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Néstor Almendros Cuyás

Biografía

Almendros Cuyás, Néstor. Barcelona, 30.X.1930 – Nueva York (Estados Unidos), 4.III.1992. Fotógrafo y director de cine.

Hijo de los pedagogos Herminio Almendros Ibáñez y María Cuyás Ponsa, nació en Barcelona en 1930, y aunque catalán, también español, cubano, francés, neoyorquino... la trayectoria vital de Néstor Almendros es sólo comparable a su trayectoria artística, que trazó el inestimable viaje desde iluminar la escena de la nouvelle vague francesa hasta arrojarle luz a lo más tenebroso del castrismo. De exiliado español tras la posguerra e instalarse en Cuba con su familia —donde se licenció en Filosofía y Letras—, pasó en unos años a ser exiliado cubano en Francia.

Después, estudió cine en el New York City College y en el Centro Sperimentale de Roma, si bien sus primeros pasos cinematográficos fueron en Cuba, junto a personajes como Germán Puig y Ricardo Vigón, con quienes fundó el primer cine club cubano (a finales de los años cuarenta), y con quienes hizo sus primeros cortometrajes: Un monólogo de Hamlet o Saba, (1953). Participó de los comienzos y entusiasmos del castrismo e hizo sus primeros trabajos profesionales y documentales con el recién instaurado Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), muy dirigidos políticamente y alguno de ellos de cierta relevancia, como El agua (de Manuel Octavio Gómez, 1960) o Asamblea General (de Tomás Gutiérrez Alea, 1960) y los que dirigió personalmente, como Ritmo de Cuba (1960), Gente en la playa (1960) y La tumba francesa (codirigido con Orlando Jiménez Leal, 1961).

Empujado por la inestabilidad política, por la fascinación del cine moderno de la nouvelle vague francesa o por una mezcla de ambas fuerzas, pero el caso es que Néstor Almendros consiguió dejar Cuba e instalarse en París. Conoció a Eric Rohmer y a otros nombres propios de la crítica y los ambientes cinematográficos parisinos, como Eustache o Truffaut. Su primer trabajo allí fue en el film colectivo París vu par... (1964), y concretamente en el episodio Place de l’Etoile, que dirigió Rohmer. A partir de entonces, su modo de concebir el espacio, la composición y la luz se convirtió en un elemento imprescindible del cine francés de esos años, especialmente el de Rohmer, Truffaut, Barbet Schroeder o Marguerite Duras. Participó en cuerpo y alma en títulos clave de la filmografía de la época y de la Historia del Cine, como La coleccionista (La collectionneuse, Rohmer, 1966), More (Schroeder, 1968), Mi noche con Maud (Ma nuit chez Maud, 1969), La rodilla de Clara (Le genou de Claire, Rohmer, 1970), El pequeño salvaje (L’enfant sauvage, Truffaut, 1970), Domicilio conyugal (Domicile conjugal, Truffaut, 1970), Las dos inglesas y el amor (Les deux anglaises et le continent, Truffaut, 1971), La vallée (Schroeder, 1971), Mes petites amoureuses (J. Eustache, 1974), La historia de Adéle H (Histoire d’Adéle H, Truffaut, 1975), Des journées entierres dans les arbres (Marguerite Duras, 1976) o El último metro (Le dernier metro, Truffaut, 1980).

A mediados de la década de 1970 ya era uno de los directores de fotografía más reconocidos y admirados de la profesión, y empezó a compaginar su singular trabajo en el cine francés con el de otros países y estilos.

Así, en España colaboró con Vicente Aranda en Cambio de sexo (1976), aunque ese mismo año hizo junto al director americano Terrence Malick Días del cielo (Days of heaven), película con la que ganó un Oscar a la mejor fotografía. Con Robert Benton hizo Kramer contra Kramer (1978) y el éxito comercial lo retuvo durante algún tiempo casi con exclusividad en el cine americano, etapa de la que se podrían subrayar títulos como La decisión de Sophie (Sophie’s choice, Alan Pakula, 1982), Se acabó el pastel (Heartburn, Mike Nichols, 1985), Historias de Nueva York (el capítulo dirigido por Martín Scorsese, Life lessons, 1989) o Billy Bathgate (Robert Benton, 1990). Su esencial aportación al cine como director de fotografía, impresa en esta selección de su obra, fue ampliada y conformada con su apreciable contribución teórica y mediante la publicación de sus ensayos, apuntes y reflexiones, muchos de ellos recogidos en su autobiografía, Días de una cámara, prologada por François Truffaut.

Almendros tenía un gran dominio de la técnica cinematográfica y, a la vez, era un hombre de gran cultura y cinéfilo, lo que le permitió desarrollar un estilo propio, una “mirada”, y arroparlo todo con unas ideas muy claras sobre el espacio, la luz, el encuadre o la transformación de la realidad mediante el filtro de la cámara. Formalmente, siempre se mostró partidario de una fotografía “realista”, con una iluminación que estuviera justificada en la propia imagen y que respondiera a los puntos de luz; su cámara buscaba la “verdad”, la realidad, pero con la idea de potenciarlas.

En cierto modo, su ideario recogía la idea de Truffaut de que hacer una película es mejorar la vida. Todo lo que se considera su método de trabajar la luz lo explicó minuciosamente en Maestros de la luz, el libro de entrevistas a directores realizado por Dennis Schaefer y Larry Salvato, donde confesaba claramente que él no utilizaba la imaginación para iluminar una escena, sino la observación.

La dimensión artística solapa, pero no borra, la trascendencia política que tuvo tanto personal como cinematográficamente.

Su vida estuvo muy marcada por ambas inquietudes, las políticas y las artísticas, que fueron a cristalizar al unísono en las dos películas que dirigió, Conducta impropia (1984) y Nadie escuchaba (1988). En la primera denunciaba la persecución de homosexuales en la Cuba de Castro y de los campos de concentración en los que fueron recluidos durante años. Entrevistó a intelectuales como Reynaldo Arenas, Lorenzo Monreal, César Bermúdez o Jorge Lago y consiguió lo que siempre fue su cometido en el cine: arrojar luz a una escena oscura. En la segunda, que dirigió junto a Jorge Ulla, pretendió una crítica más rigurosa y directa al centrarse en las cárceles cubanas y los presos políticos. Dos documentales que dieron la vuelta al mundo y que lo sitúan en un referente ideológico del anticastrismo.

 

Obras de ~: Filmografía: Dir. de fotogr. en: E. Rohmer (dir.), L’amour l’après-midi, 1972; B. Schroeder (dir.), Général Idi Amin Dada: Autoportrait, 1974; E. Rohmer (dir.), La marquise d’O, 1976; F. Truffaut (dir.), L’homme qui amait les femmes, 1977; J. Nicholson (dir.), Goin’ south, 1978; E. Rohmer (dir.), Perceval le gallois, 1978; C. Durán (dir.), L’ assemblea de Catalunya, 1983; R. Benton (dir.), Nadine, 1987; A. Solt (dir.), Imagine: John Lennon, 1988; en M. Scorsese (dir.), Made in Milan, 1990.

Director de: Conducta impropia, 1984; Nadie escuchaba, 1988.

Escritos: Días de una cámara, prolog. de F. Truffaut, Barcelona, Seix Barral, 1982; Cinemanía. Ensayos sobre cine, Barcelona, Seix Barral, 1992.

 

Bibl.: N. Almendros, Días de una cámara, Barcelona, Seix Barral, 1982; Cinemanía. Ensayos sobre cine, Barcelona, Seix Barral, 1992; VV. AA., Néstor Almendros, Barcelona, Universitat Autònoma, 1993; D. Schaefer y L. Salvato, Maestros de la luz: Conversaciones con Directores de fotografía, Madrid, Ediciones Plot, 1998, pág. 17; Q. Casas, “El recambio generacional: los nuevos cineastas”, en VV. AA., Historia General del Cine, vol. XI, Madrid, Cátedra, 1998; O. Rodriguez Marchante, “Almendros, Nestor”, en J. L. Borau (dir.), Diccionario del Cine Español, Madrid, Alianza EditorialAcademia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, 1998, págs. 47-48.

 

Oti Rodríguez Marchante