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San Rafael Arnáiz Barón

Biografía

Arnáiz Barón, Rafael. Burgos, 9.IV.1911 – San Isidro de Dueñas (Palencia), 26.IV.1939. Estudiante de arquitectura, monje cisterciense (OCist.), místico y santo.

Nacido en seno de una familia muy cristiana, recibió la primera educación en los jesuitas del colegio de Burgos. A los once años, se trasladó con sus padres a Oviedo, donde fijaría su residencia la familia, continuando Rafael formándose en colegios de la Compañía.

Nada de particular ocurrió en su niñez ni en los primeros años de juventud: fue un chico normal, alegre, piadoso, amigo de viajar, de practicar alpinismo y recorrer los acantilados del Cantábrico. Culminado el bachillerato y especializado en dibujo bajo la dirección del profesor Eugenio Tamayo, ingresó en la Escuela de Arquitectura de Madrid para cursar los cursos reglamentarios.

Hacia 1929 le confió su tío Leopoldo Barón Torres, duque de Maqueda, la confección de la portada de una obra que acababa él de traducir del francés, titulada: Del Campo de Batalla a la Trapa, en la cual se describe la vida de un capitán de dragones francés, que había combatido con valentía en la guerra antiprusiana, obteniendo las altas condecoraciones de la milicia. Cuando le llegó la hora de retirarse y podía aspirar a merecidos ascensos en el escalafón, ingresó en la Trapa como hermano lego, falleciendo en opinión de santidad. Después de leer esta obra, le impresionó tanto, que no paró hasta visitar la Trapa de San Isidro en 1930 en compañía de su tío el duque. Las impresiones que recibió en este primer contacto detenido con los monjes, le llegaron a lo más hondo del alma. Seguiría en Madrid su vida normal de estudiante alegre y amigo de alegrar la existencia de cuantos le rodeaban.

Al fin se decidió a dar el paso hacia el Císter, dejando su carrera y un porvenir social esperanzado. Era el 15 de enero de 1934 e hizo el ingreso entre los monjes, iniciando su noviciado con ansias de ser un monje en el riguroso sentido de la palabra. Con esa finalidad había renunciado a su carrera, a la compañía agradable de los seres queridos, y al brillante porvenir que le aguardaba en el mundo. A nadie extraña que toda su ilusión se centrara en llegar a escalar todos los grados del monacato, al que se sintió llamado. Pero Dios tenía otros planes muy distintos sobre él. A los cuatro meses, su salud envidiable se resquebrajó de manera alarmante hasta el punto de que en quince días perdió veinticinco kilos de peso. Temiendo un desenlace fatal, los superiores acordaron enviarle a casa de sus padres para ver si los cuidados maternales obraban el milagro de devolverle la salud, lo que no había sido capaz de hacer en la Trapa la ciencia médica de aquellos tiempos.

El 26 de mayo de 1934 se vio obligado a regresar al mundo, para someterse a un plan intenso de curación.

Tardó en recuperarse unos dos años y entonces volvió de nuevo a su sitial del coro por otra breve etapa, pues recayó pronto, tuvo que salir, volvió a entrar, volvió a salir, así hasta tres veces. Al fin de tantas idas y venidas, Dios le juzgó maduro, llevándole consigo en una mañana del 26 de abril de 1938, cuando acababa de cumplir veintisiete años. No pudiendo descender a más detalles, hay que sintetizar diciendo que Rafael sólo pudo vivir en el Císter con el hábito monástico alrededor de veinte meses en las diversas etapas que le permitió su enfermedad, con la particularidad de que cuando volvió la segunda vez a ocupar su sitial del coro, no era en calidad de monje en sentido riguroso de la palabra —como cuando ingresó la primera vez—, sino de simple oblato, que es el grado ínfimo de un alma consagrada a Dios. Una diabetes sacarina le impedía cumplir la regla totalmente, y ésta fue la causa de que los superiores dispusieran se quedara en la calidad de oblato, y él aceptó. Lo grande es que en esa calidad ínfima, logró escalar las cotas más altas de la espiritualidad, que no sé si logran conseguir otros monjes con muchos años de vida monástica. Es indudable que puede ser tenido por uno de los grandes modelos de juventud. Así lo declaró Juan Pablo II en Santiago de Compostela cuando todavía no había sido elevado al honor de los altares. Sus escritos son un auténtico regalo de Dios para nuestro tiempo en que parece la fe se va aletargando en muchas almas.

Quienes tengan la suerte de conocerlos, sin duda han de coincidir en que son algo único, que se adaptan perfectamente a todos los estados de vida. En ellos se advierten destellos de luz y amor entrañable a Cristo y a la Virgen Madre. Son un mensaje lleno de vida, siempre actual y práctico, sintetizado en aquellas palabras luminosas, últimas que brotaron de su pluma: “¡Sólo Jesús llena el corazón y el alma!” Ya hace muchos años, cuando comenzaba a ser conocido del público, ciertos escritores de fama llegaron a decir los escritos de Rafael no dudarían en rubricarlos con su autoridad los grandes místicos carmelitanos del siglo xvi, conceptos que han sido repetidos en distintos tonos por otros autores.

En un principio, nadie pensó de que Rafael fuera candidato al honor de los altares, pero a los cuatro años de su muerte, en 1942, ya sus antiguos compañeros de noviciado, reflexionando sobre la heroicidad de sus virtudes, y del bien grande que podía hacer a las almas, propusieron como primer paso el traslado de los restos, desde el cementerio monacal a un ala de claustro. No se hizo caso de tal sugerencia.

Pero en 1944 al aparecer la primera obra sobre él, Un secreto de la Trapa, escrita precisamente por su tío el duque de Maqueda —el mismo que le había señalado el camino de la Trapa— sirvió para despertar en las almas el interés por Rafael. En esta obra —que acaba de aparecer de nuevo a los cincuenta años exactos— se recogen parte de los escritos de Rafael, los cuales causaron profundo impacto en las personas que se pusieron en contacto con ellos. Así poco a poco se fue caldeando el ambiente, aumentado en todas partes el interés por Rafael; después ya no eran sólo los antiguos compañeros de noviciado, sino también otras muchas personas —de diferentes clases sociales— las que pedían la glorificación de Rafael. Por fin, fue beatificado solemnemente por Juan Pablo II el día 27 de septiembre de 1992 y canonizado en Roma por Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009.

 

Obras de ~: Impresiones de la Trapa, 1931, ms.; Apología del Trapense, 1934, ms.; Meditaciones de un Trapense, 1936, ms.; Mi Cuaderno, 1936, ms.; Dios y mi alma, notas de conciencia, Burgos, Editorial Monte Carmelo, 1997, págs. 205 (ed. facs.).

 

Bibl.: Duque de Maqueda, Un secreto de la Trapa, Madrid, Perpetuo Socorro, 1944; M. Torres, Escritos y datos biográficos de fray María Rafael Arnáiz Barón, monje trapense, Oviedo, 1947; M.ª Rafael, Saber esperar, Madrid, Perpetuo Socorro, 1962; D. Yáñez Neira y A. Feliz Carbajal, Mi vivir es Cristo: vivencias que el hermano Rafael tuvo con Cristo, Madrid, Perpetuo Socorro, 1981; La Virgen Madre, Madrid, Perpetuo Socorro, 1981; VV. AA., Espiritualidad del Hermano Rafael, Venta de Baños, Abadía de San Isidro de Dueñas (Palencia), Gráficas Andrés Martín (Valladolid), 1981; G. M.ª Fernández, El Hermano Rafael Monje Trapense, Biografía espiritual, Palencia, San Isidro de Dueñas, 1984; Monjes de San Isidro de Dueñas (ed.), Obras completas, Burgos, Monte Carmelo, 1988; VV. AA. Cistercium, año XL, n.º 174 (1988); E. T. Gil de Muro, Rafael Arnáiz, Sin mirar a los lados, Burgos, Monte Carmelo, 1989; R. Palmero Ramos, Santidad es alegría, Burgos, Monte Carmelo, 1990; D. Yáñez Neira, El hermano Rafael. Recuerdos íntimos, Ávila, TAU, 1991; El Hombre más feliz de la tierra, Burgos, Monte Carmelo, 1992; A. Feliz Carvajal (introd. y notas), Hermano Rafael, Obras Completas, Burgos, Monte Carmelo, 1993; F. Cerro Chaves, Orar con el Hermano Rafael, Burgos, Monte Carmelo, 1993; D. Yáñez Neira, Mes de mayo con el beato Rafael, Toledo, Fundación Radio Santa María de Toledo, 1995; “El Beato Rafael Arnáiz, patrono de las rutas del Románico”, en XIII Ruta cicloturística del Románico, conmemorativa del patronazgo del Beato Rafael Arnáiz, Pontevedra, Fundación cultural Rutas del Románico, 1995; A. M.ª Martín Fernández, Deseo de Dios y la ciencia de la cruz, Aproximación a la experiencia religiosa del Hermano Rafael, Bilbao, 1996; D. Y áñez Neira, El Hermano Rafael, recuerdos íntimos, Ávila, TAU, 1991; Semblanzas y anécdotas del Hno. Rafael, Burgos, Monte Carmelo, 2000; R. Palmero Ramos, Una serena alegría, Burgos, Monte Carmelo, 2000; A. Feliz Carbajal, Las páginas más bellas del Hermano Rafael, Burgos, Monte Carmelo, 2000; J. A. Martínez Camino, Mi Rafael. El Beato Rafael Arnáiz, según el Padre Teófilo Sandoval, su confesor e intérprete y editor, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2003; A. Feliz Carbajal, Sencillez por fuera y amor por dentro, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2003; A. M.ª Martín Fernández Gallardo, San Rafael Arráiz Barón. Vida y mensaje del hermano Rafael, Madrid, Edibesa, 2009; VV. AA., “San Rafael Arnái”, en J. A. Rodríguez Mouriño (dir.), XXVIII Ruta Cicloturística del Románico Internacional, Pontevedra, Fundación Cultural Rutas del Románico, 2010, págs. 50-72; http://www.ocist.org/cister.htm.

 

Damián Yañez Neira , OCSO