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Giovanni Alfonso Borelli

Biografía

Borelli, Giovanni Alfonso. Italia, 28.XI.1608 – Roma (Italia), 31.XII.1679. Matemático, epidemiólogo, astrónomo, fisiólogo, físico, vulcanólogo.

Hijo de Laura Borelli y Miguel Alonso de Varoscio, soldado español. Pese a las escasas noticias sobre sus primeros años y su formación, se sabe que mantuvo contactos con Campanella entre 1617 y 1624, y que en 1630, tras establecerse en Roma, se relacionó con E. Torricelli, M. Ricci y F. Michelini. En Roma asistió a las clases de B. Castelli, alumno de Galileo, que orientó sus intereses y fue el artífice de su primera actividad docente en Sicilia (donde llegó en 1637) proponiéndole para la cátedra de Matemáticas de la Universidad de Mesina (1639). El contacto con esta universidad, y también con la Accademia della Fucina de esa misma ciudad, le permitió relacionarse con las familias ligadas a la institución senatoria y consolidar el desarrollo de las investigaciones galileanas de aquellos años. Sus primeras investigaciones, en efecto, prosiguieron los estudios comenzados por el matemático mesinés Maurolico, cuyos manuscritos recogió con el objeto de publicarlos, cosa que llevó a cabo sólo varios años después.

Entre 1641 y 1642 fue enviado por el Senado de Mesina a los centros más destacados de la península itálica (Venecia, Roma, Nápoles, Florencia y Génova) para consolidar las relaciones —e incluso reclutar docentes— con los lugares de promoción científico cultural.

El primer campo de aplicación de las enseñanzas de Castelli y de la tradición galileana ha de ser fechado en 1647, año en que Borelli fue llamado a pronunciarse a propósito de una disputa que había ocupado a algunos matemáticos sicilianos sobre una cuestión propuesta por A. Santini relacionada con la solución de un problema euclídeo. Tras expresar su perplejidad frente a las dos posibles soluciones que habían sido propuestas, Borelli fue duramente atacado por el religioso palermitano P. Emanuele, autor de una de las soluciones. Como respuesta a las objeciones, Borelli publicó un Discorso en el que, además de analizar el problema debatido, examinaba los paralogismos cometidos por su adversario a la luz de los textos euclídeos y la lógica argumentativa, que, en su opinión, habría sido necesario utilizar en las discusiones geométrico-matemáticas. En los mismos años fue publicado, por disposición del Senado de Mesina, el tratado borelliano sobre la epidemia de fiebres que habían afectado a Sicilia en el bienio 1646-1648 (Delle cagioni delle febbri maligne), en el que se examinaban las posibles causas de su brote y difusión. Borelli distinguía entre “causas celestes” (la influencia de los planetas), “elementales” (las causas climáticas) y “terrestres” (emanaciones de sustancias presentes en el terreno), sosteniendo que la etiología de las fiebres iba ligada sustancialmente a estas últimas, y que las emanaciones, difundiéndose en forma de corpúsculos por el aire seco, se depositaban en el suelo con las primeras lluvias propagando el contagio. Se suponía, además, que todos los fenómenos fisiológicos (entre los que estaban las fiebres, una reacción natural del organismo frente a agentes patógenos externos) se podían poner en relación con el “movimiento”, de modo que el aumento de la temperatura corporal era la consecuencia fisiológica de la aceleración de las pulsaciones cardíacas y de la velocidad de circulación de la sangre.

En febrero de 1656 Borelli se trasladó —con el matemático y amigo suyo S. Rao— a Pisa, donde consiguió la cátedra de Matemáticas que con anterioridad había pertenecido al escolapio F. Michelini.

La presencia en la biblioteca medicea de un códice árabe con los últimos cuatro libros de las Secciones Cónicas de Apolonio le ofreció a Borelli la posibilidad de realizar una compleja operación de comentario y reelaboración del texto, cosa que llevó a cabo en Roma en febrero de 1658 con la ayuda del maronita A. Echellense, quien se ocupó de la traducción del árabe. El texto, sin embargo, fue publicado sólo tres años después debido a la oposición de V. Viviani, alumno de Galileo que por aquellos años estaba tratando de reconstruir por conjeturas los textos de Apolonio; como apéndice se añadió el Liber assumptorum de Arquímedes contenido en el códice.

Borelli se dedicó en sus primeros años de permanencia en Pisa al estudio de las Matemáticas a la vez que desarrollaba investigaciones de carácter anatómicofisiológico, para las que se valió de la ayuda de su alumno L. Bellini, de los anatomistas ingleses Finch y Bains y del francés Aubery, así como también de la colaboración de L. Malpighi y C. Fracassati. El centro de actividades de este grupo de científicos fue la Accademia del Cimento, activa desde 1658 y 1668, que fue creada por voluntad del cardenal Leopoldo de Médicis, hermano del gran duque de Toscana.

Entre 1656 y 1657 trabajó en la redacción de un compendio de los Elementos de Euclides, que fue impreso en 1658; hacia 1660 se le encargó también la revisión de los textos de hidráulica del escolapio Michelini y de Castelli; los primeros fueron publicados sin que la revisión se alejara del espíritu original del autor, mientras que a los textos de Castelli les añadió un suplemento.

En 1660 fue llamado a dirimir una disputa surgida entre C. Huygens y el padre N. Fabri de Peiresc sobre el “Sistema de Saturno”, a propósito de la configuración en anillos de este cuerpo celeste; apenas dos años más tarde realizó a su vez algunas observaciones sobre Venus, y en 1664, con motivo del paso de un cometa, examinó la naturaleza sólida y la paralaje de este tipo de cuerpos celestes, llegando a la conclusión de que el movimiento de los cometas dibujaba una curva parabólica (Lettera del movimento della cometa, difundido con la firma de Pier Matia Mutoli). El mismo año consiguió del cardenal Leopoldo de Médicis algunas estancias del Palacio Viejo de Florencia y del fuerte de San Miniato para utilizar como observatorio, así como algunos instrumentos con los que realizó observaciones sobre los “planetas mediceos” descubiertos por Galileo; apenas dos años después el núcleo de estas observaciones fue compendiado en un tratado (Theoricae madiceorum planetarum) en el que, además de analizarse sistemáticamente los movimientos de los planetas, se aceptaban las hipótesis heliocéntricas copernicanas, pero también las keplerianas relacionadas con la forma elíptica de las órbitas de revolución de los planetas y el tiempo empleado en su recorrido. El escrito compendiaba, sobre todo, las observaciones más recientes sobre los fenómenos celestes llevadas a cabo en Europa en aquellos años, consolidando las teorías galileanas sobre la unificación de la física celeste y terrestre y la hipótesis de que la mecánica de los movimientos planetarios era sustancialmente idéntica a la de los movimientos de los cuerpos terrestres; el fenómeno de revolución de los planetas se interpretaba como el resultado de dos “fuerzas” capaces, respectivamente, de proyectar el cuerpo hacia fuera de la órbita y de “atraerlo” hacia el centro del sistema. Al agotarse el período de experiencias en la Accademia del Cimento, y quizá también por algunas discrepancias surgidas en su interior con Viviani, en 1667 Borelli abandonó Toscana rumbo a Sicilia. Aquel mismo año el científico concluyó los estudios de Mecánica, compendiados en un texto sobre la fuerza del impulso (De vi percussionis) que puede ser encuadrado en una dimensión más amplia de estudios que, al igual que los de Matemática y Fisiología, significaban la consolidación de un proyecto de investigación emprendido en 1661 sobre la estructura y el funcionamiento de los organismos animales. Borelli concretaría este proyecto en los veinte años siguientes, con la redacción de De motu animalium. Al mismo período y ámbito de investigaciones se remonta su estudio sobre la fuerza de la gravedad (De motionibus naturalibus a gravitate pendentibus), en el que sistematiza un núcleo consistente de experiencias sobre los fenómenos relacionados con la presión atmosférica y con el uso del barómetro que desarrolló durante sus años toscanos, y que fueron luego debatidas en Nápoles en las reuniones de la Accademia degli Investiganti.

En 1669, con motivo de la erupción del Etna, Borelli compendió en una comunicación destinada a la Royal Society de Londres y a la academia napolitana la descripción de las causas y el mecanismo de los fenómenos eruptivos. En la Historia et meteorologia incendii Aetnei se examinaban las fases de erupción, la entidad y la cantidad de los materiales expulsados, y se formulaba la hipótesis de que las erupciones estaban causadas por fenómenos de combustión, suponiendo la existencia de aire o gas en el subsuelo. El compendio del escrito apareció en 1671 en las Philosophical Transactions y en el Giornale de’ Letterati de Roma. La permanencia de Borelli en Sicilia quedó bruscamente interrumpida a causa de la revuelta urdida por algunos representantes del Senado de la ciudad y fue obligado a exiliarse.

En 1673, inmediatamente después del bando de expulsión, el científico se trasladó durante un breve período a Calabria, y luego a Roma, donde reanudó sus contactos con M. Ricci, con L. Porcio, con quien se había relacionado durante su experiencia napolitana en la Accademia investigante, y con A. Oliva, colega durante sus años de permanencia en Toscana; en el mismo período participó en las discusiones del grupo que se reunía en torno al Giornale de’ Letterati y en las que se celebraban en la Accademia romana de la reina Cristina de Suecia, donde leyó tres Oraciones.

En septiembre de 1677, debido entre otras cosas a su precaria situación económica, aceptó la hospitalidad que le ofrecían los padres escolapios en la casa generalicia aneja a la iglesia de San Pantaleón.

Uno de los alumnos de estos escolapios (el padre Carlo Pirroni Scholarum Piarum), nombrado rector de la Casa de San Pantaleón en los años setenta, le encargó a Borelli la enseñanza de las matemáticas a los novicios, con lo que se formó una escuela que, consolidando las enseñanzas galileanas, representó el punto de difusión de la “nueva ciencia” allá donde los alumnos escolapios de Borelli tuvieron la oportunidad de transmitir las lecciones de su maestro.

Prueba de la importancia que llegaron a revestir para la Orden calasanziana las relaciones con Borelli es el proyecto de continuar sus investigaciones, tanto con la formación de docentes de ciencias matemáticas fieles a las enseñanzas borellianas, como con la revisión y posterior publicación de su estudio sobre el movimiento de los animales, que realizaron Carlo Pirroni y Domenico Rossi Di S. Giuseppe gracias a las subvenciones de la reina Cristina de Suecia. No es casualidad que la primera biografía de Borelli, redactada precisamente por el padre Pirroni, fuera colocada como premisa de esta obra, y que en ella se omitiera completamente la experiencia siciliana de Borelli, hasta el punto de indicarle como el heredero directo de la tradición galileana, promovida por la política cultural de los Médicis y continuada, tras la disolución de la Accademia del Cimento, gracias a la actividad del Instituto Calasanziano.

Borelli falleció el 31 de diciembre de 1679, y fue enterrado en la iglesia de San Pantaleón. Poco después, en el bienio 1680-1682, se publicó el De motu animalium. En esta obra, cercana por planteamiento, contenidos y estructura argumental a la ciencia mecanicista galileana, Borelli asumía el movimiento como presupuesto y condición de la vida orgánica y analizaba los organismos a partir de las estructuras externas del esqueleto y los músculos.

 

Obras de ~: Discorso nel quale si manifestano la falsità e gli errori contenuti nel problema geometrico risoluto dal R. P. Emanuele, Messina, herederos de Pietro Brea, 1646; Delle cagioni delle febbri maligne della Sicilia negli anni 1647 e 1648, Cosenza, Giovan Battista Rosso, 1649; Euclides restitutus, [...], Pisis, ex Officina Francisci Honopri, 1658; Risposta alle considerazioni fatte sopra alcuni luoghi del suo libro della forza della percossa dal Padre Stefano degli Angeli, Messina, 1668; Osservazioni intorno alla virtù ineguale degli occhi, en Giornale de’ Letterati (Roma), 1669, pág. II; De motionibus naturalibus a gravitate pendentibus liber, Regio Julio in Officina Dominici Ferri, 1670 y 1672 (reimpreso en Tractatus duplex de vi [...] Editio prima Bellica [...], Lugduni Batavorum, 1686); Meteorologia Aetnea [...], Regio Julio in Officina Dominci Ferri, 1670; Osservazione dell’eclisse lunare fatta in Roma [...], en Giornale de’ Letterati, 1675, pág. 34; Elementa conica Apollonii Pergai et Archimedis [...], Romae, 1679; De motu animalium pars prima, Romae Bernabò, 1680; Pars altera, Romae, 1681 (otras ediciones: Lugduni Batavorum, 1685; en J. Jacob Magnetus, Bibliotheca anatomica, Genevae, 1699, I, págs. 816-1044; II, págs. 892-1098; a una “a plurimis mendis repurgata”, Nápoles, 1734 se le añadieron posteriormente las notas de Giovanni Bernoulli De motu muscolorum et effervescentia et fermentatione, La Haya 1743, uno de los caps. [De volatu] trad. al ingl. en Aereonatical classics, VI, London, 1911 y al alem. en Ostwalds Klassiker der exakten Wissenschaften, CXXI, Leipzig, 1927); el Discorso sopra la Laguna di Venezia y la Relazione sopra lo stagno di Pisa, en Raccolta di autori che trattano del moto delle acque, Firenze, 1723, I, págs. 273-317 (reimp. en Raccolta [...], Bolonia, 1822, III, págs. 289-336).

 

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Stefanía Montacutelli