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John Churchill

Biografía

Churchill, John. Duque de Marlborough (I), Duque de Churchill (I). Ashe (Devon, Reino Unido), 1650 – Windsor (Reino Unido), 1722. General inglés.

Hijo de un escudero realista empobrecido, cursó estudios en la escuela de San Pablo de Londres y también se educó en la Corte de los Estuardo. Sirvió como paje en la familia del duque de York (hermano de Carlos II y futuro Jacobo II), quien era amante de su hermana Arabella Churchill. Además, el joven John se convirtió en favorito de Jacobo II antes de que éste accediese al trono. En 1667 ingresó en el ejército y se inició en Tánger. También participó en la Tercera Guerra Holandesa (1672-1674), en la batalla de Sole Bay, donde la flota anglofrancesa fue derrotada por la de los Países Bajos. Por estas actuaciones, obtuvo algunas distinciones importantes de Luis XIV.

Se casó por amor con Sarah Jennings y, a partir de 1683, ambos desarrollaron una íntima y duradera relación con la futura reina Ana, quien facilitó su rápido ascenso en la Corte. Fue decisiva la contribución de Marlborough a la segunda Revolución inglesa (1688-1689), que llevó consigo la caída de Jacobo II Estuardo y la subida al trono de Guillermo III de Orange. Aquel rey, que se había convertido al catolicismo, cometió el error de nombrarle comandante en jefe. En cambio, Marlborough, ferviente protestante, mostró su perspicacia política: cuando Guillermo desembarcó se pasó a su bando con sus tropas. De este modo, logró consolidar su situación con el nuevo Monarca y obtuvo numerosas recompensas: fue nombrado conde de Marlborough (1689) y miembro del Consejo. Dirigió sendas campañas victoriosas en los Países Bajos (1689) e Irlanda. No obstante, su amistad con la princesa Ana, enemistada con la reina María, y sus ideas políticas le mantuvieron, durante algún tiempo, en una situación precaria. Mantuvo contactos, quizá movido por la prudencia y no por la traición, con Jacobo II, quien se hallaba en el exilio. Esto le costó ser tachado de sospechoso de conspiración y su encarcelamiento en la Torre de Londres. Aunque más tarde se reconcilió con Guillermo III, no volvió a ser durante el resto de este reinado tan influyente como antes.

Al ascender Ana al trono (1702-1714) se convirtió en el hombre más poderoso de Inglaterra y mostró sus mejores dotes militares. Comandante supremo tanto del ejército inglés como de los ejércitos aliados (Países Bajos, Austria y Prusia), sus acciones fueron decisivas para lograr que su país fuera el gran vencedor de la Guerra de Sucesión española y frustró las pretensiones de Francia de ser la potencia hegemónica de Europa.

En 1700, Carlos II de España había muerto sin descendencia y nombrado heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, el Rey Sol. Las potencias internacionales estaban temerosas de una posible unión de las Coronas francesa y española. Pese a su decadencia, España aún conservaba la mayor parte de las Indias y sus posesiones en Nápoles, Sicilia, Cerdeña, ciertas ciudades de la costa de Toscana y los Países Bajos españoles.

En 1701 el Imperio, las Provincias Unidas e Inglaterra formaron una alianza contra los Borbones.

Más tarde se sumaron a aquellas naciones Portugal y Saboya. La Guerra de Sucesión de España (1701- 1715), opuso a Francia y a los territorios de la Corona de Castilla, que apoyaban a los Borbones, frente a una amplia coalición europea y los reinos de la Corona de Aragón, partidarios de la candidatura del archiduque Carlos de Austria. Dicha contienda tuvo un doble carácter: un conflicto internacional, de un lado, y una guerra civil española, de otro.

Los principales escenarios militares estuvieron en Italia, Flandes y España. En general, las campañas que tuvieron lugar en los dos primeros países fueron desfavorables para los Borbones. En ellas, dos estrategas brillantes, Marlborough y el príncipe Eugenio de Saboya, formaron una unión muy fructífera. Ambos lograron una gran victoria en 1704 en Blenheim (Baviera), donde al mando de tropas de sus respectivos países junto a contingentes de Austria, Países Bajos, Prusia, Dinamarca, Hesse y Hanover, infligieron una severa derrota a franceses y bávaros, librando a Viena de ser tomada. La victoria tuvo tal resonancia que la reina Ana nombró a Marlborough duque de Churchill.

Otras batallas importantes fueron las de Ramillies (1706) y Oudenarde, en 1708. Por otro lado, ya en 1707 los Borbones habían perdido prácticamente Italia. Incluso Francia fue invadida: en suelo francés se libró la batalla de Malplaquet (1709), donde las tropas del Rey Sol tuvieron que retroceder, si bien los aliados sufrieron tantas bajas que la victoria puede ser calificada de pírrica. En España, en cambio, la situación de los Borbones era militarmente más sostenible.

En 1707, las armas francesas y las castellanas obtuvieron una victoria en Almansa y poco después fueron ocupados los reinos de Aragón y Valencia. En 1709 y 1710 Francia sufrió tal crisis económica y de subsistencias, que Luis XIV se vio empujado a negociar la paz, al principio sin resultados debido a las duras exigencias que le plantearon los aliados y a las divergencias de éstos entre sí. Felipe V, por el contrario, decidió proseguir la guerra incluso sin la ayuda de su abuelo. En 1710, las fuerzas del archiduque Carlos lanzaron una ofensiva y el camino a Madrid quedó abierto ante ellos. El pretendiente austríaco entró en la capital, pero la abandonó al llegar el invierno. En ese mismo año, las tropas borbónicas derrotaron en Brihuega a las tropas inglesas y a las austríacas en Villaviciosa.

A comienzos de 1711, Carlos de Austria sólo dominaba una reducida zona alrededor de Barcelona y las Islas Baleares. Dicho año fue decisivo para la causa de Felipe V. En abril falleció el emperador José I de Austria y su hermano, el archiduque Carlos, heredó la corona imperial. A las potencias que habían intervenido en la guerra no les interesaba que España y Austria se unieran. Por otra parte, en 1710, los whigs (partidarios del conflicto) perdieron las elecciones en Inglaterra y en su lugar ascendieron los tories (entre quienes se hallaban los literatos Daniel Defoe, Jonathan Swift y Alexander Pope). Marlborough tenía ciertas simpatías por los whighs, si bien no estuvo de acuerdo con las posturas de los más radicales. Pero, mal apoyado por este partido y atacado por los nuevos ganadores, perdió la confianza de la Reina, que se había enemistado con su esposa, a la que reprochaba sus constantes intromisiones en materias de gobierno.

Al año siguiente, Marlborough fue acusado de malversación de caudales públicos y destituido. Pasó entonces al continente, donde mantuvo de nuevo contactos con los jacobitas. Todas estas novedades políticas de 1710 y 1711 aconsejaban la apertura de negociaciones diplomáticas. Los tratados de Utrecht (1713) y Rastadt (1714) pusieron fin a la guerra. Entre otros puntos, se reconoció a Felipe V como rey de España e Indias. Sin embargo, se perdieron las posesiones en Europa: los Países Bajos españoles y las posesiones en Italia —Nápoles, Milán y Cerdeña— pasaron al emperador austríaco y Sicilia, a Saboya.

Inglaterra obtuvo Gibraltar y Menorca; en el ámbito comercial adquirió el asiento de negros (un contrato de comercio de esclavos que antes ostentaban Portugal y Francia) y el permiso de enviar un navío todos los años a Indias. Pese a las promesas de ingleses y austríacos de salvaguardar el sistema político de Cataluña, los catalanes y baleares fueron abandonados a su suerte. En 1713, las tropas de Carlos de Austria que estaban en el principado fueron reembarcadas. Al año siguiente, Felipe V conquistó Barcelona, el último reducto antiborbónico en la Península. En 1715 fueron tomadas las Islas Baleares.

Marlborough vivió fuera de Inglaterra hasta la muerte de la reina Ana. El advenimiento de los Hanover le permitió regresar a su país, donde Jorge I le devolvió todas sus dignidades, aunque ya no recobró su antigua influencia. Durante sus últimos años fue un hombre enfermo. Legó a sus descendientes una cuantiosa fortuna, fruto de su codicia. Con todo, fue uno de los grandes generales de su época y su nombre ha quedado inmortalizado en la derivación “Mambrú” de las canciones infantiles. Su esposa Sarah fue consejera del príncipe de Gales durante el reinado de Jorge I; más tarde apoyó a Pitt. El duque de Marlborough y de Churchill falleció en 1744. Fue ascendiente de sir Winston Churchill.

 

Bibl .: C. Seco Serrano, “Estudio preliminar”, en V. Bacallar y Sanna, marqués de San Felipe, Comentarios de la guerra de España del marqués de San Felipe, Madrid, Atlas, 1957 (col. Biblioteca de Autores Españoles, vol. 99); H. Kamen, La guerra de Sucesión en España, 1700-1715, Madrid, Grijalbo, 1974; G. Malcolm Thomson, The First Churchill: the life of John, 1st Duke of Marlborough, New York, Morrow, 1980; P. Voltes Vou, Felipe V, Madrid, Espasa Calpe, 1991.

 

José María Lahoz Finestres