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Santa Mariana de Jesús

Biografía

Paredes y Flores, Mariana. Santa Mariana de Jesús. Quito (Ecuador), 31.X.1618 – 26.V.1645. Primera santa ecuatoriana.

Octava hija del toledano Jerónimo Flores Zenel y de la quiteña Mariana Granobles. Un mastín negro había atacado a la madre, aún en estado de gestación, y los testigos lo atribuyeron a que el diablo, tomando forma del perro, había querido frustrar su nacimiento. También afirman los hagiógrafos que Mariana “siendo niña de pechos, mamaba en forma de ayuno” y que a la edad de tres o cuatro años ya realizaba penitencias con “ramales de espinas”. Otros testigos dan cuenta de que tenía marcado en uno de sus brazos el estigma de un clavo que hasta su muerte le provocaba intensos dolores.

A los seis años ya había concebido la idea de escaparse a las misiones apostólicas de los jesuitas de Mainas.

Pese a todo, nunca entró a formar parte de ningún monasterio o claustro de monjas. Murió muy joven, con apenas veintiséis años. Su tutor espiritual, el padre Hernando de la Cruz (SI), le asistió en sus últimos momentos y aseguró haber tenido “la dicha de haber presenciado la entrada triunfal de Mariana al cielo”. Su fama llegó a ser muy grande y sus funerales congregaron a multitudes.

Mariana de Jesús, después de un largo proceso, fue canonizada en Roma el día 9 de julio de 1950 por Pío XII. Fue la primera santa con la que contó el Ecuador.

Su festividad se corresponde con el 26 de mayo.

La santa quiteña forma parte de todo ese grupo de místicas hispanas que seguían el ejemplo de Santa Teresa de Jesús. Su vida, como sus proezas, se inscribe dentro de los más típicos cánones barrocos y más exactamente dentro de los moldes ignacianos. Desde joven cultivó una intensa piedad y practicó ejercicios mortificatorios.

Se consagró por entero a la oración y a la penitencia, con actitud mística y momentos de éxtasis.

Según el proceso de beatificación, fue autora de milagros en vida y después de muerta.

Pero además de milagros se le atribuye la capacidad de predecir acontecimientos. Buena parte de la fama y del relieve político de Mariana de Jesús proviene del hecho de atribuírsele haber salvado al país, por su intercesión, de los terremotos y erupciones volcánicas que lo asolaban.

Se le atribuye haber pactado con Dios que la entonces Audiencia de Quito quedara a salvo de cualquier contingencia natural. Según los hagiógrafos, inmediatamente después cesaron los desastres, pero a cambio de ello, la virgen quiteña falleció al cabo de dos meses.

En la época republicana y sobre todo a partir del último tercio del siglo xix, este hecho fue interpretado como un acontecimiento fundador de El Ecuador. Tobar Donoso se refiere a ella como “defensora invicta de la patria” y como la “primera artífice de la nacionalidad”. Siguiendo los viejos patrones bíblicos, el holocausto de la santa se tipificó como un acto reparador de los pecados cometidos por el pueblo. Como dice uno de sus hagiógrafos, ella se creía “por sí sola obligada a pagar por la República”.

De ahí su condición de “víctima propiciatoria”.

Su proeza, al igual que los antiguos pactos del pueblo de Israel, tuvo el efecto de creer en el establecimiento de una alianza entre Dios y el pueblo quiteño. Su figura adquirió un especial relieve en un momento en el que El Ecuador se hallaba atravesando un proceso de reafirmación nacional. Tanto la Iglesia como el movimiento conservador vieron en los hechos de la santa el acontecimiento que, en definitiva, había permitido la fundación del país. Pero no solo esto: se cree que sus obras son las que revelan la vocación religiosa del Ecuador para la cual había sido creado. Todos estos méritos le fueron reconocidos por el Congreso de la República del año 1949, el mismo que le confirió el título de “heroína de la patria”.

La figura de Mariana de Jesús, sin embargo, también fue utilizada como un modelo de virtudes, tanto en la vertiente privada como en la pública. Representaba la castidad, la obediencia, la caridad, el espíritu de contención, etc. A la vez que era capaz de la acción heroica con repercusiones públicas, era la mujer sencilla del hogar que vivía la vida cuotidiana con su familia y sus criados. Sus ejemplos fueron trasvasados a categorías de pensamiento político. Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, su historial de sacrificios tenía que ser una praxis imitada a efectos no solo de construir la patria, sino también de combatir una ética individualista cuyo principal promotor era el liberalismo. Mariana encarnaba así el ideal comunitario, el triunfo de la nación sobre una cultura que ve en la supremacía del individuo un fin moral en sí mismo. La santa quiteña es tomada como un monumento a la ortodoxia.

 

Bibl.: A. de Rojas, Sermón, Lima, por P. Cabrera, 1646; T. de Jijón y León, Compendio histórico de la vida, virtudes y milagros de la venerable sierva de Dios, Mariana de Jesús Flores y Paredes, Madrid, Imp. del Mercurio, 1754; J. Matovelle, Documentos para la historia de la beata Mariana de Jesús, azucena de Quito, Quito, Imprenta del Clero, 1902; J. Jouanen, El modelo de las jóvenes cristianas. Vida de la Beata Mariana de Jesús, llamada vulgarmente la Azucena de Quito, Quito, La Prensa Católica, 1920; A. Arias, Mariana de Jesús, Quito, T. G. de El Comercio, 1929; R. Romero y Cordero, Vida, pasión y muerte de la Beata Mariana de Jesús Paredes y Flores, Azucena de Quito, Quito, Espejo, 1945; G. Moncayo, Mariana de Jesús, Señora de Indias, Quito, La Prensa Católica, 1950; J. Tobar Donoso, La Iglesia modeladora de la nacionalidad, Quito, La Prensa Católica, 1953; J. Morán de Butrón, Vida de Santa Mariana de Jesús, Quito, Imprenta Municipal, 1955; A. Espinoza Polit, Santa Mariana de Jesús, hija de la Compañía de Jesús, Quito, La Prensa Católica, 1956; C. Espinosa Fernández de Córdova, “Simulacra divina. Cuerpo, visión e imagen en la religiosidad barroca”, en Nariz del diablo, 20, II época (1994), págs. 47-63.

 

Fernando Hidalgo Nistri