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Domingo López Ortega

Biografía

López Ortega, Domingo. Domingo Ortega. Borox (Toledo), 25.II.1906 – Madrid, 8.V.1988. Torero.

Hijo de modestos labradores, fue hermano del matador Luis Ortega. Domingo recibió la instrucción primaria y, a partir de los once o doce años, trabajó en el campo. En su afición a los toros, sin duda, influyó que en las inmediaciones de Borox pastaban los toros de la ganadería de Veragua ya desde los tiempos del rey Fernando VII, “a los que veía casi todos los días cuando iba al campo. Una vez uno me dio un susto. Iba en el carro y uno se había peleado con otro y venía por el camino a todo meter. Yo iba andando detrás del carro. Era un carro sencillo. Iba desde mi pueblo a la finca. Le tiré la manta al lado del carro y el toro salió huyendo por abajo. Iba con mi padre. Mi padre subió, el pobre, arriba del carro y se salvó”, le dice el torero toledano a Antonio Santainés en la biografía 80 años de vida y toros. Este encuentro, que no puede considerarse como la primera vez que Ortega toreó o dio unos capotazos, sí es, en cambio, su primera toma de contacto con los toros. Años después, siendo ya figura del toreo, Domingo Ortega le compró esa finca al duque de Veragua.

En su juventud frecuentó las capeas de su región y el 14 de julio de 1928 estoqueó su primer novillo, de la ganadería de Buenabarba, en la plaza de Vista Alegre (Madrid), “pero no como profesional”, puntualiza Santainés. El 16 de agosto saltó como espontáneo en Almorox, siendo contratado por el alcalde de ese pueblo para lidiar dos novillos al día siguiente. El 17 de agosto de 1928 vistió, por tanto, su primer traje de luces. El día 25 toreó en Cenicientos y el 30 se anunció en su pueblo como Orteguilla, junto a Salvador García, con novillos de Gumersindo Llorente. “Con esta corrida —escribe Antonio Díaz-Cañabate en La fábula de Domingo Ortega— cierra su corta temporada inicial. Y en el invierno ingresa en el servicio militar. Lo destinan a Mérida. Cuatro meses permanece en él. Su prima María Luisa está casada con el comandante Caballero, y, por tanto, no lo pasa mal del todo en la ‘mili’”.

Al año siguiente Domingo Ortega recibió la ayuda y los consejos del veterano novillero Salvador García, también de Borox, que logró que le anunciasen en la plaza de Tetuán de las Victorias (Madrid) el 7 de abril de 1929, alternando con Maera y Pérez Soto. No estuvo mal y repitió actuación el 13 de julio, causando en esta segunda ocasión una mala impresión. Esa temporada toreó diez novilladas. Entre otras localidades menores, hizo el paseíllo en Toledo y Talavera de la Reina, pero sin que su futuro pareciese nada halagüeño. De manera similar discurría la temporada de 1930, hasta que el 6 de septiembre le anunciaron en Aranjuez como sobresaliente de la corrida que mano a mano toreaban Marcial Lalanda y Manolo Bienvenida. Éste le permitió hacer un quite en el sexto toro, media docena de verónicas, tan templadas y con tanta calidad, que le cambiaron la vida a Domingo Ortega. Tras torear algunas novilladas más, el empresario y apoderado Domingo Dominguín (que había sido el empresario de Aranjuez) le contrató de nuevo para torear en la plaza de Tetuán, el 28 de septiembre de 1930, alternando con Miguel Palomino y Tomás Belmonte, festejo en el que Ortega cortó cuatro orejas y dos rabos. Sin saberlo todavía nadie, acababa de nacer una futura figura del toreo. Sin duda que lo intuía Dominguín, porque esa misma noche le firmó un contrato de apoderamiento por cinco años. Repitió Ortega el 5 y el 15 de octubre en Tetuán, en la primera junto a Francisco Rabadán y en la otra en compañía del mexicano Luciano Contreras, y aunque estos días no cortó orejas, Ortega estuvo torerísimo.

A pesar de que la temporada de 1930 estaba tocando a su fin, ésta todavía tenía reservados para Domingo Ortega algunos capítulos trascendentales en su vida: cuatro novilladas consecutivas en Barcelona, festejos que se saldaron con éxito y que fueron definitivos de cara al lanzamiento del torero toledano. Dominguín organizó en la Ciudad Condal, asociado con el empresario Pedro Balañá, una novillada el 26 de octubre, en la que Ortega y Carnicerito de México protagonizaron un festejo memorable, al cortar las orejas y rabos a todos los toros. Repitieron con éxito el 2 de noviembre, y volvieron a torear el siguiente día 9, en esa ocasión en compañía del Niño de la Brocha. Nuevo éxito, nueva repetición —el día 16, ahora con Luciano Contreras—, nuevo lleno a rebosar en la plaza de Barcelona y cuarto y último triunfo de Ortega en menos de un mes. En ese tiempo, aquel sobresaliente sin fortuna que había toreado en Aranjuez el 6 de septiembre anterior, no sólo se había convertido en figura de los novilleros, sino que encaraba con la máxima expectación la alternativa y, de paso, la primera fila del toreo.

El 8 de marzo de 1931, en la plaza Monumental de Barcelona, Gitanillo de Triana (conocido como Curro Puya) le cedió, en presencia de Vicente Barrera, el toro “Valenciano”, de Juliana Calvo, antes Albaserrada y bastantes años después Victorino Martín. Domingo Ortega cortó una oreja del toro del doctorado. Don Ventura escribió en El Día Gráfico sobre este festejo: “Su sello personal, a nada parecido, se acentuó en esta corrida hasta adquirir un relieve vigoroso. [...] Lo admirable de este diestro es que cuando domina, que es trabajo de fuerza, de dinamismo, torea con una suavidad y una finura incopiables”. El dominio y el temple (o la suavidad, que viene a ser lo mismo), esos dos elementos que con perspicacia destaca Don Ventura en la primera actuación de Domingo Ortega como matador de toros, se convertirán en las características esenciales de la tauromaquia del diestro de Borox. El poder y el temple, el látigo y la seda, conjugados a la perfección en un toreo netamente lidiador que hizo un arte supremo su personal manera de torear andando. El 24 de abril de ese mismo año 1931 se repitió en Sevilla el cartel del 6 de septiembre del año anterior en Aranjuez: torean Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida y Domingo Ortega, sólo que ahora éste no iba de sobresaliente, sino de matador de toros y, según el propio Ortega, “cobrando el doble que sus compañeros”.

Sobre esta rápida secuencia de acontecimientos, Don Ventura escribió: “No hay memoria en la esfera taurina de nada tan insólito como esto, ni se puede hablar de Domingo Ortega sin citar dichos antecedentes, porque por sí solos hablan con sobrada elocuencia de su ingénita capacidad como lidiador y de sus enormes posibilidades”.

Confirmó sin éxito el doctorado en Madrid el 16 de junio, alternando con Nicanor Villalta, Félix Rodríguez (que resultó herido grave) y el rejoneador Antonio Cañero. El toro, de la famosa ganadería de Vicente Martínez (en ese momento anunciada a nombre de Julián Fernández Martínez), se llamó “Contador”. El diestro toledano finalizó esa temporada como líder del escalafón, después de haber toreado noventa y tres corridas de toros, contabilizando un único percance de consideración, la cornada que recibió en la garganta el 5 de agosto en Vitoria, y que le impidió torear durante diez días. Fueron numerosos los éxitos logrados esa primera temporada, pero quizá los más sobresalientes fueron las nueve orejas y cuatro rabos conquistados en Valencia. En la feria de San Jaime de esa ciudad mediterránea, Ortega toreó siete de las nueve corridas del abono, celebradas entre los días 25 de julio y el 2 de agosto. Y aún regresó a esa plaza los días 4 y 18 de octubre. Entre una y otra corrida, el día 8, cortó en Madrid su primera oreja.

También lideró el escalafón las siguientes temporadas: en 1932, con noventa y una corridas (había contratado ciento dieciséis, según Don Ventura); en 1933, con sesenta y ocho; en 1934, con ochenta; en 1936, con cuarenta y cinco; en 1937, con treinta y cinco; y en 1940, con cincuenta y siete. El desarrollo de la Guerra Civil en 1938 y 1939, así con la grave cornada que el 13 de septiembre de 1935 le infligió en Salamanca un toro de Graciliano Péréz-Tabernero (que le obligó a cortar la temporada), le impidieron también esos años comandar la clasificación estadística de matadores de toros.

Convertido en la máxima figura del toreo de su época desde muchos años antes, “su característica [principal como torero] tuvo —según Don Ventura— como base el dominio, que supo aplicar con belleza de forma y potencia de expresión, o sea, clásicamente; su afición corrió pareja con su maestría; fue consumado estoqueador; en su paso por los ruedos representa la máxima autoridad de su época, y cuantos tuvimos el placer de disfrutar de sus faenas añoramos aquella recia personalidad que parecía llenar todo el ruedo. ¡Qué arte tan sobrio, sereno y reposado el suyo!”.

Según Néstor Luján, “con Domingo López Ortega acaba el tronco de lidiadores concienzudos: Bombita, vistoso, eficaz, conocedor de todas las fuerzas misteriosas que puedan residir en el juego de una muleta; Vicente Pastor, torero de piernas rígidas [...] y de cerebro lento; más tarde Domingo Ortega, el cual, después de la revolución de Belmonte, ocupa un lugar claro y sin discusión: es el lidiador por excelencia. [...] Y luego, el temple, el alarde, el pisarle su espacio al toro con muy seca malicia. Esto trajo Ortega al toreo.

Esto le sostiene hasta el final. A pesar de que su toreo fue poco elegante y nada vistoso, su repertorio corto, monótono su infalible dominio, sin emoción su trasteo, Ortega representó la inteligencia, el saber moverse en plaza. A diferencia de los grandes muleteros, apenas usó la mano izquierda. [...] Los toros los dominaba con sólo ponerles el trapo ante el hocico. [...] Este torero ha afinado hasta el prodigio su dominio con una técnica armoniosa y dura”.

Domingo Ortega se retiró en 1941 (ese año sólo toreó cuatro festivales en España y seis corridas en América) y regresó a los ruedos en 1942; volvió a retirarse en 1950 (a pesar de no vestir de luces intervino en veintiún festivales) y reapareció en 1953, a los cuarenta y siete años de edad. Su última corrida tuvo lugar el 14 de octubre de 1954 en Zaragoza, alternando con Jumillano y Pedrés, con toros de Deleitosa. En los años siguientes aún participó en varios festivales benéficos. Una vez retirado se dedicó a su ganadería, que ya poseía desde años antes.

Domingo Ortega intervino en dos películas: en 1955 rodó Tarde de toros, junto a Antonio Bienvenida y Enrique Vera, del cineasta Ladislao Vajda; y en 1983 apareció, breve pero sabiamente, en Tú solo, de Teo Escamilla, protagonizada por los alumnos de la Escuela Taurina de Madrid. En 1950 y 1960 pronunció dos famosas conferencias en el Ateneo y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, respectivamente, editadas con posterioridad por la Revista de Occidente con un anejo de José Ortega y Gasset.

El que fue conocido respetuosamente como el “Paleto de Borox”, o como “Dominio” Ortega, en definición del poeta Gerardo Diego, falleció, entre la unánime consideración de gran maestro del toreo, el 8 de mayo de 1988. Como perfecta definición de su toreo puede quedar la siguiente de Cañabate: “La fuerza de su dominio va unida a la sencillez sin esfuerzo de la mano que manda. Su muleta dibuja no con trazo grueso, sino con fina línea. Embarca al toro en el engaño con todo el cuerpo, que se cimbrea como rama de almendro, mientras los pies están hundidos en la arena como raíces de roble”.

 

Obras de ~: El arte del toreo, Madrid, Revista de Occidente, 1950 (ed. Valencia, Diputación, Revista Quites entre sol y sombra, 1985); El arte del toreo y La bravura del toro, Madrid, Revista de Occidente (Clavileño), 1961.

 

Bibl.: Don Ventura (seud. de V. Bagués), Domingo Ortega, el torero de la armonía, Barcelona, Fiesta Brava, 1931; A. Orts Ramos, Domingo Ortega, el triunfador, Barcelona, Ediciones Biblioteca Films, 1931 (col. Los Triunfadores del Ruedo); Domingo López Ortega, Barcelona, 1931 (col. Los Ases del Toreo); J. M. Cossío, Los toros. Tratado técnico e histórico, y Madrid, Espasa Calpe, 1943, vol. III, págs. 504-508, y 1961, vol. IV, págs. 530-531; Don Ventura (seud. de V. Bagués), Historia de los matadores de toros Barcelona, Imprenta Castells-Bonet, 1943 (ed. Barcelona, De Gassó Hermanos, 1970, págs. 201- 202); J. Diego, Domingo Ortega, Barcelona, 1945 (col. Triunfadores del Ruedo); J. Jara, La fiesta en pleno debate. Ortega, Manolete, Arruza. Indiscutibles y discutidos, apuntes del natural de Alcalde Molinero, fotografías de Gonsanhi, Barcelona, 1944; A. Díaz-Cañabate, La fábula de Domingo Ortega, pról. de Luis Calvo, Madrid, Juan Valero, 1950 (2.ª ed.); Don Justo [seud.], “Historia de la plaza de Tetuán de las Victorias”, en la revista El Ruedo (Madrid, Prensa y Radio del Movimiento), n.º 422 (24 de julio de 1952); G. Coderch, Domingo Ortega, Mont de Marsan, Editions Jean-Lacoste, 1954; M. Gómez Santos, Domingo Ortega, Barcelona, Ediciones Cliper, 1958 (col. Pequeña historia de grandes personajes, vol. II); G. Corrochano, ¿Qué es torear? Introducción a las tauromaquias de Joselito y de Domingo Ortega, epíl. de Emilio García Gómez, Madrid, Revista de Occidente, 1966 (Madrid, Espasa Calpe, 1999); C. Jalón, Memorias de “Clarito”, Madrid, Guadarrama, 1972; V. Zabala, “Domingo Ortega, la gran verdad”, en Hablan los viejos colosos del toreo, Madrid, Sedmay, 1976, págs. 123-141; P. Dominguín (seud. de J. González Lucas), Mi gente, Madrid, Piesa, 1979 (Madrid, Alianza Editorial, 2003); A. Santainés, Domingo Ortega. 80 años de vida y toros, pról. de Luis Calvo, Madrid, Espasa Calpe, 1986; Barquerito (seud. de I. Álvarez Vara), “Domingo Ortega. En la muerte del gran maestro”, en Diario 16 (Madrid), suplemento “Toros”, n.º 299 (10 de mayo de 1988); F. Claramunt, Historia ilustrada de la Tauromaquia, Madrid, Espasa Calpe, 1989; J. L Suárez-Guanes, Madrid-Cátedra del toreo (1931-1990), Madrid, Espasa Calpe, 1990; M. Gómez Santos, “Domingo Ortega”, en Mi ruedo ibérico, Madrid, Espasa Calpe, 1991, págs. 243-269; D. Tapia, Historia del toreo, vol. I, Madrid, Alianza Editorial, 1992; C. Abella, Historia del toreo, vol. II, Madrid, Alianza Editorial, 1992, págs. 47-53; N. Luján, Historia del toreo, Barcelona, Destino, 1993 (3.ª ed.), págs. 259- 262; J. M. Moreiro, Historia, cultura y memoria del arte de torear, pról. de Domingo Ortega y epíl. de Víctor Mendes, Madrid, Alianza Editorial, 1994; J. M. Sotomayor, Enciclopedia de los toros (Cossío), vol. XXII, Madrid, Espasa Calpe, 1997, págs. 776-777; J. L. Ramón, Antesala de la gloria. Historia de la Escuela Taurina de Madrid, Madrid, Espasa Calpe, 2002, págs. 60, 74, 92, 104 y 124; M. Feiner, ¡Torero! Los toros en el cine, Madrid, Alianza Editorial, 2004; J. M. Sotomayor, “Relación de las corridas de toros, novilladas con picadores y festejos de rejones celebrados en la Plaza Monumental de las Ventas de Madrid (17 de junio de 1931-23 de octubre de 2005)”, en VV. AA., Las Ventas. 75 años de historia, Madrid, Centros de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, 2006; V. Sobrino, Memoria de luces, II. 25 años de historia de la plaza de toros de Valencia (1925-1949), Valencia, Avance Taurino, 2006.

 

José Luis Ramón Carrión