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Dionisio Pérez Gutiérrez

Biografía

Pérez Gutiérrez, Dionisio. Post-Thebussem. Grazalema (Cádiz), 1871 – Madrid, 23.II.1935. Periodista, político y escritor.

Hijo de maestro, nació en Grazalema, pero pasó su infancia en El Puerto de Santa María, realizando sus estudios en el Colegio de los Jesuitas, manifestándose desde sus inicios como precoz e inteligente.

Muy pronto se comprometió en diferentes causas en su tierra aprovechando su colaboración en el Diario de Cádiz; además de la Revista Portuense que fundó en 1890; y la publicación que dirigió con el título La Dinastía, una hoja “febril y violenta”, con la pretensión de combatir el caciquismo de El Puerto de Santa María, lo que le valió algunos procesos. Su compromiso más notable fue la defensa de Isaac Peral, quien habiendo resuelto los problemas de la navegación submarina y llegando a botar su submarino el 8 de septiembre de 1888, a pesar de los apoyos recibidos, le tocó vivir la dura experiencia de ver desechado su invento por el ministro de Marina, y una campaña de desprestigio y vilipendio. Dionisio Pérez —que en los últimos años de su vida dedicó un libro a Isaac Peral—, tras los conflictos experimentados y decepcionado, decidió dejar El Puerto de Santa María —donde sólo volvería para contraer matrimonio con la portuense Carmen Lobo el 12 de agosto de 1895, con la que tuvo tres hijos, Rafael, Carmen y Dolores— y marchar a Madrid en 1891, donde vivió, salvo breves períodos, hasta su muerte, y desarrolló una brillante e imparable carrera periodística. Su producción literaria y periodística apareció bajo la firma de su nombre y primer apellido, aunque en ocasiones lo hizo con alguno de los siguientes seudónimos: Pedro Recio de Tirteafuera, Mínimo Español, Amadeo de Castro, Martín de Ávila, y Post-Thebussem, este último para sus obras de tema gastronómico, en homenaje y reconocimiento al gran polígrafo y gastrónomo Mariano Pardo de Figueroa, conocido por Doctor Thebussem. También en su dilatada vida periodística son muy numerosos los artículos o columnas que escribió sin firmar, de acuerdo con los editores del periódico o revista a cuya redacción pertenecía; las circunstancias sociopolíticas del momento; y la filiación de los propietarios. Lo que en algunas ocasiones, por causa de desengaño personal o discrepancia con la propiedad, le llevó a dimitir de su cargo, como fue el caso de El Sol, propiedad de Nicolás Urgoiti (1929).

Llegado a Madrid con veinte años, se le abrieron las puertas de periódicos que se hallaban en pleno apogeo, como El Correo, La Iberia —en el que sustituyó a Felíu y Codina— o El Globo. Dionisio Pérez se hizo notar de inmediato, de modo que a los veinticinco años escribía artículos de fondo, y “era ya uno de los polemistas más vivaces y más diestros”.

Pero su entrega al periodismo madrileño no le impidió colaborar con otros diarios de provincias, o con la Agencia Mencheta. En este orden de cosas, estuvo dos años dirigiendo El Noreste, de Gijón, o el Diario de Zaragoza, propiedad del conservador Tomás Castellano y Villarroya, ciudad esta última donde nacería muerto su primer hijo y padeció unas graves viruelas. Tras cesar en el Diario de Zaragoza, volvió a Madrid para dirigir Vida Nueva, en diciembre de 1899, que andaba en dificultades económicas. Dionisio Pérez sucedió a Eusebio Blasco, y, aunque tomó medidas tajantes, no pudo evitar la muerte de tan prestigiosa publicación, cuando llevaba publicados noventa y tres números.

Ilusionado con la idea de una República federal pasó a escribir al diario El País con Ricardo Fuente, y luego al Heraldo de Madrid, donde llegó a ser el articulista preferido de Canalejas. Durante su estancia en El País, como consecuencia de grandes desórdenes habidos en la capital (1904) fue detenida toda la redacción, por lo que pasó cuarenta y cinco días en la cárcel. Posteriormente, con el que entonces era su director, Augusto Figueroa, se incorporó al Diario Universal. Siendo redactor de ese diario tuvo un duelo con Manuel Bueno, uno de sus mejores amigos, fruto de un equívoco motivado en la creencia de Bueno de que era Dionisio Pérez quien escribió un artículo contra él y contra Valle-Inclán y otros intelectuales que habían protestado enérgicamente cuando Montero Ríos llegó al poder (1905).

En reconocimiento a su labor periodística obtuvo acta de diputado por El Puerto de Santa María en 1910, con el Partido Liberal, aunque continuó dedicando su vida al periodismo en El Imparcial, llamado por José Ortega Munilla, en sustitución de Manuel Troyano. Ahí cumplió la aspiración de todo joven escritor al colaborar en Los Lunes del Imparcial, según cuenta Azorín, de cuya amistad disfrutó. Tras el asesinato de Canalejas el 12 de noviembre de 1912, todavía se embarcó, arriesgando su propio peculio en la fundación de un periódico antirromanonista (21 de julio de 1913), cuyo sorprendente título fue La Dictadura.

Diario Liberal Demócrata, aunque lo ostentó solamente tres meses, ya que pasó a tomar el nombre de La Nación (diario monárquico que había fracasado poco antes), declarando con esta nueva cabecera su adhesión a Manuel García Prieto. Pero, ciertamente, la dedicación a su acta de diputado por El Puerto de Santa María, el asesinato de Canalejas, y otras circunstancias motivaron que fuera abandonando sus obligaciones diarias con el periodismo e iniciar su período de colaborador asiduo en publicaciones como Nuevo Mundo o La Esfera. En estas revistas, si coincidía que tenía que escribir para un mismo número dos o tres colaboraciones, utilizaba alguno de sus diferentes seudónimos.

En este período, Dionisio Pérez colaboró intensamente en la constitución y puesta en marcha de la Asociación de la Prensa y cabe destacar sus relaciones y colaboraciones con Prensa Española y, sobre todo, con publicaciones como El Sol y La Voz, siendo en esta última donde escribió algunas de sus numerosas colaboraciones de tema gastronómico con el seudónimo de Post-Thebussem, que luego dieron lugar a una obra de carácter póstumo, La cocina clásica española (1936), editada por su viuda con la colaboración y prólogo de su amigo el novelista y también columnista Alberto Insúa.

En 1918 volvió a ser elegido diputado por segunda vez, pero finalmente renunció al acta (ejemplo “insólito”, según Luis Bello) y no volvió a pisar el Congreso.

Pasó entonces una breve temporada en ABC, donde “don Torcuato le puso un gran despacho”, aunque a él no le gustaba usarlo, dada su voluntad de independencia y de no sentirse obligado a nadie.

No obstante, en 1921 fue galardonado con el primer Premio Mariano de Cavia que había instituido Torcuato Luca de Tena y su diario ABC, por el mejor artículo publicado en la prensa de España en 1920, cuyo título fue “La musa de Joaquín Costa”.

Luis Bello celebró en su página de La Esfera la inauguración “con el mayor acierto” de este Premio de ABC y la concesión a Dionisio Pérez. “Yo lo veo como una reparación”, por recaer en “un verdadero articulista que ha escrito millares de artículos admirables y que, sin embargo, permanece al margen de los periódicos”.

En 1928 marchó a Cuba, cuya estancia prevista en principio como breve, duró varios meses, aunque enviaba diariamente un artículo para el diario El País. En esta época es cuando más ejerció como Post-Thebussem, dando muestra del enorme ingenio y capacidad de trabajo que poseía. En 1929, editada por el recién creado Patronato Nacional de Turismo, dio a la luz una obra, fruto de un laborioso trabajo de campo, a través de numerosos amigos periodistas, cocineros, o secretarios de ayuntamiento, bajo el título Guía del buen comer español: inventario y loa de la cocina clásica de España y sus regiones, verdadero retrato de la España gastronómica, donde capítulo a capítulo, encabezados por las diferentes regiones españolas resume con pluma fina y cuidada lo mejor de la gastronomía de cada región, cuya suma constituye la gran cocina española. También realizó la edición de El Libro de Guisados de Ruperto de Nola, que se publicó en 1929 en la colección “Los Clásicos Olvidados”, a requerimiento de su director, Pedro Sainz Rodríguez, en cuya introducción y anotaciones demuestra los enormes conocimientos que poseía en dicha materia. Su relación con la gastronomía y cocinas españolas le procuraron no pocas relaciones y distinciones. Entre todas, la que más apreciaba —además del homenaje que recibió junto a Teodoro Bardají y Alberto Insúa por el Sindicato Libre Profesional de Cocineros de Madrid— era la de presidente honorario de la Asociación Profesional de Cocineros de Cataluña.

En 1930 fue propuesto para ocupar el Sillón F de la Real Academia Española, pero no llegó a ser elegido.

Aunque en 1933, acompañado de su mujer, marchó a Buenos Aires como delegado oficial de la “Exposición del Libro español en la Argentina” —lo que les permitió ver a su hijo Rafael, que muy joven había emigrado a Buenos Aires al tiempo que iniciaba sus colaboraciones mensuales para El Diario Español—; sin embargo, los últimos años de su vida los pasó trabajando en su casa, alejado de tertulias literarias y apartado de la cosa pública desilusionado como estaba de la marcha de la vida política. Así, se dedicó a la edición de sus últimos libros, la reedición de su obra antijesuítica, Jesús; su reivindicación de Isaac Peral; o la edición de su novela En el lendel de la vida, en cuya breve introducción de carácter autobiográfico, se lee que “constituye su mayor orgullo el haber borrado del alma española el rencor sentido, hasta por liberales y republicanos, contra Bolívar, al que hemos españolizado y residenciado en efigie en Madrid”. El presidente de Venezuela le envió el título de Comendador de la Orden del Libertador.

Alguien pudo afirmar que, apasionado por el periodismo diario, además de “periodista de cuerpo entero, era también un pensador y literato”, y que “si las necesidades de la vida no le hubieran forzado al yunque diario, hubiera dejado escritos muchos y enjundiosos libros”, como se atisba en algunos de sus libros de ficción. Por lo demás, el resto de su obra impresa en libro refleja su firme preocupación por los temas sociales y políticos, aunque su reconocida capacidad de trabajo, y las pocas horas que empleaba para dormir, también le permitieron dedicar notables esfuerzos en defensa de la cocina y de la gastronomía españolas, produciendo alguna obra todavía hoy imprescindible, y numerosas colaboraciones en periódicos y revistas que en la actualidad se leen con fruición. Era conocido entre los suyos, y él mismo lo confirmaba, como fino gastrónomo, nada glotón, fumador de buenos cigarros, y ameno en todo lo referente a la cultura gastronómica.

Dionisio Pérez Gutiérrez murió en Madrid, el 23 de febrero de 1935.

 

Obras de ~: Jesús (memorias de un jesuita novicio), Madrid, Est. Tipográfico calle de la Libertad, 1898 (2.ª ed., Madrid, Editorial Pueyo, 1932); La Juncalera, Barcelona, Imprenta Heinrich y Cía. Editores, 1902 (2.ª ed., El Puerto de Santa María, Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, 2006); La doncella de mi mujer, ils. de J. Nolla, Barcelona, Sopena, 1902 (2.ª ed. México, Maucci Hermanos, 1910); Ensayo de bibliografía y tipografía gaditanas, Madrid, Imprenta Mendizábal, 1903; La huelga de Bilbao, 1903; España ante la guerra: artículos publicados en “Mundo Gráfico”, “La Esfera” y “El Mundo”. Agosto-octubre 1914, Madrid, Imprenta Española, 1914; Por esas tierras: Andanzas, viajes y meditaciones de Mínimo español con antecedentes de la vida de este [...] compatriota, Madrid, Imprenta Española, 1916; El honor encadena: folletín de amor, viajes y aventuras, Madrid, Renacimiento, 1920; “La musa de Joaquín Costa”, en Nuevo Mundo (Madrid), año XXVII, n.º 1569, 9 de abril de 1920, págs. 6-7; En el lendel de la vida, ils. de Barbero, Madrid, Gráficas Rivadeneyra, 1926; R. de Nola, Libro de guisados de Ruperto de Nola, ed. y est. de ~, Madrid, Blass, 1929 (col. Clásicos Olvidados, vol. IX) (2.ª ed., Huesca, La Val de Onsera, 1994); Daniel Vierge: el renovador y el príncipe de la ilustración, Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1929; Guía del buen comer español: inventario y loa de la cocina clásica de España y sus regiones, Madrid, Patronato Nacional del Turismo, 1929 (2.ª ed., pról. del marqués de Desio, Madrid, Velázquez, 1976; 3.ª ed., pról. de C. Delgado, Sevilla, Libano, 2000; 4.ª ed., Valladolid, Maxtor, 2005); La Dictadura a través de sus notas oficiosas, Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1930; El enigma de Joaquín Costa ¿Revolucionario? ¿Oligarquista?, Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1930; Bolívar criollo, Madrid, Nuestra Raza, 1934; Los hombres de nuestra raza, Isaac Peral: la tragedia del submarino Peral, Madrid, Ediciones Nuestra Raza, 1935; con R. de Basterra y A. Barcia, Fragmentos de trabajos de crítica en torno a la obra del historiador y geógrafo Segundo de Ispizua, entresacados del libro titulado Segundo de Ispuzua, su vida y sus obras, Madrid, Imprenta C. Bermejo, 1936; La cocina clásica española. Excelencias, amenidades, historias, recetarios, pról. de A. Insúa, Madrid, Librería Ibero-Americana, 1936 (2.ª ed., Huesca, La Val de Onsera, 1994); Post-Thebussem (seud.), Naranjas: el arte de prepararlas y comerlas, est. prelim. del Dr. Marañón y fórmulas recopiladas por Post-Thebussem, Madrid, Unión Nacional de la Exportación Agrícola, [19??] [2.ª ed., Burriana (Castellón), Ediciones Histórico Artísticas, 1993; 3.ª ed., Taronges: l’art de preparar-les i menjar-les receptari. Panegiric del Dr. Marañón i receptes arreplegades per Post-Thebussem, trad. por A. Ahuir i López, Valencia, L’Oronella, 1997; 4.ª ed., Madrid, UBS, 2003; 5.ª ed., Somonte-Cenero (Gijón), Ediciones Trea, 2006].

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 123 n.º 12 y 129 n.º 11.

J. Ortega Munilla, “Chispas del yunque. Dionisio Pérez”, en ABC (Madrid), jueves 21 de abril de 1921, pág. 11; Redacción, “Ha muerto Dionisio Pérez”, en ABC, domingo 24 de febrero de 1935, págs. 29-30; J. L. Molina Martínez, Anticlericalismo y literatura en el siglo xix, Murcia, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1998; D. J. López Pérez, “La voluntad política de Dionisio Pérez”, en Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, n.º 10 (2002), págs. 59-67; “Dionisio Pérez Gutiérrez”, en http://www.filosofia.org/.

 

José-María Pisa Villarroya