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Antonio Aparicio

Biografía

Aparicio, Antonio. Sevilla, 30.VI.1916 – Caracas (Venezuela), 10.VII.2000. Poeta.

Nació en Sevilla, el día 30 de junio de 1916. Sus estudios de bachillerato se inician en el curso académico 1928-1929, aunque no vuelven a certificarse notas del poeta hasta el año escolar 1930-1931. El ambiente cultural sevillano en la década de los treinta le lleva al Ateneo de Sevilla y al periódico El Liberal.

También frecuentaría la Universidad Popular de Sevilla, creada en la ciudad hispalense por la Federación Universitaria de Estudiantes (FUE). El joven Aparicio —con dieciocho años cumplidos— comienza a colaborar en el periódico de José Laguillo, con artículos de diversa temática: la literatura picaresca, el encanto de la “ciudad de la gracia”, la espiritualidad andaluza, la España de pandereta, la bohemia de Murger, Miguel de Unamuno, Bécquer en su centenario, la guitarra andaluza, el Romanticismo, Goya, El retablo de maese Pedro, Fernando Villalón, el tricentenario del Fénix Lope de Vega, etc. Todavía en este período de anteguerra, el poeta colaboró en las sevillanas Hojas de Poesía y Nueva Poesía (1935), en la gaditana Isla (1935) y en la zaragozana Noreste (1935).

El 19 de marzo de 1936, Aparicio viaja a Madrid, donde le sorprende la guerra. Será en ella donde se intensifique su vocación literaria, en consonancia con un ideal ético y político de lucha popular. Junto a Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Federico García Lorca o Rafael Alberti, su gran amigo en ese momento fue Miguel Hernández, al que dedicará, años más tarde, un emotivo ensayo con el título El rayo que no cesa. Director de Al Ataque, órgano de la 46 División “Campesino”, Aparicio también desempañará la función de comisario de Cultura de la 1ª Brigada de Choque de Valentín González. La lectura y declamación de versos se convierten en una de las funciones más características del comisario. Su labor dentro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas le lleva a firmar igualmente varios manifiestos en el órgano de ésta, El Mono Azul, y a ser uno de los redactores del “Informe” al II Congreso Internacional de los Intelectuales Antifascistas. Publicó en numerosas revistas y periódicos de guerra (Al Ataque, El Mono Azul, Hora de España, Combate, La Voz del Combatiente, Mundo Obrero, etc.). Su labor poética bélica también fue recogida en diversos romanceros de guerra. Incluso en El Mono Azul, editó una pequeña pieza de teatro de urgencia: Los miedosos valientes. Tres son las direcciones de su poesía en estos momentos: una línea estética que resalta la labor del comisario, soldado y poeta (armas y letras) en la guerra; otra vertiente eminentemente jocosa y satírica; y, finalmente, evocación y cantos de solidaridad con los amigos y camaradas.

En Madrid, en 1938, bajo el sello de la Editorial Signo, dio a la luz Elegía a la muerte de Federico García Lorca, que está incluida íntegra —con algunas variaciones léxicas importantes— en Fábula del pez y la estrella (1946) (última sección, “Elegía a la luz de Granada”).

Acabada la guerra, en marzo de 1939, es detenido, aunque consigue evadirse y pedir asilo en la Embajada de Chile. Allí, junto a otros dieciséis republicanos, recibe un día la visita de Miguel Hernández, en libertad provisional, tras pasar por la prisión de Torrijos. Con fecha 9 de septiembre de 1940 es conducido hasta la frontera de Portugal, con dirección a Chile. Residió en Chillán y colaboró en La Verdad de España y El Siglo. También en España Libre, periódico quincenal publicado de febrero a diciembre de 1942. Regentó la Librería Arte, situada en Huérfanos, en el pasaje cerca del Rotativo Máxim, en la ciudad de Santiago.

La trayectoria poética de Aparicio comprende —después de Elegía [...]— una plaquette (Domador de la aurora) y cuatro libros (Fábula del pez y la estrella, ya citada; La niña de plata, 1955; Ardiendo en ira, 1977; Gloria y memoria del arte de torear, 1981), a lo largo de un período de treinta y cinco años. Pero gran parte de su obra lírica quedará registrada en diversas revistas. E incluso dejaría dos libros inéditos. Recientemente se ha editado Ciudad sin comparación, dedicado a Sevilla.

La obra en prosa de Aparicio comprende, además de la breve evocación sobre Miguel Hernández, el extenso ensayo Cuando Europa moría o doce años de terror nazi (1946), y los artículos y conferencias sobre pintura, literatura y política publicados —y reseñados— en revistas y prensa. Aparicio dirigió durante años, en Caracas, un programa radiofónico de información denominado El Diario Español. Su obra periodística es considerable (escribió artículos para El Nacional de Caracas durante más de treinta años).

Tras cinco años en Sevilla, entre principios de 1964 y finales de 1968, el escritor vuelve a residir en Caracas, trabajando hasta su muerte ocurrida en esa ciudad el día 10 de julio de 2000.

 

Obras de ~: Elegía a la muerte de Federico García Lorca, Madrid, Signo, 1938; Fábula del pez y la estrella, Buenos Aires, Losada, 1946; Cuando Europa moría o doce años de terror nazi, Santiago de Chile, Cruz del Sur [1946]; La niña de plata, Ateneo de Valencia del Rey, 1955; Ardiendo en ira, Madrid, Editora Nacional, 1977; Gloria y memoria del arte de torear, Sevilla, Publicaciones del Ayuntamiento, 1981; Ciudad sin comparación, Valencia, Pre-Textos, 2003; Corazón sin descanso (poesía reunida), ed. de S. Aparicio de Léger y J. M.ª Barrera López, Sevilla, Renacimiento, 2004 (Biblioteca del exilio, 18).

 

Bibl.: J. M.ª Barrera López, “Guerra civil y destierro en Antonio Aparicio”, en VV. AA., Mosaico de varia lección literaria en homenaje a José María Capote Benot, Sevilla, Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1992, págs. 233-248; D. Pineda Novo, “Antonio Aparicio: perfil de un poeta”, en Cuadernos Hispanoamericanos, n.º 509 (noviembre de 1992), págs. 103-113; J. M.ª Barrera López, “La obra en prosa de Antonio Aparicio”, en M. Aznar Soler (ed.), El exilio español de 1939. Actas del Congreso Internacional (Bellaterra, diciembre de 1995), t. II, Barcelona, Gexel Cop d’ Idees, 1998, págs. 71-84; “Vida y obra de Antonio Aparicio” en A. Aparicio, Corazón sin descanso, op. cit., págs. 9-59.

 

José María Barrera López