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Salvador Díez y Pérez de Muñoz

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Biografía

Díez y Pérez de Muñoz, Salvador. Jerez de la Frontera (Cádiz), 31.XII.1857 – 12.II.1939. Fundador de las Bodegas Díez Hermanos.

Educado en la escuela que los Padres Escolapios tenían en Sanlúcar de Barrameda y posteriormente en la de los Jesuitas, se alistó en 1874 en el Ejército Carlista junto con sus hermanos Manuel y Francisco, ingresando en la Academia de Artillería de Azpeitia.

Prestó sus servicios como oficial de Artillería en una batería de montaña, entrando en combate en el valle de Mena. Cuando la disolución del ejército carlista, se encontraba en la batalla de Abadiano, cubriendo la retirada de la Infantería.

La Restauración en la figura del rey Alfonso XII le llevó a exiliarse voluntariamente en Francia, donde —en unión de su hermano Manuel— se inició en el negocio vinatero. Tenía dieciocho años cuando, desde Bayona, escribió a su padre una carta, fechada el 30 de mayo de 1876, en la que pide le envíe “buen y viejo vino de Jerez”. Parece ser que este envío gustó mucho a los franceses, por lo que repitió el pedido.

Las primeras remesas de cien pequeños barriles de una arroba se fueron ampliando hasta extender su negocio a Marsella y luego a París.

Vuelto a Jerez, contrajo matrimonio en 1885 con María Antonia Gutiérrez O’Neale. Unos años después, definitivamente afincado en Jerez, compró las soleras de Ysasi y Compañía, consolidando así la firma Díez Hermanos, la cual, en 1904, logró exportar 3.796 botas de 500 litros, pasando a situarse entre las más importantes bodegas del marco de Jerez.

Pero la ciudad de Jerez le debe sobre todo a Salvador Díez el poder contar actualmente con el más interesante conjunto histórico y monumental de los que posee, que no es otro que su Alcázar. Monumento que compró, reparó y salvó de la ruina, evitando así un posible derribo, dado el lamentable estado en el que se encontraba desde finales del siglo xix, cuando fue deshabitado por los duques de San Lorenzo, sus últimos moradores. La parte más importante del recinto se la adquirió en 1926 a María Luisa de Ágreda y Fernández de Villavicencio por 170.000 pesetas.

Al año siguiente se hizo con el resto del conjunto: bodega, molino y cobertizos, propiedad que eran de la Compañía Sevillana de Electricidad, donde dicha compañía tuvo instalado el primer generador de eléctrico que hubo en Jerez. También compró y restauró el claustro gótico de Santo Domingo, deshabitado por los frailes dominicos desde los tiempos de la desamortización.

Estas joyas arquitectónicas e históricas, con toda probabilidad se hubiesen perdido arruinadas, de no haber sido por su decidida participación, ya que las autoridades de aquellos tiempos poco hubieran podido hacer por rescatarlas, al igual que tantos otros legados históricos jerezanos, y como en su día ocurriera con las murallas y las puertas o castillos de éstas.

Falleció en su domicilio de la calle San Miguel, número 11, a la edad de ochenta y un años. Estuvo en posesión de la Orden de la Legión de Honor, concedida por el presidente de la República Francesa en 1924.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Municipal de Jerez de la Frontera, Registro de nacidos, t. 19.

J. León Díaz, Siluetas Jerezanas, t. II, Jerez de la Frontera (Cádiz), Litografía y Tipografía M. Hurtado, 1898; R. Díez y Ponce de León, Los Díez, Madrid, 1998; A. Mariscal Trujillo, Jerezanos para la historia, Jerez de la Frontera (Cádiz), Editorial El Laberinto, 2006, págs. 75-76.

 

Antonio Mariscal Trujillo y Lorenzo Díez Romero-Valdespino

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