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Cristobal Gregorio Portocarrero y Funes de Villalpando

Biografía

Portocarrero y Funes de Villalpando, Cristóbal Gregorio. Conde de Montijo (V). Montijo (Badajoz), 12.III.1692 – Madrid, 15.VI.1763. Diplomático y mayordomo mayor de la reina Isabel de Farnesio.

Nació en el seno de una de las familias de más rancio abolengo y títulos de la aristocracia española. Fue hijo de Cristóbal Portocarrero de Guzmán Luna y Enríquez, IV conde de Montijo, y de María Regalado Funes de Villalpando, marquesa de Osera. Heredó de su padre la casa de Montijo con sus agregados de Fuentedueña, Valderrábanos y Algaba, y de su madre los marquesados de Osera y de Castañeda. En 1712 obtuvo autorización para pasar a Italia y a algunas cortes del norte de Europa. En el verano de 1726 formó parte del séquito “de familia” que acompañó a los Monarcas al Real Sitio de La Granja de San Ildefonso. Un año después, obtuvo el puesto de gentilhombre de Cámara de Felipe V. Designado embajador en Gran Bretaña en noviembre de 1731, partió de Madrid en julio del año siguiente. Llegó a la capital del Támesis el 5 de octubre, permaneciendo allí hasta diciembre de 1735.

En Londres coincidió con el gran tenor Carlo Broschi, más conocido como Farinelli, a quien entregó una solicitud de la reina Isabel de Farnesio para que el castratto viniese a la Corte española.

Dos años después, el 18 de junio de 1737, Montijo fue elegido presidente del Consejo de Indias. A principios de 1740, se le concedieron honores del empleo de mayordomo mayor de la Reina. Pero la repentina muerte de Carlos VI en Viena en el otoño de 1740 cambió de forma inesperada la trayectoria profesional de Montijo al encomendársele una nueva misión diplomática. Felipe V aprovechó la coyuntura abierta tras este fallecimiento para presentarse como uno de los candidatos al Trono vacante, basándose en un viejo acuerdo familiar firmado en 1520 entre Carlos V y su hermano Fernando I. El intento se sabía imposible desde el principio, pero servía muy bien para encubrir el verdadero objetivo de los monarcas españoles: lograr los ducados de Parma, Toscana y el estado de Milán para el segundo de sus hijos, el infante Felipe. Para ello era necesario que el nuevo Emperador, feudatario de estos territorios italianos, fuera adepto a la causa Borbón-Farnesio. La dieta electoral se celebró en Frankfurt en 1741, y Montijo representaba los intereses españoles. El conde fue acompañado por uno de sus protegidos, el aquel por entonces jurista y futuro ministro de Estado, José de Carvajal y Lancaster. Las gestiones realizadas por el diplomático español y por Charles Louis Auguste Fuquet, mariscal de Belle-Isle y ministro plenipotenciario de Luis XV, dieron su fruto. Carlos Alberto de Baviera fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Carlos VII.

Montijo recibió orden de salir de Frankfurt y dirigirse a la localidad francesa de Antibo para entrevistarse con el infante y notificarle las buenas nuevas.

El conde no regresó a Madrid hasta enero de 1744.

En febrero del año siguiente obtuvo en propiedad el puesto de mayordomo mayor de la Reina. Montijo se instaló en la Corte española en unos momentos políticamente delicados. La pugna, todavía encubierta, entre dos facciones rivales que encarnaban dos modelos distintos de gobernar y con dos visiones antagónicas del papel que España debía desarrollar en el concierto europeo, latía cada vez con más fuerza.

Montijo formaba parte de la vieja guardia farnesiana y era pieza clave del “partido de los favoritos” encabezado por la Soberana. En el otro lado se encontraba el “partido español” liderado por la princesa de Asturias, Bárbara de Bragança, y secundada por hombres de la talla de Fernando Silva Álvarez de Toledo, duque de Huéscar y futuro XII duque de Alba, o Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada y ministro de Hacienda, Marina, Guerra e Indias desde 1743. El conflicto estalló tras la muerte de Felipe V, el 9 de julio de 1746. Los nuevos monarcas, Fernando VI y Bárbara, se rodearon de personalidades afines al partido español. Una de sus primeras medidas fue la expulsión del Palacio del Buen Retiro de la Reina viuda. Isabel de Farnesio partió acompañada de sus hijos, el infante cardenal Luis, la infanta María Antonia, y también de Fabio Scotti y Chaponi, II marqués de Scotti, y de su fiel servidor el conde de Montijo. Juntos se instalaron en una casa que los marqueses de Osuna tenían en la madrileña plazuela de los Afligidos. Pronto este escenario se convirtió en el cuartel general de oposición y conspiración contra el nuevo gobierno. El partido español reaccionó y un año después, el 23 de julio de 1747, se completó el plan de ataque con la expulsión de Isabel de Farnesio de la Corte a la Granja de San Ildefonso con carácter vitalicio. Una vez más, la Reina viuda partió acompañada de sus hijos y de sus incondicionales, Montijo, Scotti y una de sus más fieles damas de compañía, Laura de Castellví y Coloma, marquesa de Torrecuso.

Pocos meses vivió el conde de Montijo en el palacio segoviano. El 21 de diciembre de 1747, alegando motivos de salud, dimitió de su cargo como mayordomo mayor de la Reina viuda y el 27 de enero de 1748 del de presidente del Consejo de Indias. Hasta la crisis política de julio de 1754, en la que el marqués de la Ensenada fue expulsado de sus cuatro carteras ministeriales, el nombre del conde no volvió a sonar con fuerza en los círculos políticos cortesanos. El duque de Huéscar pensó crear una junta de Grandes tras la caída de Ensenada donde Montijo ocuparía un puesto destacado, pero la idea no prosperó y el conde no volvió a desempeñar ningún otro puesto relevante al servicio de la Monarquía española.

El conde de Montijo perteneció a las Órdenes del Toisón de Oro (1713) y del Santo Espíritu (1746). Se casó en 1717 con su sobrina María Dominga Fernández de Córdoba y Portocarrero. Tuvieron un hijo, que murió en 1757 sin poder heredar el título.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Palacio, Personal, caja 702/32.

F. Fernández de Bethencourt, Historia genealógica y heráldica de la Monarquía española, vol. II, Madrid, Fabiola de Publicaciones Hispalenses, 1990, págs. 351-353; D. Ozanam, Les diplomates espagnols du xviiie siècle. Introduction et répertoire biographique (1700-1808), Madrid, Casa de Velázquez-Maison des Pays Ibèriques, 1998, págs. 401-402; J. C. Lavandeira Hermoso, “La estancia de José de Carvajal en Alemania integrando la embajada del Conde de Montijo (1741-1743)”, en Estudios de Historia Moderna, 13 (2002), págs. 159-174.

 

Cristina González Caizán