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Hermilio Alcalde del Río

Biografía

Alcalde del Río, Hermilio. Villamediana (Palencia), 13.I.1866 – Torrelavega (Cantabria), 2.VI.1947.

Profesor de la Escuela de Artes y Oficios y prehistoriador.

Nacido en el seno de una familia cuyo padre fue funcionario en Villamediana y su madre maestra, nunca ejerciente; la prematura muerte del progenitor obligó a que madre e hijo se trasladaran a Torrelavega (1868) bajo la tutela de su tío Bernardo Alcalde.

Cursó estudios primarios en la escuela pública torrelaveguense, continuó los secundarios en el Colegio San José y al concluir el bachillerato, e inclinarse por las materias artísticas, hizo la carrera en la madrileña Escuela Especial de Pintura, Escultura, Grabado y Arquitectura (1885-1891). Sensible a los problemas sociales decide fundar en Torrelavega, con la cooperación de la “Asociación para el Fomento e Instrucción de las Clases Populares”, una Escuela de Artes y Oficios (curso 1892- 1893) destinada a la formación obrera, de la que fue director casi hasta su fallecimiento. Poco a poco la Escuela fue saliendo adelante, y se proyectó no sólo a escala provincial, sino también nacional, con la participación en varias exposiciones de Artes e Industrias (Barcelona, 1898; Gijón, 1899), e incluso en la Exposición Universal de París (1900), normalizándose su andadura durante los primeros años del siglo xx al obtener concesiones oficiales y donativos particulares, alcanzando amplio reconocimiento en el ámbito educativo y profesional. A principios de siglo Alcalde del Río contrajo matrimonio con Balbina Seco, con la que tuvo tres hijos, pero ésta falleció y meses después su hijo pequeño (1906). Casó en segundas nupcias con Flora Alácano (1913) sin tener descendencia.

Encarrilado su primer proyecto vital, comenzó otro relativo a la Prehistoria, el cual tuvo como germen, junto a sus aficiones y a su decidida curiosidad por todo lo “cántabro”, la visita de Emile Cartailhac y Henri Breuil a la cueva de Altamira (1902); la cual cerró definitivamente el enconado debate acerca de la antigüedad y autenticidad de sus pinturas, y facilitó que Alcalde del Río se dedicara con verdadero ahínco a la búsqueda de cuevas con arte rupestre, y que Breuil tuviera, después de las iniciales reticencias por su autodidactismo en lo referente a la prehistoria, una persona que le facilitara los yacimientos sobre los que desarrollar su investigación. Así, desde la terminación del estudio por parte de los franceses, Alcalde estuvo reconociendo y excavando Altamira, hallando restos arqueológicos y representaciones nuevas de arte parietal, consiguiendo el respeto de Breuil tras la publicación de su primera obra de esa temática (1906); a la vez que comenzó una inagotable saga de descubrimientos, a veces junto al padre Lorenzo Sierra u otras personas: Covalanas, La Haza y El Castillo (1903); Santián (1905); La Clotilde (1906); El Pendo y Meaza (1907); Pindal, Mazaculos y Loja (1908), entre otras muchas.

Esa euforia y la evidente visión de futuro de ciertos personajes, entre los que destaca el príncipe Alberto I de Mónaco, hace que éste le ofrezca a Alcalde sendos contratos (1906 y 1909) para fomentar el hallazgo y la investigación prehistórica en la Cornisa Cantábrica, con el compromiso añadido de publicar los resultados que, entre otras, se materializa en dos obras clásicas: Les cavernes de la Region Cantabrique y La caverne de La Pasiega.

Esos aconteceres tienen un punto de inflexión en 1910 con motivo de las excavaciones arqueológicas de la cueva de El Castillo, sufragadas por Alberto I de Mónaco e incluidas dentro de un proyecto de mayor calado científico (el Instituto de Paleontología Humana de París). En esa fecha se constatan ciertas desavenencias entre Alcalde y H. Obermaier, a la sazón responsable de las excavaciones, y un dilatado litigio de jurisdicción al haber registrado Alcalde la cueva a su nombre y solicitado una concesión de la mina de hierro de El Castillo. Dichos avatares provocaron un cortés pero inexorable distanciamiento entre ellos, si bien continuó la colaboración en ciertas publicaciones, a la vez que se mantuvo incólume el afecto entre Alcalde y Breuil; pero la Primera Guerra Mundial abrió un importante paréntesis investigador.

Sin olvidar la Prehistoria, Alcalde del Río reconduce sus inquietudes hacia cuestiones de etnografía de Cantabria. Bajo el título de Escenas Cántabras fue recopilando costumbres, vocabulario, picaresca y folclore montañeses, atreviéndose incluso a escribir algunas obras, inéditas, de teatro popular costumbrista.

No obstante, alguna obra se representó en el teatro de Torrelavega y en algunos colegios. A esas alturas ya tenía algunos nombramientos relevantes: Miembro Correspondiente de la Société Archéologique du Midi de la France (1908), Socio Corresponsal de la Asociación Artístico Arqueológica de Barcelona (1909), Officier de l’Académie (nombrado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de Francia) (1910), Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia (1915).

Continuaron sus correrías por la geografía cántabra en las que fue acumulando datos etnográficos, o descubriendo restos arqueológicos (como el ara romana del Pico Dobra), pinturas murales medievales, o restos visigodos en la cueva de El Cudón, a la vez que sigue en contacto con especialistas de la Prehistoria nacional e internacional y, por supuesto, dirigiendo con probada eficacia la Escuela de Artes y Oficios.

Llega incluso a ser alcalde de Torrelavega (1920- 1922), se le rinde un sentido homenaje con motivo del cincuentenario de la fundación de la citada Escuela y, como colofón, se le concede la Medalla al Mérito en el Trabajo (1947) por sus reconocidos méritos de carácter científico, cultural y educativo.

 

Obras de~: Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas de la provincia de Santander, Santander, 1906; “Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas de la provincia de Santander”, en Portugalia 2, 2 (1906), págs. 1-42; “Le préhistorique aux environs de Santander. La station humaine d’Altamira” y “Exploration de la grotte d’Altamira”, en E. Cartailhac y H. Breuil, La Caverne d’Altamira à Santillane près Santander (Espagne), 1906, págs. 245-275; “Descubrimiento de una cueva del período musteriano en Unquera (Santander)”, en Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural (BRSEHN), 9 (1909), págs. 129; “Descubrimiento de una estación prehistórica del Magdaleniense en el Cerro “Peña Castillo” (Santander)”, en BRSEHN, 9 (1909), págs. 179-180; Apuntes de Altamira, Viana-do-Castelo, 1911; con H. Breuil y L. Sierra, Les cavernes de la Región Cantabrique, Mónaco, 1911; con H. Breuil y H. Obermaier, La Pasiega, Mónaco, 1913; Escenas Cántabras, Torrelavega, 1914; Escenas Cántabras, Santoña, 1928; “Contribución al léxico montañés”, en La Revista de Santander (LRS), 5, 5 (1932), págs. 128-205; “Contribución al léxico montañés”, en LRS, 5, 6 (1932), págs. 266-276; “Nuevos datos sobre Torrelavega”, en LRS, 6, 1 (1933), págs. 9-10; “Contribución al léxico montañés”, en LRS, 6, 2 (1933), págs. 65-67; Varios objetos de los primeros tiempos del cristianismo en la Península, Madrid, 1934; “Escenas Cántabras”, en La Montaña, 14 (1954), págs. 42-44.

 

Bibl.: B. Madariaga de la Campa, Hermilio Alcalde del Río. Una Escuela de Prehistoria en Santander, Santander, Patronato de las Cuevas Prehistóricas de Santander, 1972; A. Moure Romanillo y E. García-Soto, Un siglo de arqueología en Cantabria (1860-1960), catálogo de exposición, Santander, Caja Cantabria, 1989; A. Moure Romanillo, “Prehistoria de Cantabria: Más de un siglo de historiografía y bibliografía”, en M. Suárez Cortina (ed.), Historia de Cantabria: un siglo de historiografía y bibliografía (1900-1994), Santander, Fundación Marcelino Botín, 1995, págs. 37-68; A. Moure Romanillo, “Hugo Obermaier, la institucionalización de las investigaciones y la integración de los estudios de Prehistoria en la universidad española”, en A. Moure Romanillo (ed.), “El Hombre Fósil” 80 años después. Homenaje a Hugo Obermaier, Santander, Fundación Marcelino Botín-Universidad de Cantabria, 1996, págs. 17-50; A. Moure Romanillo, “Prehistoria y Arqueología en Cantabria. El proceso de institucionalización de las investigaciones”, en G. Mora y M. Díaz-Andreu (eds.), La cristalización del pasado: Génesis y desarrollo del marco institucional de la arqueología en España, Málaga, Universidad de Málaga, 1997, págs. 679-684; B. Madariaga de la Campa, Sanz de Sautuola y el descubrimiento de Altamira, Santander, Fundación Marcelino Botín, 2000.

 

Marco s de la Rasilla Vives

 

 

 

 

 

Alcalde del Río, Hermilio. Villamediana (Palencia), 13.I.1866 – Torrelavega (Cantabria), 2.VI.1947. Profesor (Escuela de Artes y Oficios) y prehistoriador.

Nacido en el seno de una familia cuyo padre fue funcionario en Villamediana y su madre maestra, nunca ejerciente; la prematura muerte del progenitor obligó a que madre e hijo se trasladaran a Torrelavega (1868) bajo la tutela de su tío Bernardo Alcalde. Cursó estudios primarios en la escuela pública torrelaveguense, continuó los secundarios en el Colegio San José y al concluir el bachillerato, e inclinarse por las materias artísticas, hizo la carrera en la madrileña Escuela Especial de Pintura, Escultura, Grabado y Arquitectura (1885-1891).

Sensible a los problemas sociales decide fundar en Torrelavega, con la cooperación de la “Asociación para el Fomento e Instrucción de las Clases Populares”, una Escuela de Artes y Oficios (curso 1892-1893) destinada a la formación obrera, de la que fue director casi hasta su fallecimiento. Poco a poco la Escuela fue saliendo adelante, y se proyectó no sólo a escala provincial sino también nacional, con la participación en varias exposiciones de Artes e Industrias (Barcelona, 1898; Gijón, 1899), e incluso en la Exposición Universal de París (1900), normalizándose su andadura durante los primeros años del siglo XX al obtener concesiones oficiales y donativos particulares, alcanzando amplio reconocimiento en el ámbito educativo y profesional. A principios de siglo Alcalde del Río contrajo matrimonio con Balbina Seco con la que tuvo tres hijos, pero ésta falleció y meses después su hijo pequeño (1906). Casó en segundas nupcias con Flora Alácano (1913) sin tener descendencia.

Encarrilado su primer proyecto vital, comenzó otro relativo a la Prehistoria, el cual tuvo como germen, junto a sus aficiones y a su decidida curiosidad por todo lo “cántabro”, la visita de Emile Cartailhac y Henri Breuil a la cueva de Altamira (1902); la cual cerró definitivamente el enconado debate acerca de la antigüedad y autenticidad de sus pinturas, y facilitó que Alcalde del Río se dedicara con verdadero ahínco a la búsqueda de cuevas con arte rupestre, y que Breuil tuviera, después de las iniciales reticencias por su autodidactismo en lo referente a la prehistoria, una persona que le facilitara los yacimientos sobre los que desarrollar su investigación.

Así, desde la terminación del estudio por parte de los franceses, Alcalde estuvo reconociendo y excavando Altamira, hallando restos arqueológicos y representaciones nuevas de arte parietal, consiguiendo el respeto de Breuil tras la publicación de su primera obra de esa temática (1906); a la vez que comenzó una inagotable saga de descubrimientos, a veces junto al Padre Lorenzo Sierra u otras personas: Covalanas, La Haza y El Castillo (1903); Santián (1905); La Clotilde (1906); El Pendo y Meaza (1907); Pindal, Mazaculos y Loja (1908) y un largo etcétera.

Esa euforia y la evidente visión de futuro de ciertos personajes, entre los que destaca el Príncipe Alberto I de Mónaco, hace que éste le ofrezca a Alcalde sendos contratos (1906 y 1909) para fomentar el hallazgo y la investigación prehistórica en la Cornisa Cantábrica, con el compromiso añadido de publicar los resultados que, entre otras, se materializa en dos obras clásicas: Les cavernes de la Región Cantabrique y La caverne de La Pasiega.

Esos aconteceres tienen un punto de inflexión en 1910 con motivo de las excavaciones arqueológicas de la cueva de El Castillo, sufragadas por Alberto I de Mónaco e incluidas dentro de un proyecto de mayor calado científico (el Instituto de Paleontología Humana de París). En esa fecha se constatan ciertas desavenencias entre Alcalde y H. Obermaier, a la sazón responsable de las excavaciones, y un dilatado litigio de jurisdicción al haber registrado Alcalde la cueva a su nombre y solicitado una concesión de la mina de hierro de El Castillo. Dichos avatares provocaron un cortés pero inexorable distanciamiento entre ellos, si bien continuó la colaboración en ciertas publicaciones, a la vez que se mantuvo incólume el afecto entre Alcalde y Breuil; pero la I Guerra Mundial abrió un importante paréntesis investigador.

Sin olvidar la Prehistoria, Alcalde del Río reconduce sus inquietudes hacia cuestiones de etnografía de Cantabria. Bajo el título de Escenas Cántabras fue recopilando costumbres, vocabulario, picaresca y folklore montañeses, atreviéndose incluso a escribir algunas obras, inéditas, de teatro popular costumbrista. No obstante, alguna obra se representó en el teatro de Torrelavega y en algunos colegios. A esas alturas ya tenía algunos nombramientos relevantes: Miembro Correspondiente de la Société Archéologique du Midi de la France (1908), Socio Corresponsal de la Asociación Artístico Arqueológica de Barcelona (1909), Officier de l’Académie (nombrado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de Francia) (1910), Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia (1915).

Continuaron sus correrías por la geografía cántabra en las que fue acumulando datos etnográficos, o descubriendo restos arqueológicos (como el ara romana del Pico Dobra), pinturas murales medievales, o restos visigodos en la Cueva de El Cudón, a la vez que sigue en contacto con especialistas de la Prehistoria nacional e internacional y, por supuesto, dirigiendo con probada eficacia la Escuela de Artes y Oficios. Llega incluso a ser Alcalde de Torrelavega (1920-1922), se le rinde un sentido homenaje con motivo del cincuentenario de la fundación de la citada Escuela y, como colofón, se le concede la Medalla al Mérito en el Trabajo (1947) por sus reconocidos méritos de carácter científico, cultural y educativo.

Obras de~: Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas de la provincia de Santander, Santander, 1906; “Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas de la provincia de Santander”, en Portugalia 2, 2 (1906), págs. 1-42; “Le préhistorique aux environs de Santander. La station humaine d’Altamira” y “Exploration de la grotte d’Altamira”, en E. Cartailhac y H. Breuil, La Caverne d’Altamira à Santillane près Santander (Espagne), 1906, págs. 245-275; “Descubrimiento de una cueva del período musteriano en Unquera (Santander)”, en Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural (BRSEHN), 9 (1909), págs. 129; “Descubrimiento de una estación prehistórica del Magdaleniense en el Cerro “Peña Castillo” (Santander)”, en BRSEHN, 9 (1909), págs. 179-180; Apuntes de Altamira, Viana-do-Castelo, 1911; con H. Breuil y L. Sierra, Les cavernes de la Región Cantabrique, Mónaco, 1911; con H. Breuil y H. Obermaier, La Pasiega, Mónaco, 1913; Escenas Cántabras, Torrelavega, 1914; Escenas Cántabras, Santoña, 1928; “Contribución al léxico montañés”, en La Revista de Santander (LRS), 5, 5 (1932), págs. 128-205; “Contribución al léxico montañés”, en LRS, 5, 6 (1932), págs. 266-276; “Nuevos datos sobre Torrelavega”, en LRS, 6, 1 (1933), págs. 9-10; “Contribución al léxico montañés”, en LRS, 6, 2 (1933), págs. 65-67; Varios objetos de los primeros tiempos del cristianismo en la Península, Madrid, 1934; “Escenas Cántabras”, en La Montaña, 14 (1954), págs. 42-44.

Bibl.: B. Madariaga de la Campa, Hermilio Alcalde del Río. Una Escuela de Prehistoria en Santander, Patronato de las Cuevas Prehistóricas de Santander, Santander, 1972; A. Moure Romanillo y E. García-Soto, Un siglo de arqueología en Cantabria (1860-1960), Catálogo de Exposición, Caja Cantabria, Santander, 1989; A. Moure Romanillo, “Prehistoria de Cantabria: Más de un siglo de historiografía y bibliografía”, en M. Suárez Cortina (ed.), Historia de Cantabria: un siglo de historiografía y bibliografía (1900-1994), Santander, 1995, págs. 37-68; A. Moure Romanillo, “Hugo Obermaier, la institucionalización de las investigaciones y la integración de los estudios de Prehistoria en la universidad española”, en A. Moure Romanillo (ed.), “El Hombre Fósil” 80 años después. Homenaje a Hugo Obermaier, Fundación Marcelino Botín-Universidad de Cantabria, Santander, 1996, págs. 17-50; A. Moure Romanillo, “Prehistoria y Arqueología en Cantabria. El proceso de institucionalización de las investigaciones”, en G. Mora y M. Díaz-Andreu (eds.), La cristalización del pasado: Génesis y desarrollo del marco institucional de la arqueología en España. Universidad de Málaga, Málaga, 1997, págs. 679-684; B. Madariaga de la Campa, Sanz de Sautuola y el descubrimiento de Altamira, Fundación Marcelino Botín, Santander, 2000.

Marcos de la Rasilla Vives