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Juan Ruiz de Luna

Biografía

Ruiz de Luna, Juan. Noez (Toledo), 12.VII.1863 – Talavera de la Reina (Toledo), 25.IX.1945. Recuperador e historiador de la cerámica talaverana y fotógrafo.

Hijo del segundo matrimonio de Catalina de Luna con Alfonso Ruiz Rojas, hasta los diecisiete años vivió en su pueblo natal ayudando al mantenimiento de una pequeña industria familiar dedicada a la fabricación de castañuelas. Poco después comenzaría su actividad como pintor decorador junto a sus hermanos de madre, Jerónimo y Emilio Herráiz de Luna, que habían trabajado para San Francisco el Grande de Madrid, afincados ahora en Talavera y cuya prematura muerte en 1885, víctimas del cólera, lo puso en solitario al frente del taller.

En torno a esta misma fecha se inició en la fotografía, realizando magníficas colaboraciones en revistas como Castilla, El Castellano Gráfico, Toledo, etc., que aúnan la belleza de las imágenes y el incuestionable valor como documentos gráficos de su época; sirvan de ejemplo aquélla en la que aparece Sorolla pintando su Boda de lagarteranos o las que ilustran acerca del funcionamiento de un alfar talaverano de principios del siglo XX. La relación que entabló con sus proveedores de material, los hermanos Lumière, estuvo a punto de convertirlo en un pionero del cinematógrafo en España, operación que se frustró por no contar con los recursos necesarios.

Posiblemente, entre 1883 y 1885 se casaría con Francisca Pérez Pinilla, de la que enviudó, casándose de segundas nupcias con Francisca Arroyo Pinilla, pariente de la primera mujer. De sus numerosos hijos, tres, Juan, Rafael y Antonio, siguieron la trayectoria del padre y Salvador se dedicó a la música con bastante éxito.

En 1900 conoció a Enrique Guijo, pintor y ceramista de Triana, que decidió establecerse en Madrid, donde en ese momento no había hornos de cerámica.

Tras unos años de amistad y compenetración, durante los cuales estudiaron intensamente la técnica y los estilos de la lozas talaveranas de los siglos XVI y XVII, visitando museos e iglesias y rastreando en los escasos testares supervivientes, en 1907 resolvieron llevar a cabo su recuperación, ya que, pese a disfrutar en otros tiempos de tanto aprecio, fuera y dentro de nuestro país, estaban prácticamente perdidas. Con la llegada de los Borbones a España y las modas dieciochescas se impuso el gusto por lo francés, entrando en un período de gran decadencia al que puso colofón en los albores del siglo XIX la invasión napoleónica, que destruyó sistemáticamente la casi totalidad de las industrias nacionales. Poco después, al patrón francés sucederá el inglés lo que con la pérdida de las colonias y, consecuentemente de su mercado, hará el resto. Así, propusieron a Emilio Niveiro Gil de Rozas que se uniera al proyecto, como dueño y director de El Carmen, único alfar superviviente en Talavera, que databa de 1849, dedicado a una producción popular, quien no vio claro el negocio. Entonces acudieron al coleccionista y experto de Oropesa, Platón Páramo, que aceptó entusiasmado, al igual que Juan Ramón Ginestal Maroto, propietario de la antigua factoría de paños de la plaza del Pan, donde quedaría ubicada la de cerámica, formando la Sociedad Ruiz de Luna, Guijo y Compañía. El día 8 de septiembre de 1908, festividad de Nuestra Señora del Prado, patrona de la ciudad, bajo cuya advocación se puso la fábrica, comenzó la andadura de esta empresa.

De las tres etapas que cabría estudiar en su producción, son las dos primeras aquellas de mayor importancia artística y económica. En ambas estuvo siempre presente Juan Ruiz de Luna, no sólo como responsable de la administración sino que, junto a los respectivos jefes de taller-maestros de pintura, informó en todo momento acerca de la línea estilística a seguir. Al respecto interesa conocer que, pese a ser autodidacta, su curiosidad, su afán emprendedor y de conocimiento, así como su sensibilidad le condujeron a una sintonía total con las principales corrientes intelectuales del momento —noventayochismo, modernismo e institucionismo—, con algunos de cuyos representantes mantuvo relación y amistad: Sorolla, Benlliure, Manuel Machado, los Zuloaga, Unamuno...

De hecho en esa línea de pensamiento está el germen de la idea recuperadora de cerámicas como la talaverana, igual que sucedería en Sevilla con Mensaque y Soto, en Toledo con los Aguado, en Segovia con Daniel Zuloaga o en Manises con Benlloch.

En otro orden de cosas también lo estará en la constitución de la Sociedad Obrera El Bloque en 1914, donde además de las clases de Dibujo Lineal y Artístico, un profesor de enseñanza primaria daba nociones de primeras letras y cultura general. Por último, hubo de conocer la doctrina de Taylor en cuanto que procuró el incremento y mejora de la productividad recurriendo a métodos como el confort de los talleres, con la instalación de altavoces a través de los que se oía música clásica para mover a la concentración en el trabajo y evitar la charla, o la separación de los obreros por sexos.

En 1915 se rompió la sociedad y Ruiz de Luna afrontó en solitario las riendas de la empresa, con Francisco Arroyo Santamaría, como director artístico del período más brillante del taller. Sobrino de Ruiz de Luna y discípulo de Guijo, cuya influencia es reconocible en cada uno de sus trabajos, reanudándose así el trasvase mutuo que siempre existió entre Sevilla y Talavera, imprime a este centro un carácter que perdura hasta hoy —ya que fue el maestro de la mayoría de ceramistas talaveranos del siglo XX—, consistente en la fusión de rasgos de ambos, asimilados y desarrollados hasta crear su propio estilo. Es entre 1920 y 1930 cuando la producción alcanza su cénit. La demanda se multiplica, tanto dentro como fuera de España, asistiendo a numerosos certámenes nacionales e internacionales en los que a menudo triunfan: Exposiciones Nacionales de Artes Decorativas de 1916 y 1917 y las del Círculo de Bellas Artes de 1919, 1920 y 1923 o las de Filadelfia y Milán, en 1927 y Monza, en 1930. A título personal son también cuantiosos e importantes los galardones otorgados a Juan Ruiz de Luna, nombrado en 1923 académico de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, Hijo Predilecto de Noez e Hijo Adoptivo de Talavera de la Reina. En 1925 recibe la Cruz de caballero de la Orden Civil de Alfonso XII y en 1928 por Real Orden de Alfonso XIII, a modo de reconocimiento se le concede la unión de los dos apellidos a fin de que no se pierdan.

Junto al rescate de unas lozas perdidas, Ruiz de Luna hace de esta cerámica un producto de elite al despreocuparse de su vertiente popular, y no sólo por las series escogidas sino por la calidad de los barros y la perfección técnica y en los diseños, faceta que contó con la colaboración de algunos de los grandes artistas del momento, amigos de la casa. Calidad nunca superada, ni antes ni después, lo que repercutió en el precio, que fue muy elevado y en que pasara a ser objeto de deseo de la aristocracia y la nueva burguesía, enriquecida recientemente con los pingües negocios derivados de la Gran Guerra, así como de un cierto sector de la intelectualidad oficial que, preocupado por los desastres históricos y convencido de que la fórmula del triunfo estaba en el espíritu que les parecía alentaba todavía en esas lozas, se constituyeron en su principal clientela. Ese mismo ideario condujo a la recreación de unos estilos arquitectónicos que fueron el soporte idóneo para los innumerables paneles de azulejos salidos de Nuestra señora del Prado con destinos como los madrileños sectores de Gran Vía, barrio de Salamanca, paseo de la Castellana y zonas adyacentes, y otros muchos edificios y casas por toda España y haciendas de Cuba. Las vajillas y demás piezas diseñadas para el ajuar de viviendas hicieron gala del mismo nivel de perfección, tanto como las que se destinaron al mobiliario urbano, destacando su intervención en la plaza de España de Sevilla (1929), el metro de Buenos Aires (1930-1934) o las fuentes que dejaron en Argentina (1927 y 1936) y Brasil (1935). También los zócalos y retablos para iglesias como Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina (1914), San Martín de Valdeiglesias (Madrid, 1924) o Castillo de Bayuela (Toledo, 1924). Algunas de sus obras más notables fueron encargos para edificios oficiales e históricos, como la Casa de Cisneros en Madrid (1912), el Alcázar de Toledo (1923), el Hospital de Valdecillas (Santander, 1923), el Palacio de Pimentel (1935-1940), la Facultad de Letras (1944), ambos de Valladolid, y para establecimientos diversos como la Antigua Farmacia de la Reina Madre, en la Calle Mayor de Madrid, que data de 1578 (1914), el Teatro Victoria de Talavera de la Reina (1913), o la sede de los Seguros La Estrella en Madrid (1917).

La Guerra Civil aceleró un proceso ya comenzado años antes a causa del cambio en la moda, la economía y la política. Por otra parte la avanzada edad de Juan Ruiz de Luna motivó el traspaso de la fábrica a sus hijos en 1942, dedicándose desde ese instante a dos proyectos: una monografía acerca de la cerámica de Talavera y la colección de lozas antiguas iniciada muchos años atrás. Con respecto al primero, en el que había trabajado junto al agustino Diodoro Vaca, muerto en 1928, es de gran importancia dado el vacío existente hasta entonces en la bibliografía sobre este tema, que sólo contaba con los trabajos del padre Vaca de 1911 y de Platón Páramo de 1919. En cuanto al segundo, continuado por sus hijos tras su muerte, baste decir que está formada por más de mil quinientas piezas de Talavera y Puente del Arzobispo, comprendiendo las más variadas épocas, series y tipologías.

En un principio quedó instalada en el mismo edificio de la fábrica, donde permanece incluso hasta muchos años después de su cierre en 1961 y pese a ser adquirida por la Dirección General de Bellas Artes, Diputación de Toledo y Ayuntamiento de Talavera en 1963. En 1979 se traslada al antiguo edificio del Banco de España, con carácter provisional, en el que la colección estará almacenada hasta su traslado al Convento de San Agustín que definitivamente la acogerá y donde se da forma al Museo Ruiz de Luna, inaugurado en 1996.

Tras su muerte, le fue concedida la Medalla del Trabajo y la Cruz de Alfonso X el Sabio.

 

Obras de ~: con D. Vaca González, Historia de la cerámica de Talavera, y algunos datos sobre la de Puente del Arzobispo, Madrid, Editora Nacional, 1943 (ed. facs, coord. A. Ballesteros Gallardo, Talavera de la Reina, Ayuntamiento, 2008).

 

Bibl.: A. Ruiz de Luna, “Datos para una historia de la cerámica de Talavera. El alfar de los Ruiz de Luna”, en La Voz del Tajo (Talavera), Especial Ferias de Mayo (1981); P. López Mondéjar, Crónica de La luz. Fotografía en Castilla-La Mancha (1855-1936), Madrid, Fundación Cultural Castilla-La Mancha, Ediciones El Viso, 1984; I. Hurley Molina, “El rescate de la cerámica de Talavera en el siglo XX y su presencia en Málaga”, en Boletín de Arte (Universidad de Málaga) (1986); “Talavera y Sevilla: estudio comparativo de sus cerámicas desde el Renacimiento hasta el siglo XX” y “Significantes socioculturales en la cerámica de Ruiz de Luna”, en VV. AA., Actas del Primer Congreso de Historia de Castilla-La Mancha (APCHCLM), Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 1988; Talavera y Los Ruiz de Luna. Resurgimiento y evolución de una cerámica, Toledo, Ayuntamiento de Talavera-Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1989; VV. AA., Presentación y estudios. P. Diodoro Vaca y Juan Ruiz de Luna. Historia de la cerámica de Talavera (I Centenario Fábrica de Cerámica Ruiz de Luna “Ntra. Sra. del Prado”, 1908-2008), Talavera de la Reina, Ayuntamiento, 2008; F. González Moreno (dir.), El Arte Redivivo. Primer Centenario de la fábrica de cerámica Ruiz de Luna, Talavera, Ayuntamiento, 2008.

 

Isabel Hurley Molina