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Antonio de Valbuena y Gutiérrez

Biografía

Valbuena y Gutiérrez, Antonio de. Juan Paseante, Venancio González, Miguel de Escalada. Pedrosa del Rey (León), 29.X.1844 – 12.III.1929. Escritor.

De familia tradicionalista, a los quince años ingresó en el Seminario de León. En 1865 abandonó los hábitos, fundó El Fénix y Pero-Grullo y se trasladó a Madrid para estudiar Leyes. Como primera publicación ya había dejado en 1866 un folleto con poesías a la Virgen. Al estallar la Revolución de 1868 polemizó acremente desde la prensa tradicionalista y publicó Sursum corda!, folleto en defensa de sus posiciones. Ante el cariz de los acontecimientos, se trasladó a su pueblo y en 1870, a Vitoria. Allí ejerció como presidente de la Juventud Católica, secretario del Círculo Carlista y director de La Buena Causa, periódico más que montaraz, en el que sus campañas le valieron un breve destierro, lo que no obsta para que se licenciase en Derecho Civil y Canónico en la Universidad Libre de Vitoria.

Volvió a su pueblo natal para ejercer de abogado, pero pronto dejó el bufete para dedicarse a la defensa del Trono y el Altar y al ataque hacia todo lo que holiera a liberalismo o progreso. Sus dos intentos de salir como diputado fracasaron pero, desatada la última Guerra Carlista, se alistó como voluntario y llegó a ocupar el cargo de auditor general del Ejército. Tras la derrota de 1876, ha de exilarse pero, a su regreso, dirigió en Bilbao La Voz de Vizcaya, que fue clausurado por el estado de sitio vigente.

En 1878 comenzó su colaboración en El Siglo Futuro. Su tan virulenta como ingeniosa sección, “Política menuda”, aumenta en progresión geométrica los lectores del periódico, por lo que, cada vez, Valbuena ocupó más espacio en sus páginas hasta casi monopolizarlas. Colaboró después en El Progreso, donde publicó su primera serie de “Ripios”, los “Aristocráticos”, donde baqueteó inmisericorde a quienes, amparados en títulos, se dedicaron a requerir a las musas y a perpetrar versos infames. El libro alcanzó siete ediciones, amén de varias fraudulentas en América. Por otra parte, desde 1885 colaboraba en Los lunes del Imparcial, lo que le daba ya carta definitiva de crítico prestigioso. Fue allí donde comenzó a publicar su Fe de erratas del nuevo Diccionario de la Real Academia (1891) que, como libro, alcanzaría hasta doce ediciones. Sus comentarios, tan malévolos como sensatos, le valieron la inquina de los académicos de la época pero Valbuena, que se crecía en el castigo, publicó en 1891 Ripios académicos. Allí arremetió contra prebostes como Alejandro Pidal, Echegaray, Valera, Cánovas, Víctor Balaguer o Núñez de Arce y otros menos recordados hoy. Para que no se le tildara de maniqueo, en 1891 publicó Ripios vulgares, donde pasó revista a varios vates escogidos entre lo más estéticamente vetusto de la época, que no era poco. Publicó también cuatro series de Ripios ultramarinos, donde se ocupaba de no dejar títere con cabeza en la poesía hispanoamericana.

Fracasado en sus ambiciones políticas, no cejó, en cambio, en su labor de acometer mejoras para su tierra en las infraestructuras, terreno en el que logró notables éxitos, lo que fue reconocido por su coterráneos. Soltero, pudo vivir con cierta holgura de sus publicaciones y rentas pero vertió todas sus energías en tales empresas que contrastaban con su imagen literaria —jocunda pero feroz— a la que tan bien venían las polémicas en las que se enredaba: la Pardo Bazán, Cañete, Cejador, Gutiérrez Nájera, Julio Casares, Menéndez y Pelayo, Manuel Silvela... Fuese por razones ideológicas o estéticas, lo suyo era la disputa.

Fue, junto a Clarín, el crítico más leído —y temido— de su época, por su ausencia de respeto para arremeter contra los consagrados. Filántropo, intransigente, de una severidad en lo religioso que se aplicaba a sí mismo hasta llegar al celibato, su integrismo no le impidió polemizar con obispos a los que tampoco otorgaba el derecho de publicar malos versos. Hombre de otra época, supo darse cuenta a tiempo e ir retirándose de la actividad pública. De cultura enciclopédica, con alrededor de treinta libros en su haber, dejó un epistolario —publicado fragmentariamente por J. F. Botrel—, que contiene una más que interesante correspondencia con Rodríguez Marín, Clarín, Sinesio Delgado, Zorrilla o Castelar. En su pueblo pasó sus últimos años ocupado en mejorar las condiciones de vida de sus paisanos. En 1922, siete años antes de morir, había sido nombrado cronista oficial de la provincia de León.

 

Obras de ~: Odas y suspiros. Poesías a la Virgen, Lérida, Academia Bibliográfica Mariana, 1866; Historia del corazón (idilio), Madrid, 1878; Ripios aristocráticos, Madrid, Tipografía Hispanoamericana, 1883; Fe de erratas del nuevo Diccionario de la Academia Madrid, La España Editorial, 1887-1896, 4 ts.; Ripios académicos, Madrid, La España Editorial, 1888 (4.ª ed. aum., Madrid, Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1912); José Zorrilla, estudio crítico-biográfico, Madrid, Est. Tipográfico de R. Fe, 1889; Ripios vulgares, Madrid, La España Editorial, 1891; Capullos de novela, Madrid, La España Editorial, 1891; Agridulces políticos y literarios (3 tomas), Madrid, La España Editorial, 1892-1893; Ripios ultramarinos (4 montones), Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1893, 1894, 1896 y 1902; Novelas menores, Madrid, Librería de Victoriano Suárez, 1895; con E. Hernández, Cuentos de barbería aplicados a la política, ils. de Quílez, Madrid, Imprenta de Enrique Fernández de Rojas, 1895; Agua turbia, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1899; Des-Trozos literarios, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1899; Rebojos (Zurrón de cuentos humorísticos), Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1901; Sobre el origen del río Esla, Madrid, Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra, 1901; Parábolas, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1903; Ripios geográficos, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1905; Notas gramaticales.

El La y el Le, Madrid, Imprenta del Asilo de Huérfanos, 1910; Corrección fraterna, Madrid, Imprenta del Asilo de Huérfanos, 1910; Obras completas, Madrid, Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1912-1914; Caza mayor y menor (no hay metáfora), Madrid, Tipografía de los Hijos de Tello, 1913; Valbuena y sus poesías, ed. de F. de la Cuesta, León, Folletón de El Diario de León, 1944-1945; Prosa crítica de Antonio de Valbuena, ed. de N. Algaba Pacios, León, Diputación Provincial, Instituto Leonés de Cultura, 2001.

 

Bibl.: Fray Mortero (M. Fraile Miguélez), Cascotes y machaqueos. Pulverizaciones a Valbuena y a Clarín, Madrid, Librería de la Viuda de Hernández y Cía., 1892; J. Mir y Noguera (SI), “El crítico Valbuena”, en El centenario quijotesco, Madrid, Sáenz de Jubera, Hermanos, 1905, págs. 195-213; F. de la Cuesta, Valbuena y sus poesías, en El Diario de León (Folletón), 1944- 1945; J. F. Botrel (comp.), “Cartas a Antonio de Valbuena ‘Miguel de la Escalada’”, en Tierras de León, vol. XI, n.º 14 (1971), págs. 13-35; J. Serrano Serrano y S. Fernández Fernández, “Antonio de Valbuena, ilustre escritor leonés del siglo xix”, en Tierras de León, vol. XXI, n.º 42 (1981), págs. 99-110; F. Martínez García, Historia de la literatura leonesa, León, Everest, 1982, págs. 404-421; J. F.‘Botrel, “Antonio de Valbuena y la novela de edificación (1879-1903)”, en Tierras de León: Revista de la Diputación Provincial, vol. 24, n.º 55 (1984), págs. 131-144; J. Serrano Serrano y S. Fernández Fernández, “Antonio de Valbuena, luces y sombras en sus críticas”, en Tierras de León: Revista de la Diputación Provincial, vol. 31, n.º 81-82 (1990- 1991), págs. 147-172; J. F. Botrel, “Antonio de Valbuena et la langue espagnole: critique et démagogie”, en Bulletin Hispanique, vol. 96, n.º 2 (1994) (ejemplar dedicado a: Bernard Barrère), págs. 485-496; A. Valladares Reguero, “Los trabajos cartográficos de finales del siglo xix ante la crítica mordaz de Antonio de Valbuena”, en Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, n.º 169 (1998), págs. 647-674; J. Barreiro, “Antonio de Valbuena, azote de poetas ripiosos”, en Oscura turba de los más raros escritores españoles, Zaragoza, Xordica, 1999, págs. 229-243; M.ª N. Algaba Pacios, “La singularidad del leonés Antonio Valbuena en la cronología noventayochista”, en E. de Diego García y J. Velarde Fuertes (coords.), Castilla y León ante el 98, [Valladolid], Consejería de Educación y Cultura, 1999, págs. 309-326; J. Serrano Serrano, “Polémicas de Antonio de Valbuena con sus contemporáneos sobre la corrección gramatical y los ‘defectos’ del Diccionario de la Academia”, en Estudios Humanísticos. Filología, n.º 28 (2006), págs. 185-220; Antonio Valbuena (1844-1929): poeta, narrador y crítico polémico, León, Universidad, Servicio de Publicaciones, 2007; “Diez calas en la religiosidad del escritor leonés Antonio de Valbuena”, en Studium Legionense, n.º 48 (2007), págs. 279-316; “‘Paz en la guerra’ entre Miguel de Unamuno y Antonio de Valbuena. A los cien años de la ‘Corrección Fraterna’”, en Tierras de León: Revista de la Diputación Provincial, vol. 46, n.º 126-127 (2008), págs. 195-213.

 

Javier Barreiro