXXXVII [1587]; Regula et Constituciones Fratrum Sacrei Ordinis Beatae Mariae de Mercede Redemptionis Captivorum, Salmanticae, Cornelius Bonardus, MDLXXXVIII [1588]; Incipiunt Constituciones Fratrum Sacri Ordinis Beatae Mariae de Mercede Redemptionis captivorum, Salmanticae, 1588; InstructiOfficiorum Ordinis B. Mariae fde Mercede redemptionis Captivorum, seu Formularium, Salmantiace, Excudebat Cornelius Bonardus, 1588; De Vitis Patrum et Magistrorum generalium, Ordinis Redemptorum Beatae Mariae de Mercede, Brevis historia, s. l., s. f.; De Deo eiusque operibus [...] Tomus Primus [...] Salmaticae, excudebat Ioannes Ferdinandus, MDXC [1590]; In Primam Secundae S.Thom [...] Comment [...], Tomus Primus, Salmanmticae, Excudebat Ioannes Ferdinandus, MDXCIIII [1594]; In Primam Secundae S. Thom. Comment [...] Tomus secundus, Salmanticae, Excudebat Ioannes Ferdinandus, Anno MDXCIII [1593] [sic]; Capitulum Generale intermedium celebratum Pintiae, Anno Domini Millesimo quingentesimo nonagesimo sezto. Decreta reformationis Cap. Generalis, Pintidae, Anno 1596; R.P.F. Francisci Çumel Palentini a Pintia, Apud Salmanticenses Doctoris Doctoris Theologi [...] In Primam D. Thomae ante vulgatas editiones recognita, enmendata [...], Venetiis, Apud Floravantem Pratum, MDXCVII [1597]; Manuale Chori ac Processioneum, et forum, quae in Ecclesia dici debent, secundum morera sacri Ordinis Beatae Mariae de Mercede, Redemptionis Captivorum, Salmanticae, apiud Ioannes Ferdinandum, MDXCVIII [1598]; R.P.F. Francisci a Pintia. Apud Salmanticenses, Theologi eiusdemque Gymnasii professoris, ac Beatissi. Virginis mariae de Mercede de Observfantia Ord. Redemptorum Castellae, Vandaliae, Ñlusitaniae, etc. Provintialis. In Primam D. Thomae Partem Comentaria [...], Venetiis, Apud Floravantum Pratum, MDCI [1601]; Santissimo Patri, et DominoNostro Paulo V. Pontf. Max. Franciscus Çumel, Decanus Salmanticensis Academiae, instituti B. Mariae de Mercede Redemptionis Captivorum, Haec dicta, et consecrat.- Defensio Iustificationis, et processus censurarum ac mandatorum D.N. Pauli. Pontificis Romani, Monarchae totius Ecclesiae, contra injusta decreta Senatus Venetorum; quipus contra Ecclesiae, libertatem, et inmunitatem eius, ret contra autoritatem Pontificis processise voluerunt, s. l., s. f.; Excellentissimo Principi D. Domino Francisco Gomezio de Sandoval et Rojas, Duci de Lerma, Marchioni de Denia et Cea [...], ts. I, II et III, Salmanticae, Excudebat Artus Taberniel, Anno 1608; De Deo eiusque operibus [...], Lyon, 1609; Variarum Disputationum R.mi Patris Magistri Francisci Çumel Ordinis B. Mariae de Mercede redemptionis Captivorum [...] Tomi Tres [...], Lugduni, Sumptibus Ioannis Pillebotte, sub signo Nominis Iesu, MDCIX [1609]; Argucias, et Neotericorum cabillationes adversus ejes typis datam doctrinam noviter inventas solvere, et Thomistarum sentencias in tuto collocare [Sólo se tiene de esta obra la noticia que ofrece Hardá, quien afirma conocer dos copias, una en Salamanca y otra en Valencia]; De Anima, ms. [hoy desconocido]; Controversias Metafísicas, ms. [hoy desconocido]; Philosophia ad Tyrones, ms [hoy desconocido]; Explanatio in ethicorum primum librum, ms [citado por Melquíades Andrés; en Biblioteca Capitular de Palencia, n.º 19, fols. 91-148]; Fragmento de Zumel, ms. [citado por P. Cándido Pozo; en Códice Ottoboniano latino 999, Biblioteca Vaticana, fols. 96r – 105r]; Repeticiones, ms [Ejercicios escritos de cátedra, hoy desconocidos]; De vitis Patrum et Magistrorum Generalium, Venetiis, Apud Ioannem Baptistam Albrizzi, Hiern. Fil. et Sebastianum Coleti, MDCCXXXIV [1734]; De vitis Patrum, Romae, Ex schola Typographica Salesiana, Via Marsalia, 42, 1924 ; De initio ac fundatione Sacri Ordinis B. Mariae de Mercede de Di [...] Romae, Imprenta Madre o, Via Tor d’Specchi, 17, 1932; Regla de San Agustín y Comentario a la misma del Rmo. P. Francisco Zumel, Herencia (Ciudad Real), 1957.

 

Bibl.: J. Pérez, Commemtaria in Primam Partem D. Thomae, Valencia, 1549, 2 vols.; A. Brondo, De Arcanis sacrae utriusque theologiae scholasticae et positivae disputationes, Roma, 1614, 2 vols.; B. de Vargas, Crónica sacri et mlitaris ordinis Beatae Mariae de Mercede, redemptionis captivorum, Palermo, Imprenta Juan Maringo, 1619 y 1622, 2 vols.; Tirso de Molina, “Biografía de Tirso”, en Historia de la Orden de Ntra. Sra. de las Mercedes, 1639, t. II, ms. en la Real Academia de la Historia (ed. de M. Penedo Rey, t. II, Madrid, Colección Revista Estudios, 1974); S. de Saavedra, Sacra Deipara seu de eminentísima dignitate Dei Genitricis Inmaculatissimae, Lyon, 1655; N. Antonio, Biblioteca Hispana Nova, Madrid, Joaquín Ibarra, 1783-1788, 2 vols.; J. A. Garí y Siumell, Biblioteca Mercedaria, Barcelona, Imprenta Viuda Pla, 1875; G. Vázquez Núñez, El Padre Francisco Zumel, General de la Merced y Catedrático de Salamanca (1540–1607), Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1920; J. M. Delgado Varela, “En torno al sistema mariológico de Saavedra”, en Revista Estudios (RE), (Madrid), 3 (1947), págs. 8-76; M. Ortúzar, “Las lecturas morales del Padre Francisco Zumel, vistas en sus aspectos principales”, en RE, I (1945), págs. 9-65; II, págs. 40-81 y II, págs. 23-39; “Posición de Zumel frente a Molina”, en RE, VI (1946), págs. 389-422; V. Muñoz Delgado, Conocer es amar según Zumel, Roma, 1950; VV. AA., [Diversos temas sobre aspectos Teológicos en Zumel], en RE, 11 (1955), págs. 219- 241; 12 (1956), págs. 361-400; 13 (1957), págs. 633-648; 13n (1957), págs. 465-504, 17 (1960), págs. 144-148; 17 (1961), págs. 229-248]; V. Muñoz, “Zumel y los Jesuitas (Presentación de una carta inédita)”, en RE, Madrid, 53 (1961), págs. 229- 248; D. Acquaro, “Concepto y trascendencia de lo sobrenatural en Zumel, Madrid, Revista Estudios, 1962; G. Blanco Sahagún, “La inhabitación del Espíritu Santo en el alma justificada, según Zumel”, en RE, 60 (1963), págs. 51-68; “Fuentes y desarrollo de la revelación cristiana, según Zumel”, en RE, 61 (1963), págs. 207-235; Lo sobrenatural, la gracia y la fe en Francisco Zumel, Madrid, Revista Estudios, 1964; Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. IV, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Instituto Enrique Flórez, 1975, pág. 2815; V. Muñoz Delgado, “Francisco Zumel y la ética en Salamanca de 1578-1607”, en Cuadernos Salmantinos de Filosofía, n.º 17 (1990), págs. 143-158; A. M.ª Revilla Gutiérrez, “Francisco Zúmel”, en M. Fartos Martínez, La filosofía española en Castilla y León: de los orígenes al Siglo de Oro, Valladolid, Universidad, 1997, págs. 383-392.

 

Luis Vázquez Fernández, OdeM