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Valente

Biografía

Valente. Flavius Valens. Colonia Aurelia Cibalae (Vinkovci, Croacia), c. 328 – Hadrianópolis (Edirne, Turquía), 9.VIII.378. Emperador de Roma (364-378).

Se sabe por Ammiano Marcelino (Historia, 31, 14, 1) que contaba con “casi cincuenta años” en la fecha de su muerte, por lo que hay que suponer que nació en torno al 328; como su padre, el Graciano que hizo su carrera militar bajo Constancio II y Juliano, y su hermano mayor Valentiniano I, fue natural de la ciudad pannonia de Cibalae (Libanio, Discursos, 19, 15 y 20, 25). Contrajo matrimonio con Albia Domnica, hija de Petronius, un militar de rango patricio y dudosa reputación por su severidad, que había participado en las campañas en Oriente (Ammiano, 26, 6, 7); de este matrimonio nacieron Valentinianus Galates (c. 370-18.I.366), el nobilissimus puer muerto prematuramente en Caesarea de Capadocia, así como Anastasia y Carosa. Su etapa de gobierno esta descrita con minuciosidad en la Historia de Ammiano Marcelino y, en menor medida, en la Nueva historia de Zósimo, además de otras fuentes menores; sin embargo, la historia de la parte oriental del Imperio romano en la que gobernó Valente se nutre para este período de un elevado número de fuentes gracias a los llamados “escritores eclesiásticos” (Sócrates, Sozomeno y Teodoreto) y a la numerosa correspondencia episcopal.

De los primeros años de Valente al servicio del estado romano sólo se sabe que formó parte de la guardia personal de los emperadores Juliano (360-363) y Joviano (363-364). De hecho, Zósimo afirma que, ya en el poder, le costaba hacerse cargo de los asuntos públicos por estar acostumbrado a una vida ociosa (Zósimo, Nueva Historia, 4, 4, 1), un cuadro que Ammiano Marcelino (26, 4, 2) completa indicando que carecía de formación militar y estudios de literatura, historia o filosofía, lo que Ammiano llama los studi liberales.

Al llegar al poder su hermano Valentiniano I el 25 de febrero del año 364, le elevó inicialmente al tribunado (Ammiano, 26, 4, 2); sin embargo, tres días después, el 28 de febrero, le impuso en Constantinopla “la diadema sobre la cabeza”, como dice Ammiano (26, 4, 3), lo que significó su asociación al Trono como segundo Augusto, aunque supeditado formalmente a las decisiones de su hermano mayor (Zósimo, 4, 1, 2); el tiempo demostraría que esa “dignidad imperial aunque sólo en apariencia” que Ammiano (26, 5, 1) atribuyó a Valente significaba en la práctica la entrega formal de una parte del Imperio romano. De hecho, tras el nombramiento de Valente Roma tenía dos Augustos en el trono y el minucioso reparto del ejército, de sus generales y de los territorios a controlar (Ammiano, 26, 5, 2-5) muestran que el modelo era mucho más radical que el establecido por Diocleciano; en la práctica, los dos hermanos estaban sentando las bases de un reparto del Imperio romano.

Valente se hizo cargo de la parte oriental, teniendo su sede en Constantinopla (Istambul, Turquía); a sus órdenes quedaba —como prefecto para Oriente— uno de los hombres más experimentados de la administración romana, Saturninius Secundus Salutius (Ammiano, 26, 5, 5), que había tenido un papel destacado en tiempos del emperador Juliano y que incluso había tenido oportunidad de asumir el Trono.

La primera parte del gobierno de Valente estuvo marcada por la rebelión de Procopius, que se proclamó Augusto en Constantinopla con el apoyo de las tropas godas el 28 de septiembre del año 365 (Ammiano, 26, 6; Zósimo, 4, 5, 4; Libanio, Discursos, 19, 15). Procopio, poco mayor que Valente y natural de Cilicia, era pariente lejano del difunto emperador Juliano, del que fue el principal colaborador y que le había llegado a considerar su sucesor (Ammiano, 23, 3, 2 y 26, 6, 2-3); a la llegada al trono de Joviano el 363 se había retirado voluntariamente a sus posesiones en Caesarea de Capadocia, al norte de Turquía (Zósimo, 4, 5, 1-2), donde fracasó el intento de detenerle el año 364 tras la llegada al trono de Valentiniano I y Valente (Zósimo, 4, 5, 1-2). Tras su proclamación, Aunque el episodio fue efímero, Procopio consiguió hacerse con Tracia, el Helesponto y parte del norte de Turquía antes de ser capturado y ejecutado el 28 de mayo del 366 (Ammiano, 26, 9, 9; Zósimo, 4, 8, 4).

Entre los años 367 y 369, la actividad de Valente estuvo centrada en la llamada Primera Guerra Gótica (Ammiano, 27, 5), un conflicto motivado, al decir de Ammiano (27, 4, 1), por el apoyo que los Godos Tervingos de Atanarico habían dado a Procopio y que concluyó con un tratado de paz. Simultáneamente, Valentiniano I mantuvo la actividad militar contra los Alamanes en el Rhin y contra los Pictos en Britannia, asegurando al tiempo su sucesión mediante la elevación a la condición de Augusto en Samarobriva Ambianorum (Amiens, Francia) de su hijo Graciano —de sólo ocho años— el 24 de agosto del 367 (Ammiano, 27, 6, 5).

Pero el Oriente que regía Valente tenía un problemas más importante que el conflicto con Procopio y los Godos. Tras el tratado de Joviano con los persas que sus contemporáneos juzgaron humillante para Roma (Ammiano, 25, 7; Eutropio, 17, 1-3), la lealtad de los reyes arsácidas que ocupaban el trono de Armenia comenzó a debilitarse; la defección de Arsaces abrió el camino a la invasión persa de Iberia en el año 367 y a la de la propia Armenia en el 369, aunque las tropas de Valente consiguieron imponer en el Trono al hijo de Arsaces el año 370. Según se sabe por la primera parte del libro 30 de Ammiano, que se ocupa del conflicto de Armenia, la situación se estancó durante unos años debido a los problemas del rey persa Sapor en su frontera oriental, pero un nuevo intento de abrazar la causa persa por parte del hijo de Arsaces el año 375 obligó a las tropas de Valente a intervenir de nuevo y a imponer en el Trono a Varazdat, otro arsácida tutelado por Roma. Más al sur, el año 377 Valente tuvo que hacer frente al conflicto provocado por las tropas sarracenas de la reina Mavia, que asolaron la costa de Fenicia y Palestina, llegando hasta el Sinaí. El Oriente romano se desintegraba paulatinamente y no sólo por el conflicto con la Persia sasánida.

La muerte de Valentiniano I en Brigetio (Szony, Hungría. Pannonia superior) el 17 de noviembre del año 375 (Ammiano, 30, 6, 3-6) convirtió a Valente en el Augusto senior de Roma. Los múltiplos de oro acuñados por la ceca de Roma con la leyenda Dominus noster Valens Maximus Augustus (RIC, IX: 110 y 122, n.º 26) confirman la información de las excerptas de Eunapio, quien dice que Valente indujo al Senado de Roma a concederle el título de Maximus Augustus pese a la oposición de Graciano, su sobrino e hijo del difunto, que contaba entonces dieciséis años y que desde el 367 ostentaba también el título de Augusto; el hermanastro de éste, el pequeño Valentiniano II de sólo cuatro años de edad, también sería proclamado Augusto por las tropas de Pannonia el 22 de noviembre de ese año. A finales del 375, Valente había pasado de ser un príncipe dependiente de su hermano a convertirse en cabeza de Roma junto a sus dos sobrinos.

Mientras tanto, el precario equilibrio étnico en los territorios europeos de Valente comenzó a deteriorarse. La invasión de los Hunos sobre los territorios de los Godos Tervingos y Greutungos el año 375 les obligó a pedir asilo a Valente, que autorizó el cruce del Danubio a un pequeño contingente para que se asentara en Tracia (Ammiano, 31, 3-4; Zósimo, 4, 20, 3-5). Sin embargo, las insuficientes fuerzas militares romanas de la zona danubiana, concentradas entonces tanto en el Rhin como en Oriente, no consiguieron impedir que ese asentamiento fuera mayor de lo permitido y que no todos los nuevos habitantes de Tracia fueran aliados pacíficos. Entre los años 377 y 378 una coalición de todos estos pueblos se hizo con el control de la región y se enfrentó con éxito a las tropas romanas. El propio Valente participó en esta guerra y el 9 de agosto del año 378 murió en la batalla cerca de Hadrianopolis (Ammiano, 31, 13, 13-16). Más tarde sería divinizado (Código de Teodosio, 9, 28, 9, 3). Hadrianópolis fue la primera evidencia formal de la fortaleza militar bárbara dentro de los territorios de Roma y el preludio de su desintegración territorial.

Se debe a Ammiano Marcelino la más extensa valoración de las virtudes del emperador Valente (Ammiano, 31, 14), aunque sus comentarios deban tomarse en ocasiones con reservas. En esos párrafos le consideró un buen administrador de Oriente y favorable a las provincias y a los provinciales, aunque critica su avaricia y su pereza. Mejoró las condiciones del ejército de Oriente, añadió algunas nuevas unidades e incorporó nuevas fortificaciones. En política religiosa, Nagl le considera el último emperador que apoyó abiertamente el arrianismo. De hecho, trató de imponerse a los seguidores del concilio de Nicea de medio siglo antes (325) y a tal fin se convocó el sínodo de Nicomedia del año 366; combatió también algunos movimientos heréticos, siguiendo siempre la doctrina de Eudoxio, obispo de Constantinopla; de hecho, a la muerte de Eudoxio nombró para esta sede al arriano Demophilos de Beoria, que sería depuesto en tiempos de Teodosio.

 

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Juan Manuel Abascal Palazón