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Philippe de Croÿ

Biografía

Croÿ, Philippe de. Conde de Solre (I), en Flandes. ?, c. 1562 – Praga (República Checa), 4.II.1612. Capitán de la Guardia de Archeros de Corps, gentilhombre de boca del Rey, gobernador, grand Bailli, caballerizo mayor y miembro del Consejo de Estado en los Países Bajos.

Era hijo de Jacques de Croÿ, señor de Sempy, y de su tercera esposa, Yolande de Lannoy, señora de Solre y Molembaix. En diciembre de 1582 contrajo matrimonio con la baronesa Anne de Beauffort (muerta en Solre, 26 de marzo de 1588), de la que tuvo a su heredero, Jean de Croÿ; el 30 de junio de 1592 se desposó en segundas nupcias con su prima Anne de Croÿ (muerta el 13 de mayo de 1608), viuda del barón de Montigny Emmanuel de Lalaing y marquesa de Renty; y, el 25 de enero de 1609, celebró su tercer matrimonio con Guillemette de Coucy, baronesa de Stonne (muerta en diciembre de 1630). Tuvo en total nueve hijos.

Empezó su carrera en 1580 prestando servicio en diversas jornadas militares bajo el mando del duque de Parma, Alejandro Farnesio. Como él mismo recuerda en un extenso memorial de sus servicios presentado durante su estancia en la Corte madrileña en 1610, sus méritos iniciales los alcanzó luchando “sin sueldo, entretenimiento, ni ayuda de costa ninguna y con la deçençia y obstentación devida a su calidad”.

En razón a su temprana edad, fue rechazada su candidatura como gobernador de Arrás en 1585 en competencia con el conde de Hénin-Liétard Oudart de Bournonville. Por recomendación del propio duque de Parma, Felipe II le mandó venir a España en 1588 para que asumiese el oficio de capitán de la Guardia flamenca de Archeros de Corps. En su compañía, además de su hermano Jacques de Croÿ, vino como su mayordomo mayor Claude de la Caussie, y como su maestresala George le Provost, que se incorporaron también a la Guardia de Archeros. El Rey erigió en condado el señorío de Solre-le Château (Avesnes) el 19 de octubre de 1590 en San Lorenzo de El Escorial.

Aquel mismo año entró en su servicio Jehan Lhermite como gentilhombre de su casa y poco después como archero, quien en su Passetemps describe así al conde de Solre: “Era un señor muy prudente y respetuoso y sabía conducirse maravillosamente bien en la corte donde se ganó enseguida la estima de grandes y pequeños, consecuentemente haciéndose querer por todos”.

Philippe de Croÿ “sirvió dos años y medio sin haverle dado para el viaje y asistençia, ni para traher, ni poner su cassa en esta corte ningún otro sueldo que los cortos gajes del dicho offiçio, por cuya causa bolvió a Flandes empeñado en más de 25.000 escudos.” Por entonces el sueldo ordinario del capitán ascendía solamente a 18 placas diarias (3,6 reales), y debía mantener el coste de su cabalgadura. A su llegada al frente de la citada Guardia de Corps acometió una profunda reforma que quedó plasmada en las Ordenanzas de 1589 que reforzaban notablemente las atribuciones del capitán de la guardia y restablecían el servicio efectivo de la compañía. Estuvo al mando de la guardia hasta el primer tercio de 1596, pero disfrutó de varias licencias anuales que aprovechó sirviendo en Flandes y que le permitieron aliviar en parte su delicada situación patrimonial. Prueba de sus reiteradas ausencias de la Corte española es que todas las muestras ordinarias de esta compañía, realizadas tres veces al año, aparecen siempre firmadas por su teniente y hermano Jacques (o Diego) de Croÿ y Peralta, marqués de Falces, quien le sucedió en el cargo de capitán a partir de enero de 1597, después de unos meses de interinidad, hasta que en 1624 asumió el mando de la Guardia flamenca su hijo y heredero Jean de Croÿ, segundo conde de Solre.

En sus estancias en Flandes volvió a prestar servicio con el duque de Parma hasta su muerte en diciembre de 1592. Para hacer frente a la comprometida situación bélica que mantenía la Monarquía hispánica con conflictos abiertos contra Inglaterra, Francia y los rebeldes de las provincias septentrionales, Solre levantó en menos de seis semanas un regimiento de quince compañías de Infantería valona que sirvieron bajo su mando durante tres años. También colaboró con el conde Pierre-Ernest de Mansfeld, gobernador general interino, teniendo a su cargo la caballería de las bandes d’Ordonnance empleadas contra los holandeses ante Sint Geertruidenberg (1593). A la llegada del conde de Fuentes a los Países Bajos, se le encargó a Solre el gobierno de la villa de Tournai y del Tournésis.

Después participó en la comitiva que fue a Bohemia a buscar al nuevo gobernador general de los Países Bajos (febrero de 1594 – febrero de 1595), el archiduque Ernesto, a quien “sirvió çerca de su persona asistiendo en la corte con grandísimo gusto, acudiendo a todo lo que Su Alteza le mandó con mucha puntualidad”. Pero, al igual que otros miembros destacados de la nobleza flamenca, no consiguió acceder a un puesto de relevancia en la Casa del archiduque Ernesto.

Solre había solicitado su reincorporación al frente de la Guardia de Archeros en Madrid al concluir su tercer año de licencia en octubre de 1594, y después de haber pacificado el motín de un tercio de Infantería española en Saint Paul (Sint Pol) cerca de Arrás aquel mismo año. Reclamaba el cobro de los gajes y pensiones correspondientes a su cargo de capitán, valorados ya en 415.200 maravedís. Felipe II prefirió mantenerlo en los Países Bajos, hasta que al organizar la Casa del cardenal archiduque Alberto, que se encaminaría a Flandes en 1595 como nuevo gobernador general, Croÿ fue escogido para desempeñar el oficio de caballerizo mayor en sustitución de Luis Enríquez.

Este cargo le brindaba la posibilidad de acompañar a su señor en todas las jornadas fuera de palacio y le confería una notable dignidad en la vida pública de la Corte de Bruselas. En tiempo de guerra, el personal de la caballeriza constituía la parte esencial del séquito de los gobernadores generales, y el caballerizo mayor actuaba en campaña como el asistente personal del archiduque. De la caballeriza dependía además la guardia de corps o compañía de continuos de palacio, integrada por unas noventa plazas de naturales de los Países Bajos (cincuenta de ellas de archeros). A su muerte, su hijo Jean de Croÿ solicitó a Felipe III que le recomendase ante el archiduque Alberto para asumir este oficio. El cargo quedó vacante hasta el nombramiento en 1615 del conde de Añover, Rodrigo Niño de Lasso, que ya acumulaba los de sumiller de corps y mayordomo mayor.

Solre adquirió mayor protagonismo militar al servicio del cardenal archiduque Alberto de Austria, junto al cual intervino en la toma de Calais y Ardres frente a los franceses, y en la recuperación de Hulst en Flandes en esa misma campaña de 1596. Y volvió a comandar las bandas de hombres de armas durante el ataque por sorpresa a Amiens de 1597.

Al oficio de caballerizo mayor, Philippe de Croÿ sumó el de grand bailli de Tournai-Tournésis, que le confería funciones de gobierno sobre la villa, el castillo y las tierras de Tournai, así como la presidencia de los tribunales supremos de justicia de ese territorio.

Siendo miembro del Conseil d’État en Bruselas (nombrado por el archiduque Ernesto a principios de 1595), recibió el encargo de los Estados Generales de acudir en 1598 a la Corte española para felicitar a Felipe II por el matrimonio de su hija la infanta Isabel Clara Eugenia, que constituía un paso esencial para la cesión de los Países Bajos y su futura pacificación.

Con esta comitiva flamenca también visitó la Corte francesa de Enrique IV para asistir a la firma de la Paz de Vervins y escoltó después a la legación francesa, encabezada por el mariscal de Biron, para la ratificación de las paces en Bruselas. Entre agosto de 1598 y diciembre de 1599, acompañó hasta España al archiduque Alberto y a la reina Margarita de Austria en el viaje de sus respectivas nupcias con la infanta Isabel Clara Eugenia y el rey Felipe III, y regresó a Flandes con los archiduques ya desposados, para participar después en sus entradas públicas en las principales ciudades de las provincias leales. Volvió a París en 1600 para dar el parabién por las bodas reales de Enrique IV con María de Médicis, e intervino en la asamblea de los Estados Generales de los Países Bajos celebrada aquel mismo año.

Fue también uno de los sesenta y un caballeros titulados de diversas naciones a quienes Felipe III les concedió la Orden del Toisón de Oro. En ella ocupa el número 292 y fue investido en 1599 junto con otros miembros de la familia: Charles-Philippe de Croÿ, marqués d’Havré (1549-1613), y Charles II de Croÿ, IV duque de Aerschot (1560-1612). Gracias a un memorial presentado a Felipe IV por su hijo, se sabe que existía un conflicto protocolario que había afectado a caballeros de esta Orden como el conde de Solre, el marqués Ambrosio Spínola, el conde de Bucquoy y el marqués d’Este, que habían dejado de acudir a las ceremonias en la Capilla Real española por no tener lugar de asiento acorde con la calidad de su posición, concurriendo en precedencia con los grandes de Castilla.

Poco después de la llegada de los archiduques a Flandes en 1599, Philippe de Croÿ intervino, junto con el castellano de Gante Agustín de Herrera, en la pacificación del motín que había estallado en 1599 cerca de Mons. Remitió entonces un extenso discurso al archiduque Alberto, cuyo principal propósito era apoyar la reunión de los Estados Generales de los Países Bajos como el medio más adecuado para que los nuevos Soberanos se ganasen la voluntad de sus vasallos y fuesen reconocidos formalmente, pero también para que esta asamblea tradicional brindase una vía de entendimiento con las provincias septentrionales.

Se sabe que esta iniciativa culminó al año siguiente con la reunión de dicha asamblea, y que incluso se vio amparada por las frustradas conferencias de paz de Boulogne-sur-Mer. Sin embargo, estos esfuerzos iniciales tuvieron que hacer frente a la invasión holandesa de Flandes y al resultado controvertido de la batalla de las Dunas (2 de julio de 1600), en la que el propio Solre se destacó de forma determinante.

Entre los avisos y discursos que Solre propuso a los archiduques al comienzo de su gobierno, incluía acometer la empresa del asedio de Ostende para liberar la provincia de Flandes de este enclave holandés. La campaña se inició con su participación en 1601. Para acabar con el conflicto, insistía en que era necesario restablecer ante todo la justicia política y militar volviendo a las formas de gobierno tradicionales en las antiguas provincias de los Países Bajos. Recomendaba reformar los Consejos dando mayor cabida a los naturales y creando una junta de tres o cuatro consejeros de Estado principales. Resultaba prioritario controlar los contingentes militares, regularizando el sistema de sus pagas, limitando la concesión de entretenimientos y exigiendo en general una disciplina más rigurosa.

Además, hacía especial hincapié en emplear las contribuciones de las provincias (aides) en el mantenimiento de fuerzas integradas mayoritariamente por naturales valones y flamencos, para reducir los contingentes mercenarios ajenos al territorio.

En el otoño de 1604, los archiduques confiaron al conde de Solre la que sería probablemente la misión más importante de toda su carrera. Le enviaron con unas instrucciones detalladas para informar a Felipe III y al duque de Lerma de la decisiva situación en que se hallaba la Guerra de Flandes y las provincias católicas. La reciente firma de la Paz de Londres y la toma de Ostende abrían expectativas razonables de que, con un gran esfuerzo en la próxima campaña, se podría forzar a los rebeldes holandeses a negociar un acuerdo de paz. La correspondencia de la infanta Isabel al duque de Lerma muestra la trascendencia de esta legación encabezada por Philippe de Croÿ. Isabel dedicará siete cartas, entre el 12 de octubre de 1604 y el 31 de enero de 1605, a apoyar esta misión de Solre, pues consideraba que sobre lo que sucedía en los Países Bajos “no hay nayde que lo sepa todo mejor que él y que no lo lleva juzgado por tanta pasión, como algunos le han querido tachar”. Felipe III ordenó que el conde aportase una relación más detallada de la campaña que los archiduques proponían para el año siguiente, junto con una valoración de lo que costaría el remate general de las pagas atrasadas del Ejército y de los amotinados. La estrategia presentada en diciembre de 1605 por Solre, aunque sustancialmente modificada con las variantes propuestas por Spínola, Agustín Mejía y el condestable de Castilla, se llevó a la práctica en aquella campaña y dio un giro determinante a la contienda hasta forzar a los rebeldes a proponer la primera suspensión de armas en 1606. Esta estrategia de pacificación se inspiraba nuevamente en la experiencia no sólo de la historia clásica, sino también en los espectaculares resultados alcanzados en la década de 1580 por Alejandro Farnesio. El objetivo esencial era reducir a los rebeldes a negociar y para ello se proponía introducir la guerra en sus provincias desde Alemania y mantener un doble frente en Brabante y Frisia.

A su regreso a Flandes, Solre acompañó a Spínola en la Jornada de Frisia de 1605 “sin ningún cargo de guerra que a ello le obligase” y resultó herido en el asedio de Linghen: “la desgraçia casual que suçedió del fuego que se prendió en el Castillo de Linguen fue uno de los mayores aprietos y confusiones que jamás se an visto, porque además de los daños generales de muertos de ynfinita gente y rruina de casas y hedificios, el dicho Conde [de Solre] en particular perdió todo el menaje de su cassa, hazienda y cavallos y muchos criados y estubo a pique de perder él la vida y arruinarse de todo punto aquella plaça de suerte que si por su persona no acudiera o asistiera al rremedio se bolara otra torre que avía quedado donde estava la mayor parte de la pólvora, pues llegava ya el fuego a quemar los aros de un barril y sin rremedio se perdiera todo con mayor daño del que se puede comprehender”.

El maestre de campo general lo mantuvo destinado en Frisia, alejado del entorno de los archiduques, al mando de los más de ocho mil hombres que permanecieron desplegados en esta frontera hasta la firma de la Tregua en 1609, en unas condiciones muy comprometidas por la falta de paga y bastimentos y por la hostilidad de los pueblos vecinos. Además de estas severas penurias, Solre tuvo que afrontar durante aquella estancia en Frisia la muerte de su segunda mujer, la marquesa de Renty.

La firma de la Tregua brindó a Solre la oportunidad de acudir de nuevo a la Corte española en la primavera de 1610, para negociar una recompensa más satisfactoria después de treinta años de servicio a la Monarquía. Lerma y otros consejeros no desaprovecharon la ocasión de su presencia para pedirle su parecer sobre la estrategia que recomendaba seguir en esta nueva fase de la resolución del conflicto de los Países Bajos. Las líneas maestras de la política de pacificación y captación de voluntades de los súbditos de los Países Bajos que Goÿ proponía, podrían resumirse así: el control de la penetración del culto protestante en los Países Bajos meridionales; el pago puntual de los sueldos y atrasos del Ejército de Flandes para evitar nuevos motines durante la aplicación de las necesarias reformas de sus gastos en una etapa de menor actividad militar; creación de un consejo o junta especial, con participación de los propios archiduques, que estudiase los medios políticos y económicos más adecuados para conseguir un acuerdo de paz definitivo; restablecimiento del tráfico y la actividad comer ciales en los Países Bajos meridionales, favoreciendo en parte a las Provincias Unidas, para que el “interés” las pudiese atraer al concierto de un tratado más duradero, y fomento de las relaciones entre la Corona y los naturales flamencos, prestando particular atención a la participación de la nobleza. El propósito principal de la Tregua debía ser propiciar un acuerdo de paz definitivo. Concluía su discurso con esta idea: “Bastantes pruevas son para desengañarnos y persuadirnos a creer quán mal se podrá hazer con la fuerça en lo porvenir, lo que no se ha podido efetuar en lo pasado, sin estar prevenidos y ayudados de otras traças y remedios, pues los dos más ymportantes y necesarios son ganar los coraçones y voluntades de los naturales y obligar los vezinos”.

Solre regresó a los Países Bajos en julio de 1610, pero sus gestiones personales en la Corte española no parecen haber dado resultados satisfactorios. De los 2.000 ducados de juro que Felipe III le había concedido sobre la renta de la pimienta no había podido cobrar nada, ni tampoco de los 12.000 ducados situados en Sicilia a cuenta de los que se le debía por sus gajes, ni de los 2.000 ducados de renta de Nápoles. A la falta de ingresos de sus salarios, y a los gastos en que había incurrido en el servicio a la Corona, se sumaban las deudas y compensaciones correspondientes a su segunda esposa, la marquesa de Renty, por las pérdidas sufridas durante las guerras de religión en Francia.

Siendo sus hijos pequeños se podía valer de las dotes de sus tres esposas, pero ya le había restituido la suya al mayor y a una hija de la marquesa de Renty (la baronesa Anne de Pamelle) hasta más de 24.000 florines para su casamiento con el conde de Morbecq, y había tenido que sustentar en la Corte a su hijo, el marqués de Renty Charles-Philippe de Croÿ.

La respuesta a sus peticiones debió de seguir siendo limitada, pues aparece Solre de regreso en Flandes y retirado en sus estados después de informar personalmente a los archiduques. Desde allí escribió un nuevo advertimiento para el archiduque Alberto sobre lo que debía tener en cuenta durante los primeros meses de vigencia de la Tregua. Los preparativos militares de los holandeses, su fortalecimiento económico y su consolidación institucional prometían un camino de confrontación que podía estallar inesperadamente, y para el que las provincias obedientes debían estar prevenidas.

Solre revelaba al archiduque Alberto el cambio de actitud que se había producido en la Corte española al aceptar los planteamientos que tanto él como los archiduques habían defendido sobre cómo debían gobernarse los Países Bajos y que la Tregua era la solución más viable para cambiar la inercia desastrosa del prolongado conflicto bélico.

Philippe de Croÿ murió en Praga cuando formaba parte de la comitiva que había acudido, en nombre de los archiduques, a dar el parabién al nuevo emperador Matías tras el fallecimiento de Rodolfo II.

Hay un retrato del I conde de Solre ataviado con el hábito de caballero del Toisón de Oro, que fue reproducido en el catálogo de la exposición dedicada a esta Orden en Bruselas en 1907 (ed. de la Librairie Nationale d’Art et d’Histoire, G. Van Oest et Cie., Bruxelles, 1907, pág. 79).

Fuentes y bibl.: Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores, Libro I del Registro de la Insigne Orden del Toisón de Oro; Archivo General de Palacio (Palacio Real, Madrid), secc. Registro, reg. 5730, Libro registro de rollos de la Guardia de Archeros de Corps, vol. II, años 1584-1621; secc. Histórica, Guardias de Corps, Expedientes Personales de la Guardia de Archeros de Corps, caja 166, letras N-S, memorial del I conde de Solre a Felipe II, octubre de 1594; Instituto Valencia de Don Juan, envío 47 (3), caja 63, doc. 530, memorial de servicios del conde de Solre, 1610; envío 47 (3), caja 63, doc. 501, Discurso del conde de Solre sobre la Tregua; Archivo General de Simancas, Estado, Flandes, negocios de partes, leg. 1745, “memorial del conde de Solre, Consejo de Estado, Valladolid, 3 de julio de 1603”; Estado, Flandes, negocios de partes, leg. 1756, “memorial del II conde de Solre a Felipe III, y consulta del Consejo de Estado, Madrid, 19 de mayo de 1612”; Estado, Flandes, leg. 634, doc. 58, “consulta del Consejo de Estado, Valladolid, 16 de noviembre de 1604, y doc. 59, consulta de la Junta de Dos, Valladolid, 24 de diciembre de 1604”; Estado, Flandes, leg. 1851, “Papel enviado por el conde de Solre a Felipe III y al duque de Lerma, con billete de remisión de Lerma al secretario de Estado Andrés de Prada, Valladolid, 22 de enero de 1605” y “consulta del Consejo de Estado, Valladolid, mayo de 1605”; Real Biblioteca (Palacio Real, Madrid), Fondo Gondomar, II/2131, doc. 70, “carta del conde de Solre a don Diego Sarmiento de Acuña, Valladolid a 29 de marzo de 1610” y doc. 197, “Madrid, 19 de mayo de 1610”; Archives Générales du Royaume de Belgique, Papiers d’État et de l’Audience, reg. 778, fol. 67; Audience, reg. 1859, “correspondencia Philippe de Croÿ con el conde de Mansfeld, el archiduque Ernesto y el cardenal archiduque Alberto en 1594 y 1596”; Audience, reg. 1958, “documentos sobre la estancia de Solre en la corte española en el invierno de 1604”; Audience, reg. 1959, “documentos sobre los contingentes bajo el mando de Solre en Frisia en 1607”.

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Bernardo J. García García