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Antonio Grau Mora

Biografía

Grau Mora, Antonio. El Rojo, el Alpargatero. Callosa de Segura (Alicante), 1847 – La Unión (Murcia), 1907. Cantaor de flamenco.

Debió su sobrenombre al color de su pelo y a su trabajo de alpargatero en Málaga, durante unos años.

En la última década del siglo xix se avecindó en La Unión, donde estableció un café cantante, local en el que se dedicó a la práctica del cante alternando con las máximas figuras de la época.

Dada su calidad artística, especialmente por los estilos de la comarca levantina, ha quedado en los anales del género como el más destacado intérprete de tarantas, murcianas, cartageneras y mineras, estilos en los que dejó patente su personalidad, sobre la que Guillermo Núñez de Prado, en su obra Cantaores andaluces, escribió lo siguiente: “El Rojo El Alpargatero cultiva el hermoso estilo de la región a que pertenece, si bien marcando en él sello de su psicología propia, modificándolo en parte y aproximándolo lenta y gradualmente a ese otro estilo vago y melancólico que se oye exclusivamente en las cuencas mineras, introduciendo variaciones que le imponían su temperamento.

Las arrogantes violencias de su carácter le hicieron ser respetado por los demás; con esto, que ya es una victoria, y no pequeña, se encontró andando el camino que tenía que recorrer, la otra mitad se la abreviaron notablemente sus condiciones de cantaor, realizando una labor tan brillante y tan acabada como la que más, y que es suya, exclusivamente suya, sin que para llevarla a su fin haya pedido los materiales a nadie [...]. Terco e inflexible como el destino, conocedor de que poseía en su garganta un valor cotizable, una vena que explotar, la puso a precio, y llegó a ser halagada su vanidad de hombre recibiendo a sueldo a los artistas con quien había compartido los azares de la carrera”.

Según la tradición oral, le gustaba, de madrugada, ponerse en la ventana a presenciar la marcha hacia las minas de los mineros, que con su “trapico” y su carburador iban entonando el cante de la “madrugá”.

Todas esas horas de escucha y el impulso creador que llevaba dentro de sí fueron los materiales que le sirvieron para engrandecer los cantes mineros, introduciendo, junto con su personalidad, nuevos tonos, creando un proceso de superación dentro de la más estricta línea de pureza.

Creó escuela por los anteriormente citados estilos, e inventó coplas que se continúan interpretando, entre ellas la que hace alusión a sus coetáneos y a sí mismo: “Fueron los firmes puntales / del cante cartagenero / La Peñaranda, Chilares, / el rojo el Alpargatero / y Enrique el de los Vidales”. Por otra parte, otros cantaores cantaban refiriéndose a él: “Canta como un ruiseñor. / No trabaja de minero, / pero del cante es lo mejor”. También se hicieron populares las coplas que dicen: “En la sierra de La Unión / no cantan los forasteros, / mientras que vivan Chilares, / El Rojo el Alpargatero / y Enrique de los Vidales”; “Se quemó el Café Habanero / no lo pueden levantar. / Levantadlo, caballeros, / sólo por oír cantar / al Rojo el Alpargatero”; “En la calle de canales / se me perdió mi sombrero, / y se lo vino a encontrar / el Rojo el Alpargatero / y no me lo quiere dar”.

Génesis García Gómez, en su libro Cante flamenco, cante minero, afirma: “Tirios y troyanos admiten que el Rojo fue el creador del cante de las minas [...]. El Rojo se convirtió en el gran patriarca cantaor, dueño de tabernas, posadas y cafés, señor de la afición local que en sus establecimientos se profesionalizaba y que tanto le ensalzó”.

 

Bibl.: G. Núñez de Prado, Cantaores andaluces: Historias y tragedias, Barcelona, Maucci, 1904 (ed. facs., Sevilla, Ediciones Andaluzas Reunidas, 1986); J. Blas Vega y M. Ríos Ruiz, Diccionario enciclopédico Ilustrado del Flamenco, Madrid, Cinterco, 1988; G. García Gómez, Cante flamenco, cante minero: una interpretación sociocultural, Barcelona-Murcia, Anthropos- Editora Regional de Murcia, 1993.

 

Manuel Ríos Ruiz