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Hugo de Forcalquier

Biografía

Forcalquier, Hugo de. ?, f. s. xii – 1244. Castellán de Amposta, es decir, maestre provincial de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta en Aragón y Cataluña entre los años 1230 y 1244.

Se ignoran sus orígenes y trayectoria anteriores a su acceso al puesto de castellán de Amposta o maestre de la Orden de San Juan o del Hospital en Aragón y Cataluña.

Es posible que fuera de origen provenzal, según denota su nombre. Lo que sí se sabe es que llegó al cargo en 1230 gracias a su relación de amistad personal con el rey Jaime I de Aragón, quien por ello solicitó al maestre general de la Orden su designación.

La relevancia histórica del personaje deriva, efectivamente, de su estrecha vinculación con Jaime I.

Hugo de Forcalquier fue un colaborador muy cercano del monarca aragonés, según nos pone de manifiesto la propia crónica del Rey o Llibre dels Feits. En especial, le prestó valiosos servicios de índole militar en las conquistas de los reinos musulmanes de Mallorca y de Valencia. En el caso de Mallorca, Hugo de Forcalquier llegó demasiado tarde a la isla, cuando ya se había producido la caída de la capital en manos de Jaime I. Sin embargo, después colaboró activamente en las ulteriores operaciones militares de sometimiento de los musulmanes del interior de la isla a la nueva dominación cristiana en 1230.

Mucho más importante fue la participación de Hugo de Forcalquier en la conquista del reino islámico de Valencia. De hecho, fue una de las dos personas, junto con Blasco de Alagón, que en 1231 incitaron a Jaime I a emprender la ocupación sistemática de dicho reino. El maestre provincial de la Orden del Hospital colaboró seguidamente en la primera operación relevante de la conquista, el asedio de Burriana, en 1233. En esta ocasión, Hugo de Forcalquier llegó a poner los bienes de la Orden como garantía del pago de unas galeras que el Rey necesitaba para la exitosa conclusión del cerco. A continuación el maestre en solitario consiguió la rendición de Cervera también en ese mismo año. Esta iniciativa de Hugo de Forcalquier se explica porque posesión de dicha plaza ya había sido prometida a la Orden de San Juan por los monarcas aragoneses antecesores de Jaime I. Posteriormente, el maestre sanjuanista siguió comportándose como uno de los principales consejeros del monarca aragonés en la conquista del reino de Valencia.

Participó en las restantes operaciones militares principales: los cercos de la ciudad de Valencia en 1238 y de Játiva en 1244. También acompañó a Jaime I en sus negociaciones con el infante castellano Alfonso (futuro Alfonso X) que desembocaron en la firma del tratado de Almizra en 1244. Como es bien conocido, dicho pacto delimitó la frontera meridional de Aragón con Castilla y puso fin al proceso de ocupación aragonesa del reino de Valencia.

La ayuda militar prestada por Hugo de Forcalquier en las conquistas de Jaime I redundó en una ampliación considerable del patrimonio de la Orden de San Juan en la Corona de Aragón. El monarca aragonés, en efecto, recompensó los servicios prestados por el castellán de Amposta con la donación de numerosas tierras en los territorios ocupados a él y a su Orden.

En Mallorca, a pesar de que el maestre provincial de la Orden llegó demasiado tarde para colaborar en la ocupación de la capital de la isla, el rey de Aragón le concedió una alquería, treinta caballerías de tierra, unas casas en la ciudad de Mallorca y cuatro galeras. Mucho mayores fueron las ganancias en el reino de Valencia.

Aquí, Hugo logró obtener unos señoríos francamente importantes para su Orden. En 1233 se quedó con el dominio de Cervera y su amplio término territorial tras conquistarlos, ya que habían sido asignados a los hospitalarios por los anteriores monarcas aragoneses.

Ese mismo año Jaime I donó al castellán de Amposta los castillos y las villas de Torrent y de Silla. Posteriormente, en 1239 el mismo Monarca otorgó a Hugo de Forcalquier la alquería de Alcudia. Finalmente, el rey de Aragón concedió la mitad del castillo de Cullera al maestre provincial del Hospital en 1240.

Además de donaciones materiales, el castellán de Amposta consiguió de Jaime I concesiones de otra naturaleza.

En primer lugar, obtuvo una serie de confirmaciones de los privilegios y posesiones de la Orden del Hospital. En 1233 el Rey ratificó al castellán todas las exenciones y patrimonio de la Orden en Aragón.

También le confirmó la posesión de un musulmán en Daroca en 1235. Seguidamente, el castellán obtuvo nuevas concesiones de Jaime I. En 1235, a solicitud de Hugo de Forcalquier, el Monarca otorgó que la encomienda sanjuanista de Zaragoza no tuviera que responder de las deudas de otras encomiendas hospitalarias en su reino. Posteriormente, también previa petición de Hugo, Jaime I concedió a la Orden de San Juan que pudiera establecer un mercado semanal en la villa de San Mateo en 1244.

Hugo de Forcalquier no sólo obtuvo donaciones de la Monarquía en beneficio de su Orden. También logró concesiones notables del episcopado y de la nobleza catalano-aragonesa. El obispo de Zaragoza le otorgó la iglesia de Fortaner en 1234 y los templos de Samper de Calanda y de Híjar en 1235. Nobles catalanes como Nuño Suárez, señor de Rosellón y de la Cerdaña, o Guillermo de Aquilón también realizaron donaciones al castellán de Amposta en 1236 y 1241, respectivamente. La obtención de donativos procedentes de la aristocracia no es de extrañar, si se tiene en cuenta que Hugo de Forcalquier mantuvo contactos con las figuras más importantes de la nobleza catalano- aragonesa de la época. Así, en 1235 hizo un acuerdo de delimitación de los términos de Morella y Cervera con Blasco de Alagón. Años más tarde, en 1242, se sabe que el castellán de Amposta otorgó la tenencia vitalicia del castillo de Calaterano a Pedro de Moncada, senescal del rey de Aragón.

Otra faceta muy destacada de Hugo de Forcalquier fue su labor repobladora. El castellán de Amposta, en efecto, llevó a cabo una intensa actividad de atracción y asentamiento de nuevos pobladores en el interior de sus señoríos. Dicha actividad la inició en el sur de Cataluña, donde Hugo de Forcalquier otorgó cartas de población a localidades como La Cenia en 1232 y Alcanar en 1239. Sin embargo, la labor de repoblación del castellán se extendió muy pronto a los nuevos dominios obtenidos por la Orden en el norte del reino de Valencia tras la conquista cristiana. En esta zona la actividad de Hugo fue francamente impresionante. Sucesivamente, concedió cartas de población a Cervera en 1233, a Calig y Ali en 1234, de nuevo a Cervera en 1235, a San Mateo en 1237, a Rosell en 1237, a Carrascal en 1239, a Traiguera y Canet entre 1235 y 1240, y a Silla en 1243.

Un último aspecto relevante de la gestión de Hugo de Forcalquier como castellán de Amposta fue su relación con el resto de la Iglesia. Hay que destacar, en primer lugar, que el castellán logró mantener en esta época una comunicación directa con el pontificado, quien le hizo diversas concesiones en 1235, 1239 y 1244. Sin embargo, también es necesario señalar que, como era habitual en los miembros de las órdenes militares durante el período, Hugo hubo de afrontar frecuentes problemas con el clero secular por cuestiones de jurisdicción eclesiástica. De esta forma, protagonizó sucesivos pleitos por dicho motivo con el obispo de Barcelona en 1235 y con el rector de la iglesia de Tauste en 1239. La adquisición de nuevos señoríos en el norte del reino de Valencia también generó los subsiguientes conflictos con los obispos de Tortosa y de Valencia. Ambos pleitos fueron resueltos por el castellán de Amposta mediante el recurso a sendos arbitrajes en 1243. Mucho mejores fueron las relaciones de Hugo de Forcalquier con los representantes de otras órdenes religiosas dentro del ámbito de la Corona de Aragón. En 1242 alcanzó un pacto de exención mutua de tasas con el maestre provincial de la Orden del Temple. Además, el castellán de Amposta concedió al monasterio de Benifazá libertad de pastos en las tierras del señorío sanjuanista de Cervera en 1244. Finalmente, Hugo realizó dos permutas con el convento hospitalario femenino de Sijena en 1230 y 1237.

En 1245 aparece citado en las fuentes a un nuevo castellán de Amposta, Geraldus Amici. Hugo de Forcalquier debió de morir en 1244 siendo todavía castellán, ya que posteriormente no se cita su nombre en la documentación ocupando otros cargos dentro de la Orden de San Juan.

 

Bibl.: P. López Elum, “Aportación al estudio de los maestres y comendadores de las Órdenes del Hospital y del Temple durante el reinado de Jaime I (1213-1276)”, en Ligarzas, 2 (1970), págs. 39-56; M. L. Ledesma Rubio, Templarios y Hospitalarios en el Reino de Aragón, Zaragoza, Guara Editorial, 1982, págs. 54-55; M. Bonet Donato, La Orden del Hospital en la Corona de Aragón. Poder y gobierno en la Castellanía de Amposta (ss. xii-xv), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1994, págs. 48-50.

 

Carlos Barquero Goñi