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Jerónimo de Ripalda

Biografía

Ripalda, Jerónimo de. Teruel, 1535 – Toledo, 21.IV.1618. Jesuita (SI), catequista.

Su padre, el médico Bernardino de Ripalda, el cual había conocido a Íñigo de Loyola mientras estudiaba en Alcalá, se opuso a la vocación jesuítica de su hijo a través de un Decreto Real que llevó ante el rector del colegio de la ciudad complutense. No lo consiguió, y tras un proceso de formación repartido en Gandía, Valencia y Alcalá, Jerónimo de Ripalda, ya como jesuita, ejerció la docencia en Plasencia, Valladolid, Ávila y de nuevo, Valladolid. Se trataba de un jesuita muy capacitado para las relaciones sociales, lo que le valió el desempeño de cargos de gobierno en las Casas de Castilla. Toledo fue su última morada, en una ancianidad prolongada (desde 1594 hasta su muerte).

Vinculado con la madre Teresa de Jesús como confesor, la animó a escribir el Libro de las Fundaciones, según lo expone la propia santa carmelita en la obra: “Estando en Salamanca, año de mil y quinientos y setenta y tres [...] confesándome con un padre rector de la Compañía, llamado el maestro Ripalda, habiendo visto este libro de la primera fundación, le pareció sería servicio de Nuestro Señor que escribiese de otros siete monasterios que después acá, por la bondad de Nuestro Señor, se han fundado, junto con el principio de los monasterios de los Padres Descalzos de la primera Orden, y así me lo ha mandado”. Ripalda fue apresado, cuando era rector de Villagarcía de Campos, por el Tribunal de la Inquisición de Valladolid entre 1586 y 1588, aunque finalmente resultó absuelto.

Se le había acusado, entre otras cosas, de complicidad, de haber encubierto y después de haber protagonizado distintos casos de solicitación, e incluso de la herejía de los alumbrados de Llerena.

Hasta 1996, la historiografía de la catequesis hablaba de la Doctrina Cristiana de Jerónimo de Ripalda, cuya primera edición fue impresa en 1591. A pesar de haberse fechado entonces la primera edición, parece ser que entre los jesuitas de los colegios y las casas de probación circulaba una versión manuscrita de una Doctrina de Ripalda. Así se prueba por las opiniones, por cierto poco favorecedoras, que vertió en las habituales cartas el provincial castellano Pedro Villalba en 1586. Fue la documentación judicial del Consejo Real la que permitió a los historiadores conocer una obra que bajo el título de Interrogaciones para la Doctrina Christiana por modo de Diálogo entre Maestro y el Discípulo, había sido impresa en Madrid en 1589 y cuya autoría correspondía a Gaspar de Astete.

Formaba parte de las pruebas reunidas para dirimir el pleito que se había interpuesto al creer que tres textos, nacidos de manos jesuíticas, vulneraban el monopolio de impresión decretado en favor del Cabildo de la Catedral de Valladolid, con sus famosas Cartillas de la Doctrina Cristiana. Este hallazgo, a primera vista, demostraba que Astete había escrito, probablemente, un segundo catecismo, además del de 1576 o 1586. Sin embargo, recorriendo sus páginas y contenidos, se puede comprobar —así lo hizo por vez primera Luis Resines— que el texto era exactamente igual al que se publicó después bajo la autoría de Ripalda en su célebre catecismo en 1591. Dos años de diferencia, dos lugares de impresión, dos impresores, dos autores pero un mismo texto.

Se trataría de un “segundo catecismo de Astete” y a pesar de ello, fue una obra constantemente reeditada (con cuatrocientas setenta y una ediciones hasta 1909). Ambos textos, los que se han conocido respectivamente como Astete y Ripalda, en realidad se pueden denominar el Primero y Segundo Astete. Ambos, igualmente, estaban desprovistos de las inacabables luchas de las escuelas teológicas, aunque no faltaba la reacción antiprotestante, basando sus reflexiones en tres pilares fundamentales: las Sagradas Escrituras, los textos de los padres de la Iglesia y las reflexiones nacidas del Concilio de Trento. Era más importante exponer la fe a tantos ignorantes de la Doctrina que rebatir en las alturas teológicas. Ripalda generó bibliográficamente un mayor número de comentarios.

La adaptación ilustrada, publicada en el siglo XVIII, fue realizada por Juan Antonio de la Riva en 1800, añadiendo un buen número de preguntas y respuestas.

Poco a poco, tanto el Astete como el Ripalda, habían ido sustituyendo a la propia Biblia en la vida espiritual, mucho más alejada para tantos cristianos, incapaces de leerla en su versión oficial latina. El método Astete-Ripalda consiguió imponer un “modelo [catequético] unificado en toda España”.

 

Obras de ~: Contemptus mundi, de nuevo corregido por un Padre de la Compañía de Jesús, Alcalá, 1576 (Sevilla, 1587); Doctrina Cristiana con una exposición breve, Burgos, 1591 (ed. facs. con intr. de L. Resines, Salamanca, 1991); Razonamiento que hace el pecador a Dios, Madrid, 1614; Suave coloquio del pecador con Dios, Lérida, por Luis Manescal, 1618.

 

Bibl.: I. M. Sánchez, Doctrina Cristiana del Padre Jerónimo Ripalda e intento bibliográfico de la misma. Años 1591-1900, Madrid, Imprenta Alemana, 1909; D. Llorente, “Cartillas de doctrina. Catecismos de Astete y Ripalda”, en Revista Catequística, 16 (1925); L. Resines, “Lectura crítica de los catecismos de Astete y Ripalda”, en Estudio Agustiniano, 16 (1981), págs. 73- 131, 241-297 y 405-448; “Astete frente a Ripalda: dos autores para una obra”, en Teología y Catequesis (1996), págs. 89-138; La Catequesis en España. Historia y textos, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997; Ch. E. O’Neill (S.I.) y J. M.ª Domínguez (S.I.) (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-Temático, Roma-Madrid, Institutum Historicum, S.I.-Universidad Pontificia Comillas, 2001.

 

Javier Burrieza Sánchez