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Enrique II de Albret

Biografía

Enrique II de Albret. Enrique II de Navarra. Señor de Foix, Bearn y Albret. Sangüesa (Navarra), 25.IV.1503 – Hagetmau (Francia), 25.V.1555. Príncipe de Viana, heredero de los reyes de Navarra.

Fue el hijo y heredero de los últimos reyes de Navarra, Catalina de Foix y Juan de Albret, se tituló Enrique II de Navarra en base a la posesión de la Baja Navarra o Ultrapuertos, merindad histórica de Navarra y actual departamento administrativo del sur de Francia.

Enrique de Albret nació en el año 1503 en Sangüesa (Navarra), donde residían sus padres, Catalina de Foix y Juan de Albret, en la Rúa Mayor, en la casa de Juan Sebastián, un comerciante y prestamista de los reyes. El 28 de abril Enrique fue bautizado en la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa por el obispo carmelita y confesor real, Gracián, y fueron sus padrinos dos peregrinos alemanes que se encontraban en Sangüesa camino de Santiago de Compostela, llamados Enrich y Adán, por ello se le puso el nombre de este primer peregrino, Enrique. Esto debía de ser costumbre de la época o de la Casa Real de los Albret, pues su hermana Ana, nacida en Pau en el castillo de su madre, tuvo también dos padrinos peregrinos, y de origen alemán. Enrique tenía cinco hermanas y seis hermanos, que fallecieron de niños o de adolescentes casi todos, y viviendo en su tiempo: Ana (1492-1532), administradora del vizcondado de Bearne; Catalina (1495-1534), abadesa del convento de la Trinidad en Caën; Quiteria (1499-1532), abadesa del convento de Prouille; Carlos (1510-1528) e Isabel (nacida en 1513), condesa de Rohan. Sus hermanos mayores habían fallecido antes de su nacimiento, en el año 1496, Juan, y en el año 1503, Andrés Febo. Quedó así Enrique como primogénito y heredero universal de los reyes de Navarra según testamento redactado en Pamplona el 25 de junio de 1504, y en consecuencia, pasó a la historia como príncipe de Viana en cumplimiento de lo dispuesto por Carlos III el Noble al instituir el principado el 20 de enero de 1423: “que de allí en adelante los primogénitos de Navarra tuviesen estado conocido y propio, con título de Principado.” El título de príncipe de Viana lo habían ostentado antes de Enrique, el primer príncipe, Carlos (nieto de Carlos III el Noble), y Gastón de Foix (abuelo materno de Enrique) y Catalina de Foix, princesa de Viana (madre de Enrique). De esta manera se convierte Enrique en el tercer príncipe de Viana, pero también en el último propiamente navarro, ya que tras la incorporación del Reino de Navarra al Reino de Castilla, al heredero de la Corona española le correspondería, además del título de príncipe de Asturias, el de príncipe de Viana.

Los primeros años de Enrique de Albret transcurrieron en los castillos navarros de Pamplona, Olite, Tudela y Sangüesa en cuya villa creció junto a Francisco de Javier. Con motivo del inicio de la conquista de Navarra por Fernando el Católico en el año 1512, Enrique dejó la Corte navarra y fue trasladado por sus padres a los estados del Bearne y desde aquí a la corte de París junto a su primo Francisco I y su tía María Luisa de Saboya, la reina madre, con el fin de completar su educación y ganarse su amistad para ayudarle en la recuperación del reino de Navarra. Tras el fallecimiento de Juan de Albret en el año 1516 y de la reina Catalina en el año 1517, el joven príncipe de Viana tuvo que hacer frente como sucesor a los delicados problemas políticos que en esta época afectaban a sus dominios. Pero su madre había dejado dispuesta la tutela de Enrique en manos de su abuelo paterno Alain de Albret, quien según la documentación de la época educó a su nieto en el arte de gobernar el pueblo bearnés y bajo-navarro con energía, sentido político y nobleza. Las dificultades que se vertieron sobre el gobierno de Enrique de Albret comenzaron con el ejercicio de su tutela ya que Francisco I presionó sobre el derecho de Alain de Albret, pero los Estados de Bearn, reunidos en Lescar aceptaron a Alain como regente y administrador de los dominios de su nieto y juró el cargo como tutor de Enrique. Sin embargo, Francisco I mantuvo a su lado al príncipe como prenda y solicitó la entrega de sus hermanas, de tal manera que la Casa de Albret se convirtiera en súbdita del monarca francés. En el año 1522 falleció Alain de Albret y Enrique pudo sumar a la herencia, ya mermada, de sus padres las posesiones de la Casa de Albret o Labrit. En el año 1524, Enrique acompañó a Francisco I en la guerra contra Italia, cayendo prisioneros ambos en la batalla de Pavía del 24 de febrero de dicho año.

A pesar de las negociaciones del año 1504, de los reyes don Juan y doña Catalina, con Fernando el Católico, prometiendo a Enrique en matrimonio con Isabel, hija segunda de Juan la Loca y de Felipe el Hermoso; y a pesar, también de las gestiones del año 1517 de doña Catalina con Carlos V para casar a Enrique con la archiduquesa Leonor de Austria, el príncipe navarro aceptó en matrimonio (4 de enero de 1527, Saint-Germain-en-Laye) a la hermana del rey de Francia, Margarita de Angulema (1492-1549), duquesa viuda de Carlos IV de Alençon. Con motivo de este matrimonio, Francisco I nombró a su cuñado Enrique su lugarteniente general en el gobierno de Guyena (29 de agosto de 1529), convirtiéndose en una especie de virrey de Aquitania, y posteriormente gran almirante de Francia (27 de febrero de 1544). A Margarita, once años más joven que Enrique, se la describe como mujer de carácter culto y refinado, dedicada por completo a la vida poética y literaria. Poetisa y escéptica como la calificó el conde de Rodezno, en el círculo literario de Lyon; la reina de la Navarra de Ultrapuertos, fue la protectora de las letras y de muchos escritores europeos. Margarita, dedicó también sus esfuerzos al reformismo religioso apoyando la reforma de la Iglesia dentro del movimiento católico europeo del siglo xvi del humanismo renacentista. Conoció bien a Erasmo, se relacionó con los reformadores más importantes alojando en su corte de Nerac a Lefèvre y a Roussel. De ella se dijo que nunca compartió los intereses de su esposo y prefirió siempre defender los de su hermano Francisco I.

Uno de los conflictos matrimoniales que más alteró la vida de Enrique y Margarita fue el problema religioso que influyó en el rumbo de los acontecimientos promovidos por Enrique en su intento de recuperar la Navarra española y que afectó a la imagen histórica de los Albret. Este problema, que, por otra parte, no es más que una manifestación del problema religioso que vivía Europa en el siglo xvi, consiste en la divergencia religiosa del matrimonio, el catolicismo de Enrique y la simpatía de Margarita hacia el protestantismo. Esto desencadenó una cruenta guerra de religión en el Bearne y en la Baja Navarra bajo el reinado de su hija, Juana de Albret (nacida el 16 de noviembre de 1528), educada siempre lejos de sus padres y única heredera al fallecer su hermano, el primogénito.

Otra de las discrepancias matrimoniales de Enrique y Margarita consistió en los proyectos matrimoniales para su hija Juana. Margarita obligó por la fuerza a la princesa Juana a casarse en 1545 con el duque de Cléves para servir los intereses de Francisco I, pero el papa Pablo III declara nulo el matrimonio. El proyecto matrimonial de Enrique para su hija Juana está pensado para Felipe II de Castilla con el fin de que su hija alcanzara el reinado de España y de Navarra reconciliando de esta manera los intereses castellanonavarros y reuniendo a la Navarra dividida. Pero después de una serie de complicados trámites, Juana se unió en matrimonio en el año 1548 a Antonio de Borbón, duque de Vendôme y jefe de la Casa de Borbón. De esta unión de Juana de Albret y Antonio de Borbón, nació en el castillo de Pau, el 14 de diciembre de 1533, el futuro Enrique III de Navarra (de la Baja Navarra) y IV de Francia, al que su abuelo Enrique II conocerá tan sólo dos años.

Los monarcas no residían en la misma corte. Margarita prefirió Nerac, y Enrique amaba el castillo de Pau, sede preferida también por su madre Catalina de Foix. Nerac (actualmente departamento de Lot y Garona) fue el lugar privilegiado de residencia de los Albret que construyeron el castillo sobre las ruinas de una antigua fortaleza carolingia. Aquí, en Nerac, Margarita creó un centro intelectual y religioso, donde habitualmente residían filósofos, poetas y artistas.

Por lo que respecta a la trayectoria política de Enrique de Albret y al gobierno de sus dominios, el príncipe apareció muy pronto actuando en el reino de Navarra, presidiendo las Cortes de Pamplona de diciembre de 1504 y con posteridad gobernando el reino navarro como lugarteniente general en el Consejo Real. Tras la conquista de Navarra por Fernando el Católico y al suceder a sus padres, Enrique dirigió la vida administrativa y política de la Baja Navarra o Ultrapuertos, el Bearne y Foix, titulándose Enrique II de Albret y II de Navarra. En estos momentos difíciles de incorporación de Navarra a Castilla, la principal actuación de Enrique consistió en la recuperación del reino de Navarra. Así, tras varios intentos en los que su villa natal, Sangüesa, siempre le demostró lealtad y fidelidad, la decisiva batalla de Noain de 30 de junio de 1521 terminó con las esperanzas de Enrique de recuperar la Navarra peninsular. En los meses siguientes se sucedieron episodios de enfrentamientos entre castellanos y agramonteses navarros y tras la rendición de Amayur, el 19 de julio de 1522, el emperador Carlos V llegó a Pamplona con la intención de instalar su residencia en la ciudad para mejor dirigir las operaciones contra Francia. Desde aquí se organizó una expedición para castigar Bearne y otras posesiones de Enrique de Albret: Sordes, Hastingues, Bidache, Mauleón, Navarrenx, Sauveterre, Olorón y la plaza fuerte de Fuenterrabía se rindieron a los castellanos. El Emperador, tras haber concedido, en diciembre de 1523, un perdón parcial a los navarros fieles a su dinastía, concedió un perdón general el 21 de abril del año 1524.

Desde este momento en que se hizo evidente la incorporación de Navarra a Castilla y los intentos de recuperación del reino navarro se hicieron imposibles, Enrique organizó la vida político-administrativa de la Navarra de Ultrapuertos, es decir, del territorio que históricamente había conformado en el reino navarro la sexta merindad al otro lado del Pirineo, y que tras la integración del reino navarro peninsular en la monarquía española, su suerte permanecía indecisa al quedar estas tierras olvidadas provisionalmente por el emperador Carlos V. Así, este pequeño apéndice navarro en Francia se mantuvo en manos de Enrique II de Albret hasta que en el año 1525 en que Carlos V recuperó el dominio del territorio. Pero la restauración del gobierno castellano en Ultrapuertos sólo se mantuvo hasta septiembre de 1527 cuando la nobleza bajonavarra tomó todo Ultrapuertos en nombre de Enrique II. A partir de este momento Carlos V se desentendió del gobierno de Ultrapuertos, pues aunque nada se sabe sobre la renuncia expresa del Emperador a este territorio, todo parece indicar que realmente lo que abandonó tácitamente fue el gobierno implantado de hecho por Enrique II, protegido de la Corte francesa con quien Carlos V deseaba la paz.

Desde las tierras de Ultrapuertos, Enrique de Albret intentó legitimar su trono navarro, y en base a ellas se hizo llamar Enrique II de Navarra. De esta manera, a partir del verano del año 1523, Enrique creó para sus súbditos, los navarros de Ultrapuertos, un gobierno político y una administración que imitaba la del histórico reino de Navarra, siguiendo los trabajos de Juan de Jaso, fiel y leal colaborador de los Albret e importante funcionario y político del reino de Navarra que pasó a la historia como padre de san Francisco de Javier. Así los Estados Generales se reunieron en Saint-Palais el 28 de agosto de 1523 como continuación de las Cortes de Navarra. Ante ellos Enrique juró salvaguardar los fueros, franquezas y libertades, privilegios y derechos del reino. Los procuradores de los Estados de Ultrapuertos o Baja Navarra, dirigieron la vida administrativa, financiera y política de los países, valles y villas que son del dominio de Enrique de Albret. Los diputados fueron elegidos en la Asamblea o Cour Genérale, entre los miembros de las casas más antiguas y que estén domiciliados en el lugar. Los Estados se reunieron dos veces al año desde 1523 a 1535, y desde esta fecha, anualmente. Distintos de los Estados Generales son las Juntas Generales (Jointes Générales) de los Estados, reuniones urgentes y rápidas, extraordinarias, de las mismas personas que integran los tres brazos de aquéllos en orden a tomar decisiones particulares y provisionales. Además, en otro orden de cosas, Enrique II de Albret creó en Saint-Palais, en 1524, la Chancillería de Navarra, alto tribunal de justicia, para juzgar en última instancia todos los asuntos civiles y criminales, y que sustituyó a la Corte Mayor del Reino de Navarra. Las merindades siguieron siendo la organización territorial del Reino de Navarra de Ultrapuertos. La ceca de Saint- Palais siguió acuñando moneda tras la instauración de este reino. Con esta organización de la denominada históricamente “Sexta Merindad” de Navarra, Enrique II de Albret demostraba su interés por recuperar el reino navarro, y con esta organización Navarra quedó divida en dos, la Alta, que pertenece a la Corona española, y la Baja o Ultrapuertos, dominio de Enrique en suelo francés.

Dirigiendo Enrique de Albret Ultrapuertos y gobernando sus tierras bearnesas, retomó sus pretensiones de recuperación del reino navarro peninsular, y en el año 1537 negocia con Carlos V el matrimonio de su hija, la princesa Juana de Albret con el príncipe español, Felipe, con la condición de la devolución de la Navarra española a Enrique de Albret. Pero al Consejo de Estado de Valladolid le parecen excesivas las exigencias de Enrique y se archiva el proyecto, aunque poco después el Emperador retomó el asunto y en el mes de enero del año 1548 se volvió de nuevo sobre la idea de casar a sus hijos, con la condición por parte del Emperador de no ceder nada de tierra española. Pero en febrero de este año llegó la orden de la Corte francesa de casar a Juana de Albret, retenida en dicha Corte desde niña, con Antonio de Borbón, celebrándose la boda el 20 de octubre, de prisa y sin pompa alguna. Carlos V convocó las Cortes en Pamplona que otorgan a su hijo Felipe el título de Felipe IV de Navarra. Con esta legitimación de Felipe II como rey de Navarra se zanjó definitivamente la cuestión de la pretensión de Enrique de Albret al trono navarro.

En consecuencia, Enrique vio desvanecerse su proyecto de recuperar Navarra y volver a Pamplona y se instaló en su castillo de Pau, dedicándose al gobierno de sus posesiones del Bearne. Este vizcondado de Bearne era un antiguo territorio de tradición foral regido políticamente por los Etats, que existían también en varios territorios cercanos. La sociedad bearnesa está regulada por los Fors o Fueros que Enrique ordenó imprimir en 1552 con el título de Nouveau Fors. Enrique instauró en su vizcondado la Cámara de Comptos, la Chancillería del reino y la Casa de la Moneda. El territorio lo dividió en circunscripciones militares y a tal efecto construyó la ciudadela de Navarrenx.

Desde el Bearne, y viudo —Margarita ha fallecido el 21 de diciembre de 1549 en el castillo de Odos (Bigorre)—, Enrique persistió en el deseo de recuperar Navarra y propuso en secreto al Emperador casarse con su sobrina la duquesa de Lorena, quien deberá aportar como dote la Navarra española; a cambio, el posible hijo de ambos heredará el trono, en lugar de Juana de Albret, y el rey de España contará con la ayuda de la Corte navarra para una eventual invasión de Francia. Pero una grave enfermedad de Enrique le apartó de estas nuevas pretensiones.

Enrique II de Albret falleció, a los cincuenta y dos años, el 25 de mayo de 1555 en su castillo de Hagetmau, en Las Landas, y sus restos descansaron junto con los de sus padres en la catedral de Lescar. Sus sucesores, su hija Juana de Albret y su esposo, Antonio de Borbón, continuaron con los proyectos de Enrique de reconquistar la Navarra española, suprema reivindicación de la Corte de Pau, pero en el Tratado de Paz de Cateau-Cambrésis de 3 de abril de 1559, en el que Francia devolvió a España varias plazas del norte, España no le entregó nada ya que no se cita la Navarra española. Por lo que respecta a la Navarra de Ultrapuertos, Antonio de Borbón negoció en el año 1557 y en el año 1558, con Felipe II y Carlos V su permuta por el Milanesado, pero el Emperador dio por finalizadas las negociaciones, ya que tras la victoria española de San Quintín de agosto de 1557, los Habsburgo ya no necesitaban para nada el dominio de los Albret de Ultrapuertos. A partir de entonces la historia de la Casa de Albret siguió el curso de la historia de Francia de la mano del nieto de Enrique II de Albret, hijo de Juana y de Antonio de Borbón, Enrique IV de Francia, titulado también Enrique III de Navarra, nacido en la Corte bearnesa de su abuelo, en el castillo de Pau, el 13 de diciembre de 1553.

 

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Consuelo Juanto Jiménez