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Yusuf III

Biografía

Yūsuf III: Abū l-Ḥa ŷ ŷ ā ŷ  Yūsuf b. Yūsuf b. Muḥammad b. Yūsuf b. Ismācīl b. Faraí b. Ismācīl b. Yūsuf b. Muḥammad b. Aḥmad b. Muḥammad b. Jamīs b. Naîr b. Qays al-Jazraíī al-Anîārī, al-Nāîir li-Dīn Allāh. Granada, 27.II.778/16.VII.1376 – Almuñécar (Granada), 29.IX.820/9.XI.1417 (emirato 810-820/1408-1417). Emir de al-Andalus, decimotercer sultán de la dinastía de los Nazaríes de Granada, precedido por Muḥammad VII y sucedido por Muḥammad VIII.

Nació en Granada a media noche del 27 de îafar de 778/16 de julio de 1376. Su infancia transcurrió durante la época de apogeo nazarí y bajo la protección del más destacado sultán de la dinastía, su abuelo Muḥammad V (1354-1359 y 1362-1391), que organizó una solemne celebración del icdār (ceremonia de circuncisión masculina) para él y para su hermano menor Muḥammad (VII). En esta ceremonia, que se desarrolló con gran boato y magnificencia de acuerdo con la tradición andalusí, Yūsuf y su hermano demostraron gran valor a pesar de su niñez pues avanzaron sin miedo hacia el encargado de realizarles la operación, según describe el visir y poeta oficial Ibn Zamrak.

Era el mayor de cinco hermanos, que, además de él, fueron Abū cAbd Allāh Muḥammad (futuro sultán Muḥammad VII, hijo de madre distinta), Abū l-Ḥasan cAlī y Abū l-cAbbās Aḥmad, además de su hermana uterina Umm al-Fatḥ, de excepcionales cualidades y cuya opinión y criterio solía seguir cuando accedió al poder.

Recibió una magnífica educación y su formación intelectual, tanto científica como literaria, fue excelente, como se refleja en sus escritos, comentarios y poesías y como avala asimismo la lista de sus maestros, destacados sabios de su época como al-ŠarīŠī, Ibn cAllāq o Ibn al-Zayyāt.

Cuando su padre Yūsuf II fue entronizado en 793/1391, Yūsuf (III) fue designado heredero oficial por ser el primogénito y, al parecer, también por su cultura, conocimientos y cualidades. Ello provocó el descontento de su hermano (hermanastro) Muḥammad, que ambicionaba ocupar el trono y no dudó en sublevarse contra su padre, aunque sin éxito. Al poco tiempo de esta sublevación, Yūsuf II murió repentina y prematuramente el sábado 16 de dū l-qacda de 794/5 de octubre de 1392, probablemente por envenenamiento con implicación del citado hijo, que fue elevado al trono y se convirtió en Muḥammad VII. Para ello, tuvo que desplazar al primogénito y heredero oficial, su hermano Yūsuf.

A partir de este momento la vida de Yūsuf, que tenía dieciséis años a la sazón, cambió radicalmente: de gozar de un puesto preeminente en la corte de la Alhambra como príncipe heredero pasó al exilio y reclusión en el castillo de Salobreña, en donde su hermano Muḥammad VII lo confinó de por vida para anular toda posibilidad de reivindicación de sus legítimos derechos dinásticos y el peligro de una sublevación.

El castillo de Salobreña era utilizado por los Nazaríes como palacio de recreo, además de ser fortaleza vigía del litoral, pero también desempeñó funciones de cárcel de personajes ilustres y soberanos, como ya ocurriera con el padre de Ismācīl I entre el 713/1314 y el 720/1320. Allí permaneció Yūsuf largos años de encierro llenos de soledad, tristeza y nostalgia por Granada, pero también de indignación y quejas contra su hermano y sus contemporáneos por la injusticia que sufría. Tanto la nostalgia como el reproche a su hermano o el dolor por la muerte de su padre los plasmó en su poesía ya que, como hombre culto y buen literato, se dedicó a la actividad poética, que inició en este prolongado periodo de reclusión de quince años y siete meses.

Pero su destino cambió de pronto cuando, repentina e inesperadamente, su hermano Muḥammad VII, a pesar de su juventud, falleció. Según la versión de las fuentes cristianas, el emir gobernante, consciente de su agonía, quiso antes de morir asegurar el trono a su hijo, para lo que ordenó ejecutar a su hermano Yūsuf recluido en Salobreña. Cuando la orden llegó allí, Yūsuf se hallaba jugando una partida de ajedrez con un alfaquí y solicitó que le permitieran terminarla antes de morir; esta prórroga permitió la llegada providencial de mensajeros desde Granada que anunciaron la muerte de Muḥammad VII y la designación de Yūsuf como nuevo emir, que cambiaba así la tumba por el trono en un instante.

Cierta o no la historia fantástica de la partida de ajedrez, lo que sí parece más que probable es que Muḥammad VII hubiese dado la orden, incluso antes de su agonía, de que su hermano fuese ejecutado cuando él muriera para asegurar así la sucesión de su descendencia. También resulta bastante probable la versión de las fuentes cristianas sobre la muerte de Muḥammad VII por envenenamiento, que habría que atribuir a un comploṭurdido por los partidarios de Yūsuf para entronizarlo; así lo indica, entre otros indicios, el hecho de que el artífice de su liberación y proclamación, el alcaide Abū l-Surūr Mufarrií (un liberto de origen cristiano) se convirtiera enseguida en el hombre más influyente en el estado nazarí por debajo del sultán.

De esta manera y una vez trasladado rápidamente a Granada con gran sigilo para que los enemigos de la frontera no conociesen la delicada situación hasta que el nuevo emir estuviera asentado en el trono, Yūsuf III fue proclamado el domingo 16 de dū l-ḥiíía de 810/13 de mayo de 1408. En esa fecha contaba ya casi treinta y dos años, la mitad de los cuales había pasado privado de libertad. Adoptó el laqab (sobrenombre honorífico) de al-Nāîir li-Dīn Allāh (el Defensor de la religión de Dios).

Nombró como ḥāíib (gran visir o chambelán) a Abū l-Surūr Mufarrií, quien pronto se convertiría en el hombre de confianza del nuevo emir. Más aún: a pesar de sus orígenes cristianos ya mencionados —había sido capturado de niño, islamizado y posteriormente manumitido—, llegó a emparentar con la familia real nazarí y además de forma muy directa: se convirtió en suegro de Yūsuf III, que desposó a una hija suya.

El nuevo sultán era un hombre sabio y culto, como ya se ha dicho, pero merece ser destacada especialmente su capacidad literaria y su producción poética. De hecho, se considera que integra la tríada de grandes poetas del siglo XV, junto con Ibn Furkūn y al-Basðī. No es de extrañar, por tanto, que cuando salió de su prisión y se instaló en la Alhambra creara una nutrida corte literaria en torno a él, que fue muy fecunda. Así lo revela la existencia de los numerosos poemas que le dedicaron, tanto su poeta oficial y secretario privado, Ibn Furkūn, como más de una docena de otros autores, algunos de los cuales llegan a atribuir ampulosamente el título de califa al emir nazarí. Todos estos poemas fueron reunidos por el citado Ibn Furkūn en una obra, mientras que las poesías compuestas por el propio Yūsuf III fueron tantas como para formar un diván propio que ha sido editado dos veces en el siglo XX. Además de su Dīwān, Yūsuf III es autor de otro libro dedicado a la vida y obra del primer ministro Ibn Zamrak, que sirvió a su abuelo Muḥammad V, su padre Yūsuf II y su hermano Muḥammad VII y cuyas poesías, que decoraban epigrafiadas la Alhambra, reunió en dicho libro.

Su buen carácter y prudencia son alabados no solo por las fuentes árabes, sino también por las castellanas, que dicen que era “apacible y manso, y que contra su voluntad, e inclinación vino a ser enemigo de Christianos” y que “[f]ue buen príncipe, y gouernó su reyno con mucha prouidencia y justicia”, hasta el punto de que no tomó represalias contra los que apoyaron a su hermano para desplazarlo del trono, sino que les concedió cargos y acogió en sus palacios a los hijos de Muḥammad VII.

En cuanto a su vida familiar, se casó tras su largo encierro, casi inmediatamente después de su exaltación al trono, con la hija del difunto alcaide Abū Yazīd Jālid, liberto al servicio de su abuelo Muḥammad V y visir de su padre Yūsuf II, aunque este último lo había ajusticiado por conspirar para envenenarlo. El banquete se celebró en el Riyā¼ al-Sacīd (Patio de los Leones) de la Alhambra y en el primer año su esposa ya alumbró a su primogénito, el último día [30] de muḥarram de 812/[14] de junio de 1409 aunque, desgraciadamente, la madre murió tras el parto. El hijo fue denominado Yūsuf en la caqīqa (ceremonia de imposición de nombre y ofrenda del pelo del bebé) que se celebró al cabo de la semana, el 6 de îafar de 812/20 de junio de 1409, y en la que fue saludado como heredero oficial. Pero el destino aciago se cebó nuevamente con el emir y a los dos días vio cómo su hijo moría también. De otro matrimonio posterior con una hija del alcaide Abū l-Surūr Mufarrií llamada Umm al-Fatḥ (la Horra On Malfath de los documentos cristianos), también celebrado en el Patio de los Leones, tuvo su segundo hijo, que fue una niña nacida el sábado 8 de raíab 812/16 de noviembre de 1409. Posteriormente llegó su hijo Muḥammad (VIII), que se convirtió en príncipe heredero y fue el que le sucedió, después su hijo Abū l-Ḥasan cAlī en rabīc I de 814/23 de junio-22 de julio de 1411, luego cAbd Allāh el 30 de raíab de 818/5 de octubre de 1415, que poco después murió durante un periodo de peste.

Pero antes de esta muerte y en la última decena [19-29] del mes de Šacbān del año [818]/[24 de octubre-3 de noviembre] de 1415, Yūsuf III celebró una gran fiesta, en la que obsequió espléndidamente tanto a la aristocracia como al pueblo llano e invitó a los notables de todo el país, a los que regaló magníficas vestimentas. En ella, el emir reunió tres celebraciones: la caqīqa de este recién nacido, el icdār (ceremonia de circuncisión) de dos de sus hermanos y la bayca (juramento de fidelidad) de su heredero, el futuro Muḥammad VIII.

Una de sus primeras actuaciones políticas fue la de remitir una misiva oficial a Alonso Fernández, alcaide castellano de Alcalá la Real, el 20 de mayo de 1408, nueve días después de la muerte de su hermano. En ella informaba sobre la muerte de este y su exaltación al trono al mismo tiempo que expresaba su deseo de mantener la tregua vigente. Igualmente, pedía que, mientras llegaba la respuesta del rey, se ordenara respetar la situación de paz a los fronteros cristianos.

Sus esfuerzos diplomáticos por mantener la paz, consciente de la complicada y peligrosa situación militar en la que se hallaba al-Andalus, dieron fruto y su embajador cAbd Allāh al-Amīn consiguió que los regentes de Juan II, su tío el infante Fernando y su madre la reina Catalina de Lancaster, renovaran la tregua vigente de ocho meses que terminaba el 15 de noviembre de 1408 y se ampliara hasta abril de 1409. Posteriormente, este tratado de paz se prorrogó dos veces: la primera renovación, por cinco meses, se extendió de 1 de abril a 1 de septiembre de 1409 y la segunda, por siete meses, del 1 de septiembre de 1409 al 1 de abril de 1410. Ello no impidió que se produjeran incidentes fronterizos, como el intento de los cristianos de repoblar Priego (el de Málaga) en septiembre de 1408 que los nazaríes desbarataron apoderándose y derruyendo la plaza.

Una vez terminada la tregua, Yūsuf III, que conocía los preparativos castellanos para la guerra, también sabía que era inminente una gran campaña contra el emirato naîrí. Por ello, los Nazaríes se adelantaron: musulmanes de Ronda atacaron Zahara, fortaleza que había sido conquistada a su hermano por el infante Fernando en octubre de 1407, y la saquearon el 5 de abril aunque sin llegar a reconquistarla, éxito que fue comunicado a la Alhambra y celebrado en ella días después, el miércoles 4 de dū l-ḥiíía de 812/9 de abril de 1410. Al mismo tiempo, el hermano de Yūsuf III, el príncipe Abū l-Ḥasan cAlī, dirigió una expedición contra Segura de la Sierra, donde incendió Génave y otros lugares del valle mientras otra parte de su tropa atacaba Caravaca; a su regreso triunfal de Segura, el príncipe tuvo el honor de ver ensalzada su gesta en la casida oficial que compuso el ministro Ibn Furkūn con motivo del cīd al-A¼ (fiesta del Sacrificio del cordero) de 812/15 de abril de 1410.

Por su parte, el infante regente Fernando emprendió el asedio de una plaza de importancia, la rica y fértil ciudad de Antequera, cuya estratégica posición controlaba el paso hacia Málaga. Los castellanos iniciaron el sitio el 26 de ese mismo mes de abril y establecieron un enorme cinturón de cinco campamentos situados alrededor de la ciudad para asfixiarla al impedir cualquier apoyo exterior.

La reacción de Yūsuf III fue inmediata y ya el 4 de mayo había concentrado en Archidona su ejército al mando de sus dos hermanos, Abū l-Ḥasan cAlī y Abū l-cAbbās Aḥmad, que al día siguiente establecieron su real en la sierra llamada la Boca del Asna (hoy Boca del Asno), a escasos kilómetros de Antequera y dominando la ciudad. El día 1 de muḥarram de 813/6 de mayo de 1410 se desencadenó una batalla de forma imprevista y caótica que acabó con la derrota de los musulmanes, que tuvieron que abandonar el campamento ante la superioridad castellana y a pesar de la heroica hazaña protagonizada por el jurista Abū Yaḥyà Muḥammad Ibn c}îim, que luchó con tenacidad y coraje manteniendo con gran perseverancia y energía su posición de combate; incluso, cuando sus compañeros se retiraban, el ilustre sabio siguió combatiendo en solitario ante los atacantes castellanos, a los que logró detener mientras sus compañeros huían salvando la vida y él acababa sucumbiendo ante la multitud de cristianos.

Otra importante pérdida militar pero sobre todo humana que afectó personalmente a Yūsuf III fue la muerte de su suegro, el alcaide y ḥāíib Abū l-Surūr Mufarrií a primeros de julio de 1410; murió luchando con gran bravura en las cercanías de Montefrío, rodeado de enemigos cristianos en una desafortunada escaramuza en la que, por error, su tropa se había quedado atrás. El propio emir compuso una elegía en su honor conservada en su diván.

Tras numerosas escaramuzas y combates en diferentes lugares de la frontera —algaradas cristianas en la frontera oriental, Loja, Ronda, Montefrío, la hoya de Málaga y Archidona; victorias nazaríes en Montejícar y Setenil—, Yūsuf envió una solicitud de tregua ofreciendo parias a cambio de que se levantara el asedio, pero el infante necesitaba la victoria para su prestigio personal en Castilla y para recuperar la fuerte inversión realizada, por lo que respondió con unas condiciones abusivas y exorbitantes que eran inaceptables para el emir.

Mientras tanto, los nazaríes antequeranos defendían la ciudad heroicamente y con todas sus fuerzas y abnegación, hasta el punto de que despertaron la admiración en el real castellano enemigo, donde sabían que los continuos ataques no dejaban dormir ni descansar a los sitiados y los cristianos no entendían “cómo omes de carne e ueso podian tanto sofrir”.

Finalmente y tras cinco meses de duro asedio durante el que los castellanos sometieron a los de Antequera a cuatro modalidades diferentes de sitio (en mayo, el cinturón de cinco campamentos; en junio, artillería; en agosto, una cerca de tapial; después, apertura de minas en la muralla), se produjo la entrada en la ciudad, que fue saqueada mientras la población se refugiaba en el castillo. Con escasas reservas de agua, los antequeranos tuvieron que capitular a cambio de salvar la vida y sus pertenencias. Los castellanos entraron en la ciudad el 24 ó 25 de septiembre de 1410.

Para Yūsuf III, la pérdida de esta ciudad tuvo un gran impacto negativo por la importante merma territorial y sobre todo geoestratégica que suponía. Además, la caída de una plaza de tan gran fortaleza y relevancia en el emirato fue un duro golpe en la mentalidad y la moral de los andalusíes.

A pesar de ello, se sobrepuso y lanzó una incursión de castigo por los alfoces de Alcalá la Real y posteriormente las tropas nazaríes recuperaron la fortaleza de Jébar, en las cercanías de Antequera, y la derruyeron, aunque los cristianos la ocuparon de nuevo. Estas acciones eran una razón más para que el regente Fernando aceptara las treguas, porque, entre otras circunstancias, el infante quería reclamar el trono de Aragón, vacante tras la muerte de su tío Martín el Viejo el 31 de mayo de 1410. El embajador nazarí Sacīd al-Amīn cerró el acuerdo paz el 10 de noviembre de ese mismo año por un periodo de dieciséis meses, hasta el 10 de abril de 1412. La tregua incluía al sultán benimerín de Fez, como era habitual, y contemplaba las “parias de cautivos” (300), pues Castilla comenzó a imponer la entrega de cautivos cristianos en los tratados que podía. Por parte nazarí, la firmaron Yūsuf III y su hermano Abū l-Ḥasan cAlī, de manera que en caso de fallecimiento del emir su hermano respondía del mantenimiento de la tregua.

A partir de entonces, Yūsuf III pudo mantener la paz ya hasta su muerte prácticamente puesto que Fernando I, una vez que alcanzó el trono aragonés en 1412 tras el compromiso de Caspe y absorbido por cuestiones internas, siguió renovando en nombre de Castilla y Aragón —en su doble condición de regente de Castilla y rey de Aragón— la tregua anualmente hasta 1415. Tras su muerte el 2 de abril de 1416, la regente de Castilla y madre de Juan II hizo lo mismo a partir de 1417, aunque a partir de estas treguas Yūsuf III sí consiguió un plazo mayor, de dos años, si bien tuvo que aceptar a cambio las “parias de cautivos” que después de 1412 había logrado que no se incluyeran en los tratados, ni tampoco parias monetarias. A partir de entonces se fueron concertando treguas en periodos de dos y tres años en 1417, 1419, 1421, 1424 y 1426 con la intervención como representante nazarí de Sacīd al-Amīn, alfaqueque mayor del sultanato.

Por lo que respecta a Aragón específicamente, cuando murió Fernando I, el sucesor en el trono aragonés, Alfonso V el Magnánimo, mantuvo la tregua de su padre hasta abril de 1417, fecha en la que finalizaba. Posteriormente, Yūsuf III mantuvo relaciones y contactos con el soberano aragonés, pero no se iniciaron negociaciones formales ni se estableció tregua oficial.

La buena relación con la corona de Aragón permitió que se realizara una invitación a la emigración a los mudéjares aragoneses hacia Granada. Para ello, se lanzó una proclama desde Barcelona consistente en una supuesta carta de Yūsuf III, que realmente escribió su embajador, de origen mudéjar y que estuvo en Barcelona a finales de 1409 o comienzos de 1410 negociando la renovación de la tregua. En ella se alababa y se presentaba a Yūsuf III como defensor y protector de los musulmanes y a Granada como refugio y morada segura para ellos, al mismo tiempo que se recordaba la obligación de emigrar de territorio infiel.

Por tanto, Yūsuf III proporcionó un periodo de paz considerablemente amplio, pues sentó las bases para que se extendiera más allá de su muerte abarcando casi dos decenios, entre 1410 y 1428. No obstante, como solía suceder en estos periodos de treguas, hubo algunas violaciones incidentales de la paz sin mayores consecuencias pues se resolvieron diplomáticamente, como era habitual.

Estabilizado el frente con los reinos cristianos, a Yūsuf III se le planteó un grave problema con los Benimerines y el sultán de Fez, Abū Sacīd cUtmān III (799-823/1397-1420), con el que le enfrentó una gran rivalidad y enemistad que acabó debilitando a ambos estados y beneficiando con ello a los reinos cristianos. La rivalidad desembocó en conflicto abierto por el control de una de las plazas más importantes de al-Andalus, Gibraltar, que había recuperado el abuelo del emir granadino, Muḥammad V, en 775/1374. En el año 813/1410, la guarnición benimerín de Gibraltar se sublevó contra los Nazaríes y se entregó a la soberanía del sultán de Fez. Yūsuf III inició inmediatamente el asedio de la plaza para recuperarla, pero la fortaleza del Peñón, potentemente reforzada además por los Benimerines en el siglo XIV, era tan inexpugnable que los sitiados pudieron resistir varios años. El propio Yūsuf III se puso al frente de sus tropas en el asedio en diversas ocasiones; sus prolongadas estancias en su campamento gibraltareño le llevaron a componer dos de sus casidas sobre el sitio de la plaza en 815/1412 y 817/1414, que posteriormente se incluyeron en su diván.

Además del cerco militar a Gibraltar, Yūsuf III emprendió otra acción estratégica para recuperar la plaza. Con el objetivo de debilitar y desestabilizar el gobierno benimerín de Fez, liberó al sultán destronado al-Sacīd (Muḥammad b. cAbd al-cAzīz), que se hallaba refugiado o recluido en Granada desde niño en 776/1374, y lo proclamó el primero de Šacbān del año 813/29 de noviembre de 1410. Luego se dirigió a Málaga, donde entró el lunes 3 de Šacbān de 813/1 de diciembre de 1410, y desde allí envió poco después a este pretendiente destronado al Magrib el 17 de rama¼ān de 813/13 de enero de 1411 acompañado de tropas de jinetes y arqueros que alcanzaron la costa magribí y le permitieron desembarcar en tierras de la cudwa al cabo de trece días; dos meses más tarde, la flota nazarí regresaba victoriosa de la conquista de Tánger, cuya alcazaba tomó c}mir, el hijo de al-Sacīd, el 17 de dū l-qacda de 813/13 de marzo de 1411.

Mientras tanto, los sitiados en Gibraltar resistían el asedio, que se prolongó durante casi cuatro años, hasta que perdieron definitivamente la esperanza de recibir socorros de Fez y se rindieron tras pactar su inmunidad. Además, el enfrentamiento con Fez ya se había solventado —el pretendiente enviado por Yūsuf III y el sultán de Fez Abū Sacīd llegaron al final a un acuerdo para dividirse el Magrib— y Abū Sacīd le había propuesto al emir nazarí firmar la paz tras la fiesta del Sacrificio (del cordero) de 815/13 de marzo de 1413.

La entrada del príncipe Abū l-Ḥasan cAlī, hermano de Yūsuf III, en Gibraltar se efectuó el viernes 15 de íumādà I de 817/3 de agosto de 1414; la noticia llegó a la Alhambra el día siguiente, sábado, y para su celebración y ensalzamiento se compuso en aquel mismo momento una casida por el poeta oficial y secretario personal del emir, Ibn Furkūn, y otra más cuando Yūsuf III ocupó la plaza once días después.

Con la recuperación de Gibraltar y una vez muerto el pretendiente enviado por el emir nazarí, al-Sacīd (el primero de muḥarram de 816/3 de abril de 1413, al mes siguiente de su armisticio con Abū Sacīd), se restablecieron las buenas relaciones y amistad entre Yūsuf III y el sultán de Fez Abū Sacīd cUtmān III (1397-1420), aunque Yūsuf III no cesó de intervenir e influir posteriormente en el gobierno benimerín.

Completan el cuadro de sus relaciones político-diplomáticas los contactos con Túnez (el sultán Abū Fāris le envió caballos y víveres) y el Magrib Central regido por los cAbd al-Wādíes de Tremecén.

Durante el periodo de la sublevación de Gibraltar, también hubo otro motín en el interior del emirato nazarí, en la misma capital, poco antes de la fiesta del Sacrificio (del cordero) del año 815/13 de marzo de 1413. Fue protagonizado por las gentes del Albaicín y otros que los siguieron, al parecer alfaquíes, y no tuvo mayores consecuencias.

Recuperadas completamente la estabilidad y tranquilidad, Yūsuf III no pudo, sin embargo, disfrutar de ellas mucho tiempo. El 26 de íumādà I de 818/3 de agosto de 1415 una flota portuguesa de doscientos cuatro barcos apareció en el Estrecho y permaneció varios días en el puerto de Algeciras, desde donde se dirigió a conquistar Ceuta dos semanas después. Los Nazaríes sospecharon que el primer objetivo de los portugueses era apoderarse de Gibraltar y costas andalusíes y rechazaron a los lusitanos; Yūsuf III quiso dirigir personalmente la defensa, pero se lo impidió una grave enfermedad por la que tuvo que ser intervenido, después de muchos días de padecerla, a mitad [15] de íumādà II de 818/22 de agosto de 1415.

No obstante, contemplados globalmente en el decenio de su reinado, el sitio de Gibraltar y el incidente de la escuadra portuguesa fueron cuestiones menores que no afectaron mucho la estabilidad general del sultanato y no impidieron a Yūsuf III mantener un estado de prosperidad y brillantez. Así lo muestran las intensas actividades interiores que desarrolló este emir, como la acuñación de moneda (se han conservado dinares de oro batidos a su nombre) o las construcciones en la Alhambra (reforma del palacio del Partal Alto o de Yūsuf III y quizás en el Generalife y alrededores, algunas de ellas en rabīc I y Šacbān de 815/julio y noviembre de 1412) y poblaciones fronterizas (ampliación de la alcazaba del castillo de Moclín desde el 22 de íumādà II de 812/1 de noviembre de 1409).

Igualmente, realizó numerosos viajes, visitas y estancias por sus territorios con diversos motivos políticos, militares, administrativos o de descanso; así, tenemos constancia de su presencia fechada con total precisión en diversos lugares como la alquería de Wād (Huétor Santillán), Málaga (cuatro viajes, el primero para revisar un alarde del ejército local y durante el que ordenó que se eliminaran las bebidas alcohólicas y se observase rigurosamente la moral y buena conducta), Moclín, Gibraltar (tres viajes al menos), alquería del Nublo (cuatro estancias documentadas, aunque muchas más probablemente), Alhama, Almuñécar (dos viajes), Güéjar, Alhendín y Algarrobo (Axarquía malagueña).

También fue en esta etapa de paz cuando su hermano uterino (de la misma madre) Abū l-Ḥasan cAlī falleció en la capital, la noche del domingo 14 de íumādà II de 819/9 de agosto de 1416. No se conoce la causa, pero fue una muerte repentina pues, además de ser joven (menos de cuarenta años), sorprendió al propio Yūsuf III en Huétor cuando iba de viaje. El emir se apresuró a regresar a la Alhambra para las exequias y al día siguiente reemprendió su viaje. La importancia de este hermano en la defensa del Estado y la relación especial que el emir mantenía con él se reflejó en diversos aspectos, como el sobrenombre honorífico que le dio (al-Mucizz li-l-Dawla, que era propio de soberanos), la forma de festejar su matrimonio o llorar su muerte y el papel fundamental que desempeñó en la defensa del Estado andalusí.

Su última actuación política estuvo dirigida al Magrib meriní siguiendo su línea de intervención en el gobierno de Fez. Como en ocasiones anteriores, envió un nuevo pretendiente al trono fesí, el sultán Abū Yūsuf Yacqūb. El emir nazarí, a pesar de que la enfermedad que padecía había empeorado, viajó a Almuñécar para ocuparse personalmente de la travesía del pretendiente, que salió de este puerto granadino hacia el Magrib el 25 de rama¼ān de 820/5 de noviembre de 1417.

Esto sucedía a finales del ayuno del mes de rama¼ān, por lo que Yūsuf III ordenó realizar los preparativos para la celebración de la fiesta de Ruptura del ayuno al término del mes. Sin embargo, la muerte le impidió disfrutar de esta celebración, pues falleció el martes 29 de rama¼ān de 820/9 de noviembre de 1417, en el mismo Almuñécar. Aquella misma noche lo llevaron en su ataúd a Granada, adonde llegó entrada la mañana del día de la fiesta sin que nadie advirtiera su entrada porque estaban ocupados en la oración de la fiesta, hasta que se reunieron todos en la Alhambra y entonces llevaron a cabo la proclamación del heredero y el entierro de Yūsuf III.

Su prematura muerte —contaba a la sazón solo cuarenta y un años de edad— se debió sin duda a la enfermedad que le aquejaba desde hacía años y que era la tercera vez que la padecía, pero que en esta ocasión no pudo superar. Años atrás había sufrido una fuerte dolencia estando en Málaga, tras su viaje a Gibraltar, de la que pudo curarse el 16 de îafar de 814/9 de junio de 1411. Luego había enfermado por segunda vez en íumādà II de 818/agosto de 1415, cuando fue operado, y finalmente en 820/1417, cuando murió.

Fue enterrado en la rauda (raw¼a), el cementerio familiar de la dinastía nazarí situado en los jardines contiguos al palacio real, al este de la mezquita mayor de la Alhambra. Tras la conquista de la capital de Granada en 1492 sus restos fueron trasladados, junto a los de otros miembros de la familia real nazarí, por el último sultán de la dinastía, Muḥammad XI (Boabdil), a Mondújar, en las posesiones que a este le concedieron los Reyes Católicos.

Después de nueve años y medio de emirato dejó al-Andalus en paz y estabilidad en todos los frentes y aunque tuvo que pagar el precio de la pérdida de Antequera y algunas otras plazas menores, salió de la situación de tensión bélica que heredó de su hermano y antecesor para legar a su hijo y sucesor un Estado en equilibrio y desarrollo interior y exterior.

Su vida fue breve pero intensa y sufrió con entereza las más duras pruebas del destino, como la cárcel, la sequía en sus territorios o la muerte de sus seres más queridos: esposa, hijos y hermano, a pesar de lo cual mantuvo la fe y confianza en Dios demostrando un sentimiento religioso que se manifestó en su creación poética.

Obras de ~: Dīwān malik Garnāða Yūsuf al-tālit, ed. cA. A. Gannūn, Tetuán, Instituto Muley Hassan, 1958 (20 ed. El Cairo, Maktaba al-Anglū al-Miîriyya, 1965); al-Baqiya wa-l-mudrak min Šicr/kalām Ibn Zamrak, ed. M. Tawfīq al-Nayfar, Beirut, Dār al-Garb al-Islāmī, 1997, y ed. A. S. al-Ḥimîī, Sayda, al-Maktaba al-cAîriyya, 1998.

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Francisco Vidal Castro