Ayuda

Severo Alejandro

Biografía

Severo Alejandro. Gessius Bassianus Alexianus. Marcus Aurelius Severus Alexander. Arca Caesarea (Arqa, Líbano [Phoenicia]), 1.X.208 – Mogontiacum (Mainz, Alemania [Germania Superior]), III.235.

Emperador de Roma.

Gobernó el Imperio Romano desde el 13 ó 14 de marzo de 222 hasta marzo de 235. Hijo de Gessius Marcianus y de Iulia Avita Mammaea, que era hermana de Iulia Soaemias, la madre de Heliogábalo.

Su abuela materna era Iulia Maesa, hermana de la segunda esposa de Septimio Severo, Iulia Domna que era, a su vez, madre de los emperadores Caracalla y Geta. Sobre la esposa de Severo Alejandro existen algunas dudas, ya que las inscripciones y las monedas sólo citan una, testimoniada entre los años 225 y 227: Gnaea Seia Herennia Sallustia Orba Barbia Orbiana.

Sin embargo, Elio Lampridio (Scriptores Historiae Augustae, Alejandro Severo [SHA, Alex.], 20, 3) cita otra llamada Memmia, hija de un consular de nombre Sulpicius. Por tanto, habría tenido dos esposas, Orbiana y Memmia. Orbiana no tuvo una buena relación con su suegra, y sería ejecutada acusada de conjura por orden de Mammaea.

En junio de 221 el joven Gessius Bassianus fue adoptado por su primo, el emperador Heliogábalo, quien le otorgó el título de César y le pondría el nombre de Alejandro, pasando a llamarse Marcus Aurelius Alexander. En 222 recibió el título de princeps iuventutis, el pontificado y el consulado con Heliogábalo por colega. El emperador Heliogábalo fue asesinado el 12 de marzo de ese año, por lo que Alejandro subió al poder en los días siguientes. Para relacionarse directamente con la dinastía severiana, insertó el nombre de Severo entre los suyos y se proclamó hijo de Caracalla.

Por el contrario, para dejar claras sus diferencias con respecto a Heliogábalo, rechazó ser su hijo adoptivo y sus colaboradores fueron despedidos de los cargos que ocupaban o ejecutados (SHA, Alex., 15, 1; Herodiano, 6, 1, 3-4). El betilo, la piedra negra que simbolizaba al dios de Émesa, que Heliogábalo había traído desde Syria al nuevo santuario del Palatino, fue devuelto a su lugar de origen. Alejandro prescindió también de los elementos estéticos de tradición oriental que habían caracterizado a su predecesor (SHA, Alex, 4, 1-2). En el año 226, Alejandro ejerció su segundo consulado con Lucius Aufidius Marcellus y el tercero lo ejercería en el año 229 con el senador e historiador Dión Cassio como colega.

Tuvo que acometer dos grandes conflictos militares durante su gobierno. En el año 227, el Rey de los Persas, Artajerjes, invadió Parthia y ejecutó a su rey, Artabanus. En 230, cruzó el Éufrates, ocupando Cappadocia y Syria en un intento de recuperar parte de los territorios que el imperio persa había controlado en el pasado (Herodiano, 6, 2, 1 y ss.; 6, 4, 5).

Según Dión Cassio (80, 4, 1-2), las tropas romanas de Oriente estaban en tal estado, que se pasaban al enemigo o se rendían de inmediato. Para frenar esta situación, se inició un conflicto que llevaría, según Herodiano, a varios desastres por errores estratégicos o por desconocimiento del clima y del relieve de la región. Ello afectó al prestigio del Emperador entre sus tropas. No obstante, después de estos enfrentamientos, las tropas persas fueron sorprendentemente licenciadas (Herodiano, 6, 5, 10; 6, 1-2) y se inició una cierta recuperación de los territorios (232). Otros autores afirman que el Ejército romano consiguió la victoria, por lo que existen dudas sobre el resultado real de esta guerra (SHA, Alex., 57, 2-4). En cualquier caso, el 25 septiembre de 233 se produjo el triunfo de Severo Alejandro en Roma, en el que recibió los títulos de Invictus y, posiblemente, de Parthicus Maximus y Persicus Maximus (SHA, Alex., 56, 1 y ss.).

A comienzos de 235 se produjo la segunda guerra de su reinado, como consecuencia de la penetración de los Germanos a través de las fronteras en dirección hacia el sur (Herodiano, 6, 7, 2-9). Alejandro encabezó una expedición para estabilizar la región, pero no pudo culminar su objetivo. Cuando el Emperador estaba en Germania con sus tropas, hubo una revuelta de los soldados, quizá por motivos económicos. Éstos proclamaron emperador a Maximino, un individuo de origen tracio, con larga carrera militar y muy popular entre los veteranos de Germania y Pannonia (Herodiano, 6, 8, 4 ss.; 9, 5). Alejandro sería asesinado, junto con su madre y muchos de sus colaboradores.

El 25 de marzo de 235 Maximino sería reconocido por el Senado como nuevo emperador.

A la muerte de Heliogábalo, los senadores y el Ejército habían depositado muchas esperanzas en Alejandro, en parte, por el caótico período anterior (SHA, Alex, 2, 1). Con esta perspectiva, Lampridio hace un interminable elogio de su integridad moral, su impecable sentido de la justicia, su austeridad, sus buenas costumbres, su generosidad hacia el pueblo romano y su dedicación ejemplar a las tareas de gobierno (SHA, Alex. 25-41). El estilo es hagiográfico. En realidad, se recuperó la concordia con el Senado, como se desprende de sus primeras reuniones, en las que los senadores aclamaron a Alejandro ofreciéndole el título de Augustus y nombrándole Pontífice Máximo (Pontifex Maximus), tribuno de la plebe y procónsul (SHA, Alex., 8, 1 ss.). También insistieron en que aceptara los títulos de Antoninus y Magnus, pero éstos los rechazó con pretendida modestia (SHA, Alex., 6, 1-5; 7, 1-6; 11, 2-4). Otros detalles de su cercanía al estamento senatorial serían algunos nombramientos de nuevo cuño, como los catorce administradores de Roma que actuarían junto a los jueces en los litigios urbanos, que eligió entre los excónsules (SHA, Alex., 33, 1). Además, parece que el emperador nombró a los prefectos del Pretorio y de la Ciudad que el Senado le sugirió y también consultó a la curia el nombramiento de sus nuevos integrantes (SHA, Alex, 19, 1-2). Por otra parte, promovió la utilización de elementos externos que reforzaran el prestigio social de los senadores, como el uso de carruajes. (SHA, Alex., 43, 1). Sin embargo, otras medidas pudieron perjudicar al Senado, como la de nombrar a caballeros como legados en las provincias imperiales a pesar de que, según Lampridio, organizara las senatoriales aceptando los deseos del Senado (SHA, Alex., 24, 1).

Alejandro tenía trece años cuando accedió al gobierno, por lo que serían su abuela Maesa, hasta su muerte pocos años después, y su madre, las que llevarían las riendas del poder durante los primeros años (Herodiano, 6, 1, 4-6; 1, 9-10). Para ello, tuvieron la ayuda de una especie de consejo de alrededor de setenta individuos, juristas o eruditos de prestigio entre los que estaba el prefecto del Pretorio Ulpianus, que ofrecían por escrito sus conclusiones sobre un tema antes que el emperador llevara a cabo cualquier decisión o iniciativa legislativa, y lo mismo ocurría con los militares de más experiencia cuando se trataba de aspectos relativos al Ejército (SHA, Alex., 16, 1, 3; Herodiano, 6, 1, 2-4).

Llevó a cabo depuraciones en todos los sectores y puestos de la administración, con el fin de reducir los gastos presupuestarios e investigó cualquier fraude en la provisión de suministros para el Ejército (SHA, Alex., 15, 2-6). Con el mismo objetivo de frenar los dispendios, llevó a cabo reformas monetarias, reduciendo el valor de las monedas, como el denario (SHA., Alex., 39, 6-10).

En lo referente a Hispania, Elio Lampridio hace una referencia a la Península cuando describe las capacidades de Severo Alejandro sobre la adivinación y la ornitomancia: “superó en esta ciencia a los Vascones y a los augures de los Hispanos y de los de Pannonia” (SHA, Alex., 27, 6). En cuanto a los testimonios epigráficos hispanos alusivos a Severo Alejandro, conocemos algunas inscripciones honoríficas. Algunas fueron ofrecidas por la colonias de Ulia (Montemayor, Sevilla) (CIL II²/5, 493 = CIL II, 1533), Ucubi (Espejo, Sevilla) (CIL II²/5, 442 = CIL II, 1554) o Corduba (Córdoba) (CIL II²/7, 233). Otra se halló en las cercanías de Capera (Caparra, Cáceres) (CIL II, 4660). También conocemos un diploma militar de este período hallado en una villa de Higuera de Calatrava (Jaén), perteneciente al territorium de Obulco (Porcuna) (CIL II²/7, 127a).

 

Bibl.: E. Hübner, Corpus Inscriptionum Latinarum, vol. II (CIL II), Berlin, Academia Litterarum Regia Borussicae, 1869; R. V. Hopkins, The life of Alexander Severus, Cambridge, Cambridge Historical Essays, n.º 14, Cambridge University Press, 1907; A. Jardé, Études critiques sur la vie et le règne de Sévère Alexandre, París, De Boccard, 1925; C. E. van Sickle, “The Terminal Dates of the Reign of Alexandre Severus”, en Classical Philology, 22 (1927), págs. 315-317; E. Groag, Prosopographia Imperii Romani saec. I, II, III. Editio altera (PIR2), Pars I, Berlin-Leipzig, Walter de Gruyter, 1933, págs. 327-329, n.º A 1610; G. Barbieri, L’albo senatorio da Settimio Severo a Carino (193-285), Roma, Studi pubblicati dall’Istituto Italiano per la storia antica 6, 1952; S. Dusanic, “Severus Alexander as Elagabalus’ Associate”, en Historia, 13 (1964), págs. 487-498; J. Gricourt, “Alexandre Sévère Parthicus Maximus?”, VI Congresso Internazionale di Numismatica. Roma, 11-16 Settembre 1961. Atti., Roma, Istituto Italiano di Numismática, 1965, págs. 319-326; R. Soraci, L’opera legislativa e amministrativa dell’imperatore Severo Alessandro, Catania, Muglia, 1974; J. M.ª Blázquez, “Hispania desde el año 138 al 235”, en Hispania, 36, n.º 132 (1976), págs. 5-87; J. H. Oliver, “On the Edict of Severus Alexander”, en American Journal of Philology, 99 (1978), págs. 474-485; J. Straub, “Scurra barbarus. Zum Bericht der Historia Augusta über das Ende des Severus Alexander”, en Antiquitas, 14 (1980), págs. 233-253; X. Loriot, “Les acclamations impériales dans la titulature de Sévère Alexandre et de Gordien III”, en Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 43 (1981), págs. 225- 235; I. Moreno Ferrero, “La adopción de Alejandro Severo y su nombramiento como César”, en Studia Historica [Salamanca], 1 (1983), págs. 99-103; M. A. Villacampa, Estudio de las fuentes literarias para el reinado de Severo Alejandro, Vita Alexandri Severi, tesis inédita, Zaragoza, 1987; P. M. M. Leunissen, Konsuln und Konsulare in der Zeit von Commodus bis Severus Alexander (180-235 n. Chr.), Amsterdam, Gieben, 1989; J. M.ª Blázquez, “Alejandro Magno, modelo de Alejandro Severo”, Neronia 4. Alejandro Magno, modelo de los emperadores romanos. Actes du IVe Colloque international de la Société Internationale de Études Néroniennes, Madrid, 13-15 Octobre 1987, Bruselas, 1990, págs. 25-36; C. Bertrand- Dagenbach, Alexandre Sévère et l’Histoire Auguste, Bruselas, Collection Latomus, 1990; C. González Román, “Diploma militar de Higuera de Calatrava en la provincia de Jaén (Baetica). Nuevos fragmentos y reconstrucción del extrinsecus”, en Florentia Iliberritana, 4-5 (1993-1994), págs. 241-273; Corpus inscriptionum Latinarum, vol. II (editio altera), pars VII, conventus Cordubensis, Berlin, Walter de Gruyter, 1995 (CIL II²/7); Corpus inscriptionum Latinarum, vol. II (editio altera), pars V, conventus Astigitanus, Berlin, Walter de Gruyter, 1998 (CIL II²/5); G. Chic, “Algunas notas sobre Severo Alejandro y el fisco”, en Homenaje al Profesor Montenegro. Estudios de Historia Antigua, Valladolid, Universidad, 1999, págs. 649-658; E. dal Covolo, G. Rinaldi (eds.), Gli imperatori Severi. Storia, archeologia, religione, Roma, LAS, 1999; E. Kosmetatou, “The public image of Julia Mamaea: an epigraphic and numismatic inquiry”, en Latomus, 61 (2002), págs. 398-414; F. Lovotti, “Il conferimento dei poteri a Severo Alessandro con particolare riferimento ai tempi dichiarati nell’Historia Augusta”, en Historiae Augustae VIII. Colloquium perusinum. Atti dei convegni sulla historia Augusta VIII, Bari, Edipuglia, 2002, págs. 345-354.

 

Juan Carlos Olivares