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Pedro de Urbina y Montoya

Biografía

Urbina y Montoya, Pedro de. Berantevilla (Álava), 12.VII.1585 – Sevilla, 6.II.1663. Franciscano (OFM), comisario general, obispo de Coria y Plasencia, arzobispo de Valencia y Sevilla, virrey de Valencia.

Hijo del capitán Juan de Urbina, de la noble estirpe de los marqueses de Comunión y Urbina, y de Casilda de Montoya, de rancio abolengo vasco, Pedro, todavía niño, quedó huérfano, tras lo cual marchó a Toledo junto a un tío. En esa ciudad estudió Gramática y Artes, tras rechazar la carrera militar a la que se consagraron tantos de sus antepasados. Con veintitrés años, ingresó en la Orden de San Francisco. Pasó luego al Convento de Alcalá, donde fue lector primero y más tarde maestro de estudiantes y guardián. Su buen hacer en estas ocupaciones facilitó su rápida promoción en la religión, de modo que se le eligió, sucesivamente, provincial de Castilla y comisario general de España. En 1644 entraba en el orden episcopal, consagrándosele como obispo de Coria; mitra que sólo ciñó por espacio de unos meses, al promovérsele en 1648 para el obispado de Plasencia, del que no llegó a tomar posesión, pues en junio del año siguiente Inocencio X lo confirmaba como nuevo arzobispo de Valencia. Poco más tarde, era designado virrey interino de aquel Reino, minado por el bandolerismo y los efectos de la guerra de Cataluña.

Fray Pedro no sólo afrontó con vigor las dificultades impuestas por el conflicto, sino también la represión de la delincuencia. En el primero de los casos, y recuperada la plaza de Tortosa, aseguró una contribución valenciana permanente a las necesidades militares de la Monarquía en el frente catalán, mientras que, en el segundo, prosiguió con la contundente política represiva iniciada por sus antecesores en la lugartenencia general. Finalizado su mandato al frente del virreinato, en 1652, el franciscano se entregó por completo a las labores inherentes a su ministerio pastoral, visitando el arzobispado y convocando un sínodo diocesano en 1657. No olvidó, sin embargo, su cruzada contra la delincuencia, pues colaboró con la jurisdicción real, empleándose a fondo, además, en la extirpación de la violencia entre las filas eclesiásticas. Junto a ello, patrocinó la causa inmaculista, llegando a barajarse su nombre para encargarse de su defensa ante la Santa Sede. Consiguió, igualmente, la confirmación pontificia para el establecimiento en Valencia del Oratorio de San Felipe Neri, al que apoyó generosamente con toda suerte de subvenciones. Así las cosas, Felipe IV volvió a recurrir a Urbina, trasladándole a la sede hispalense para resolver allí la grave crisis jurisdiccional legada por su antecesor en la mitra, fray Pedro de Tapia, quien había excomulgado a las principales autoridades civiles y puesto en entredicho en Sevilla.

En julio de 1658, el nuevo arzobispo hacía su entrada en la capital del Guadalquivir, resolviendo en breve tiempo el contencioso. Allí recibió con alegría, años después, el breve inmaculista Sollicitudo omnium Ecclesiarum, celebrado a lo grande por los sevillanos bajo su patrocinio. Apenas concluidos los fastos, el viejo prelado fallecía a comienzos de 1663.

 

Obras de ~: Constituciones synodales del arçobispado de Valencia, Valencia, 1657; Memorial por la religión de san Francisco en defensa de las doctrinas del seráfico doctor san Buenaventura, del sutilísimo Escoto y otros doctores de la misma religión, s. l., s. f. (inéd.).

 

Bibl.: J. Alonso Morgado, Prelados sevillanos, Sevilla, Izquierdo y Cía., 1906; E. Olmos Canalda, Los prelados valentinos, Valencia, Instituto Jerónimo Zurita, 1949; J. Mateu Ibars, Los virreyes de Valencia. Fuentes para su estudio, Valencia, Ayuntamiento, 1963; A. Abad, “Urbina y Montoya, Pedro de”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, suplemento I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1987, pág. 696; J. Teixidor, Episcopologio de Valencia (1092-1773), introd. y transcr. de A. Esponera Cerdán, Valencia, Facultad de Teología San Vicente Ferrer, 1998; E. Callado Estela, Inmunidad eclesiástica y delincuencia en el siglo xvii. Los arzobispos de Valencia y la pacificación del reino (1612-1699), Valencia, Biblioteca Valenciana, 2003; “Seis mulas para fray Pedro de Urbina. Un conflicto de preeminencias entre el arzobispo de Valencia y la corona en el siglo xvii”, en Estudis, 29 (2003), págs. 179-190.

 

Emilio Callado Estela