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Pompeyo Magno

Biografía

Pompeyo Magno. Cn(aeus) Pompeius Cn(aei) f(ilius) Sex(ti nepos) Magnus. ¿Piceno (antes Región del Picenum) (Italia)?, 29.IX.106 a. C. – 28.IX.48 a. C. Político y militar romano.

Procedía de una familia de Italia con amplias propiedades en el Piceno (Italia), lo que ha hecho pensar que aquél podía ser su lugar de nacimiento. Su padre era Cnaeus Pompeius Strabo, que había destacado por su actuación en la guerra contra los aliados itálicos, obteniendo como recompensa el consulado para el año 89 a. C. Su madre era Luculia, hija del senador Marius Lucilius y sobrina del poeta Caius Lucilius.

Pompeyo recibiría más tarde el cognomen Magnus (grande) con el que se le identifica.

El joven Pompeyo acompañó a su padre en la guerra social (de Roma con sus aliados, entre el 91 y el 89 a. C.). Pese a su juventud, su nombre aparece en la relación de consejeros de Strabo en el acto de concesión de la ciudadanía a los miembros de la Turma Salluitana (reclutados en Salduie, después Caesaraugusta) por su actuación en la victoria sobre la ciudad (Bronce de Ascoli, Italia). Su progenitor añadía así nuevos clientes a los que ya tenía en amplios territorios de Italia. Como afirma L. Amela, Pompeyo debía de estar también junto a él durante la celebración del triunfo el 25 de diciembre del 89 a. C.

Los años siguientes, marcados por las luchas políticas entre los partidarios de Mario y Sila (éste acabaría convirtiéndose en dictator, un poder unipersonal que se otorgaba exclusivamente para cortos períodos de crisis) por hacerse con el poder, Pompeyo estuvo en Roma. Probablemente como consecuencia de estas rivalidades, tuvo que hacer frente con diecinueve años a una acusación de apropiación de parte del botín de Asculum (Ascoli, Italia), aunque fue absuelto.

De educación refinada, protector de literatos, se hizo amigo del filósofo estoico Posidonio (desde 87/86).

Por entonces se casó con Antistia, hija del cónsul del año 86 Publius Antistius, un matrimonio que debía ayudarle en su carrera política. Contaba con amplias clientelas en el Piceno (Italia), en donde, como se vería más tarde, podía reclutar un numeroso ejército sin dificultad.

En la primavera del año 84 estaba en Ancona (Italia) junto a Lucius Cornelius Cinna, que por entonces desempeñaba el consulado y que murió a manos de sus soldados por el rumor de que había asesinado a Pompeyo. También se encontraba allí Varrón. Pompeyo se fue entonces al Piceno (sólo tenía veintitrés años), en donde reclutó un ejército privado entre los clientes de su padre y se presentó ante Lucius Cornelius Sulla (Sila), que acababa de desembarcar en Italia, saludándole como imperator y uniéndose a él. Tras obtener sucesivas victorias en Spoletum (Spoleto) y Clusium (Chiusi), fue a Roma para encontrarse con Sila que, tras vencer en Porta Colina (82 a. C.), dio por terminada la guerra. La posición política alcanzada con estas actuaciones militares se vería reforzada ahora por el divorcio de su primera esposa y su matrimonio con Emilia, hijastra del propio Sila, que tuvo que divorciarse del senador Marius Acilius Glabrius, de quien esperaba un hijo.

A pesar de su extrema juventud y de su falta de experiencia en el desempeño de cargos, su nuevo suegro le concedió un mando militar (imperium pro praetore) sobre seis legiones y un gran número de barcos, para recuperar primero Sicilia y luego el norte de África.

Su actuación le valió el reconocimiento de Sila, que le otorgó el título de “Magnus” que siempre acompañaría a su nombre y que heredarían sus hijos (Plutarco, Pompeius, 13, 4). El 12 de marzo del año 81 celebró su triunfo. Sin embargo, a pesar de la brillante carrera militar que había iniciado, carecía del reconocimiento político que tendría a su edad cualquier joven miembro de una familia senatorial, porque le faltaba el desempeño de los cargos públicos habituales.

La conveniencia política le llevó a un nuevo matrimonio con otra mujer de familia senatorial, Mucia, con quien tuvo dos hijos: Cnaeus Pompeius y Sextus Pompeius, y una hija llamada Pompeia.

A partir del año 79 a. C., Roma vivió una grave situación de conflictividad social y política. Pompeyo recibió un mando como legado (pro praetore) para colaborar en el restablecimiento de la paz, reclutó un ejército entre sus clientes y obtuvo sucesivas victorias en Italia: Mutina (Módena), Alba y Ansedonia (cerca de Cosa). El resultado fue la derrota y muerte de quien en esos momentos era un rival político, Lépido.

Su brillante actuación militar le valió el suficiente reconocimiento militar (a pesar de sus veintiocho años) como para que se le encargaran los asuntos de Hispania, en donde Roma libraba una guerra civil contra Sertorio, en el marco de los conflictos entre líderes políticos que jalonaron el último siglo de la República (Plutarco, Pompeius, 18, 1 y ss., entre las numerosas fuentes sobre los acontecimientos). Pompeyo iba a contar entre sus legados con Varrón, Afranio y Metelo Pío. En una fecha no precisada con seguridad, atravesó los Pirineos y recibió la sumisión de Indiketes y Lacetanos, cruzó a continuación el Ebro, en donde, tras sufrir una derrota en Lauro (San Miguel de Lliria; Frontino, Stratagemata, 1, 4, 8), sometió a algunas ciudades. En Levante fue herido en el muslo durante una batalla junto al río Júcar. A continuación fue a Celtiberia, para enfrentarse a Sertorio en Clunia, y al territorio de los Vascones. Del exterior le llegó un importante apoyo cuando el rey Mitrídates del Ponto le ofreció una alianza y el apoyo de sus barcos (Apiano, Sobre Mitrídates, 68). El invierno del 75/74 lo pasó en la Galia, desde donde envió una carta al Senado quejándose por el escaso apoyo que recibía (Salustio, Historias, 2, 98). Decía que había gastado su patrimonio personal en la recuperación de muchos territorios y que, sin medios, no podría evitar que la guerra se desplazara a la propia Italia. La respuesta del Senado fue el envío de otras dos legiones y más suministros para hacer frente a los gastos de la guerra. En el 74, Pompeyo estaba en territorio vacceo, en donde atacó diversas ciudades: Pallantia, Calagurris y Cauca (sólo obtuvo éxito en la última). Pero la marcha de la guerra dio un giro cuando Sertorio fue traicionado y asesinado por algunos de sus hombres, instigados por el bando enemigo. Sin embargo, algunas ciudades sertorianas resistieron sin entregarse. Tal fue el caso de Clunia, Uxama y Calagurris. Los calagurritanos, sitiados por Afranio (Floro, Epítome, 2, 10, 9; Salustio, Historias, 3, 86-87; Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, 7, 6, 3), protagonizaron uno de los episodios más dramáticos de la guerra cuando llegaron a alimentarse de sus propios familiares para resistir el cerco. Si se atiende a las noticias de las fuentes, Pompeyo permitió a muchos sertorianos seguir con vida y les proporcionó un lugar donde asentarse. El resultado de sus actuaciones en la Península durante estos años fue la extensión y consolidación de sus clientelas, una parte de las cuales (en la Hispania Citerior) las había heredado de su padre, y la fundación de diversas ciudades como ha detallado L. Amela: Pompaelo (Pamplona), Gerunda (Girona) y otras. En el Pirineo se erigió un monumento recordando sus hazañas, los llamados “Trofeos de Pompeyo”, en donde una inscripción conmemoraba la conquista de ochocientos sesenta y seis núcleos de población (Plinio el Viejo, Historia Natural, 3, 18).

De vuelta a Italia (72 a. C.), Pompeyo fue destinado a la lucha contra la revuelta servil encabezada por Espartaco.

En Etruria venció a un elevado número de esclavos, tal y como él mismo hizo saber en Roma (Plutarco, Crassus, 11, 12). Al año siguiente celebró su triunfo y licenció a sus hombres. En el 70 a. C., desempeñó el consulado junto con Marcus Licinius Crassus. Su falta de experiencia en los más importantes foros políticos le impulsó a solicitar al escritor Publius Terentius Varro (Varrón, vid. biografía) unas indicaciones sobre el funcionamiento del Senado (Aulo Gelio, 14, 7, 1). Entonces pudo encargarse de realizar una serie de reformas orientadas a restablecer las tradiciones republicanas anteriores a la dictadura de Sila.

Al final de su consulado, rechazó un gobierno provincial y se retiró temporalmente de la vida pública.

Sin embargo, regresó cuando fue requerido para luchar contra la piratería que asolaba el Mediterráneo.

Mediante la promulgación de la ley Gabinia, y con el apoyo de Julio César, se le otorgó un mando militar con una importante flota, que dividió para trece distritos, cada uno con uno bajo la autoridad de un legado suyo (entre ellos volvía a estar Varrón). Él mismo dirigió las operaciones en el Mediterráneo central y occidental. Tras una estancia en Italia, embarcó en Brundisium (Brindisi) con rumbo a Atenas y Rodas (Apiano, Sobre Mitrídates, 95; Estrabón, 11, 1, 6, visita a Posidonio) y venció a los piratas en la batalla de Coracaesium (Alanya, Turquía). Las noticias de las fuentes transmiten la solución que Pompeyo dio a los vencidos, mediante asentamientos en diferentes lugares y concesiones de tierras, y le hacen responsable del fin de la piratería (Floro, Epítome, 1, 41, 15).

En el año 66 a. C., mediante la promulgación de la ley Manilia, se le asignó, con el apoyo de Cicerón, el mando de la guerra contra el rey Mitrídates del Ponto (III guerra mitridática; Apiano, Sobre Mitrídates, 97; Dión Cassio, 36, 45 y ss.). Decía su biógrafo Plutarco (Pompeius, 30, 7) que Pompeyo declaró entonces su preferencia por la vida tranquila y retirada junto a su familia. Permaneció en Oriente hasta el año 62, realizando una ingente tarea que dejaría fijada la situación de la frontera oriental para mucho tiempo. Venció a Mitrídates, invadió Armenia, creó la provincia romana de Siria, unió los territorios del Ponto a la provincia de Bitinia, estableció la frontera en el Éufrates, impulsó la fundación de nuevas ciudades y creó una red de estados clientes que servirían de apoyo a Roma en sus intereses orientales. A finales del 62 llegó a Roma para celebrar su triunfo y con una inmejorable posición política, lo que le permitió formar parte del pacto por el que se establecía el Primer Triunvirato entre Publius Licinius Crassus, Caius Iulius Caesar (César) y Pompeyo. Los dos últimos reforzaron además sus vínculos con el matrimonio de Julia, hija de César, con Pompeyo. Mientras su nuevo suegro se marchaba a la Galia, Pompeyo permaneció en Roma, en donde fue nombrado curator annonae, el responsable de garantizar el abastecimiento de trigo a los habitantes de Roma. Las competencias de los triunviros quedaron definitivamente fijadas en los acuerdos de Lucca (Italia, en el año 56 a. C.), mediante los cuales se repartían el gobierno de los territorios del estado romano. Por la promulgación de la lex Trebonia de provinciis consularibus, el año 55 a. C. fueron adjudicadas a Pompeyo las dos provincias hispanas (Apiano, La guerra civil, 2, 18), con mando sobre cuatro legiones (dos para Hispania Citerior y dos para Hispania Ulterior), a la que más tarde se añadieron otras dos y que él completó con otra reclutada en la Península Ibérica (legio Vernacula), en donde al parecer había una situación de inestabilidad y disturbios (Dión Cassio, 39, 33, 2). Ejerció el gobierno provincial a través de sus legados, entre los que estaban Lucius Afranius, Marcus Petreius y Marcus Terentius Varro, mientras él permanecería en Roma ocupado en la cura annonae y en el desempeño del consulado. Para este período una de las mejores fuente de información de los asuntos de Hispania es el relato de la Guerra civil atribuido a César. Su labor legislativa durante este tiempo incluyó la promulgación de la lex Pompeia de ambitu, contra la corrupción, y la lex Pompeia de vi, para limitar los cargos de los candidatos y sobre los juicios que afectaban a éstos. Los cambios generaron malestar en algunos sectores políticos romanos, que desembocaron en disputas por los nombramientos de los cargos y en procesamientos de los individuos más destacados de la oposición.

En el 53, a la muerte de Crasso, que era su colega en el cargo, se convirtió en consul sine collega, lo que suponía la aceptación de un poder unipersonal contrario a las tradiciones republicanas (Plutarco, Pompeius, 54, 8). A pesar de los rumores sobre un viaje a Hispania, Pompeyo no llegó a ir, lo que años más tarde hizo manifestar a Cicerón que la guerra no hubiera estallado si este viaje se hubiera producido (Cicerón, Cartas a familiares, 6, 6, 5). Además, hubo durante ese mismo año un cambio importante en la vida de Pompeyo.

Su mujer, Julia, murió en el parto, perdiendo también a la hija que acababa de nacer. En otoño se casó con Cornelia, emparentada con la familia senatorial de los Metelos, que era la viuda de Publius Licinius Crassus (hijo del triunviro del mismo nombre).

Las relaciones entre César y Pompeyo se enfriaron progresivamente y la situación se hizo especialmente complicada porque ambos estaban al mando de ejércitos muy numerosos, tenían apoyos suficientes para aspirar a hacerse con el poder de forma exclusiva y representaban facciones políticas contrarias: Pompeyo a los optimates y César a los populares. Con ironía, el líder popular se refirió al mando de su rival sobre Hispania como novis generis imperia (César, La guerra civil, 1, 85, 6-7), quizá pensando en el numeroso ejército que le había sido asignado o bien a la circunstancia de que gobernara ambas provincias, como ha interpretado L. Amela. El 1 de enero del año 49, César recibió la orden de licenciar a sus soldados. De esta manera, el Senado le negaba la posibilidad de prorrogar su mando en la Galia mientras accedía a otorgárselo de nuevo a Pompeyo. César se negó a asumirlo y se dirigió a Italia, cruzando el río Rubicón con su ejército. La respuesta de Pompeyo fue el abandono de Italia en dirección a Oriente, a donde parece que quiso trasladar el escenario de la guerra. Mientras él se dirigía a Dyrrachium (Durrës, Albania), sus legados luchaban contra el bando cesariano en Hispania, a donde envió además a Lucius Vibullius Rufus (César, La guerra civil, 1, 38, 1). Tras la rendición de las tropas pompeianas de Afranius (César, La guerra civil, 1, 84, 3) en Ilerda el 2 de agosto del año 49 a. C., la causa pompeyana perdió definitivamente sus posiciones en la Península Ibérica y César volvía a Roma para ser nombrado dictator. Controlado ya todo Occidente, César pudo aceptar el reto de llevar la guerra a Oriente. Se enfrentó con poca fortuna a los hombres de su rival en la costa del Epiro, marchándose a continuación hacia Tesalia. El 9 de agosto del 48 se enfrentaron en Pharsalus (en Tesalia, Grecia) —la Farsalia de Lucano—, la batalla que dio la victoria a César y que constituyó el final de la guerra civil.

Pompeyo pudo huir y buscó refugio en Egipto. Este reino, gobernado por los Lágidas, estaba inmerso en una disputa dinástica entre el faraón Ptolomeo XIII y su hermana Cleopatra. En esas condiciones, los Lágidas no podían llevar a cabo ningún acto que supusiera un enfrentamiento con Roma. El Monarca mandó matar a Pompeyo y presentó su cabeza ante César cuando, unos días después, éste llegó a Alejandría.

 

Bibl.: P. A. Brunt, Italian Manpower 225 BC-AD 14, Oxford, University Press, 1971; E. S. Gruen, The Last Generation of the Roman Republic, Berkeley, University of California Press, 1974; J. Leach, Pompey the Great, London, Croom Helm, 1976; J. M. Roldán, “La guerra civil entre Sertorio, Metelo y Pompeyo (82-72 a. C.)”, en Historia de España Antigua, II. Hispania romana, Madrid, Cátedra, 1978, págs. 113- 139; R. Seager, Pompey: a political biography, Oxford, Basil Blackwell, 1979; P. Greenhalgh, Pompey, the republican prince, London, Weidenfeld & Nicholson, 1981; R. Burma, “Cn. Pompeius Magnus and L. Afranius: The Failure to Secure the Eastern Settlement”, en Classical Journal, 83 (1983), págs. 198-207; T. R. S. Broughton, The Magistrates of the Roman Republic, III. Supplement, Atlanta, American Philological Association-Scholar Press, 1986, págs. 161-165; J. A. Crook, A. W. Lintott y E. Rawson (eds.), The Last Age of the Roman Republic, 146-43 BC (Cambridge Ancient History, IX), Cambridge, University Press, 1994; L. Amela, “Las ciudades fundadas por Pompeyo Magno en Occidente: Pompaelo, Lugdunum Convenarum y Gerunda”, en Polis, 12 (2000), págs. 7-42; “Pompeyo Magno y el gobierno de Hispania en los años 55-50 a. C.”, en Hispania Antiqua, 25 (2001), págs. 93-122; “Los trofeos de Pompeyo”, en Habis, 32 (2001), págs. 185-202; Las clientelas de Cneo Pompeyo Magno en Hispania, Barcelona, Universitat, 2002; Cneo Pompeyo Magno. El defensor de la República romana, Madrid, Signifer, 2003; “Las concesiones de ciudadanía romana: Pompeyo Magno e Hispania”, en Antiquité Classique, 73 (2004), págs. 47-108; M. Gelzer, Pompeius: Lebensbild eines römers. Stuttgart, Franz Steiner Verlag, 2005.

 

María Pilar González-Conde