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Francisco de Este

Biografía

Este, Francisco de. Duque de Módena (VIII), en Italia. Módena (Italia), 6.IX.1610 – Mortara, Lombardía (Italia), 14.X.1658. Consejero de Estado.

El papel, que a priori podría calificarse de desproporcionado, adquirido por algunos príncipes de los estados italianos “menores” de la Edad Moderna sólo se entiende dentro de un contexto adecuado. Ciertamente, en la Italia de los siglos xvi y xvii la potencia dominante era la Monarquía hispánica de los Austrias, poseedora de los reinos de Nápoles, Cerdeña y Sicilia, del ducado de Milán y de los Presidios Toscanos. Frente a este conglomerado, se alzaban como entidades independientes los Estados Pontificios, el gran ducado de Toscana, el ducado de Saboya, las Repúblicas de Génova y Venecia y los llamados “ducados padanos” (así conocidos por su situación en la rica llanura media del Po), esto es, la Mantua de los Gonzaga, la Parma de los Farnese y la Módena de los Este. Incapacitados los tres para llevar a cabo una política propia al estilo de la de Roma o Venecia, su vocación política quedó limitada a la búsqueda de la protección de España a cambio de una colaboración que no implicara nunca demasiados riesgos; esto es, que no ayudara a fortalecer más la posición hispánica en Italia ni la de sus vecinos italianos independientes. De este modo, el ritmo de las relaciones con los Austrias respondió a la posibilidad de asegurar estos objetivos. A su vez, del lado de Madrid no resultaba prudente alterar este equilibrio ni provocar en el tablero apenino un deslizamiento de los ducados padanos hacia cualquiera de sus rivales, ya fueran éstos italianos o el rey de Francia, con aspiraciones siempre sobre Italia.

Este marco, pues, explica que la biografía del duque Francisco I de Módena terminara por identificarse con el proceso de declive hispánico acaecido justamente en los años de su gobierno. De una primera etapa de intenso estrechamiento con Felipe IV hasta 1640, se dio paso a otra de gradual indiferencia que culminó en una ruptura abierta de hostilidades y alineamiento con Luis XIV. Se trató de un proceso lógico, en la medida en que reflejaba no tanto las ambiciones personales del duque cuanto sus reacciones y necesidad de adaptación ante las oportunidades que ofrecía la crisis del poder español. La primera baza que jugó Francisco I se la facilitó su vínculo de sangre con la Casa de Austria. En efecto, el duque era hijo del anterior titular modenés, Alfonso III, y de Isabel de Saboya, hija a su vez del duque saboyano Carlos Manuel I y de la infanta española Catalina Micaela, nacida de Felipe II. Era, por tanto, bisnieto del Prudente y, como tal, sobrino segundo de Felipe IV. La importancia de la dinastía como factor de integración en la cultura política del Antiguo Régimen invitaba a servirse de ella para cubrir puestos de gobierno, aspiración que tanto el Rey de España como el duque de Módena contemplaron a partir de 1630. Pero para que esta simbiosis fructificara era preciso que ambas partes vieran coincidir sus intereses, lo que no sucedió en esta ocasión. Mientras Francisco deseaba obtener un virreinato en alguno de los dominios italianos de Madrid, preferentemente Nápoles, Felipe IV le quería fuera de Italia, lejos de las redes locales o regionales, que un titular italiano sin duda pondría a su servicio antes que al del Monarca español. Y al contrario, un gobernante “extranjero” al frente de una administración extra-italiana suponía una garantía mínima de independencia en su labor de gobierno por encima de las luchas faccionales que a menudo impedían o ralentizaban la aplicación de las decisiones regias.

La primera aproximación entre el duque y Felipe IV tuvo lugar en 1630, cuando el conde duque de Olivares intentó matrimoniar a la hermana de Francisco, Margarita, con João de Bragança, futuro duque homónimo en Portugal. El fin de este enlace era compensar a los Este, por la vía de un casamiento lustroso, por el atraso crónico con que Madrid satisfacía el pago de sus pensiones a los duques de Módena. El rechazo elegante de los Este a semejante partido no impidió que en la primavera de 1633 Olivares ofreciera al duque el virreinato de Portugal con seis mil escudos de renta anuales, dominio que entonces atravesaba una seria crisis de gobierno. La propuesta incluía el tratamiento de alteza real —una vieja aspiración de Francisco I—, lo que implicaba aceptar sus derechos a la sucesión del trono español en el grado correspondiente. El modenés volvió a declinar la oferta, dado su interés por hacer política en Italia. De este modo el virreinato portugués fue a parar a la tía de Francisco I, la infanta Margarita de Saboya, duquesa viuda de Mantua. En gran medida, estos gestos de independencia por parte de un príncipe menor ante el mismo rey de España, su tío, se explican por el agravamiento de los negocios españoles en Europa. De hecho, la guerra que Francia declaró a Felipe IV en mayo de 1635 permitió a Módena revalidar su posición de aliado necesario para Madrid, como expresó el nuevo acuerdo hispano-modenés firmado en octubre de este año. Por él, Madrid pagaría a Francisco I cinco mil escudos al año a cambio de que los soldados españoles pudiesen atravesar el ducado cuando lo precisasen. Desde esta posición de mayor seguridad para el duque y de mayor dependencia con respecto a Madrid, decidió Francisco I presionar a Felipe IV para alcanzar un gobierno italiano. El modo consistió en una práctica en absoluto ajena a los tiempos aunque sí inusual: viajar al centro del poder, la Corte (en este caso la de su tío, el Rey Católico), para ejecutar una política de presencia que tenía tanto de cordialidad aparente como de intimidación real. La reacción de Olivares ante la noticia de la visita fue de disgusto, a causa de la impertinencia —personal y política— que se adivinaba tras aquella decisión. Recibido, no obstante, con todos los honores a su llegada a Madrid en septiembre de 1638 —Felipe IV le nombró consejero de Estado, le mostró personalmente El Escorial, le hizo padrino del bautizo de su hija, la infanta María Teresa, y permitió que Velázquez lo retratara—, pronto se vio que la negociación que desembocó en su nombramiento secreto como virrey de Cataluña y general “de los dos océanos” con setenta mil escudos de una sola vez, el duque nunca la había abrazado con convicción. Olivares buscaba situar ante los conflictivos catalanes una cabeza independiente capaz de movilizar los recursos del principado contra Francia —una versión de lo intentado con la tía del duque, Margarita de Saboya, en Portugal—. Pero de nuevo los intereses de Francisco I miraban a Italia y no a España. Ya de regreso a Módena, se disculpó por no poder asumir el virreinato catalán. Pese a ello, entre marzo y abril de 1639 corrieron rumores de su posible ida a Lisboa en calidad de virrey para sustituir a Margarita, maniobra orquestada por Rodrigo Sarmiento de Silva, duque de Híjar, en su afán de ganar poder en la Corte. La revuelta catalana de junio de 1640 y la aclamación del duque de Bragança como rey de Portugal en diciembre del mismo año cortaron de raíz todo este asunto.

La gradual debilidad del poder hispánico guió los siguientes pasos del duque Francisco I de Este. En 1642 se ofreció para mediar la paz entre su tío y París o La Haya. Aun prolongó una mortecina colaboración con Madrid hasta 1647, año en que se percató de que la estrella ascendente de Francia podía aprovecharse mejor a la sombra de Luis XIV. Este ensayo apenas duró hasta febrero de 1649, cuando Madrid logró recuperar al modenés, pero resultó un aviso de lo que estaba por venir. La insolvencia de Madrid para afrontar las pensiones atrasadas a los Este desembocó en el acuerdo entre Francia y Módena en mayo de 1655, sellado con la boda del heredero de Francisco I con una sobrina del cardenal Mazarino.

La guerra contra Felipe IV se materializó entonces en el ataque al Milanesado español, el duque morirá durante el asedio a Mortara. Su legado político consistió en haber sabido transformar el declive de su aliado y protector hispánico en nuevas oportunidades para un reducido ducado italiano.

 

Bibl.: G. de Castro, Fulvio Testi e le corti italiane nella prima metà del xvii secolo, Milán, Battezzati, 1875; P. Negri, “Relazioni italo-spanuole”, en Archivio Storico Italiano, LXXI (1913), págs. 283-334; L. S imeoni, Francesco I d’Este e la politica italiana del Mazarino, Bolonia, Zanichelli, 1922; M. Fernández Álvarez, “La misión de Fulvio Testi. Un diplomático italiano en la corte de Felipe IV”, en Hispania, XXVII (1957), págs. 79-148; B. C ialga, Gli stati italiani e la pace dei Pirinei, Milán, 1961; J. Southorn, Power and Display in the Seventeenth Century. The arts and their patrons in Modena and Ferrara, Cambridge, University Press, 1988; R. Valladares, “Portugal desde Italia. Módena y la crisis de la Monarquía Hispánica (1629-1659)”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, CXCV (1998), págs. 231-276; A. de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de la Floresta, La insigne Orden del Toisón de Oro, Madrid, Palafox & Pezuela, 2000.

 

Rafael Valladares Ramírez