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Mariano Azzaro de Clementis

Biografía

Azzaro de Clementis, Mariano. Ambrosio Mariano de San Benito. Bitonto (Italia), 1510 – Madrid, 1594. Carmelita descalzo (OCD), ingeniero.

Santa Teresa dice de él: “Era de nación italiana, doctor, y de muy gran ingenio y habilidad” (F 17, 7). Estudió en Nápoles, y fue condiscípulo de G. Buoncompagni, que sería el papa Gregorio XIII. Muy experto en matemáticas e ingeniería, doctor en Derecho y algunos creen que también en Teología. Estuvo al servicio de los reyes de Polonia y “al gobierno de toda su casa”. Dejó este trabajo llamado por el Señor para mejor procurar su salvación. Le levantaron la calumnia de que había estado mezclado en la muerte de un hombre; estuvo dos meses en la cárcel. Falsos testigos declaraban que había sido él quien había llamado a los asesinos. Para Santa Teresa, la resolución favorable del caso se parecía a lo que pasó con los viejos en la historia de Susana. Aquí “acaeció que preguntado a cada uno adónde estaba entonces, el uno dijo que sentado sobre una cama, el otro que a una ventana”. Descubierto el embuste confesaron la verdad y le dejaron libre, trabajando seguidamente para que no los castigasen y gastando “hartos dineros” para librarlos. Se puso al servicio de Felipe II y, como creen algunos, “en la celebre batalla de San Quintín (1.º agosto 1557) hizo notables servicios al ejército de Su Majestad por sus conocimientos de ingeniería” (P. Silverio).

Vino a España en el séquito del príncipe de Sulmona, Horacio de Lannoy y se estableció en Toledo. El Rey Prudente acariciaba el gran proyecto de canalizar el Guadalquivir de Sevilla a Córdoba y recurrió a Mariano para llevarlo a cabo. Empeñado en su trabajo en Andalucía, llegó a su conocimiento que en el desierto del Tardón (Córdoba) se encontraba un célebre ermitaño, Mateo de la Fuente (1524-1575), observando la Regla de San Basilio. Se fue allá dispuesto a abrazar aquella vida en 1562. Allí se le juntó otro italiano, Juan Narduch, que también tenía espíritu eremítico.

Por asuntos del Tardón tuvo que pasar algún tiempo en Sevilla, escogiendo una ermita a las afueras de la ciudad; donde se retiró con su amigo Juan Narduch.

“En 1568 recibió carta del Rey por medio del duque de Baena, donde le decía que fuera a Aranjuez, porque quería sangrar el Tajo en forma, que por medio de acequias se pudiera regar aquella vega entonces árida y luego tan fértil y frondosa.” Una vez que Mariano terminó el estudio del proyecto, se detuvo en Madrid con su compañero Narduch, hospedándose en un aposento que le había dado Leonor Mascareñas, aya que había sido del Rey. Aquí se iban a encontrar con Santa Teresa que, procedente de Toledo, fue a hospedarse al monasterio de las franciscas donde estaba la mencionada señora. Era el 30 de mayo de 1569. Leonor se alegró tanto de ver a la santa y le comunicó que los ermitaños Mariano y su compañero tenían muchas ganas de verla.

Cuando contaron a la madre la vida que hacían de pobreza, oración y trabajo, le pareció aquello “el retrato de nuestros santos padres” antiguos del Monte Carmelo. La madre le enseñó la Regla del Carmen y le hizo ver la concordancia que había entre ella y su forma de vida, animándole a entrar en la Orden. Mariano le dijo que lo iba a pensar aquella noche. Al día siguiente ya estaba decidido. Teresa se alegra enormemente y cuenta a la madre que Ruy Gómez le ha dado en Pastrana “una buena ermita y sitio para hacer allí asiento de ermitaños, y que él quería hacerla de esta Orden y tomar el hábito”. Recabados los permisos necesarios para abrir el nuevo convento que se ofrecía, llegaron a Pastrana los dos ermitaños. Acudió también el padre Antonio de Jesús desde Mancera para la fundación. “Yo les aderecé —dice Teresa— hábitos y capas, y hacía todo lo que podía para que ellos tomasen luego el hábito” (F 17, 14). El padre Baltasar Nieto que también se haría descalzo dio en el palacio de los duques de Éboli el hábito a Mariano y a Juan de la Miseria (Narduch), “para legos entrambos, que tampoco el padre Mariano quiso ser de misa, sino entrar para ser el menor de todos, ni yo lo pude acabar con él. Después [en 1574] por mandado de nuestro reverendísimo padre general, se ordenó de misa” (F 17, 15). La madre volvió a Pastrana para la profesión que, el 10 de julio de 1570, hicieron los dos ermitaños, siendo éstos los dos primeros novicios de la descalcez. La santa esperaba mucho de Mariano para el bien de la Orden, pero no resultaron siempre las cosas como ella quería, y tuvo que andar riñéndole y frenándole tantas veces y defendiéndole ante el padre general de alguna de sus indiscreciones. A pesar de todo, la santa se alegró siempre de haberle adquirido para la Orden y admitido en ella. Ante las arbitrariedades de la princesa de Éboli, el padre Gracián y Ambrosio Mariano “determináronse de poner tierra en medio y ausentarse bien lejos de Pastrana”. Ambrosio acompañó a Gracián en la fundación del convento de Almodóvar del Campo en 1576. Con Gracián fue a deshacer el convento de San Juan del Puerto, y con Gracián fundó el convento de los Remedios de Sevilla, donde Mariano estuvo tres años al frente del noviciado. De nuevo en Madrid, prestó grandes servicios a la reforma en aquellos años tempestuosos.

En el capítulo de separación de la provincia descalza tenido en Alcalá de Henares en marzo de 1581, el padre Mariano fungió de secretario, firmando como tal todos los documentos. En la misa que celebró el visitador apostólico con la que se abrió el capítulo el padre Mariano hizo de ministro. La oración latina que se pronunció a continuación fue obra suya, aunque la recitó uno de los estudiantes, Diego Evangelista. Mariano quedó de rector del Colegio de Alcalá por un tiempo; en 1582 pasó a Lisboa como fundador de aquel convento. También fue el fundador del convento de San Hermenegildo de Madrid en 1586, y ejercía de prior cuando san Juan de la Cruz le escribe una carta, el 9 de noviembre de 1588, en la que le indica algún reajuste de personal y de novicios. En el capítulo General de 1588 se le nombró segundo consiliario y lo mismo en el de 1590. A través de las dieciséis cartas que le escribió Santa Teresa se puede adivinar el perfil de este hombre lleno de virtudes y también con sus no pocos defectos que la santa sabía entender y compadecer, avisándole de ellos con gran tacto y caridad maternal. Mariano Azzaro murió en Madrid en 1594, de erisipela, en el convento de San Hermenegildo, en lo que hoy es la parroquia de San José en la calle de Alcalá.

 

Obras de ~: Oratio in inauguratioe provinciae discalceatorum habita. 4 de marzo de 1581. Puede verse en MHCT (Monumenta Historica Carmeli Teresiani), Romae, Teresianum, 1973, t. II, págs. 255-262; también en la revista El Monte Carmelo, 71 (1963), págs. 231-269.

 

Bibl.: José de Santa Teresa, Reforma de los Descalzos [...], t. III, Madrid, por Julián de Paredes, 1683, págs. 22-38; Silverio de Santa Teresa, Historia del Carmen Descalzo en España, Portugal y América, t. VII, Burgos, Monte Carmelo, 1937, págs. 468-481; E. de la Madre de Dios-O. Steggink, Obras Completas de Santa Teresa (Epistolario), t. III, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1959, pág. 1021; Salvador de la Virgen del Carmen, Teresa de Jesús, Vitoria, Diputación Foral de Álava, 1964, págs. 169-171; Santa Teresa de Jesús, Libro de las Fundaciones, cap. 17, n.os 1-15, en el Epistolario de la Santa, ed. Tomás Álvarez, Burgos, Monte Carmelo, 1997; T. Álvarez, “Ambrosio Mariano”, en Diccionario de Santa Teresa, Burgos, Monte Carmelo, 2002, págs. 701-702; J. Pérez, Teresa de Ávila y la España de su tiempo, Madrid, Algaba, 2007.

 

José Vicente Rodríguez, OCD