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Lluis Companys i Jover

Biografía

Companys i Jover, Lluís. El Tarrós (Lérida), 21.VI.1882 – Barcelona, 15.X.1940. Abogado y político.

Hijo de una familia de propietarios liberales procedentes de la pequeña nobleza rural, fue el segundo de ocho hermanos. A los ocho años, sus padres le matricularon interno en el Liceo Políglota de Barcelona, donde cursó bachillerato y conoció a Francesc Layret.

A partir de 1898, estudió Derecho. Desde su entrada en la facultad, defendió los postulados republicanos, influenciado, quizá, por Layret, dos años mayor que él y con quien había vuelto a coincidir en la universidad.

En febrero de 1900, Companys fue uno de los fundadores de la Asociación Escolar Republicana y, en calidad de tal, al año siguiente, encabezó la delegación estudiantil que agasajó al ex presidente de la República, Francesc Pi i Margall, encargado de presidir los Juegos Florales de aquel año.

En 1903 se afilió a la Unión Republicana (UR), encabezada por Nicolás Salmerón. Pero tres años más tarde, al constituirse la coalición electoral Solidaridad Catalana, el partido se dividió entre los que se aliaron con el movimiento catalanista, contando con el apoyo de Salmerón, y los que abandonaron el partido siguiendo a Alejandro Lerroux que en 1908 creó el Partido Republicano Radical (PRR). Companys, Layret y muchos de los cuadros de comarcas fueron solidarios y gozaron del efímero fruto de la victoria electoral de 1907, pero la imposibilidad de mantener la frágil coalición se evidenció con la Semana Trágica.

La represión política subsiguiente condujo a la primera detención de Companys.

El debilitamiento de la UR, tras el abandono de los “lerrouxistas”, hizo que sus dirigentes —Josep Roca y Eusebi Corominas— se planteasen la unificación con los federales y con el Centre Nacionalista Republica, lo que condujo a la creación de la Unión Federal Nacionalista Republicana (UFNR) en abril de 1910.

Companys sería el responsable de las Juventudes de la nueva formación.

En esta época contrajo sus primeras nupcias con Mercedes Micó. La pareja tendría dos hijos, Luis, nacido en 1911, y María del Alba, cuatro años más tarde. El primogénito pronto mostró síntomas esquizofrénicos que acabaron siendo agudos en edad adulta, enfermedad que se complicaría con una tuberculosis ósea. Este vástago fue siempre una de las principales preocupaciones de Companys.

La UFNR, surgida con el doble propósito de arrancar apoyos a la Lliga Regionalista en el campo catalanista y al PRR entre los obreros, tuvo su éxito más significativo en las elecciones legislativas de mayo de 1910, en las que consiguió once parlamentarios. Pero la muerte de Valles i Ribot, su verdadero líder aglutinador, provocó la ruptura del partido en abril de 1912. Su desaparición coincidió con el surgimiento del Partido Reformista, liderado por Melquiades Álvarez que, bajo la consigna “libertad y orden”, propugnaba una república moderada. Fue entonces cuando el sector menos nacionalista de la UFNR se pasó a la nueva formación, y entre ellos, Lluís Companys, así como también el rotativo La Publicidad, donde él trabajaba como corresponsal de la sección de política municipal de la capital catalana. Era también redactor jefe del semanario barcelonés La Barricada.

En las elecciones municipales de noviembre de 1913, Companys se presentó en la lista reformista por el distrito de Sants-Les Corts pero, igual que el resto de los candidatos de la formación, no resultó elegido.

A principios de 1914 abandonó el reformismo, aunque continuó manteniendo su vinculación con La Publicidad, rotativo que, desde enero de 1915, pasó a dirigir Marcelino Domingo, siendo él su redactor jefe, y ambos acabaron propiciando, junto con Layret, la formación del Bloc República Autonomista (BRA), en mayo de ese año. Su fuerza fue testada en las elecciones generales de abril de 1916, en las que sólo venció Marcelino Domingo, por Tortosa.

La relación entre Companys y Domingo era entonces muy estrecha y Domingo propició que, en esas elecciones, Companys concurriese como candidato en el distrito de Roquetes, vecino del de Tortosa, representando la “candidatura republicana obrera”. A pesar de que fue derrotado por un candidato liberal por más de seis mil votos, era la primera vez desde la Restauración que allí se presentaba una lista republicana.

El 3 de septiembre de 1916 surgió el periódico La Lucha, primero como órgano del BRA y después del Partido Republicano Catalán (PRC), constituido en abril de 1917 a partir de la adhesión de más de ciento cincuenta entidades de toda Cataluña entre las que se encontraba el BRA. El director de La Lucha fue Domingo, el jefe de redacción, Companys y el sostén económico, Layret. Los tres que acabarían siendo el banderín de enganche del PRC. Fue un periódico eminentemente ideológico; realizó campañas muy contundentes contra la guerra de Marruecos, y en pro de la autonomía catalana y de la causa aliada, por lo que sufrió con mucha frecuencia los embates de la censura.

La crisis política de verano de 1917 separó definitivamente a la Lliga Regionalista de los grupos republicanos, y éstos, con el objetivo de acabar con su hegemonía propiciaron pactos como el establecido en las elecciones municipales de noviembre de ese año, cuando el PRC presentó como candidato a Companys dentro de la lista radical, siendo escogido por el distrito barcelonés del Raval.

A principios de 1918, la crisis económica agravada por la guerra mundial desencadenó un poderoso movimiento huelguístico que provocó la imposición del Estado de excepción en mayo, al amparo del cual se produjeron numerosas detenciones, entre ellas la del futuro presidente de la Generalidad por un corto período, primero en el barco Álvaro de Bazán y después en la cárcel Modelo.

A partir de 1919, Companys fue acercándose a la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) y, de hecho, como abogado, defendió, durante esos años, a diversos sindicalistas presos. Su radicalización política y su acercamiento a las tesis obreristas más extremas se reflejaron en septiembre de 1919, cuando él, Layret y Alomar aprobaron la adhesión del PRC a la III Internacional. Esta decisión, aunque jamás fue puesta en práctica, provocó la separación de los núcleos más centristas y nacionalistas. Además, la desaparición de La Lucha en junio de 1919 y el asesinato de Layret en noviembre de 1920, provocaron la desbandada del partido. En ese momento de reflujo del movimiento obrero y republicano, acentuado por la actuación del gobernador civil Martínez Anido (1920-1922), Companys fue detenido el 27 de noviembre de 1920 y, tres días más tarde, junto con otros sindicalistas, fue deportado a la cárcel de la Mola (Menorca). Estuvo poco tiempo detenido porque, tras el asesinato de Layret, diputado por el distrito de Sabadell, Companys fue designado para sucederle como candidato del PRC en las elecciones de diciembre de 1920, por lo que fue liberado. En abril de 1923 resulto nuevamente elegido.

En la carrera política de Companys fue crucial su esfuerzo, a partir de 1922, para impulsar la Unión de Rabassaires (UR), de la que fue su máximo dirigente hasta finales de 1932. A él se debió también la fundación de su portavoz La Terra cuyo primer número salió a la calle el 15 de octubre de 1922, y del que fue director.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, su actividad se centró en potenciar la UR que se adhirió a la Alianza Republicana, encabezada por Lerroux que, además de otras fuerzas, también integraba el PRC.

En junio de 1926, como dirigente del PRC y de la UR, participó en el homenaje que se hizo en Barcelona al líder radical, que en aquellos momentos pasaba por ser uno de los más decididos opositores a la dictadura. Además, su compromiso político contra la dictadura de Primo de Rivera le llevo, según Viusà, a participar desde Barcelona en el complot organizado por Sánchez Guerra en enero de 1929. En diciembre suscribió el manifiesto del PRC que pedía la convergencia de las fuerzas republicanas catalanas y su coordinación con sus homólogas del resto de España.

Este proceso unitario de las izquierdas republicanas del Principado culminó con la publicación del Manifiesto de Inteligencia Republicana, en mayo de 1930, firmado por diversos partidos y personalidades, entre otros, Companys como uno de los líderes del PRC; y cuando días después se hizo público el primer manifiesto del Partido Republicano Radical Socialista (PRRS), que a nivel estatal dirigía Domingo, Companys volvió a ser uno de sus suscriptores.

En marzo de 1931, la mayoría de las fuerzas de los grupos antimonárquicos catalanes convergieron en Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), partido liderado por Macià, del que Companys formó parte de su dirección. En las elecciones municipales del 2 de abril fue escogido por la candidatura de Barcelona y cuando se conoció el resultado del escrutinio, a media mañana del día 14, Companys se dirigió, junto con otros amigos, hacia el ayuntamiento y desde el balcón consistorial que da a la plaza de San Jaime proclamó solemnemente, mientras izaba la bandera tricolor, “la República como el régimen que habíamos prometido al pueblo”. Horas más tarde, Macià instauraba la República catalana como “Estado integrante de la Federación Ibérica”. Con esta actuación, Companys buscaba su designación como alcalde de la capital catalana, pero Macià prefirió nombrarle para una función más incomoda y gris: la de gobernador civil, cargo que desempeñó durante cuarenta y cinco días, abandonándolo al ser elegido diputado en las Constituyentes, donde además fue el jefe de la minoría catalana, teniendo por ello una relevante participación en los debates del Estatuto de Cataluña.

Fue el fundador y director de La Humanitat —su primer número se publicó el 9 de noviembre de 1931—, órgano vespertino de ERC, lo que le ayudó a reforzar su peso político. En noviembre de 1932 fue elegido diputado al Parlamento de Cataluña, del que fue presidente, cargo que abandonó en junio de 1933 al ser designado ministro de Marina en el gobierno de Azaña. Su nombramiento ha de entenderse dentro del juego de equilibrios que garantizaban la estabilidad del Ejecutivo central, siendo Companys el sustituto del también catalán Jaume Carner, ministro de Finanzas que había enfermado de cáncer.

Su etapa en el Ministerio, como reconoció Osorio y Gallardo, la ejerció “con desgana y sin interés”.

Se mantuvo en el cargo hasta la crisis de septiembre de 1933 que provocó la disolución de las Constituyentes.

De vuelta a Barcelona, se reincorporó plenamente a la política catalana, ocupando un lugar destacado en la candidatura de ERC en las legislativas de noviembre de ese año, siendo el candidato más votado en Barcelona.

En diciembre de 1933 murió el presidente de la Generalidad, Francesc Macià. Companys se perfilaba, con toda lógica, como su sucesor natural. De hecho, en calidad de tal, en octubre de 1932 había clausurado el II Congreso Extraordinario de ERC.

Asimismo, ya en septiembre de 1933, la expulsión de ERC del Grup de l’Opinio facilitó mucho su designación, pues sus integrantes eran rivales directos en la sucesión. El 31 de diciembre, el Parlamento catalán se reunió para elegirle como nuevo presidente de la Generalidad, obteniendo los votos de la mayoría de ERC y de gran parte de las minorías, con seis abstenciones, la suya propia y las de la Lliga. Su primer gabinete fue de concentración republicana, incluyendo a los disidentes del Grup de l’Opinio, marcando la pauta de lo que serían todos sus gobiernos. En junio de 1934 presentó al Parlament la Ley de Contratos de Cultivos que condujo a un grave enfrentamiento con el gobierno central que recurrió el diploma ante el Tribunal de Garantías Constitucionales que, a su vez, acabó anulándola.

La entrada de tres ministros de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) en el gobierno de la República y las propias divergencias en el seno del Ejecutivo catalán entre los partidarios de mantener una alianza con las izquierdas del Estado (Joan Lluhi), los que querían la independencia (Josep Dencas) y los partidarios de la Revolución Socialista (Joan Comorera) acabaron llevando a Companys a un creciente radicalismo que condujo a la ruptura de la legalidad republicana el 6 de octubre de 1934 cuando, después de acusar al Gobierno central de monarquizante y fascista, proclamó el “Estado Catalán dentro de la República Federal Española” en un gesto que pretendía realzar su perfil catalanista y obrerista. Detenido por la autoridad militar, asumió en exclusiva la responsabilidad de los hechos de octubre por lo que fue destituido como presidente de la Generalidad y enviado, primeramente, al barco Uruguay, anclado en Barcelona, donde estuvo recluido hasta su traslado a la cárcel Modelo de Madrid, el 7 de enero de 1935, para ser procesado por el Tribunal Supremo que, seis meses más tarde, dictaría sentencia condenatoria: treinta años de reclusión mayor. Pasó a cumplir la condena, junto con el resto de su gobierno, en el penal de El Puerto de Santa María (Cádiz), de donde fue liberado tras la victoria electoral del Front d’Esquerres en febrero de 1936, ya que había sido elegido diputado por Barcelona, pasando además a ocupar la presidencia de la Generalidad. Fue entonces cuando se casó en segundas nupcias con Carme Ballester.

El 19 de julio, cuando se produjo el levantamiento militar en Cataluña, Companys asumió directamente las medidas institucionales destinadas a neutralizarlo, pero la participación revolucionaria de los obreros hizo que las masas populares —especialmente la CNT— se armasen. Ante la posible suplantación del gobierno, Companys negoció con la CNT-FAI (Federación Anarquista Ibérica) la creación del Comité Central de Milicias Antifascistas que, en la práctica, supuso la existencia de un doble poder hasta que el 27 de septiembre de 1936 fue disuelto y sus competencias asumidas, en exclusiva, por el Gobierno catalán.

El proceso revolucionario que siguió al aplastamiento del golpe de Estado dejó sin capacidad de reacción al Ejecutivo catalán y en ese tiempo se produjeron asesinatos de religiosas, de derechistas, asaltos a la propiedad y quema de edificios religiosos de los que Companys, como máxima jerarquía del Estado, sería directamente responsabilizado por los franquistas en 1940, sin entender que estos hechos eran consecuencia directa del levantamiento militar y que Companys, como se evidenció en el Consejo de guerra al que fue sometido había tenido una actitud resueltamente humanitaria, pues ayudó a salir del país a muchos dirigentes de la Lliga, a industriales y a jerarquías de la Iglesia, como los obispos de Gerona, Tortosa y Tarragona.

Durante la Guerra Civil, Companys constituyó siete ejecutivos cuya composición política fue variando a tenor de la coyuntura. Hasta mayo de 1937, la CNT fue la fuerza hegemónica y con ella pactó ERC, como se evidenció en la política concordante sobre la industria de guerra catalana. La CNT no entró en el gobierno hasta septiembre de 1936 y tuvo capacidad para condicionar los anteriores. Ya el primer Gabinete de guerra el 1 de agosto de 1936, con tres miembros del PSUC, al padecer su oposición frontal cayó cuatro días más tarde, formándose uno nuevo sin presencia comunista. Con todo, la normalidad política no se impuso hasta el 26 de septiembre cuando la CNT accedió a entrar en el ejecutivo y a disolver, al día siguiente, el Comité de Milicias, su máxima fuente de poder. Esta remodelación gubernamental permitió a la CNT disponer de tres consejeros frente a dos comunistas.

Pero la oposición de estos últimos obligó a Companys a realizar una nueva remodelación en diciembre de 1936 tras la cual se consiguió que los comunistas tuviesen la misma representatividad que los anarquistas, tres consejeros a pesar de que no estaban en el ejecutivo como miembros del PSU, sino como militantes de la UGT. Tampoco entonces la CNT se mostró conforme y sus quejas aun dieron lugar a una postrera crisis en vísperas de los Hechos de mayo de 1937. Entonces, la CNT consiguió cuatro consejerías frente a las tres de sus oponentes comunistas y tres de sus circunstanciales aliados de ERC.

Los enfrentamientos por la hegemonía política que envolvieron a Cataluña del 3 al 7 de mayo de aquel año acabaron inicialmente con el establecimiento de un gobierno el día 5 con un consejero de cada una de las siguientes formaciones: ERC, UR, CNT y Unión General de Trabajadores (UGT). Este Gabinete dio paso, el 29 de junio de 1937, a otro que excluía a la CNT y en el que la UGT, el PSUC, por primera vez desde que se iniciaba la guerra, tenían tres carteras cada uno, además de integrar a UR y ACR (Acció Catalana Republicana) con una consejería cada uno. En definitiva, los siete gobiernos de Companys durante la contienda revelan las dificultades que generó la doble dinámica de guerra y revolución, y su difícil engarce en un sistema político liberal en el que las fuerzas más parlamentarias se vieron abocadas a la marginalidad. Por eso, a pesar de que antes del 18 de julio, ERC había sido hegemónica, en la guerra se vio obligada, de la mano de Companys y Tarradellas, el binomio sobre el que se asentó la dirección de ERC, a pactar primero con la CNT y más tarde, cuando éstos perdieron posiciones, a entenderse con el PSUC. También la gobernabilidad estuvo garantizada, en parte, por el prestigio de Companys que conseguía, casi siempre, crear sinergias, como se evidenció el 9 de noviembre de 1937 cuando tras presentar su renuncia al cargo, al agotar su mandato de cuatro años, volvió a obtener el apoyo de todos los asistentes, con excepción de un diputado de Unión Democrática de Cataluña.

A partir de los Hechos de mayo de 1937, los comunistas se convirtieron también en Cataluña en los principales aliados del gobierno de Negrín en su política de centralización, tanto en lo que se refiere a las Industrias de Guerra, como en las cuestiones de Orden Público y especialmente tras el establecimiento del Gobierno central en Cataluña en noviembre de 1937. Companys se enfrentó sin éxito a la creciente pérdida de autonomía catalana, y al trato descortés que Negrín le brindaba. Este clima cada vez más enrarecido acabó desembocando en la crisis de agosto de 1938, durante la cual ERC y el Partido Nacionalista Vasco (PNV) abandonaron el gobierno de Negrín.

Tras la derrota del Ebro en noviembre de 1938 y la victoriosa ofensiva franquista sobre Cataluña en enero de 1939, se hacía inevitable coger el camino del exilio.

Así, el 5 de febrero, Companys, junto con el presidente vasco José Antonio Aguirre y diversos miembros de los gobiernos catalán y vasco, cruzó la frontera por Les Illes (Gerona). Inicialmente, se estableció en París con el doble objetivo de ayudar a los refugiados y de continuar la actividad política, reforzando la presencia catalana entre los exiliados y procurando insertarla en el contexto de la política republicana.

Siempre tuvo claro que esa actividad sólo podía tener alguna continuidad si se establecía en la capital francesa, lo que hizo, junto con su esposa, Carmen, el 7 de febrero. Vivió en el Boulevard de la Siene, cerca de la modesta oficina que la Generalidad había abierto en la Rue Pépinière.

En ese contexto, en mayo de 1939, Companys escribió una carta a Negrín, con el objetivo de buscar formas de coordinación política y, especialmente, para obtener ayuda económica para paliar la situación de los refugiados. Ante su silencio, le envió una nueva misiva a principios de agosto. En paralelo a estas actuaciones destinadas a obtener solvencia económica de los organismos catalanes del exilio (acta de la reunión de la dirección de ERC, en París, a 2 de agosto de 1939, Archivo Tarradellas), Companys encargo a Josep Irla, presidente del Parlamento catalán, que iniciase las gestiones para la creación de un Consejo Nacional Catalán integrado por personalidades políticas de prestigio que pudiesen ayudar a conseguir la unidad de los catalanes nacionalistas. El Consejo acabó siendo constituido en abril de 1940. Estuvo integrado por Pompeu Fabra, Rovira y Virgili, Pou y Pagès, Santiago Pi y Sunyer y Serra Hunter.

La primera reunión fue convocada por Companys en la Rue de la Pépinière el día 9 de mayo de 1940. El objetivo era que los catalanes superaran las divisiones experimentadas durante la Guerra Civil. El Consejo debería constituirse como un órgano ejecutivo mientras Companys ostentaría sólo las funciones representativas, pero tras la invasión de Francia y la ocupación de París el 14 de junio, este proyecto dejó de tener posibilidades de llevarse a cabo.

Companys, desde el inicio de la ofensiva alemana, vivió pendiente de no perder la relación con su hijo Luis, enfermo e internado desde 1936 en diversas clínicas: primero en Suiza, más tarde en Bruselas y luego cerca de París. La rapidez del avance alemán impidió que Camil, hermano del presidente de la Generalidad, pudiese recogerlo y llevarlo con su padre, ya que, en vísperas de la entrada de los alemanes en París, el hospital psiquiátrico fue evacuado y su hijo se perdió.

La intranquilidad por su desaparición y el deseo de encontrarlo estuvieron en el trasfondo de su negativa a dejar la zona ocupada de Francia y de no partir hacia México, adonde ya habían marchado su hija María, su yerno y su nieta.

Su estancia parisina duró hasta junio de 1939 cuando la presión de las autoridades galas le obligó a mudarse a la población bretona de Le Baule-les- Pins, donde fue detenido por la Gestapo el 13 de agosto de 1940. Los alemanes contaron con la colaboración de la brigada de la policía franquista que dirigía el inspector Pedro Urraca Rendueles y que funcionaba con la cobertura de la embajada “nacionalista” en la capital francesa, dirigida por José Felix de Leguerica. Inmediatamente después de su detención, Companys fue trasladado a la cárcel de La Santé (París), donde permaneció hasta el 29 de agosto cuando fue conducido a Madrid, estando en los sótanos de la Dirección General de Seguridad hasta el 3 de octubre, siendo torturado de palabra y obra, como han explicado diversos testigos que coincidieron en el cautiverio —como Rivas Cherif o Eduardo Guzmán—. Desde allí fue trasladado al castillo de Montjuich (Barcelona), iniciándose inmediatamente la incoación del sumarísimo por el delito de rebelión militar. Además, tuvo que declarar también en el sumario sobre la Causa General, y antes ya había sido procesado por el Tribunal de Responsabilidades Políticas y por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Companys había ingresado en abril de 1922 en la Logia Lealtad de Barcelona, pero sus actividades en este campo fueron irrelevantes.

Sin ninguna garantía jurídica, como los miles de republicanos juzgados en esa época, Companys fue condenado a la pena de muerte por un Consejo de Guerra celebrado el 14 de octubre de 1940 en el castillo de Montjuich. La dignidad de su comportamiento y su serenidad han sido reconocidas unánimemente por los que asistieron a su juicio y dejaron su testimonio.

Sus últimas palabras, “Per Catalunya”, antes de sucumbir ante el pelotón de ejecución, convencieron hasta a sus más críticos oponentes de que lo asesinaron porque representaba a Cataluña. Con su trágico final, todas las contradicciones de su actuación política quedaron en un segundo plano.

 

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Josep Sánchez Cervelló