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Simón de Colonia

Biografía

Colonia, Simón de. Burgos, c. 1450 – 28.XI.1511. Arquitecto y escultor.

Hijo del arquitecto Juan de Colonia. Estuvo casado dos veces, primero con María Sánchez, con la que tuvo siete hijos, entre los que destaca Francisco, el mayor, el único que siguió el oficio de su padre. En segundas nupcias estuvo casado con Encía de San Martín, con la que no tuvo hijos. Inteligente y fiel continuador de la obra de su padre, le rindió el mejor de los homenajes al seguir su camino superando su obra con la creada por él, no por ser mejor sino distinta, dentro de una estricta atención a las formas góticas flamígeras, introducidas en Burgos por el padre, las transformó llevándolas a su mayor valoración decorativa y expresiva.

Se convirtió en el máximo representante del final del estilo y en el artista fundamental para definir el llamado foco artístico burgalés del último gótico en sus creaciones arquitectónicas a las que unió un personal sentido de la decoración escultórica, cargada de simbolismo, que en su conjunto parece asentar las bases de los estilos decorativos españoles como son la fase plateresca del siglo xvi y el churrigueresco.

Es el artista más completo de cuantos trabajaron en Burgos a fines del siglo xv por su dedicación simultánea a la arquitectura y a la escultura, a las que parece que concebía como artes complementarias entre sí. A ello puede deberse la primera sensación que producen sus obras en el espectador. Parece en ellas como si la arquitectura acogiera la ornamentación escultórica con “sentido de obligatoriedad”, cual si la desaparición de ésta supusiera la de todo el edificio. La Casa del Cordón y, en mayor medida, la capilla del Condestable parecen cumplir tales condiciones con todo rigor, más aún cuando prácticamente todo lo que parece decoración lo es, aunque son muchas las ocasiones en las que el propio Simón de Colonia parece poner empeño en valorar tal apariencia, como ocurre con el empleo de su personal decoración de caireles o alamares a modo de colgantes de los arcos en bóvedas y vanos.

Es posible que, además de formarse con su padre, colaborara con él en las obras que éste tenía en marcha al morir y que se encargó de finalizar, sin que en ningún caso se encuentre diferencia alguna de estilo o forma de hacer, como sí se ve, por ejemplo, en el caso de Diego de Siloé cuando terminó el retablo de Santa Ana, en la capilla del Condestable de la catedral burgalesa. Una de las obras que debió de terminar fue la capilla de Santa o de la Concepción en la catedral.

La obra había sido comenzada por el padre, en 1477, pero la solución definitiva corresponde a Simón, que dejó el inconfundible sello de su personalidad artística en la amplia bóveda estrellada, de tracería reticular al modo alemán y decoración de caireles, con la que define un amplio espacio único y, al mismo tiempo, sugiere en lo alto lo que en planta está claramente diferenciado en dos espacios por los elementos estructurales de la catedral que, además, en virtud del respeto a la tradición debía mantenerse para recuerdo de los altares que en el espacio de ingreso existieron, así como una sepultura, para la que Diego de Siloé ejecutó otro retablo también dedicado a santa Ana.

En la capilla de la Concepción, Simón de Colonia parece como si hiciera un primer ensayo de definición de su concepto de espacio de ámbito único, que llevaría a su mayor perfección poco después.

A su muerte, Juan de Colonia dejó también sin terminar la obra de la iglesia de la Cartuja de Miraflores, en la que le sucedió su colaborador el maestro de cantería Garci Fernández de Matienzo. Tampoco éste logro finalizarla y se interrumpió la actividad hasta que la reina Isabel, deseosa de rendir homenaje a sus padres y a su hermano el príncipe Alfonso, cuya muerte había propiciado que ella accediera al trono, decidió terminar el templo para alojar los sepulcros de los citados y completar el conjunto con un retablo y una sillería coral. Plan que se llevó a cabo con toda rapidez sin faltar nada de lo previsto y a cargo de los más ilustres artistas del momento en cada una de las artes.

Simón de Colonia fue el encargado de rematar la obra de la iglesia. Una vez más actuó sin alterar nada de lo hecho por su padre, de tal modo que el resultado fue la iglesia que hoy se ve; un espacio único no central que, precedido por un amplio atrio o anteiglesia, se desarrolla mediante una sola nave de desarrollo longitudinal, que cubrió con bóvedas estrelladas de terceletes, de acusada nerviación que arranca y descarga en ménsulas, que permiten una total limpieza de los muros que de este modo concentran la atención en el presbiterio donde se sitúan todos los elementos de interés: retablo mayor y sepulcros, aunque ésta fue la visión de la iglesia que logró Simón de Colonia, posteriormente transformada sólo en superficie, con el resultado que hoy se ve por la división del espacio consiguiente a su jerarquización en cuatro zonas. Disposición que en altura se manifiesta sólo en el presbiterio cuyos nervios se enriquecen con los típicos y personales angrelados del arquitecto, en tanto que el resto de las bóvedas no tienen más decoración que las claves con los escudos reales y los símbolos de la Pasión de Cristo, las “armas Christi” que lo son también de la cartuja.

En 1482 comenzó la construcción de la capilla de la Purificación o del Condestable, que terminó el año 1494. Construida para sepultura del condestable Pedro Fernández de Velasco y de Mencía de Mendoza.

Se ha insistido en establecer su antecedente en la capilla de Santiago, que acoge el sepulcro de Álvaro de Luna y su mujer, en la catedral de Toledo, e incluso se ha llegado a afirmar que Simón de Colonia pudo inspirarse en ella. En efecto, en ambos casos se encuentra un mismo concepto espacial, resuelto mediante su definición como ámbito único; coinciden en la decoración de índole flamígera, con claras diferencia en cuanto a la intención, el orden y la función, y, por último, son igualmente dos obras maestras.

Pero Simón de Colonia, discípulo y colaborador de su padre y maestro de cantería de la catedral, es normal que aprendiera lo que es un ámbito único en la capilla de Santa Catalina, en el claustro catedralicio, y de su padre, con el mejor ejemplo posible en el primer cimborrio levantado por él, el empleo de una abundante decoración con limpio criterio y también la bóveda calada como cierre del alto espacio. Naturalmente, el talento de Simón de Colonia mejoró y llevó al máximo todo lo aprendido y el resultado fue la capilla del Condestable.

Además del desarrollo espacial y la decoración se admiraba en la capilla la originalidad y valentía constructiva de la bóveda calada, considerando que ésta como todo el conjunto no era más que una formidable exhibición de poder del matrimonio Velasco- Mendoza, cuyos escudos la presiden con evidente ostentosidad, al igual que todos los edificios que hicieron ellos o sus descendientes. Recientemente, Alfonso R. Gutiérrez de Ceballos ha demostrado que el recinto responde a una idea: la de la luz, a cuya representación simbólica se subordinan todos los elementos que la componen, desde el nombre: Purificación, cuya fiesta coincide con la de la luz de la Iglesia católica, hasta la escena central del retablo mayor, y la figuración en lo alto del camino del Sol, representado en las trompas en su orto y su ocaso y, en su cenit en el calado de la bóveda.

La admiración suscitada por esta capilla, considerando su ordenación del espacio, no era difícil que se reflejara en edificios semejantes al servicio de parroquias u órdenes religiosas con el pago de la obra a su costa. Su influencia se desarrolló a través de las creaciones arquitectónicas de miembros de la propia familia y sus descendientes, mediante la erección de cabeceras de iglesias conventuales —Santa Clara de Briviesca, La Vid, Casalarreina—; capillas funerarias —Concepción en Santa Clara de Medina de Pomar—; o una fusión de ambas —cabecera de la iglesia del convento de San Pablo de Palencia—, pasando después a influir en otras empresas, de modo que su ejemplo se mantuvo hasta bien entrado el siglo xvi.

También para los condestables de Castilla hizo Simón de Colonia el palacio urbano conocido como Casa del Cordón, en Burgos. Este edificio formaba el segundo miembro de la trilogía que, según ya es tópico, ofreció Mencía de Mendoza, la inteligente señora indudable mentora de todo el conjunto, a su marido, siendo el primero por más importante, la capilla del Condestable, y el tercero y último, la Casa de la Vega, palacio semiurbano de recreo, situado a las afueras de Burgos, del que nada se conserva.

La Casa del Cordón se construyó para sustituir a la antigua residencia de los condes de Haro, los Fernández de Velasco, en Burgos, que se encontraba en un muy deficiente estado de conservación y, sobre todo, era inadecuada para residencia del condestable, nombramiento que acababa de recibir Pedro Fernández de Velasco, y para alojar a los reyes cuando visitaran Burgos. Funciones que, siguiendo la conducta vista en la capilla, quedaron claramente reflejadas en los elementos decorativos que campean en la fachada principal y en el patio, con el principal papel reservado a los escudos, siempre dispuesto en composición dual, hombre-mujer, de acuerdo con una de las ideas dominantes de la decoración del llamado estilo Reyes Católicos: el tanto monta, monta tanto. Es precisamente esta decoración de marcado carácter laudatorio la única parte del edificio que conserva su estado original, destacando la puerta principal de formidable dintel sobre la que se extienden los escudos y el Sol eucarístico acogidos a la honra que les proporciona el parapetasma formado por cordones de índole franciscana, con el escudo real, el de Juan II, presidiéndolo todo y proclamando la condición de morada real de la Casa. La construcción en diversas etapas, las transformaciones de los vanos de la fachada a principios del siglo xvii, el abandono y los numerosos y variados usos llevaron al edificio a una total degradación, de modo que las restauraciones, primero la de Lampérez, a principios del siglo xx, y la última de fines del siglo xx, no han logrado salvar más que una parte, si bien han devuelto al edificio el noble porte exterior que le imprimió Simón de Colonia.

Aparte de su intervención en las capillas de la Concepción y del Condestable, pasan inadvertidas o son totalmente desconocidas otras actuaciones en la catedral, mediante las que no hizo nada realmente nuevo ni añadió espacio alguno al edificio. Se trata de la labor de restauración del triforio, hecha por encargo del obispo Acuña, según muestra su escudo presente en algunos lugares del mismo, en la que sustituyó el primitivo antepecho por el que hoy puede verse de caladas tracerías flamígeras, completando la decoración con la serie de cabezas que se exhiben en la rosca de cada uno de los arcos rebajados que albergan cada tramo.

Totalmente desconocida es la actuación desarrollada en la girola de la catedral, mediante la cual rebajó la altura de las bóvedas para disminuir la altura total con objeto de dejar libres de obstáculos los ventanales de la capilla mayor. Trabajo que explica la presencia de bóvedas de ladrillo en tan noble lugar, así como los arcos de medio puntos, que forman el acceso a las capillas, en sustitución de los góticos originales de mayor altura en la flecha. La obra se realizó durante los años finales del siglo xv y comienzos del xvi, época en la que no había en Burgos ningún otro arquitecto de categoría adecuada para una operación de tal importancia, a excepción de Simón de Colonia que, además, era el maestro de cantería de la catedral.

En el monasterio de San Juan de Burgos, posiblemente completando la obra de su padre que había intervenido en la construcción de la nueva iglesia, Simón de Colonia trabajó en levantar el nuevo edificio, anejo al monasterio, del Hospital de Sixto IV, del que sólo queda la portada, ahora de la Casa de Cultura, en la que se aprecia su inconfundible estilo y repertorio en los angrelados que decoran el arco y las cabezas que los sirven de remate.

El prestigio que alcanzó su obra hizo que se le llamara para trabajar en diversos lugares fuera de Burgos, en obras de gran importancia. Está documentada su labor en la iglesia de San Pablo de Valladolid y, en relación con ella, se estima posible su intervención en la fachada del colegio de San Gregorio. Donde colaboraría con Gil de Siloé. Igualmente actuó en la solución de determinados problemas para la terminación de la iglesia de San Juan de los Reyes de Toledo y en las obras de la catedral de Sevilla.

En sus últimos años de vida realizó otras importantes obras, que no se conocen con la debida precisión.

En 1507, labraba en la iglesia del monasterio de San Pedro de Arlanza, en una actuación quizá muy peculiar por cuanto, según se aprecia en el presbiterio, parece que superpuso una iglesia gótica a la románica primitiva. El siguiente año, 1508, trabajaba en el claustro del monasterio de San Salvador de Oña.

La misma fama que le llevó a trabajar fuera de Burgos, hace que en la propia ciudad se le asignara la autoría de muchas de las obras hechas durante el tiempo que estuvo activo, y aún posteriores, basándose en la semejanza que siempre proporciona el estilo, y en la importancia que se da a la obra. Por ello, se le atribuye la construcción de la iglesia del convento de monjas agustinas de Santa Dorotea, la desaparecida del monasterio de Fresdelval que, aunque resulte difícil de aceptar, pudieran ser suyas, y el coro de la iglesia de San Esteban de Burgos, que sin duda no es obra suya, sino posterior y hecha por Nicolás de Vergara en claro estilo protorrenacentista.

Los trabajos de escultura de Simón de Colonia se han juzgado normalmente en relación con los edificios que construyó, a pesar de que la inclinación por dicho arte y la importancia que alcanzó su taller es lógico que se manifestaran en obras preferentemente escultóricas, sobre todo si se considera el auge que en los años últimos del siglo xv adquirieron los sepulcros de gran formato y compleja decoración. Una vez más son muy numerosos los que se le atribuyen en la catedral de Burgos y Oña, destacando los de Gonzalo Fernández de Aguilar, del año 1482, y los de Pedro Fernández de Villegas y de Gonzalo de Burgos, fechados en 1509.

 

Obras de ~: Capilla de la Concepción, catedral, Burgos, 1477 post.; Capilla del Condestable, catedral, Burgos, 1482- 1496; Casa del Cordón, Burgos, 1484-1495; iglesia, Cartuja de Miraflores, Burgos, s. f.; fachada de la iglesia de San Pablo, Valladolid, s. f.

 

Bibl.: R. Monje, “La Cartuja de Miraflores”, en Semanario Pintoresco Español (1842), págs. 313, 321; J. Arias de Miranda, Apuntes históricos sobre la Cartuja de Miraflores, Burgos, Imprenta de Pascual Polo, 1843; M. Martínez Sanz, Historia del Templo Catedral de Burgos, Burgos, 1866 (ed. facs., Burgos, Institución Fernán González, 1983); J. Agapito y Revilla, “El Colegio de San Gregorio de Valladolid”, en Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones (BSCE), III (1907-1908), págs. 215-218: “La iglesia del Convento de San Pablo”, en BSCE, V (1911-1912), págs. 193-199 y 207-217; “El Colegio de San Gregorio de Valladolid”, en BSCE, V (1911-1912), págs. 240-243, 250-260, 269-279; C. Justi, “Estudios de arte español. Los maestros de Colonia en la catedral de Burgos [...]”, en España Moderna (Madrid) (1914), págs. 311; C. G. Villacampa, “La capilla del Condestable de la catedral de Burgos”, en Archivo Español de Arte y Arqueología (AEAA) (1928), págs. 25-44; F. Arribas, “Simón de Colonia en Valladolid”, en Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (1933-1934), págs. 153-166; M. Gómez Moreno, “A propósito de Simón de Colonia en Valladolid”, en AEAA (1934), págs. 181-184; T. López Mata, La Catedral de Burgos, Burgos, Hijos de Santiago Rodríguez, 1950; L. Huidobro Serna, “El arte isabelino en Burgos y su provincia”, en Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, IX (1950-1951), pág. 554; M. Martínez Burgos, “En torno a la catedral de Burgos. II. Colonias y Siloes”, en Boletín de la Institución Fernán González, IX (1950-1951), págs. 144-163; L. Torres Balbás, Arquitectura gótica. Ars Hispaniae: historia universal del arte hispánico, VII, Madrid, Plus Ultra, 1952; A. Duran Sanpere y J. Ainaud de Lasarte, Escultura gótica. Ars Hispaniae: historia universal del arte hispánico, VIII, Madrid, Plus Ultra, 1956; S. Andrés Ordáx, “Gótico hispanoflamenco (Siglo xv)”, en Historia de Burgos. II. Edad Media (2), Burgos, Caja de Ahorros Municipal, 1987, págs. 126-170; S. Andrés Ordax (coord.), Castilla y León. La España gótica, Madrid, Encuentro, 1989.

 

Alberto C. Ibáñez Pérez